Categoría: Historia

Breve Historia de la Asamblea de Westminster (1643-1649)

Cámara Jerusalén, Westminster Abbey

“James I murió en 1625 y dejó todos sus dominios británicos a su desafortunado hijo, Charles I, en un estado de efervescencia religiosa. Charles heredó de su madre la auto-suficiencia de los Tudor, y de su padre, el egoísmo ciego de los Estuardo, y mostró en sí mismo los vicios de ambos. Al principio, él cayó bajo la influencia de William Laud, y al final hizo a Laud Arzobispo de Canterbury, y de esta manera, Primado de toda Inglaterra.

James I, desde sus más tempranos tratos con el Parlamento inglés, dio a entender que el deber del Parlamento era ajustarse a su voluntad, y el Parlamento le dijo que los derechos de las personas representadas en él eran tan sagrados como los derechos del rey. Charles siguió la política de su padre, sólo que la llevó al punto de comenzar a actuar sin contar para nada con el Parlamento. El Arzobispo Laud era esencialmente un romanista, y con este autoritarismo por parte del rey en materia civil y con el de Laud en materia religiosa, la situación llegó rápidamente a una lucha por la supervivencia.

El pueblo que no pagaría los impuestos que el Parlamento no había votado. El Parlamento no votaría ninguna provisión para el rey hasta que este hubiera aceptado sus demandas. El rey insistió en que “las provisiones, primero, y las demandas, después”. Todo el reino pasó a estar a la defensiva. Un Parlamento sería disuelto y otro elegido, hasta que en la lucha el pueblo se cansó del Episcopado y finalmente eligió al Parlamento Largo. Originalmente había en él una mayoría favorable al Presbiterianismo y en contra del Episcopado. El proyecto del Parlamento fue el de convocar una Asamblea en Westminster “para resolver el gobierno y la liturgia de la Iglesia de Inglaterra, y para vindicar y limpiar las doctrinas de dicha Iglesia de calumnias y falsas interpretaciones para que fuesen más agradables con la Palabra de Dios, y más aptas para obtener y conservar la paz de la Iglesia dentro del país y un mayor acuerdo con la Iglesia de Escocia y otras iglesias reformadas en el extranjero”. Esta ordenanza se introdujo extensamente en el cuerpo de las actas de la Cámara de los Lores, 12 de junio de 1643.

Dos días antes de su inicio, el rey Carlos prohibió por decreto real que la Asamblea se celebrase bajo la ley. Él ya había revivido el “Libro de los Deportes” e indignó de otras maneras los sentimientos morales de su pueblo. Bajo la influencia de Laud, emprendió el restablecimiento el Episcopado en Escocia, y el 23 de julio de 1637, el arzobispo de St. Andrews y el obispo de Edimburgo celebraron una audiencia en la Iglesia de St. Giles para introducir la nueva liturgia. Cuando la famosa Jennie Geddes comenzó aquel día los disturbios, al lanzar su taburete contra el lector, Escocia ya había organizado su forma de gobierno de iglesia y estaba deseosa de un tener sistema común con Inglaterra.

El Parlamento Inglés había invitado a la Asamblea General de la Iglesia de Escocia a enviar delegados a esta Asamblea de Westminster y así llegaron comisionados de Escocia, a la cabeza de los cuales fue el notable Alexander Henderson. En esta Asamblea de Westminster, celebrada en desafío al rey, se reunieron así los principales representantes de los presbiterianos británicos. Se mantuvo una estrecha correspondencia con la Iglesia Reformada en el continente. Mientras el Parlamento Largo mantenía sus sesiones en su Cámara, esta Asamblea estaba en sesión en la Cámara Jerusalén de la Abadía de Westminster.

La primera reunión de la Asamblea de Westminster se celebró el sábado 1 de julio de 1643; su última reunión numerada se celebró el 22 de febrero de 1649, y está marcada como la “Sesión 1163″. El Parlamento eligió a ciento veinte ministros, diez lores y veinte diputados comunes para ser miembros de la Asamblea. De estos elegidos, muchos declinaron, pero a diferentes momentos hubo hasta noventa y seis miembros. Dos meses después de que su primera reunión, tomaron sus asientos los comisionados de Escocia, cuatro ministros y dos laicos, pero sin derecho a voto. El 6 de diciembre de 1648, el Parlamento fue purgado de sus miembros presbiterianos, dejándolo sólo con 140 miembros, y la constitución de Inglaterra fue prácticamente derrocada por Oliver Cromwell y su ejército. La Asamblea nunca fue oficialmente disuelta. Su poder se desvaneció con el del Parlamento, y así desapareció. La última reclamación de que celebrara una reunión de la Asamblea tuvo lugar el 25 de marzo 1652″.

Geo. P. Hays, Presbyterians: A Popular Narrative of their Origin, Progress, Doctrines and Achievements (Nueva York: J.. Hill, 1892), pp. 49-51.

 

“Sola Gracia” en Jorge Manrique

Jorge Manrique

Jorge Manrique (1440-1475) fue un noble y poeta castellano del tiempo de los Reyes Católicos. Él fue el autor de las Coplas por la muerte de su padre. Seguramente, esta sea una de las mejores (por no decir la mejor) elegía escrita en lengua castellana, una reflexión sobre la vanidad y fugacidad de la vida, impregnada del pensamiento del libro bíblico del Eclesiastés. Una joya literaria imperecedera.

