La Unidad de Los Beneficios de la Salvación

Normalmente se distingue claramente entre las distintas bendiciones de la salvación. Este procedimiento, por supuesto, es correcto, por cuanto en la Escritura nos encontramos diferenciados justificiación, santificación, adopción, etc. Ahora bien, la distinción no debe llevar a la separación o división. Como decía Calvino, para la salvación se recibe un Cristo entero. Hay que distinguir, sí, pero sin dividir.

Escuche el estudio bíblico en mp3. [Catecismo Menor de Westminster, p. 32]

¿Y La Copa?

En el año 1520, el reformador Martín Lutero escribió una de sus obras más importantes, y a su vez menos conocidas, llamada “La cautividad babilónica de la Iglesia”. El libro trataba acerca de los sacramentos, de cómo Roma los había desnaturalizado con sus razonamientos y prácticas, privando así a la Iglesia de las ordenanzas que Cristo mismo instituyó.

Está claro que la idea que transmite el título mismo del libro es dinamita pura. Nos explicamos. La Iglesia papal se precia de que ella no puede conocer una situación de apostasía tal y como la conoció Israel en el Antiguo Testamento, en el Nuevo (Apocalipsis 2,9; 3,9), o incluso la Iglesia del Nuevo Testamento (Apocalipsis 2,16) debido fundamentalmente a dos cosas: El papado, y los sacramentos (principalmente la eucaristía), a los que se considera como unos “signos” o “señales” de por sí eficaces, transmitiendo indefectiblemente lo que significan (ex opere operato). Se considera, de esta manera, que la Iglesia, mientras mantenga el papado y la eucaristía, está “blindada” en contra de caída. El libro de Lutero, pues, señalaba la caída de la Iglesia, simbolizada con la expresión  “cautividad babilónica”, precisamente en lo que se consideraba como garantía de no-caída. No es, por tanto, de extrañar que este libro haya sido ampliamente silenciado durante siglos.

Una de las cosas más importantes que se ha de tener en cuenta a la hora de considerar los sacramentos, es que un sacramento es un signo visible instituido por Cristo mismo. Seguir leyendo

El Fantástico Santo Grial

Una de las características más acusadas de nuestra cultura es su tendencia a confundir la realidad con la fantasía, y viceversa. De ello habla bien elocuentemente el tremendo éxito de novelas y películas como “Harry Potter”, “El Señor de los anillos” y, muy recientemente, “El Código da Vinci”. Se puede incluso llegar a entender la necesidad que tiene la gente de sumergirse en un mundo de ensueño, sobretodo cuando se ha rechazado, como se ha hecho en los países occidentales, la Palabra de Dios, y cuando se dice, como lo hace el necio en su corazón, “No hay Dios…” (Salmo 15:1). Cuando se hace todo esto, invariablemente la vida al final resulta tediosa, sin sentido. A veces, especialmente dura y cruel. Pero siempre resulta doloroso darse cuenta de esta realidad descrita por Moisés: “Son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca” (Salmo 90:5-6).  ¿Qué es la vida? ¿Setenta u ochenta años, a lo sumo? “Pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10).

Es por ello que el hombre siempre ha tenido necesidad de expresar, por mitos o leyendas, las peripecias de los humanos para poder escapar de su condición pequeña, limitada y mortal. Uno de ellos ha sido el mito del llamado “santo grial”, mito de origen ancestral y que se reencuentra, con diversas variantes, en todos los países en los que hubo presencia de los celtas. Seguir leyendo

El Normativo Día de Reposo: Para Quién y Por qué

Contrariamente a la mentalidad que se ha implantado en la sociedad, que acentúa cada vez más la falta de un sentido global de la vida y del conocimiento, las verdades bíblicas no son enunciados autónomos, atomizados, independientes y sin relación entre sí. Por el contrario, todas las verdades bíblicas forman parte de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Todas las verdades bíblicas son los distintos elementos de una misma verdad bíblica, de un mismo sistema unificado de verdad. No es misión de la teología, por tanto, estudiar exclusivamente cada una de las verdades bíblicas en particular, sino además tratar de integrarlas todas en un mismo sistema de verdad. De ahí proviene, pues, la necesidad de una disciplina como la teología sistemática, disciplina siempre criticada, desde la exégesis hasta la libertad de pensamiento, pero de la que los cristianos nunca podremos dejar de prescindir.

La necesidad, inherente a la fe cristiana misma, de tener una visión de conjunto de la verdad bíblica se ha acentuado en la actualidad por los efectos destructores que el postmodernismo ha tenido y tiene en el campo de la cultura y, sobretodo, de la moral. Afirmar como normativo una cierta visión de las cosas, un modelo determinado de familia o una creencia se ha convertido en la actualidad en el pecado fundamental que hay que desarraigar por todos los medios. Si los cristianos tenemos la insensatez de querer participar en este discurso postmodernista, aun eclécticamente o a discreción, estaremos cavando lo que a la larga (o más a la corta de lo que nos pensamos) será nuestra tumba.

