Categoría: Historia

Cómo Reconocer a un Pastor/Teólogo Liberal

Sherlock Holmes

En el año 1753, el pastor presbiteriano escocés John Witherspoon escocés escribió una sátira llamada Ecclesiastical Characteristics (Caracterizaciones eclesiásticas) en contra de los pastores “moderados” dentro de la iglesia; sátira que, mutatis mutandis, puede perfectamente ser aplicada a todos los liberales de todos los tiempos y lugares, habidos y por haber.

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Lo que le Dijo Policarpo de Esmirna al Hereje Marción

Apóstol Juan y Marción de Sinope, from JPM LIbrary MS748, s. XI

 También menciona esto: que cuando Marción, de quien reciben el nombre los marcionitas, se encontró en una ocasión con el santo Policarpo, y le dijo: «Reconócenos, Policarpo», [Policarpo] respondió: «Te reconozco, reconozco al primogénito de Satanás».

Epístola de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio (manuscrito de Moscú)

Marción de Sínope fue un herético del s. II que afirmaba que el Dios del Antiguo Testamento no era el mismo que el Dios del Nuevo Testamento. Rechazó todo el Antiguo Testamento como Escritura canónica, y del Nuevo Testamento expurgó todo lo que consideraba como judío, con lo que se quedó tan sólo con el Evangelio de Lucas y las Epístolas de Pablo.

El Martirio (Testimonio Supremo) de Policarpo de Esmirna (año 155 d. C.)

Martirio Policarpo

Pero cuando Policarpo entró en el estadio le llegó una voz del cielo, diciendo: «Sé fuerte, Policarpo, y compórtate varonilmente». Y nadie vio al que hablaba, pero los que son de los nuestros que estaban presentes oyeron la voz. Y al final, cuando fue traído, hubo un gran tumulto, porque oyeron que habían capturado a Policarpo. Así pues, cuando lo presentaron delante del procónsul, este inquirió si él era el hombre. Y al confesar que lo era, intentó persuadirlo a que abjurara, diciendo: «Ten respeto a tu edad»; y otras cosas semejantes, como acostumbran decir: «Jura por el genio [o “fortuna”] de César; arrepiéntete y di: Fuera los ateos». Entonces Policarpo, con mirada grave, contempló toda la multitud de paganos impíos que había en el estadio, y les hizo señal con la mano; y gimiendo y mirando al cielo, dijo: «Fuera los ateos». Pero cuando el magistrado insistió y le dijo: «Jura, y te soltaré; insulta a Cristo», Policarpo dijo: «Ochenta y seis años lo he servido, y Él no me ha hecho mal alguno. ¿Cómo puedo ahora blasfemar de mi Rey que me ha salvado?»

Epístola de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio, § 9.