Hacia el final de la Copla, en la estrofa XXXIX, leemos las siguientes palabras:

“Tú, que por nuestra maldad

tomaste forma servil

y bajo nombre.

Tú, que a tu divinidad

juntaste cosa tan vil

como es el hombre.

Tú, que tan grandes tormentos

sufriste sin resistencia

en tu persona,

no por mis merecimientos,

mas por tu sola clemencia

me perdona”.

Es decir, Jorge Manrique en estos versos estaba literalmente expresando, algunos años antes que naciera Lutero, ¡el lema protestante de la Sola Gracia!

Este hecho innegable obviamente suscita algunas preguntas. Al menos dos:

¿Son en realidad las doctrinas protestantes las novedades, y por tanto herejías, que los apologistas romanistas nos han querido vender desde siempre, o han estado más bien latentes en los corazones de todos los creyentes a lo largo de los siglos?

¿Son realmente las doctrinas protestantes, y por lo tanto el protestantismo, tan ajeno a la manera de ser y al espíritu español, o más bien no tuvieron cabida en la transformación radical del país (derrota de los Comuneros al interior, pugna por la hegemonía en Europa en el exterior…) llevada a cabo por los funestos sucesores de los Reyes Católicos, los Austrias?

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos y Defensa Civil en Ginebra a Principios del Siglo XVII (y 7)

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[Concluimos la excelente serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Durante los últimos 400 años, en la noche del 11 de diciembre y en las primeras horas de la mañana del 12 de diciembre, el día más largo del año en el calendario juliano, la ciudad de Ginebra es escenario de una muy grande y ruidosa celebración llamada la Fête de l’Escalade, la Fiesta de la Escalada. Durante el transcurso de esta celebración se vende sabrosas sopas calientes de verduras por todas partes de Ginebra, juntamente con los famosos chocolates “marmitas”, una réplica de un caldero de sopa, llenos de verduras de mazapán y decoradas con los colores de Ginebra. De acuerdo con una antigua costumbre, estas ollas de chocolate se rompen, mientras se grita: “Así perezcan los enemigos de la República [de Ginebra]”. Otras costumbres incluyen hechos como el dar vino o niños vestidos con trajes similares a los de Halloween cantando canciones de Escalade en bares locales y en las calles. Pero el punto culminante de la celebración está marcado por la procesión de centenares de ginebrinos vestidos con traje histórico completo, junto con jinetes, mosqueteros, tiradores de ballesta, portadores de antorchas, un verdugo y su ayudante. La procesión está acompañada del humo de disparos, petardos y salvas, y se concluye al llegar a la Catedral de Saint-Pierre, donde se hace la proclamación de la victoria ginebrina. Todo el mundo disfruta de un buen desfile local y una fiesta cívica… pero, ¿qué tiene que ver esta costumbre de Ginebra con el etos marcial del culto reformado histórico? La respuesta es que este desfile es una celebración pública anual de la victoria de las fuerzas ginebrinas calvinistas sobre las hostiles fuerzas católicas del duque Carlos Emmanuel de Saboya, quien lanzó un ataque sorpresa a medianoche contra Ginebra.

Desde su subida al trono de la Casa de Saboya en 1580, el duque Carlos Manuel deseaba someter a los calvinistas de Ginebra al gobierno de Saboya y convertir a la ciudad en la capital del norte de su territorio. A lo largo del tiempo alternó ofensivas diplomáticas y militares, la intimidación, las amenazas y las promesas de paz, ninguna de las cuales consiguió el objetivo que pretendía de romper la espalda del protestantismo en Ginebra. El duque de Saboya, contando con la ayuda de su cuñado, Felipe III de España, finalmente intentó apoderarse de su objetivo por la fuerza, acumulando una fuerza de 2.000 mercenarios a sueldo y lanzando una incursión de medianoche en Ginebra. El plan consistía en utilizar una pequeña fuerza móvil de comandos para escalar las murallas de la ciudad y abrir las puertas desde el interior con el fin de inundar la ciudad de atacantes. Sin embargo, el plan de los atacantes de Saboya fue frustrado por un centinela alerta que pudo dar el disparo de alarma justo antes de ser muerto. Gracias a este disparo, se sonaron las alarmas y campanas de toda la ciudad, despertando a los ginebrinos, que se reunieron para defender la ciudad contra los atacantes. Una de las leyendas que han perdurado de los eventos de aquella noche fatídica es la historia de la Madre Royaume (Mère Royaume), madre de 14 hijos, quien, cuando se dio cuenta de la ciudad estaba siendo atacada, tomó un gran caldero de sopa que tenía en el fuego y lo arrojó que en la cabeza de un mercenario de Saboya. Hasta el día de hoy este acto de valentía se conmemora con la venta de la sopa de verduras y el aplastamiento de las ollas de chocolate. El resultado final de la historia es que los ciudadanos de Ginebra lograron repeler a los atacantes que escalaban la muralla de la ciudad; mientras que el ejército de dos mil mercenarios del duque sufrió varios cientos de víctimas, los ginebrinos sólo sufrieron dieciocho.

