Categoría: Historia

Templo de Lyon, Llamado Paraíso (1569-1570)

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(Hacer clic aquí para agrandar)

La pintura representa el comienzo de un servicio de boda o bautizo en este templo circular protestante de Lyon. Las mujeres están sentadas en el centro, frente al púlpito, los hombres a los lados, con los niños. Se nota la presencia de un perro, símbolo de fidelidad pero también de la no sacralidad de los templos protestantes [1]. El pastor, en el púlpito, tiene un pequeño reloj de arena para medir su tiempo de predicación. Los hombres llevan espadas, una marca de su nobleza.

 

La galería presenta el escudo de Lyon y de Francia. En dos pedestales sobre los que están sendas jarras se puede leer citas del evangelio en francés: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón / y a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo. 22:2).

 

Antecedentes

El Templo del Paraíso fue construido en 1564, poco después de la Paz de Amboise y el Sínodo Nacional de 1563. Se encontraba en el lugar llamado “del Paraiso”, rue des Etableries, entre rue Tupin y rue Ferrandière. Lyon entonces salía de los acontecimientos de 1562 que vieron la captura de Lyon por los calvinistas dirigidos por François de Beaumont, Barón de Adrets. Fue destruido con la reanudación de las Guerras de Religión, en 1567.

 

Historia de la pintura

Dibujo del templo del “Paraíso” por Jean Perrissin. Archives municipales de Lyon : GG 86, p. 1

 

Traducción del artículo de Wikipedia, “Le Temple de Paradis”.

[1] Siempre me ha llamado la atención la presencia de perros en el interior de pinturas de templos protestantes del tiempo de la Reforma. Ver el artículo siguiente:

Elisabeth Foucart-Walter, Bernard Reymond, « Église ou Temple: présence d’un chien »

La afirmación del autor del artículo de Wikipedia, de que es símbolo de no sacralidad, aunque parece corriente, es bastante dudosa, pues sería más bien un insulto (la no sacralidad querría decir impureza). En la imagen, el cánido parece hasta escuchar atentamente al predicador, así que si es símbolo de algo, más bien parece de lo primero, de fidelidad.

Por otra parte, en mi opinión, se trata claramente de un culto de bautismo. La posición de los brazos de la mujer parece llevar a un bebé. Si se fijan, a la izquierda se ve a una mujer con la jarra de agua y un hombre con los lienzos para envolver al bebé.

***

Contemplen, pues, la pintura y admiren un culto reformado en estado original, sin pompa alguna. Los niños con la Biblia abierta, siguiendo el culto, como debe ser. El púlpito separado pero a la vez en medio de la congregación. Esos bancos sin respaldo. Maravillosos.

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Cómo Reconocer a un Pastor/Teólogo Liberal

Sherlock Holmes

En el año 1753, el pastor presbiteriano escocés John Witherspoon escocés escribió una sátira llamada Ecclesiastical Characteristics (Caracterizaciones eclesiásticas) en contra de los pastores “moderados” dentro de la iglesia; sátira que, mutatis mutandis, puede perfectamente ser aplicada a todos los liberales de todos los tiempos y lugares, habidos y por haber.

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Lo que le Dijo Policarpo de Esmirna al Hereje Marción

Apóstol Juan y Marción de Sinope, from JPM LIbrary MS748, s. XI

 También menciona esto: que cuando Marción, de quien reciben el nombre los marcionitas, se encontró en una ocasión con el santo Policarpo, y le dijo: «Reconócenos, Policarpo», [Policarpo] respondió: «Te reconozco, reconozco al primogénito de Satanás».

Epístola de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio (manuscrito de Moscú)

Marción de Sínope fue un herético del s. II que afirmaba que el Dios del Antiguo Testamento no era el mismo que el Dios del Nuevo Testamento. Rechazó todo el Antiguo Testamento como Escritura canónica, y del Nuevo Testamento expurgó todo lo que consideraba como judío, con lo que se quedó tan sólo con el Evangelio de Lucas y las Epístolas de Pablo.

El Martirio (Testimonio Supremo) de Policarpo de Esmirna (año 155 d. C.)

Martirio Policarpo

Pero cuando Policarpo entró en el estadio le llegó una voz del cielo, diciendo: «Sé fuerte, Policarpo, y compórtate varonilmente». Y nadie vio al que hablaba, pero los que son de los nuestros que estaban presentes oyeron la voz. Y al final, cuando fue traído, hubo un gran tumulto, porque oyeron que habían capturado a Policarpo. Así pues, cuando lo presentaron delante del procónsul, este inquirió si él era el hombre. Y al confesar que lo era, intentó persuadirlo a que abjurara, diciendo: «Ten respeto a tu edad»; y otras cosas semejantes, como acostumbran decir: «Jura por el genio [o “fortuna”] de César; arrepiéntete y di: Fuera los ateos». Entonces Policarpo, con mirada grave, contempló toda la multitud de paganos impíos que había en el estadio, y les hizo señal con la mano; y gimiendo y mirando al cielo, dijo: «Fuera los ateos». Pero cuando el magistrado insistió y le dijo: «Jura, y te soltaré; insulta a Cristo», Policarpo dijo: «Ochenta y seis años lo he servido, y Él no me ha hecho mal alguno. ¿Cómo puedo ahora blasfemar de mi Rey que me ha salvado?»