En este artículo, queremos tratar un tema que desborda ampliamente la vida, práctica y creencias de los cristianos. Ciertamente, en la actualidad hay muchos no-creyentes, y muchos intereses económicos y políticos, que encuentran la obligatoriedad del descanso dominical como un lastre que la sociedad hará bien en quitarse de encima. ¿Tendremos por ello los cristianos que dar nuestro consentimiento para que se liquide el concepto mismo de domingo, como ocurre, por ejemplo, con la destrucción el concepto bíblico de familia, cuando se da justificaciones para que el gobierno legisle los matrimonios homosexuales? Es más, ¿sobre qué argumentos descansa nuestra celebración del domingo como “día del Señor”? ¿Qué autoridad ponemos al frente en la defensa de su celebración, humana o divina? ¿Cuál de ellas se mantendrá en pie cuando venga la tormenta? En las líneas que siguen, intentaremos dar las debidas respuestas por medio de un estudio teológico acerca del carácter normativo del domingo como día de reposo cristiano, en el cual haremos especial atención a las distintas respuestas que a lo largo de la historia se han dado en los diferentes sistemas teológicos cristianos. Seguir leyendo

La “Piadosa” Sábana Santa de Turín

En nuestra cultura hispánica, tan impregnada de catolicismo romano durante siglos, utilizamos muchas expresiones de las que se ha olvidado su significado preciso. Una de estas son las famosas “mentiras piadosas”, las cuales, en nuestra mentalidad católico-romana, carecen de gravedad. Se hacen con un buen fin, se alega. Con ellas, los niños, o los tontos, son confortados. Creerlas no hace ningún daño a nadie. Bien, pues esta expresión, o más bien su equivalente en latín, pias fraudes, nos la encontramos ya al final de la Edad Media. Pero lo sorprendente es que, en su origen, se trataba más bien de un concepto teológico. De esta manera, el “papa” León X, en su lamentable bula Exurge Domino, condenaba la afirmación de Martín Lutero de que las indulgencias no eran más que, pues eso, pias fraudes. En su Tratado sobre las reliquias, el reformador Juan Calvino las definía como “embustes honestos, para incitar al pueblo a la devoción”. Es curioso constatar que, hoy en día, la idea de pias fraudes ha prácticamente desaparecido de la mente de todos. Sin embargo, tenerla en mente nos podría resultar bien útil para nombrar según qué realidades.

Tomemos, por ejemplo, la llamada “Sábana Santa” de Turín. Literalmente, ¡cuántos ríos de tinta se han vertido sobre ella! ¡Cuántas vidas se han dedicado a la guarda o el estudio de este pedazo de tela, de cuatro metros de largo, por uno de ancho! ¡Cuántos viajes y peregrinaciones ha ella promovido! ¡Y cuántas visitas de reyes, dignatarios y eminencias ha recibido a lo largo de los siglos! Sin embargo, ¿cuáles son los hechos reales acerca de esta sábana? Resumidos al máximo, muy bien podrían ser los siguientes: Seguir leyendo

El Espíritu de la Reforma en el Siglo XXI

Estamos a poco más de diez años de la celebración del quinto centenario del inicio de la Reforma protestante. Históricamente hablando, a un paso. Sin duda, las distintas Iglesias cristianas, al menos las institucionalmente más importantes, han de estar ya comenzando a “calentar motores” para tal efemérides. Acontecimientos como estos, que ocurren una o dos veces al milenio, no se dejan escapar, ni se improvisa su conmemoración en un día. Siguiendo un orden lógico de proceder, los órganos de gobierno más importantes de las iglesias se estarán ya asesorando con las “cabezas pensantes” de cada confesión participantes en el llamado “dialogo ecuménico”, que son los que disponen de la información necesaria para hacerse una idea lo más cercana posible a la realidad del momento que el cristianismo, en el sentido más amplio de la palabra, está viviendo. No sería, por tanto, de extrañar que se aprovechara la ocasión para hacer conseguir algún tipo de operación histórica tendente a la superación definitiva de las divisiones seculares entre las iglesias. Porque, en nuestros días de diálogo ecuménico e interreligioso, de acercamiento institucional y doctrinal sin precedentes entre las distintas confesiones, de globalización acelerada del universo económica, cultural y políticamente, ¿que sentido tiene celebrar la Reforma, sino es para celebrar que ha sido ya superada? Seguir leyendo

Evangélicos en España: Lo Imposible Es Realidad

La existencia del protestantismo en España ha sido a veces calificada de verdadero milagro histórico. Y con razón. En efecto, si ha habido un país del mundo en el que, desde los días de la Reforma hasta la actualidad, todos los factores pueden haberse conjurado para evitar que existiesen hoy creyentes e iglesias, ése es España. Y, sin embargo, aquí estamos. Lo cual se debe única y exclusivamente al Señor soberano de la historia, quien, en la historia misma de los hombres, hace surgir “lo que no es, para deshacer a lo que es” (1 Corintios 1:28).

La imposibilidad del protestantismo en España ya viene dada desde su mismo origen. En el siglo XVI, entre la dinastía de los Austrias y la Inquisición, se nos condenó, por medio de las llamas de las hogueras, a la más completa no-existencia, con lo cual, dicho sea de paso, se concluía también un cambio de rumbo decisivo en la identidad española, cambio que ha perdurado sin muchos cuestionamientos, de acuerdo con el carácter hispano, básicamente conformista, cuando no derrotista, hasta el día de hoy. Seguir leyendo