Cuando el humo se disipó en diciembre del 12 y la milicia ciudadana concluyó su campaña de limpieza, los soldados volvieron a las calles de Ginebra para celebrar su victoria. Cuando las multitudes se reunieron y se alegraban en las calles, la gente cantaba Salmos dando gracias a Dios por la victoria. En algún momento de la celebración, Teodoro de Beza, que entonces tenía 80 años, se presentó ante la multitud e hizo un llamamiento a cantar el Salmo 124, uno de los Salmos que él mismo había versificado en la década de 1550 (p.53). Desde este día, los ginebrinos todavía celebran el 12 de diciembre esta trascendental victoria con el canto de este Salmo. Los Salmos entonces, no sólo impulsaron la Reforma en Francia, Holanda, Inglaterra y Escocia para hacer frente a las llamas de la persecución y llenar sus corazones de valentía mientras marchaban a la batalla, sino que también unificaron a los calvinistas en Ginebra para organizarse en defensa de la Reforma en Ginebra y para defenderla contra los objetivos malévolos del duque católico-romana de Saboya.

Es evidente, a partir de la serie de ejemplos que se destacan en estos últimos artículos, que el canto de los Salmos cultivó un espíritu marcial en los corazones de los fieles reformados de todo el continente y de las Islas Británicas, no sólo unificando la Reforma en su experiencia del culto, sino también animándolos a tomar la espada en defensa propia y fortaleciéndolos en sus corazones para hacer frente a las llamas de la persecución. Así, el Dr. Reid, repasando las evidencias hace un par de sagaces conclusiones.

En primer lugar, afirma que “el Salmo metrificado vernáculo… se convirtió en parte de la estructura de fe y vida calvinista del siglo XVI, incluso se podría decir que se convirtió en parte de la mística calvinista” (p.53). Así, el Dr. Reid hace la afirmación de que el canto Salmos era parte de la estructura y la mística de la forma calvinista de la vida en el siglo XVI. Al pensar en esa declaración, una pregunta razonable que puede preguntarse es si eso se puede decir de los reformados y presbiterianos de la Iglesia de hoy. ¿Es el canto de los salmos parte de la estructura y de la mística de la Iglesia? Sólo un momento de reflexión nos lleva a la triste conclusión de que no, que cantar Salmos no forma una parte de la estructura y la mística de la Iglesia de hoy. La razón de que no lo sean no es porque las iglesias reformadas y presbiterianas en algún momento en el tiempo decidieron que el principio regulador de la adoración, formulado en las Confesiones del siglo XVI y XVII, no se aplica al contenido de las canciones cantadas en el culto. Una consecuencia inesperada de esta evaluación falsa es que cambió el etos de la iglesia presbiteriana y presbiteriana, sustituyendo un espíritu marcial por un etos de emotividad pietista, melosa y sentimental reflejada en los himnos avivamentalistas del siglo XVIII y XIX  y los insulsos cantos de alabanza de los años 1970 y 80, que imitan las melodías y los sentimientos de Barry Manilow y Ann Murray.

En segundo lugar, el Dr, Reid saca la conclusión de que el canto de Salmos se convirtió en uno de los principales factores de “formación e inspiración de la resistencia calvinista a la persecución, la opresión y el ataque” (p.54). ¿Se puede decir esto de las iglesias reformadas y presbiterianas hoy? Una vez más, sólo un momento de reflexión nos llevará a la conclusión obvia de que tal etos de coraje y valor frente a la persecución, la opresión y el ataque no está siendo cultivado en los cristianos reformados y presbiterianos. No sería forzar demasiado la verdad el decir que uno de los mayores problemas en la iglesia reformada y presbiteriana es que carece de identidad, y por lo tanto no tiene una identidad significativa que reúna o agrupe alrededor suyo para apoyo, defensa o auto-sacrificio. Los reformados antiguamente eran conocidos por su virulenta defensa del culto; ahora, el culto reformado incluye todo, desde el estilo de culto de Bill Gaither al estilo de culto de Capilla Calvario o de la Viña. Con una identidad de culto tan amorfa no es de extrañar que la iglesia reformada esté sufriendo de anemia espiritual, al haber sustituido el principio regulador de las Confesiones por el principio adaptado al gusto de las masas que es impulsado constantemente por los vientos de cambio: lo que sea que haga sentirse bien, hazlo.

Es hora de que la iglesia reformada y presbiteriana sea honesta, ya sea admitiendo que el principio regulador de adoración contenido en las Confesiones es inexacto y no bíblico, por lo tanto, que necesita de una reformulación que se ajuste más estrechamente a la Escritura, o bien, es hora de ser honesto y admitir que las innovaciones que se han producido en su culto desde el siglo XVI son incompatibles con el principio regulador y, por lo tanto, se movilicen para recuperar la antigua forma del culto reformado. Esto no sucederá, sin embargo, hasta que el registro del culto reformado histórico no sea aclarado y las iglesias reformadas y presbiterianas sean conscientes del hecho de que en la práctica se han alejado del principio regulativo de la adoración y lo han rechazado. Una vez que se es consciente de ese hecho, se tendrá que hacer una decisión: ¿abrazará la iglesia su propia Confesión o va a reformular el principio regulador de adoración en el sentido que el Dr. John Frame ha propuesto? Evadir esta pregunta es deshonesto y no sólo socava la credibilidad de las iglesias reformadas, sino que también cultiva un etos sin espinas en las iglesias y lo deja sin una identidad clara para abrazar o un objetivo obvio alrededor del cual reunirse, al cual promover y defender, y por el cual sacrificarse. Ningún compromiso con asuntos candentes como la escuela en casa, la creación en seis días, la apologética de Van Til o la negación del sufragio femenino restaurarán el vigor de los reformados, puesto que la columna vertebral y el fundamento de la iglesia reformada es la adoración tal como el mismo Juan Calvino dijo en La Necesidad de la Reforma de la Iglesia:

 “Si se pregunta, entonces, por las cosas por las que principalmente la religión cristiana permanece en pie entre nosotros, y mantiene su verdad, se encontrará  que las dos siguientes no sólo ocupan el lugar principal, sino que comprenden en ellas todas las demás partes, y por lo tanto toda la sustancia del cristianismo, a saber, un conocimiento, primeramente, del modo en que Dios está debidamente adorado; y, en segundo lugar, de la fuente de donde la salvación se ha de obtener”.

