Sobre las megaiglesias, algunas tesis

1) Las megaiglesias son un fenómeno, no del protestantismo histórico, sino principalmente del evangelicalismo americano.

2) Son consecuencia directa del congregacionalismo o independentismo eclesial, que tiende por naturaleza a la concentración máxima de poder eclesial en una sola congregación, lo cual se materializa de hecho en las megaiglesias.

3) Obviamente, no todas las iglesias evangélicas pueden llegar a ser megaiglesias. Pero estas últimas son el espejo en el que todas se miran y al que todas tienden.

4) Los pastores de estas megaiglesias son considerados como los que han “triunfado” en el ministerio y se convierten así en el referente y la autoridad última sobre el resto del eclesialmente atomizado y disperso mundo evangélico.

5) De esta manera, los pastores de las megaiglesias, de congregaciones independientes, paradógicamente se convierten en la práctica en los “papas” del mundo evangélico, de congregaciones también independientes, pues en sus acciones y decisiones influyen en todos y estas no están supeditadas al parecer de ningún otro.

6) La solución a las megaiglesias se encuentra en el gobierno presbiteriano, en el que el principio fundamental no es la congregación local, sino en el ministerio ordenado; por lo cual, en una iglesia presbiteriana, el voto de un pastor de una eventual iglesia de varios miles de miembros tendría el mismo valor que el de una congregación de treinta miembros.

7) Por consiguiente, el rechazo del gran mundo evangélico, muchas veces por instigación de sus pastores, al protestantismo histórico y todo lo que él implica (por ejemplo, bautismo de infantes), en parte se explica por el mantenimiento del estatus quo eclesial evangelicalista; por lo tanto, en última instancia, del fenómeno de las megaiglesias.

El Bautismo en el Catecismo Mayor de Westminster

P. 165. ¿Qué es el Bautismo?

R. El Bautismo es un sacramento del Nuevo Pacto, en el cual Cristo ha ordenado que el lavamiento con agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,[1] sea un signo y un sello de unión con él,[2] de remisión de pecado por su sangre[3] y de regeneración por su Espíritu;[4] de adopción,[5] de resurrección a la vida eterna;[6] y por el mismo sacramento los que se bautizan son admitidos solemnemente en la Iglesia visible[7] y entran en un compromiso abierto y profesado de ser total y solamente del Señor.[8]

[1] Mateo 28:19; [2] Gálatas 3:27; [3] Marcos 1:4; Apocalipsis 1:5; [4] Tito 3:5; Efesios 5:26; [5] Gálatas 3:26, 27; [6] 1 Corintios 15:29; Romanos 6:5; [7] 1 Corintios 12:13 [8] Romanos 6:4.

P. 166. ¿A quiénes debe administrarse el Bautismo?

R. El Bautismo no debe administrarse a ninguno de los que están fuera de la Iglesia visible y por lo tanto son extraños al pacto de la promesa si no es hasta que profesen su fe en Cristo y obediencia a él ;[1] pero los niños que descienden de padres, ya sea ambos o sólo uno de ellos, que han profesado su fe en Cristo y obediencia a él, por esta consideración están dentro del pacto, y deben ser bautizados.[2]

[1] Hechos 8:36, 37; Hechos 2:38; [2] Génesis 17:7, 9, 14; Gálatas 3:9, 14; Colosenses 2:11, 12; Hechos 2:38, 39; Romanos 4:11, 12; 1 Corintios 7:14; Mateo 28:19; Lucas 18:15, 16; Romanos 11:16.

P. 167. ¿Cómo nuestro Bautismo ha de ser empleado por nosotros?

R. El indispensable pero muchas veces descuidado deber de aprovechamos de nuestro bautismo, ha de ser cumplido por nosotros durante toda nuestra vida, especialmente en el tiempo de la tentación, y cuando estamos presentes en la administración de él a otros;[1] por una consideración seria y llena de gratitud por su naturaleza y de los fines para el cual Cristo lo instituyó, los privilegios y beneficios conferidos y sellados por medio de él, y del voto solemne que hicimos; [2] por ser humildes por nuestras debilidades pecaminosas, de quedarnos faltos, y andar en contra, de la gracia del bautismo y de nuestras promesas;[3] por el crecimiento en la seguridad del perdón del pecado, y de todas las otras bendiciones selladas en nosotros por este sacramento;[4] por derivar fuerza de la muerte y resurrección de Cristo, en quien somos bautizados, por la mortificación de la carne y avivamiento de la gracia;[5] y por los esfuerzos en vivir por la fe,[6] para tener nuestra manera de vivir en santidad y justicia.[7] como aquellos que han entregado su nombre a Cristo;[8] y para andar en amor fraternal, como siendo bautizados por el mismo Espíritu en un cuerpo.[9]