Epístola de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio, § 9.

Cromwell y El Fracaso del Presbiterianismo en Inglaterra

Oliver Cromwell

El presbiterianismo fue establecido legalmente como la religión del Estado de Inglaterra por la Ley del Parlamento del 29 de junio de 1647. Pero antes que se llevara realmente a cabo, los procedimientos legales en esta dirección fueron detenidos por el Lord Protector Cromwell. En 1649 el rey Charles fue decapitado por la autoridad del Parlamento Remanente y, finalmente, todo el gobierno parlamentario fue destruido. El maremoto hacia Independencia [es decir, el congregacionalismo], que surgió en los [primeros] días de Cromwell, se preparó para su regreso cuando los ingleses vieron a los soldados del Señor Protector dispersar el Parlamento. Cromwell se opuso al presbiterianismo tanto como lo hizo al Episcopalismo. Su secretario de latín, el poeta John Milton, expresó precisamente estos sentimientos de Cromwell cuando dijo que “el presbítero era solamente un cura escrito largo”. La nación inglesa, sin embargo, pronto se dio cuenta de que Cromwell, aunque piadoso y sincero, también era un dictador, y tenía a su espalda un ejército bien disciplinado. Bajo su mandato, la nación estuvo tranquila, ordenada y muda en el interior, y fue poderosa en el exterior. La marina barrió las aguas de competidores; y a un movimiento de su cabeza, en relación con la persecución de los valdenses, en el espíritu de ese magnífico poema de su secretario, “Venga, oh Señor, a tus santos masacrados”, hizo que incluso el Duque de Saboya y Luis XIV hicieran volver a casa a sus sabuesos implacables desde los Alpes, y que el Papa se encogiera en su palacio. Oliver Cromwell, el absolutista, murió en 1658 y no dejó sucesor. El caos social estalló cuando su hijo Richard trató de llenar la sede vacante de su padre. En 1660, el general Monk se anticipó al movimiento para un acuerdo del Parlamento con la monarquía al llamar a Charles II de nuevo a Inglaterra y ponerlo de nuevo en el trono gracias al ejército. Como un perfecto Estuardo, Charles llegó sin haber aprendido nada de la experiencia de su padre. Su regreso envió a los puritanos al retiro y llevó al frente a los bulliciosos Cavaliers. Las diversiones se desbocaron en Inglaterra. Los obispos vieron inmediatamente que su éxito dependía de estar sumisos a Charles y de halagarlo. Los presbiterianos cedieron en silencio, con la esperanza de que la Conferencia de Savoy (celebraba en 1661 para resolver las cuestiones religiosas), aseguraría la tolerancia religiosa. En vez de ello, lo que vino en 1662 fue el Acta de Uniformidad, y dos mil ministros inconformistas tuvieron que dejar sus cargos, y su sustento de vida, antes que violar sus conciencias.

Geo. P. Hays, Presbyterians: A Popular Narrative of their Origin, Progress, Doctrines and Achievements (Nueva York: J.. Hill, 1892), pp. 51-52.

Breve Historia de la Asamblea de Westminster (1643-1649)

Cámara Jerusalén, Westminster Abbey

“James I murió en 1625 y dejó todos sus dominios británicos a su desafortunado hijo, Charles I, en un estado de efervescencia religiosa. Charles heredó de su madre la auto-suficiencia de los Tudor, y de su padre, el egoísmo ciego de los Estuardo, y mostró en sí mismo los vicios de ambos. Al principio, él cayó bajo la influencia de William Laud, y al final hizo a Laud Arzobispo de Canterbury, y de esta manera, Primado de toda Inglaterra.

James I, desde sus más tempranos tratos con el Parlamento inglés, dio a entender que el deber del Parlamento era ajustarse a su voluntad, y el Parlamento le dijo que los derechos de las personas representadas en él eran tan sagrados como los derechos del rey. Charles siguió la política de su padre, sólo que la llevó al punto de comenzar a actuar sin contar para nada con el Parlamento. El Arzobispo Laud era esencialmente un romanista, y con este autoritarismo por parte del rey en materia civil y con el de Laud en materia religiosa, la situación llegó rápidamente a una lucha por la supervivencia.