Cuanto más las iglesias reformadas y presbiterianas, que reclaman el manto de fiel calvinismo, fallan en considerar y hacer la paz con esta declaración de Calvino, de que toda la sustancia del cristianismo se basa en el modo en el que Dios es debidamente adorado, tanto más la Iglesia va a sufrir de anemia y girará y cambiará con los vientos de culto que soplan a través de evangelicismo, sin ser capaz de marcar un claro contraste con él. Lamentablemente, los reformados serán indistinguibles de una amplia gama de iglesias que lo incluye todo, desde el anglicanismo, el culto tradicional Bautista del Sur, a la Capilla Calvario y la Asamblea de Dios.

¡Pueblo de Dios, ahora es el momento de levantarse en protesta, ahora es el momento de abrazar nuestra herencia reformada bíblica e histórica!

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos, Persecución y Resistencia Pública en las Islas Británicas del siglo XVI (6)

Tropas de Cromwell cantando salmos

[Serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Mientras que en el continente se cantaron los Salmos como canciones de batalla por los valientes soldados que marchaban a la guerra, el Dr. Reid señala que en las Islas Británicas en el siglo XVI los Salmos tuvieron un uso ligeramente diferente. Reid sostiene que la razón de esta diferencia radica en el hecho de que los opositores de los calvinistas en las islas no fueron principalmente los católicos-romanos, sino que los conflictos tenían más que ver con el nacionalismo y la política (p. 50). Sin embargo, vale la pena señalar que, durante el siglo XVII, los Salmos serían usados por los Ironsides [la caballería de Oliver Cromwell, N.d.T] y los Pactantes durante unos enfrentamientos militares. Aunque es adecuado tener en cuenta que hay una diferencia en el uso entre las islas y el continente, está claro que los Salmos continuaron siendo una fuerza impulsora en el Reino Unido entre los reformados y tuvo importantes aplicaciones culturales.

El canto de Salmos no siempre fue una característica destacada de la piedad británica. El Dr. Reid explica que antes de 1539 no hubo versiones métricas inglesas de los Salmos. Este vacío fue llenado por primera vez con la publicación de sus Ghostly Psalms (Salmos espirituales) de Miles Coverdale, y fue complementado más adelante por la obra de Thomas Sternhold y John Hopkins, quienes contribuyeron con otra treintena de Salmos a la creciente colección de salmos métricos. Cabe señalar de paso que estos Salmos fueron suprimidos por el rey Enrique VIII y, al mismo tiempo, que se utilizaron para reforzar la determinación de los cristianos perseguidos, como el obispo Hooper, cuando eran llevados a la hoguera.

Sería, sin embargo, bajo la dirección de John Knox cuando se promovió un mayor uso del Salterio. Knox, quien había sido obligado a partir para pasar a servir a los santos en Frankfurt por causa del número creciente de refugiados anglicanas, se trasladó a Ginebra para pastorear una congregación de los exiliados británicos. Allí Knox presidió la elaboración de una liturgia basada en el modelo utilizado en Ginebra y supervisó la publicación de un Salterio que contaba con 54 salmos métricos, arreglados y editados por Sternhold y Hopkins (p.51). A su regreso a Escocia, Knox trajo tanto la liturgia como Salterio para establecer su uso en la Iglesia escocesa.

Un uso litúrgico similar de los Salmos se produjo en este momento también en Inglaterra. Cuando los exiliados por causa de la reina María regresaron a casa después de la ascensión al trono de Elizabeth, trajeron consigo un Salterio completo que contenía los 150 Salmos. Estos Salmos ocuparían un lugar fundamental en la adoración puritana, no conformista. El Dr. Reid señala que cuando se establecieron los cultos, fue una práctica común para los creyentes el reunirse alrededor de una hora antes del culto, para comenzar a unir sus voces en alabanza con los Salmos. El uso de los Salmos se convirtió en una marca distintiva del puritanismo inglés y una insignia de la identidad puritana similar al uso que tenía en el continente. Destaca una práctica en particular de este rasgo característico de los puritanos del siglo XVI, que fue la reunión de grandes multitudes por las noches en la Cruz de San Pablo [un lugar para la predicación al aire libre cerca de la Antigua Catedral de San Pablo, N.d.T] para cantar los “cantos ginebrinos” como forma de protesta contra la demanda de la reina Elizabeth de uniformidad religiosa y litúrgica ( p. 52).

Vale la pena mencionar aquí dos ejemplos particulares del uso del canto de Salmos en Escocia antes de finalizar con una nota de conclusión. En primer lugar, cuando María regresó a Escocia en 1561, fue recibida en su primera noche por una gran multitud de cristianos escoceses que cantaron Salmos bajo la ventana de su dormitorio. El significado más bien escalofriante de esta demostración pública no pasó desapercibido para María, quien experimentó el sabor del etos del canto de Salmos como se daba entre los hugonotes durante su estancia en Francia mientras estaba casada con Francisco II (p.52). En segundo lugar, un incidente concreto ocurrido el 4 de septiembre 1582 tras el regreso del ministro exiliado John Durie. Este había sido ministro en Edimburgo y fue exiliado por James VI, por mano de Esmé Stuart, duque de Lennox, es acompañado desde el puerto hasta su rectoría Edimburgo por una multitud de escoceses que cantaban Salmos. Cuando Durie se dirigió hacia el la iglesia de S. Giles, una multitud de miles de personas alzaron su voz en alabanza con los Salmos. Esta exhibición pública de cantar Salmos perturbó tanto al Duque que de inmediato, presa del miedo, se fue de Escocia, para no volver jamás (p.53).