[1] Colosense 2:11, 12; Romanos 6:4, 6, 11; [2] Romanos 6:3-5; [3] 1 Corintios 1:11-13; Romanos 6:2, 3; [4] Romanos 4:11, 12; 1 Pedro 3:21; [5] Romanos 6:3-5; [6] Gálatas 3:26, 27; [7] Romanos 6:22; [8] Hechos 2:38; [9] 1 Corintios 12:13, 25-27.

Los Sacramentos en el Catecismo Mayor de Westminster

P. 161. ¿Cómo vienen a ser los sacramentos medios eficaces de salvación?

R. Los sacramentos vienen a ser medios eficaces de salvación, no por algún poder que haya en ellos ni por virtud alguna derivada de la piedad o intención de aquel que los administra, sino solamente por la operación del Espíritu Santo y las bendiciones de Cristo que los instituyó.[1]

[1] 1 Pedro 3:21; Hechos 8:13, 23; 1 Corintios 3:6, 7; 1 Corintios 12:13.

P. 162. ¿Qué es un sacramento?

R. Un sacramento es una santa ordenanza instituida por Cristo en su Iglesia,[1] para significar, sellar y mostrar[2] a aquellos que están dentro del pacto de gracia,[3] los beneficios de su mediación;[4] para fortalecer y acrecentar la fe y otras gracias;[5] para obligarlos a la obediencia;[6] para testificar y mantener el amor y comunión del uno con el otro;[7] y distinguirlos de los que están fuera.

[1] Génesis 17:7, 10; Éxodo 12; Mateo 28:19; Mateo 26:26-28; [2] Romanos 4:11; 1 Corintios 11:24, 25; [3] Romanos 15:8; Éxodo 12:48; [4] Hechos 2:38; 1 Corintios 10:16; [5] Romanos 4:11; Gálatas 3:27; [6] Romanos 6:3, 4; 1 Corintios 10:21; [7] Efesios 4:2-5; 1 Corintios 12:13; [8] Efesios 2:11, 12; Génesis 34:14.

P. 163. ¿Cuáles son las partes de un sacramento?

R. Las partes de un sacramento son dos: una es el signo externo y sensible usado conforme al mismo mandato de Cristo; la otra es, la gracia interna y espiritual significada por aquella.[1]

[1] Mateo 3:11; 1 Pedro 3:21; Romanos 2:28, 29.

P. 164. ¿Cuántos sacramentos instituyó Cristo en su Iglesia bajo el nuevo Testamento?

R. Bajo el Nuevo Testamento Cristo instituyó en su Iglesia solamente dos sacramentos, el Bautismo y la Cena del Señor.[1]

[1] Mateo 28:19; 1 Corintios 11:20, 23; Mateo 26:26-28.

La eficacia de los sacramentos (por Thomas Boston)

¿En qué radica la eficacia de los sacramentos, o cuándo se puede decir que los sacramentos son medios eficaces de salvación?

La eficacia de un medio es llegar al fin para el que ha sido designado. Si no lo alcanza, es ineficaz. La eficacia de una reprensión reside en la reforma de la otra parte, y la de la comida en la nutrición del cuerpo. Ahora bien, como el fin de los sacramentos es representar, sellar y aplicar a Cristo y sus beneficios al alma, la eficacia de los sacramentos radica en que alcanzan estos fines; y luego son eficaces, cuando no sólo representan, sino que sellan y aplican a Cristo y sus beneficios al receptor. “Y recibió la señal de la circuncisión, el sello de la justicia de la fe que tuvo [estando] en la incircuncisión, para que fuera padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a ellos les sea atribuida justicia” (Rom. 4:11 RV-SBT). “Porque por un solo Espíritu somos todos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean siervos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Cor. 12:13 RV-SBT). “[Semejante] a ella, también la figura que se corresponde, el bautismo, ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino [como] demanda de una buena conciencia delante de Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1 Ped. 3, 21). En una palabra, reside en la efectiva confirmación y aplicación de Cristo y sus beneficios. Y cuando no alcanzan estos fines, no son eficaces.