El pueblo que no pagaría los impuestos que el Parlamento no había votado. El Parlamento no votaría ninguna provisión para el rey hasta que este hubiera aceptado sus demandas. El rey insistió en que “las provisiones, primero, y las demandas, después”. Todo el reino pasó a estar a la defensiva. Un Parlamento sería disuelto y otro elegido, hasta que en la lucha el pueblo se cansó del Episcopado y finalmente eligió al Parlamento Largo. Originalmente había en él una mayoría favorable al Presbiterianismo y en contra del Episcopado. El proyecto del Parlamento fue el de convocar una Asamblea en Westminster “para resolver el gobierno y la liturgia de la Iglesia de Inglaterra, y para vindicar y limpiar las doctrinas de dicha Iglesia de calumnias y falsas interpretaciones para que fuesen más agradables con la Palabra de Dios, y más aptas para obtener y conservar la paz de la Iglesia dentro del país y un mayor acuerdo con la Iglesia de Escocia y otras iglesias reformadas en el extranjero”. Esta ordenanza se introdujo extensamente en el cuerpo de las actas de la Cámara de los Lores, 12 de junio de 1643.

Dos días antes de su inicio, el rey Carlos prohibió por decreto real que la Asamblea se celebrase bajo la ley. Él ya había revivido el “Libro de los Deportes” e indignó de otras maneras los sentimientos morales de su pueblo. Bajo la influencia de Laud, emprendió el restablecimiento el Episcopado en Escocia, y el 23 de julio de 1637, el arzobispo de St. Andrews y el obispo de Edimburgo celebraron una audiencia en la Iglesia de St. Giles para introducir la nueva liturgia. Cuando la famosa Jennie Geddes comenzó aquel día los disturbios, al lanzar su taburete contra el lector, Escocia ya había organizado su forma de gobierno de iglesia y estaba deseosa de un tener sistema común con Inglaterra.

El Parlamento Inglés había invitado a la Asamblea General de la Iglesia de Escocia a enviar delegados a esta Asamblea de Westminster y así llegaron comisionados de Escocia, a la cabeza de los cuales fue el notable Alexander Henderson. En esta Asamblea de Westminster, celebrada en desafío al rey, se reunieron así los principales representantes de los presbiterianos británicos. Se mantuvo una estrecha correspondencia con la Iglesia Reformada en el continente. Mientras el Parlamento Largo mantenía sus sesiones en su Cámara, esta Asamblea estaba en sesión en la Cámara Jerusalén de la Abadía de Westminster.

La primera reunión de la Asamblea de Westminster se celebró el sábado 1 de julio de 1643; su última reunión numerada se celebró el 22 de febrero de 1649, y está marcada como la “Sesión 1163″. El Parlamento eligió a ciento veinte ministros, diez lores y veinte diputados comunes para ser miembros de la Asamblea. De estos elegidos, muchos declinaron, pero a diferentes momentos hubo hasta noventa y seis miembros. Dos meses después de que su primera reunión, tomaron sus asientos los comisionados de Escocia, cuatro ministros y dos laicos, pero sin derecho a voto. El 6 de diciembre de 1648, el Parlamento fue purgado de sus miembros presbiterianos, dejándolo sólo con 140 miembros, y la constitución de Inglaterra fue prácticamente derrocada por Oliver Cromwell y su ejército. La Asamblea nunca fue oficialmente disuelta. Su poder se desvaneció con el del Parlamento, y así desapareció. La última reclamación de que celebrara una reunión de la Asamblea tuvo lugar el 25 de marzo 1652”.

Geo. P. Hays, Presbyterians: A Popular Narrative of their Origin, Progress, Doctrines and Achievements (Nueva York: J.. Hill, 1892), pp. 49-51.

 

“Sola Gracia” en Jorge Manrique

Jorge Manrique

Jorge Manrique (1440-1475) fue un noble y poeta castellano del tiempo de los Reyes Católicos. Él fue el autor de las Coplas por la muerte de su padre. Seguramente, esta sea una de las mejores (por no decir la mejor) elegía escrita en lengua castellana, una reflexión sobre la vanidad y fugacidad de la vida, impregnada del pensamiento del libro bíblico del Eclesiastés. Una joya literaria imperecedera.

Hacia el final de la Copla, en la estrofa XXXIX, leemos las siguientes palabras:

“Tú, que por nuestra maldad

tomaste forma servil

y bajo nombre.

Tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como es el hombre.

Tú, que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona,

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona”.

Es decir, Jorge Manrique en estos versos estaba literalmente expresando, algunos años antes que naciera Lutero, ¡el lema protestante de la Sola Gracia!

Este hecho innegable obviamente suscita algunas preguntas. Al menos dos:

¿Son en realidad las doctrinas protestantes las novedades, y por tanto herejías, que los apologistas romanistas nos han querido vender desde siempre, o han estado más bien latentes en los corazones de todos los creyentes a lo largo de los siglos?

¿Son realmente las doctrinas protestantes, y por lo tanto el protestantismo, tan ajeno a la manera de ser y al espíritu español, o más bien no tuvieron cabida en la transformación radical del país (derrota de los Comuneros al interior, pugna por la hegemonía en Europa en el exterior…) llevada a cabo por los funestos sucesores de los Reyes Católicos, los Austrias?