No es muy difícil ver la importancia del papel de los Salmos cuando la Reforma se extendió por las Islas Británicas a mediados del siglo 16. En primer lugar, tan pronto como hubo un movimiento reformado en forma embrionaria en Gran Bretaña se compusieron, publicaron y usaron versiones métricas de los Salmos, con el fin de fortalecer y alimentar a los santos y sostener a los mártires cuando se enfrentaban a los fuegos de la persecución impía. En segundo lugar, los Salmos se utilizaron exclusivamente tanto Escocia como Inglaterra como el manual de la alabanza entre aquellos que se identificaban con la Reforma emanada de Ginebra. Es importante destacar este hecho, puesto que establece la forma de adoración característica del culto calvinista en las islas británicas del siglo XVI. El compromiso con la salmodia canónica exclusiva no fue un desarrollo posterior de la línea dura del siglo XVII, el puritanismo fundamentalista, como a veces se le llama, sino que era la práctica de las iglesias reformadas calvinistas desde el momento en que la Reforma hizo pie en Gran Bretaña. En tercer lugar, aunque los Salmos no tuvieron exactamente el mismo papel en Gran Bretaña del siglo XVI como en el continente, ciertamente fueron una característica distintiva de la adoración y piedad reformada británica, como se ejemplifica en los ejemplos citados anteriormente, tanto de Inglaterra como Escocia,. Una conclusión justa y razonable que se puede sacar de esta toda esta evidencia es que allí donde la iglesia reformada fue, el Salterio también fue, ya sea en el continente o en Gran Bretaña, y que los Salmos fueron usados como un poderoso medio de resistencia en contra de la tiranía de los magistrados anti-reformados. Todo esto apunta al hecho de que el canto de Salmo para central el etos de la iglesia militante en las islas británicas del siglo XVI.

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos y Persecución en los Países Bajos (5)

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[Serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Continuando con la relación entre el canto de Salmos y la persecución, pasamos ahora de Francia a los Países Bajos. Lamentablemente, la experiencia de los reformados en los Países Bajos varió poco de la de los reformados franceses, ya que también se harían  charcos de sangre reformada por todos los Países Bajos al tener que luchar la fe reformada para poder echar raíces en el país. Además de estar unidos por la sangre, estas iglesias estuvieron unidas por un compromiso común con el canto de los Salmos, y fue este compromiso lo que generó una violenta oposición contra la Iglesia Reformada.

Desde el inicio de la Reforma, en los Países Bajos no faltaron salterios disponibles para los cristianos reformados para ayudarles a expresar su alabanza. En 1539, cuando la fe reformada comenzaba a ganar apoyos, los libros de Salmos ya salían de las prensas de Amberes. En 1540 apareció el Salterio completo de Souder Liedekens, que con el tiempo conocería treinta y tres ediciones. Otro Salterio holandés fue producido por Jan van Utenhove, quien estando en Londres llevó a cabo su propia versión de cien Salmos. La introducción del Salmo 46 en este Salterio ponía de relieve la relación entre el canto de Salmos y la persecución, cuando afirmaba que “este Salmo también despierta a todos aquellos que alaban en verdad a Dios a que confíen cada vez que los impíos se alzan en su persecución”. Sin embargo, el Salterio que obtuvo mayor difusión fue el ginebrino de Marot-Beza, de 1562, que fue traducido al holandés por primera vez por de Heere, y luego por Dathenus, versión que se adoptó oficialmente en los sínodos reformados de Wesel (1568) y Dordrecht (1574).

No es de extrañar que la persecución se iniciara cuando los Salmos comenzaron a unir los corazones y las voces de los reformados holandeses en la alabanza y adoración. Strada, un historiador católico-romano, da cuenta de que cientos de cristianos reformados asistían a reuniones públicas donde se cantaban Salmos en protesta contra los magistrados católicos-romanos. En los Países Bajos, el canto público de Salmos condujo a la misma experiencia de derramamiento de sangre que ocurrió en Francia. En una ocasión, trescientos refugiados ingleses fueron enviados a la hoguera con el Salmo 130 en los labios, mientras que en otros lugares estallaron disturbios y los arrestos condujeron a ejecuciones masivas.

Vale la pena tomar un momento para destacar a una serie de ejemplos de persecución contra los reformados mientras consideramos la conexión entre el canto de Salmos y la persecución en los Países Bajos. En primer lugar, en 1562 en Valenciennes, cuando el magistrado intentó ejecutar a un hombre llamado Faveau y a un compañero suyo por predicar públicamente la doctrina reformada, se reunió una gran multitud de cristianos reformados que comenzó a cantar Salmos en alta voz. Se desató un tumulto y el resultado final fue que la multitud que cantaban Salmos abrumó de tal manera a los verdugos que al final efectuaron la liberación de los prisioneros.