Ahora bien, a veces estos efectos de los sacramentos son tan vivos y evidentes, que el alma los percibe, como lo hizo el eunuco cuando siguió su camino con regocijo (Hechos 8:39). A veces no son discernidos por el creyente, aunque en realidad son obrados en él, como fue con los dos discípulos que iban a Emaús, en otro caso, Lucas 24.

Thomas Boston, The Whole Works of the late Reverend Thomas Boston of Ettrick, vol. 2 (Aberdeen: 1848), p. 462.

Dios, el Autor del Bautismo (por W. á Brakel)

El Autor del santo Bautismo es Dios, esto es, Cristo, el Novio de Su iglesia. Esto es evidente en los siguientes pasajes: “…mas el que me envió a bautizar con agua” (Juan 1:33); “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres?” (Mateo 21:25). El Señor Jesús concluye de esto, y los convence con lo que ellos mismos creían, que el bautismo de Juan era de Dios. Cristo dio el siguiente mandamiento a Sus discípulos cuando iba a ascender al Cielo: “Por tanto, id y enseñad a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Las causas instrumentales, los administradores del Bautismo, son los hombres comisionados por Dios para bautizar. El primero de esto fue Juan; él, por tanto, fue llamado el bautista, y su bautismo, el bautismo de Juan (cf. Mateo 3:1; Mateo 21:25). Posteriormente, los discípulos de Cristo bautizaron bajo Su mandamiento. “…que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan (aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos)” (Juan 4:1-2). Después de Su resurrección, Él mandó a Sus discípulos (y por tanto a todos los ministros) a bautizar, dándoles la promesa de que estaría con ellos hasta el fin del mundo (Mateo 28:19-20).

Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, vol. 2 (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 1993), p. 488

Oración con ocasión del bautismo de un niño, por Matthew Henry

A Ti, oh Dios, de quién son todas las almas, las almas de los padres y las almas de los hijos, [1] presentamos este niño como sacrificio vivo, que deseamos que sea santo, y aceptable,[2] y que pueda ser rendido y dedicado al Padre, Hijo y Espíritu Santo.[3]

Es concebido en pecado,[4] pero hay una fuente abierta;[5] oh, lava el alma de este niño en esa fuente, ahora que por tu designación es lavado con agua pura.[6]

Es uno de los hijos del pacto,[7] uno de los hijos que te han nacido,[8] es tu siervo, nacido en tu casa;[9] oh, haz valer tu antiguo pacto, que tú serías el Dios a los creyentes y sus hijos;[10] pues esta bendición de Abraham llega sobre los gentiles,[11] y la promesa todavía es para nosotros y nuestros hijos.[12]

Tú nos has animado a traer los niños pequeños a Ti, pues has dicho, que de los tales es el reino de Dios. Bendito Jesús, toma a este niño en los brazos de Tu poder y gracia, pon Tus manos sobre él y bendícelo;[13] que sea un vaso de honra santificado y útil para el uso del señor,[14] y reconocido como uno de los tuyos en aquel día cuando tú pongas juntas todas tus joyas.[15]

Oh, derrama Tu Espíritu sobre nuestra simiente, Tu bendición sobre nuestra descendencia, para que puedan brotar como sauces junto a corrientes de aguas, y puedan llegar a escribir con sus manos: Para Jehová, y apellidarse con el nombre de Israel.[16]

Mathew Henry, Method of Prayer (Glasgow: Christian Heritage, 2017, orig. 1994), p. 128


[1] Ezequiel 18:4

[2] Romanos 12:1

[3] Mateo 28:19

[4] Salmo 51:5

[5] Zacarías 13:1

[6] Hebreos 10:22

[7] Hechos 3:25

[8] Ezequiel 16:20

[9] Salmo 116:16

[10] Génesis 17:7

[11] Gálatas 3:14

[12] Hechos 2:39

[13] Marcos 10:14, 16

[14] 2 Timoteo 2:21

[15] Malaquías 3:17

[16] Isaías 44:4-5