Cromwell y El Fracaso del Presbiterianismo en Inglaterra

Oliver Cromwell

El presbiterianismo fue establecido legalmente como la religión del Estado de Inglaterra por la Ley del Parlamento del 29 de junio de 1647. Pero antes que se llevara realmente a cabo, los procedimientos legales en esta dirección fueron detenidos por el Lord Protector Cromwell. En 1649 el rey Charles fue decapitado por la autoridad del Parlamento Remanente y, finalmente, todo el gobierno parlamentario fue destruido. El maremoto hacia Independencia [es decir, el congregacionalismo], que surgió en los [primeros] días de Cromwell, se preparó para su regreso cuando los ingleses vieron a los soldados del Señor Protector dispersar el Parlamento. Cromwell se opuso al presbiterianismo tanto como lo hizo al Episcopalismo. Su secretario de latín, el poeta John Milton, expresó precisamente estos sentimientos de Cromwell cuando dijo que “el presbítero era solamente un cura escrito largo”. La nación inglesa, sin embargo, pronto se dio cuenta de que Cromwell, aunque piadoso y sincero, también era un dictador, y tenía a su espalda un ejército bien disciplinado. Bajo su mandato, la nación estuvo tranquila, ordenada y muda en el interior, y fue poderosa en el exterior. La marina barrió las aguas de competidores; y a un movimiento de su cabeza, en relación con la persecución de los valdenses, en el espíritu de ese magnífico poema de su secretario, “Venga, oh Señor, a tus santos masacrados”, hizo que incluso el Duque de Saboya y Luis XIV hicieran volver a casa a sus sabuesos implacables desde los Alpes, y que el Papa se encogiera en su palacio. Oliver Cromwell, el absolutista, murió en 1658 y no dejó sucesor. El caos social estalló cuando su hijo Richard trató de llenar la sede vacante de su padre. En 1660, el general Monk se anticipó al movimiento para un acuerdo del Parlamento con la monarquía al llamar a Charles II de nuevo a Inglaterra y ponerlo de nuevo en el trono gracias al ejército. Como un perfecto Estuardo, Charles llegó sin haber aprendido nada de la experiencia de su padre. Su regreso envió a los puritanos al retiro y llevó al frente a los bulliciosos Cavaliers. Las diversiones se desbocaron en Inglaterra. Los obispos vieron inmediatamente que su éxito dependía de estar sumisos a Charles y de halagarlo. Los presbiterianos cedieron en silencio, con la esperanza de que la Conferencia de Savoy (celebraba en 1661 para resolver las cuestiones religiosas), aseguraría la tolerancia religiosa. En vez de ello, lo que vino en 1662 fue el Acta de Uniformidad, y dos mil ministros inconformistas tuvieron que dejar sus cargos, y su sustento de vida, antes que violar sus conciencias.

Geo. P. Hays, Presbyterians: A Popular Narrative of their Origin, Progress, Doctrines and Achievements (Nueva York: J.. Hill, 1892), pp. 51-52.

Breve Historia de la Asamblea de Westminster (1643-1649)

Cámara Jerusalén, Westminster Abbey

“James I murió en 1625 y dejó todos sus dominios británicos a su desafortunado hijo, Charles I, en un estado de efervescencia religiosa. Charles heredó de su madre la auto-suficiencia de los Tudor, y de su padre, el egoísmo ciego de los Estuardo, y mostró en sí mismo los vicios de ambos. Al principio, él cayó bajo la influencia de William Laud, y al final hizo a Laud Arzobispo de Canterbury, y de esta manera, Primado de toda Inglaterra.

James I, desde sus más tempranos tratos con el Parlamento inglés, dio a entender que el deber del Parlamento era ajustarse a su voluntad, y el Parlamento le dijo que los derechos de las personas representadas en él eran tan sagrados como los derechos del rey. Charles siguió la política de su padre, sólo que la llevó al punto de comenzar a actuar sin contar para nada con el Parlamento. El Arzobispo Laud era esencialmente un romanista, y con este autoritarismo por parte del rey en materia civil y con el de Laud en materia religiosa, la situación llegó rápidamente a una lucha por la supervivencia.

El pueblo que no pagaría los impuestos que el Parlamento no había votado. El Parlamento no votaría ninguna provisión para el rey hasta que este hubiera aceptado sus demandas. El rey insistió en que “las provisiones, primero, y las demandas, después”. Todo el reino pasó a estar a la defensiva. Un Parlamento sería disuelto y otro elegido, hasta que en la lucha el pueblo se cansó del Episcopado y finalmente eligió al Parlamento Largo. Originalmente había en él una mayoría favorable al Presbiterianismo y en contra del Episcopado. El proyecto del Parlamento fue el de convocar una Asamblea en Westminster “para resolver el gobierno y la liturgia de la Iglesia de Inglaterra, y para vindicar y limpiar las doctrinas de dicha Iglesia de calumnias y falsas interpretaciones para que fuesen más agradables con la Palabra de Dios, y más aptas para obtener y conservar la paz de la Iglesia dentro del país y un mayor acuerdo con la Iglesia de Escocia y otras iglesias reformadas en el extranjero”. Esta ordenanza se introdujo extensamente en el cuerpo de las actas de la Cámara de los Lores, 12 de junio de 1643.

