Sermón del Domingo (22-4-2018)

CULTO DE LA MAÑANA

Eclesiastés 5:10-20, “Vanidad y desgracia del amor al dinero”

CULTO DE LA TARDE

Jeremías 26, “Marcas del verdadero profeta del Señor”

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Sermón del Domingo (15-4-2018)

CULTO DE LA MAÑANA

Eclesiastés 5:8-9, “El creyente ante las injusticias sociales”

CULTO DE LA TARDE

Jeremías 25, “La copa de la ira para Israel y para las naciones”

El Día de los Pequeños Principios, por Juan Calvino

 

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“Porque los que menospreciaron el día de los pequeños principios, se alegrarán”

(Zacarías 4:10)

Nuestro Señor, para mostrar de manera más clara su poder, desde el comienzo actúa poco a poco cuando edifica su Templo espiritual; no se ve nada que sea magnífico o tenga una gran apariencia, como para asombrar los ojos y pensamientos de los hombres, sino que todo es casi despreciable y de poca estima a los hombres. Es cierto que Dios podría manifestar de repente su poder y despertar a todos los mortales y en efecto asombrarlos de admiración. Pero como ya he dicho, quiere aumentar la grandeza y brillo de su poder haciendo maravillas, cuando un pequeño comienzo hace brotar aquello que nadie habría pensado. Y después, también quiere probar la fe de los suyos. Pues es necesario que esperemos siempre más allá de toda esperanza. Porque si los comienzos prometiesen cosas grandes y altas, no habría ninguna prueba ni examen de la fe. Pero cuando concebimos por esperanza las cosas que no se ven, damos a Dios la honra que le pertenece, porque dependemos únicamente de su poder y no de los medios inferiores y secundarios.

Así vemos que se compara a Jesucristo mismo con un retoño que ha brotado de la casa de Isaí (Isaías 11:1). Dios bien podría haber hecho que Jesucristo naciera cuando la casa de David todavía estaba floreciente y que el reino estaba en su esplendor; sin embargo, él quiso que saliera de la raíz de Isaí cuando la dignidad real estaba casi completamente abolida y cortada. Y después, bien podría haber hecho que Jesucristo hubiese venido inmediatamente como un gran árbol, pero él sale como un pequeño renuevo de poca estima. De manera parecida también en Daniel, a él se le compara con una piedra que no es pulida y que es cortada de una montaña (Daniel 2:45). Esto también se ha cumplido en nuestro tiempo y se cumple hoy. Si consideramos cuáles son y han sido los comienzos del Evangelio cuando nuestro Señor lo ha publicado en el mundo, es bien cierto que no había nada magnífico o excelente, según la percepción carnal de los hombres. Y es también la razón por la que nuestros adversarios nos desprecian con tanta seguridad. Nos consideran como la escoria del mundo, y piensan que fácilmente caerán sobre nosotros y nos disiparán con un solo soplido.

Jean Calvin, Leçons et Expositions Familières Jehan Calvin sur les Douze Petis Prophetes, .(Lyon: Sebastien Hono, 1563), p. 482

La Fórmula de Consenso Helvética (1675): Preservación de las Escrituras y Crítica Textual del Antiguo Testamento

CANON 1.
Dios, cuya bondad y grandeza son infinitas, no sólo ha puesto por escrito por medio de Moisés, los profetas y los apóstoles la Palabra que es el poder para todo creyente, sino que, todavía hasta ahora, continuamente ha cuidado con afecto paternal este libro para evitar que fuese corrompido por las artimañas de Satanás o por cualquier artificio de los hombres. Por tanto, la Iglesia reconoce con mucha razón que, por una gracia y un favor particular de Dios, ella es responsable por lo que tiene y lo que tendrá hasta el fin del mundo. La palabra de los profetas contiene los escritos sagrados, de los que ni un solo punto ni una tilde pasarán, ni siquiera cuando pasen los cielos y la tierra.

CANON 2.
En particular, los libros del Antiguo Testamento hebreo, que hemos recibido de la Iglesia judía, a quien se le confió con anterioridad las palabras de Dios; estos libros que conservamos todavía hoy son auténticos, tanto en lo que se refiere a sus consonantes como en lo que se refiere a sus vocales. Por estas vocales hay que entender los puntos mismos, o al menos, su valor; ellos también son de inspiración divina, tanto en cuanto a las cosas mismas como a sus expresiones, de manera que deben ser junto con los escritos del Nuevo Testamento la única regla invariable de nuestra fe y nuestra conducta. Es con esta regla que debe examinarse, como con una piedra de toque, todas las versiones, orientales u occidentales, y si estas difieren en algo, se han de conformar con ella.

CANON 3.
No podemos, pues, aprobar el sentimiento de aquellos que pretenden que la manera como se lee el texto hebreo ha sido establecida por la voluntad de los hombres. En los lugares donde no les agrada esta manera de leer, no tienen ningún problema de rechazarla y corregirla por las versiones griegas de la LXX y de otros intérpretes, por el texto samaritano, las paráfrasis caldeas u todavía por otras versiones. Incluso a veces llegan a seguir las correcciones que únicamente su razón les dicta. De esta manera, no reconocen como auténtica ninguna otra lección que aquella que se pueda determinar al comparar entre sí las diferentes ediciones, sin exceptuar incluso la del texto hebreo, que ellos pretenden que ha sido alterado de muchas maneras. Ellos quieren que cada uno se sirva según su propio discernimiento en el examen de las diversas lecciones. En definitiva, sostienen que los ejemplares hebreos que tenemos ahora no son los únicos que ha habido siempre, puesto que las versiones de los intérpretes antiguos difieren de nuestro texto hebreo, lo cual sería, todavía hoy, una prueba de que los libros hebreos no eran completamente uniformes. De esta manera, ellos socavan el fundamento de nuestra fe y vulneran su autoridad, la cual es absolutamente digna de nuestro respeto más profundo.

Jean Gabarel, Histoire de l’Eglise de Genève depuis le commencement de la Reformation jusqu’à nos jours (Ginebra : 1862), vol. 3, p. 496.