En segundo lugar, en 1562 un hombre llamado Christopher Fabricius fue condenado a muerte por predicar la doctrina protestante. Mientras estaba en la pira esperando la ejecución, Fabricius se puso a cantar el Salmo 130 y la multitud empezó a unir sus voces a la suya. La situación se deterioró rápidamente y acabó con el verdugo y los oficiales civiles huyendo; sin embargo, antes que el verdugo huyera presa del pánico golpeó con la espada a Fabricius en la cabeza, matándolo instantáneamente.

En tercer lugar, en 1566 Viscount Brederode comenzó a organizar públicamente grandes cultos públicos como medio de la desobediencia civil contra el magistrado. Estos cultos públicos, que a menudo atraían a multitudes contadas por miles, consistían en predicar y cantar Salmos. En una ocasión, el Dr. Hermanus llevó a sus seguidores a una catedral y predicó un encendido sermón contra la idolatría. En respuesta al sermón, la multitud comenzó a cantar vigorosamente los Salmos, lo cual finalmente llevó a una explosión de iconoclastia en la que los adoradores destruyeron todas las imágenes de la catedral. El regente estaba tan alarmado por estas reuniones públicas que escribió a Felipe II advirtiéndole que el canto de Salmos estaba dando lugar a disturbios generalizados y rebelión.

En cuarto lugar, por 1574 el canto público de Salmos enfureció tanto a los magistrados que los reformados holandeses experimentaron su propia masacre del Día de San Bartolomé con el Tribunal de la Sangre de Alba, el cual llegó suprimir de hecho las reuniones públicas de los reformados.

Este breve repaso de los primeros días de la Reforma en los Países Bajos muestra que los reformados holandeses cantaron los Salmos y que experimentaron persecución y un costoso derramamiento de sangre. Mientras los opresores católicos-romanos odiaban los Salmos, los reformados encontraron su identidad y unidad en ellos. Aunque se cantaban por la convicción de que Dios los había prescrito como un elemento de culto, los Salmos no fueron relegados sólo al culto del Día del Señor, puesto que los cristianos holandeses hicieron uso de ellos tanto en privado, en sus casas, como en la plaza pública, abiertamente como medio de desobediencia civil. Claramente, los Salmos fueron el combustible de la primera generación de reformadores en los Países Bajos, dando forma a la adoración, piedad y práctica holandesas, y ellos seguirían dominando en la vida reformada holandesa durante cientos de años, hasta que los vientos del liberalismo del siglo XIX se extendieran por la iglesia reformada en los Países Bajos y hasta que la plaga del avivamentalismo y pragmatismo yanqui hiciera estragos en las convicciones reformadas holandesas sobre el culto en el siglo XX en los Estados Unidos. Si la iglesia reformada holandesa recobrara la sólida fe de sus padres tendría que rechazar el uso de himnos avivamentalistas hechos por el hombre y los cantos de alabanza sin valor, para reemplazarlos por los Salmos, el manual de alabanza señalado de Dios.

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos y La Persecución en Francia (Parte 4)

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[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Continuando con nuestra serie sobre la relación del canto de Salmos con la vida corporativa y la experiencia de las iglesias reformadas que abrazaron la teología de la adoración expuesta por Juan Calvino, tenemos que tratar ahora acerca del canto de Salmos y la persecución. Se considerará la experiencia de las iglesias reformadas en tres regiones geográficas distintas en Francia. A lo largo de los párrafos siguientes, destacaremos algunos hechos y puntos de vista más importantes proporcionados por el Dr. Reid.

En primer lugar, los reformados encontraron una fuerte oposición al canto de Salmos por parte de las autoridades francesas proclives a la Iglesia católica-romana en la ciudad de París. Ya en octubre 1557, en París, los hugonotes estaban perseguidos por los gobernantes. Dr. Reid cita un caso particular de persecución que se produjo en una reunión de hugonotes en casa de un ciudadano de París, en la Rue St. Jacques, detrás de la Sorbona. Allí, cientos de hugonotes se reunieron para el culto y mucha gente que no cabía se quedó fuera de la casa. El clero de la Sorbona, alertado acerca de la reunión, reunió una turba de maleantes, los comisionó y envió a detener a los hombres que estaban la reunión. Cuando llegaron, una parte importante de los hombres huyó apresuradamente de la casa, dejando atrás a las mujeres y los niños, creyendo que los enviados del clero los respetarían. Se equivocaron, pues muchas mujeres y niños fueron encarcelados por largo tiempo; sin embargo, la detención dio lugar a que creciera el antagonismo, puesto que los presos pasaban la mayor parte de su tiempo cantando Salmos al unísono. En cuanto a los hombres, muchos de ellos serían posteriormente capturados y quemados en las hogueras por el acto subversivo de practicar su fe reformada con su señal distintiva de cantar Salmos. Llegados a este punto, es razonable preguntarse si estos cristianos habrían sido tan salvajemente perseguidos si se hubieran reunido para cantar himnos y canciones de alabanza “ministrados” por gente con un talento natural para la música, cantando en coros, tríos, dúos y solos. Mientras es difícil responder a esta pregunta de manera que todos queden satisfechos, existe la conjetura razonable, basada en el conocimiento de los hechos, de que los reformados en ese caso no habrían experimental una tan severa persecución. Es innegable que el canto de Salmos generó una fuerte oposición entonces, como lo hace ahora.