Dos días antes de su inicio, el rey Carlos prohibió por decreto real que la Asamblea se celebrase bajo la ley. Él ya había revivido el “Libro de los Deportes” e indignó de otras maneras los sentimientos morales de su pueblo. Bajo la influencia de Laud, emprendió el restablecimiento el Episcopado en Escocia, y el 23 de julio de 1637, el arzobispo de St. Andrews y el obispo de Edimburgo celebraron una audiencia en la Iglesia de St. Giles para introducir la nueva liturgia. Cuando la famosa Jennie Geddes comenzó aquel día los disturbios, al lanzar su taburete contra el lector, Escocia ya había organizado su forma de gobierno de iglesia y estaba deseosa de un tener sistema común con Inglaterra.

El Parlamento Inglés había invitado a la Asamblea General de la Iglesia de Escocia a enviar delegados a esta Asamblea de Westminster y así llegaron comisionados de Escocia, a la cabeza de los cuales fue el notable Alexander Henderson. En esta Asamblea de Westminster, celebrada en desafío al rey, se reunieron así los principales representantes de los presbiterianos británicos. Se mantuvo una estrecha correspondencia con la Iglesia Reformada en el continente. Mientras el Parlamento Largo mantenía sus sesiones en su Cámara, esta Asamblea estaba en sesión en la Cámara Jerusalén de la Abadía de Westminster.

La primera reunión de la Asamblea de Westminster se celebró el sábado 1 de julio de 1643; su última reunión numerada se celebró el 22 de febrero de 1649, y está marcada como la “Sesión 1163″. El Parlamento eligió a ciento veinte ministros, diez lores y veinte diputados comunes para ser miembros de la Asamblea. De estos elegidos, muchos declinaron, pero a diferentes momentos hubo hasta noventa y seis miembros. Dos meses después de que su primera reunión, tomaron sus asientos los comisionados de Escocia, cuatro ministros y dos laicos, pero sin derecho a voto. El 6 de diciembre de 1648, el Parlamento fue purgado de sus miembros presbiterianos, dejándolo sólo con 140 miembros, y la constitución de Inglaterra fue prácticamente derrocada por Oliver Cromwell y su ejército. La Asamblea nunca fue oficialmente disuelta. Su poder se desvaneció con el del Parlamento, y así desapareció. La última reclamación de que celebrara una reunión de la Asamblea tuvo lugar el 25 de marzo 1652″.

Geo. P. Hays, Presbyterians: A Popular Narrative of their Origin, Progress, Doctrines and Achievements (Nueva York: J.. Hill, 1892), pp. 49-51.

 

“Sola Gracia” en Jorge Manrique

Jorge Manrique

Jorge Manrique (1440-1475) fue un noble y poeta castellano del tiempo de los Reyes Católicos. Él fue el autor de las Coplas por la muerte de su padre. Seguramente, esta sea una de las mejores (por no decir la mejor) elegía escrita en lengua castellana, una reflexión sobre la vanidad y fugacidad de la vida, impregnada del pensamiento del libro bíblico del Eclesiastés. Una joya literaria imperecedera.

Hacia el final de la Copla, en la estrofa XXXIX, leemos las siguientes palabras:

“Tú, que por nuestra maldad

tomaste forma servil

y bajo nombre.

Tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como es el hombre.

Tú, que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona,

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona”.

Es decir, Jorge Manrique en estos versos estaba literalmente expresando, algunos años antes que naciera Lutero, ¡el lema protestante de la Sola Gracia!

Este hecho innegable obviamente suscita algunas preguntas. Al menos dos:

¿Son en realidad las doctrinas protestantes las novedades, y por tanto herejías, que los apologistas romanistas nos han querido vender desde siempre, o han estado más bien latentes en los corazones de todos los creyentes a lo largo de los siglos?

¿Son realmente las doctrinas protestantes, y por lo tanto el protestantismo, tan ajeno a la manera de ser y al espíritu español, o más bien no tuvieron cabida en la transformación radical del país (derrota de los Comuneros al interior, pugna por la hegemonía en Europa en el exterior…) llevada a cabo por los funestos sucesores de los Reyes Católicos, los Austrias?

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos y Defensa Civil en Ginebra a Principios del Siglo XVII (y 7)

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[Concluimos la excelente serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Durante los últimos 400 años, en la noche del 11 de diciembre y en las primeras horas de la mañana del 12 de diciembre, el día más largo del año en el calendario juliano, la ciudad de Ginebra es escenario de una muy grande y ruidosa celebración llamada la Fête de l’Escalade, la Fiesta de la Escalada. Durante el transcurso de esta celebración se vende sabrosas sopas calientes de verduras por todas partes de Ginebra, juntamente con los famosos chocolates “marmitas”, una réplica de un caldero de sopa, llenos de verduras de mazapán y decoradas con los colores de Ginebra. De acuerdo con una antigua costumbre, estas ollas de chocolate se rompen, mientras se grita: “Así perezcan los enemigos de la República [de Ginebra]”. Otras costumbres incluyen hechos como el dar vino o niños vestidos con trajes similares a los de Halloween cantando canciones de Escalade en bares locales y en las calles. Pero el punto culminante de la celebración está marcado por la procesión de centenares de ginebrinos vestidos con traje histórico completo, junto con jinetes, mosqueteros, tiradores de ballesta, portadores de antorchas, un verdugo y su ayudante. La procesión está acompañada del humo de disparos, petardos y salvas, y se concluye al llegar a la Catedral de Saint-Pierre, donde se hace la proclamación de la victoria ginebrina. Todo el mundo disfruta de un buen desfile local y una fiesta cívica… pero, ¿qué tiene que ver esta costumbre de Ginebra con el etos marcial del culto reformado histórico? La respuesta es que este desfile es una celebración pública anual de la victoria de las fuerzas ginebrinas calvinistas sobre las hostiles fuerzas católicas del duque Carlos Emmanuel de Saboya, quien lanzó un ataque sorpresa a medianoche contra Ginebra.

Desde su subida al trono de la Casa de Saboya en 1580, el duque Carlos Manuel deseaba someter a los calvinistas de Ginebra al gobierno de Saboya y convertir a la ciudad en la capital del norte de su territorio. A lo largo del tiempo alternó ofensivas diplomáticas y militares, la intimidación, las amenazas y las promesas de paz, ninguna de las cuales consiguió el objetivo que pretendía de romper la espalda del protestantismo en Ginebra. El duque de Saboya, contando con la ayuda de su cuñado, Felipe III de España, finalmente intentó apoderarse de su objetivo por la fuerza, acumulando una fuerza de 2.000 mercenarios a sueldo y lanzando una incursión de medianoche en Ginebra. El plan consistía en utilizar una pequeña fuerza móvil de comandos para escalar las murallas de la ciudad y abrir las puertas desde el interior con el fin de inundar la ciudad de atacantes. Sin embargo, el plan de los atacantes de Saboya fue frustrado por un centinela alerta que pudo dar el disparo de alarma justo antes de ser muerto. Gracias a este disparo, se sonaron las alarmas y campanas de toda la ciudad, despertando a los ginebrinos, que se reunieron para defender la ciudad contra los atacantes. Una de las leyendas que han perdurado de los eventos de aquella noche fatídica es la historia de la Madre Royaume (Mère Royaume), madre de 14 hijos, quien, cuando se dio cuenta de la ciudad estaba siendo atacada, tomó un gran caldero de sopa que tenía en el fuego y lo arrojó que en la cabeza de un mercenario de Saboya. Hasta el día de hoy este acto de valentía se conmemora con la venta de la sopa de verduras y el aplastamiento de las ollas de chocolate. El resultado final de la historia es que los ciudadanos de Ginebra lograron repeler a los atacantes que escalaban la muralla de la ciudad; mientras que el ejército de dos mil mercenarios del duque sufrió varios cientos de víctimas, los ginebrinos sólo sufrieron dieciocho.