En segundo lugar, se dieron enfrentamientos similares en La Rochelle y en otros lugares. Ya en 1550, los documentos de los tribunales eclesiásticos muestran que las autoridades prohibieron la importación del Salterio de Ginebra. Por aquel mismo tiempo, el canto de Salmos halló oposición en el Bas-Poitou, Bourges y Burdeos. En todos estos lugares, las autoridades civiles y eclesiásticas mantuvieron la posición de que este canto “era ridículo y causaba un gran escándalo para la religión cristiana”. En Nantes, el odio hacia el canto de Salmo fue tal que las autoridades, en 1562, solicitaron al Duc d’Etampes que viniera y acabara con él. Es digno de pararse a pensar que el ser protestante en general, o más específicamente “calvinista”, no necesariamente provocaba la ira de las autoridades civiles y eclesiásticas, sino que era el factor adicional del canto de Salmos que hizo a los cristianos reformados franceses el objetivo de salvaje persecución.

En tercer lugar, las iglesias reformadas en Normandía y Dieppe encontraron una hostilidad similar por parte de las autoridades. Para expresar la oposición al rechazo del Cardenal a las iglesias reformadas en esta región, un grupo de 2.000 fieles hugonotes se colocó fuera de la residencia del mismo Cardenal, y cantaron Salmos durante horas. Por supuesto, esta acción inició una respuesta hostil y muchos hugonotes posteriormente perdieron sus vidas. Sin embargo, los hugonotes no se arredraron, porque multitudes de creyentes cantaban abiertamente los Salmos mientras llevaban a los muertos en procesión pública para ser enterrados.

Estos tres ejemplos de persecución regional a los reformados calvinistas franceses son sólo la punta del iceberg de la violenta persecución dirigida contra los reformados que cantaban Salmos. Por una parte, es alentador pensar en la perseverancia de los hugonotes al practicar su fe haciendo frente a una feroz oposición, notando que esta minoría perseguida mantuvo incondicionalmente su fe creyendo que este era su deber, en vez de ceder ante las autoridades y abandonar sus convicciones para pacificar a los opresores y hacerse la vida algo más cómodas. Una manera de explicar este notable testimonio de fidelidad es darse cuenta de que la práctica de cantar estos Salmos inspirados por el Espíritu Santo mismo derramó ricas corrientes de gracia vigorizante, la cual, a su vez, alimentó y fomentó una obediencia sumisa y que glorificaba a Dios. Por otra parte, es profundamente desalentador considerar que la feroz oposición al canto exclusivo de los Salmos persiste 500 años después. Lo que es especialmente descorazonador es que las autoridades católico-romanas civiles y eclesiásticas han sido reemplazadas por las iglesias reformadas como los principales opresores y oponentes del canto en exclusivo de Salmos. Es inexplicable que aquellos que aseguran llevar el manto de la teología calvinista son aquellos que se habrían opuesto y habrían oprimido a Calvino mismo por haber instituido el canto en exclusiva de los Salmos canónicos. Sólo puedo pensar que esta hostilidad proviene al menos en parte del desconocimiento de la historia de la iglesia reformada, y es mi esperanza que la publicación de estos artículos conmemorando el compromiso reformado histórico con la práctica distintiva del canto en exclusiva de los salmos canónicos llevará al pueblo reformado no sólo a dejar de lado su hostilidad y oposición al canto de Salmos, sino también los llevará a reconsiderar su propia práctica de adoración y conformarla con el modelo del calvinismo histórico.

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 3)

Famille protestante lisant la bible et chantant les Psaumes, vue au XIXe siecle

[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Hasta ahora, en nuestra serie de artículos sobre el etos marcial del culto reformado histórico cultivado por el canto piadoso de los Salmos, hemos citado la atrevida afirmación del Dr. Reid que esta particular música desarrolló una resolución peculiar en el corazón de los calvinistas que se vieron obligados a utilizar las armas para defender sus vidas y promover la libertad. A diferencia de los luteranos, quienes después de la Paz de Augsburgo (1555) no tuvieron que tomar las armas para defenderse de enemigos, los reformados se pasarían los próximos 150 años marchando a los campos de batalla y hasta el punto de ser llevados a las llamas por mantener su fe reformada. Estas afirmaciones son simples hechos comprobables, y el Dr. Reid argumentó que lo que galvanizó los corazones de los reformados en torno a su causa, adiestró sus manos para la lucha, y los armó de valor para soportar una intensa persecución fue el canto de Salmos. Además de esto, hemos visto que la elaboración del Salterio de Ginebra, que fue una meta de Calvino a lo largo de toda su vida que se completaría en 1562, dejó a los reformados un himnario compuesto sólo por Salmos, legando la herencia distintiva del canto de Salmos que serviría como una seña de identidad y fortalecería su moral en medio de la persecución y el conflicto (p.42). Eso nos lleva en esta entrada a hacer tratar la cuestión del porqué los Salmos tenían este efecto, exponiendo las tres razones que Dr. Reid da como respuestas.

En primer lugar, Reid sostiene que el canto de Salmos proporcionó a los reformados una identidad propia (p.43). Parece ser que esta práctica distintiva fue tan destacada entre los reformados que fueron despectivamente etiquetados por los de afuera como los “cantantes de Salmos”. No es demasiado difícil entender cómo esta práctica pudo haber servido como una vívida y precisa etiqueta si se considera que todo el resto de las iglesias de Europa en el siglo XVI cantaban lo que podría llamarse “música sacra”, es decir, himnos y cánticos acompañados de un órgano. Al encontrarse con la “extrañeza” del culto reformado (un canto a capella), un observador casual de esta peculiar práctica en aquel tiempo habría tenido la misma impresión que en el contexto de la iglesia hoy, casi totalmente dominada por la alabanza y la música de adoración. Así, el canto de Salmos tuvo el efecto de fortalecer a los reformados para enfrentar la oposición y el conflicto, ya que les dio una identidad distintiva que les era peculiar y que era fácil de identificar.