Cuando el humo se disipó en diciembre del 12 y la milicia ciudadana concluyó su campaña de limpieza, los soldados volvieron a las calles de Ginebra para celebrar su victoria. Cuando las multitudes se reunieron y se alegraban en las calles, la gente cantaba Salmos dando gracias a Dios por la victoria. En algún momento de la celebración, Teodoro de Beza, que entonces tenía 80 años, se presentó ante la multitud e hizo un llamamiento a cantar el Salmo 124, uno de los Salmos que él mismo había versificado en la década de 1550 (p.53). Desde este día, los ginebrinos todavía celebran el 12 de diciembre esta trascendental victoria con el canto de este Salmo. Los Salmos entonces, no sólo impulsaron la Reforma en Francia, Holanda, Inglaterra y Escocia para hacer frente a las llamas de la persecución y llenar sus corazones de valentía mientras marchaban a la batalla, sino que también unificaron a los calvinistas en Ginebra para organizarse en defensa de la Reforma en Ginebra y para defenderla contra los objetivos malévolos del duque católico-romana de Saboya.

Es evidente, a partir de la serie de ejemplos que se destacan en estos últimos artículos, que el canto de los Salmos cultivó un espíritu marcial en los corazones de los fieles reformados de todo el continente y de las Islas Británicas, no sólo unificando la Reforma en su experiencia del culto, sino también animándolos a tomar la espada en defensa propia y fortaleciéndolos en sus corazones para hacer frente a las llamas de la persecución. Así, el Dr. Reid, repasando las evidencias hace un par de sagaces conclusiones.

En primer lugar, afirma que “el Salmo metrificado vernáculo… se convirtió en parte de la estructura de fe y vida calvinista del siglo XVI, incluso se podría decir que se convirtió en parte de la mística calvinista” (p.53). Así, el Dr. Reid hace la afirmación de que el canto Salmos era parte de la estructura y la mística de la forma calvinista de la vida en el siglo XVI. Al pensar en esa declaración, una pregunta razonable que puede preguntarse es si eso se puede decir de los reformados y presbiterianos de la Iglesia de hoy. ¿Es el canto de los salmos parte de la estructura y de la mística de la Iglesia? Sólo un momento de reflexión nos lleva a la triste conclusión de que no, que cantar Salmos no forma una parte de la estructura y la mística de la Iglesia de hoy. La razón de que no lo sean no es porque las iglesias reformadas y presbiterianas en algún momento en el tiempo decidieron que el principio regulador de la adoración, formulado en las Confesiones del siglo XVI y XVII, no se aplica al contenido de las canciones cantadas en el culto. Una consecuencia inesperada de esta evaluación falsa es que cambió el etos de la iglesia presbiteriana y presbiteriana, sustituyendo un espíritu marcial por un etos de emotividad pietista, melosa y sentimental reflejada en los himnos avivamentalistas del siglo XVIII y XIX  y los insulsos cantos de alabanza de los años 1970 y 80, que imitan las melodías y los sentimientos de Barry Manilow y Ann Murray.

En segundo lugar, el Dr, Reid saca la conclusión de que el canto de Salmos se convirtió en uno de los principales factores de “formación e inspiración de la resistencia calvinista a la persecución, la opresión y el ataque” (p.54). ¿Se puede decir esto de las iglesias reformadas y presbiterianas hoy? Una vez más, sólo un momento de reflexión nos llevará a la conclusión obvia de que tal etos de coraje y valor frente a la persecución, la opresión y el ataque no está siendo cultivado en los cristianos reformados y presbiterianos. No sería forzar demasiado la verdad el decir que uno de los mayores problemas en la iglesia reformada y presbiteriana es que carece de identidad, y por lo tanto no tiene una identidad significativa que reúna o agrupe alrededor suyo para apoyo, defensa o auto-sacrificio. Los reformados antiguamente eran conocidos por su virulenta defensa del culto; ahora, el culto reformado incluye todo, desde el estilo de culto de Bill Gaither al estilo de culto de Capilla Calvario o de la Viña. Con una identidad de culto tan amorfa no es de extrañar que la iglesia reformada esté sufriendo de anemia espiritual, al haber sustituido el principio regulador de las Confesiones por el principio adaptado al gusto de las masas que es impulsado constantemente por los vientos de cambio: lo que sea que haga sentirse bien, hazlo.

Es hora de que la iglesia reformada y presbiteriana sea honesta, ya sea admitiendo que el principio regulador de adoración contenido en las Confesiones es inexacto y no bíblico, por lo tanto, que necesita de una reformulación que se ajuste más estrechamente a la Escritura, o bien, es hora de ser honesto y admitir que las innovaciones que se han producido en su culto desde el siglo XVI son incompatibles con el principio regulador y, por lo tanto, se movilicen para recuperar la antigua forma del culto reformado. Esto no sucederá, sin embargo, hasta que el registro del culto reformado histórico no sea aclarado y las iglesias reformadas y presbiterianas sean conscientes del hecho de que en la práctica se han alejado del principio regulativo de la adoración y lo han rechazado. Una vez que se es consciente de ese hecho, se tendrá que hacer una decisión: ¿abrazará la iglesia su propia Confesión o va a reformular el principio regulador de adoración en el sentido que el Dr. John Frame ha propuesto? Evadir esta pregunta es deshonesto y no sólo socava la credibilidad de las iglesias reformadas, sino que también cultiva un etos sin espinas en las iglesias y lo deja sin una identidad clara para abrazar o un objetivo obvio alrededor del cual reunirse, al cual promover y defender, y por el cual sacrificarse. Ningún compromiso con asuntos candentes como la escuela en casa, la creación en seis días, la apologética de Van Til o la negación del sufragio femenino restaurarán el vigor de los reformados, puesto que la columna vertebral y el fundamento de la iglesia reformada es la adoración tal como el mismo Juan Calvino dijo en La Necesidad de la Reforma de la Iglesia:

 “Si se pregunta, entonces, por las cosas por las que principalmente la religión cristiana permanece en pie entre nosotros, y mantiene su verdad, se encontrará  que las dos siguientes no sólo ocupan el lugar principal, sino que comprenden en ellas todas las demás partes, y por lo tanto toda la sustancia del cristianismo, a saber, un conocimiento, primeramente, del modo en que Dios está debidamente adorado; y, en segundo lugar, de la fuente de donde la salvación se ha de obtener”.

Cuanto más las iglesias reformadas y presbiterianas, que reclaman el manto de fiel calvinismo, fallan en considerar y hacer la paz con esta declaración de Calvino, de que toda la sustancia del cristianismo se basa en el modo en el que Dios es debidamente adorado, tanto más la Iglesia va a sufrir de anemia y girará y cambiará con los vientos de culto que soplan a través de evangelicismo, sin ser capaz de marcar un claro contraste con él. Lamentablemente, los reformados serán indistinguibles de una amplia gama de iglesias que lo incluye todo, desde el anglicanismo, el culto tradicional Bautista del Sur, a la Capilla Calvario y la Asamblea de Dios.

¡Pueblo de Dios, ahora es el momento de levantarse en protesta, ahora es el momento de abrazar nuestra herencia reformada bíblica e histórica!

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).