En segundo lugar, Reid propone que la identidad configurada por el canto de Salmos produjo una unidad entre los reformados (p.43). Los lazos de unidad no sólo fueron reforzados por compartir la misma práctica de adoración y el canto en exclusiva de los Salmos, sino que se cultivó por la participación en una causa y una profesión de fe comunes que fueron expresadas en los Salmos. Más allá de eso, Reid señala que los reformados compartieron una profunda sensación de estar enrolados en una lucha común por la defensa y promoción del Reino de Dios hasta el punto de tomar las armas en la batalla. La evidencia de esta forma de unidad se indica en el hecho de que se cantaban los Salmos al unísono como canciones de guerra, mientras marchaban en columnas a los campos de batalla, obteniendo la confianza a cada paso del camino que “no importa lo que ocurra, ellos estaban en el bando del Señor, esto es, del lado de los vencedores” (p. 43). No sólo los Salmos jugaron un papel importante en la construcción de la confianza y la valiente determinación de como los reformados marcharon a la guerra, sino que también unieron sus corazones en alabanza, ya que dieron gracias al Señor por la victoria con estos cánticos. De esta manera, el canto de Salmos cultivó la unidad entre los reformados, cuando se reunían en torno a la causa común de promover el reino de Dios.

En tercer lugar, Reid argumenta que el canto de Salmos tuvo un profundo efecto sobre los reformados porque estaban convencidos de que ellos podían apropiarse legítimamente de los Salmos para sí mismos. Un principal punto de partida para que ellos se apropiaran de los Salmos fue el identificar a la iglesia del Nuevo Pacto como continuación del pueblo de Dios del Pacto, los cuales pueblos estaban unidos entre sí en el Pacto con el Señor soberano. Al cantar los Salmos en la adoración y en una gran cantidad de contextos informales, ellos daban testimonio de esta relación. Esperando que los Salmos se utilizaran para este propósito, Clarence Marot escribió, en su discurso dedicatorio de su propia publicación de 49 Salmos métricos en 1543, que “sería un momento feliz en el que la oración prosperaría, cuando el trabajador en el arado, el cartero en la calle, y los artesanos en su taller cantaran Salmos para aligerar su trabajo” (p. 44). Testigos hostiles proporcionaron evidencia más que suficiente de que los deseos de Marot se cumplieron, tales como el católico-romano Claude Haton, quien escribió en sus memorias que los hugonotes cantaban salmos “para mover sus corazones”, o el católico-romano M. de Casteleneau, quien observó que el “canto armonioso y delicioso incitaba a los calvinistas a proclamar las alabanzas del Señor sin importar cuáles fueran las circunstancias” (p. 44). Es evidente que más allá de las paredes de las casas de culto, los reformados testificaron de su identidad como el pueblo del pacto de Dios al tomar en sus labios Sus cantos sagrados en alabanza.

En nuestra próxima entrada relataremos algo de la oposición organizada en contra de los cantores de Salmos calvinistas por parte de sus enemigos acérrimos.


[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 2)

Psautier 1563

[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí. Westminster Hoy no comparte forzosamente la totalidad de los puntos de vista del autor, pero recomienda vehementemente su lectura].

Al pensar acerca de la práctica histórica Reformada del canto de Salmos y cómo ella cultivó el particular efecto de un etos marcial, será útil delinear brevemente el origen y la distribución del Salterio de Ginebra, el cual tendría un papel esencial para dar forma al culto reformado al menos durante unos siglos después de la Reforma. Aunque ya se cantaban los Salmos entre los reformados en la década de 1520, fue Calvino quien ayudó a que esta práctica llegara a ser una seña de identidad para las iglesias reformadas. Tomando un vía media entre Lutero, por un lado, quien incorporó himnos y salmos en la adoración pública, y Zwinglio, por otro, quien rechazó totalmente el uso tanto de instrumentos como incluso del canto en el culto público, Calvino propuso el canto de los Salmos a capela por toda la congregación.

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El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 1)

“Un huguenote en el Día de San Bartolomé, rehusando protegerse del peligro por llevar una señal católica romana” (Sir John Everett Millais)

[Reproducimos la excelente serie de siete artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí. Usado con permiso. Westminster Hoy no necesariamente comparte la totalidad de los puntos de vista del autor, pero recomienda vehementemente su lectura].
El culto reformado, es decir, la adoración regulada conforme a la Sola Escritura (Catecismo de Heidelberg Q 96; artículo Confesión Belga 32), ha fomentado y cultivado una forma única de piedad en la iglesia reformada en el pasado. Se podrían citar muchos ejemplos y testimonios de esta distintiva forma de piedad, pero en esta nueva serie propongo considerar el ETOS MARCIAL producido por el canto de Salmos, que caracterizó al calvinismo militante durante los siglos XVI y XVII. El estudio que usaré para tratar acerca del etos marcial producido por el canto de Salmos en las iglesias reformadas de este período fue realizado y publicado por W. Reid Standford en un artículo titulado, “Los Himnos de Guerra del Señor: El canto de Salmos calvinista del siglo XVI”. El Dr. Reid fue profesor de Historia en la Universidad de Guelph y el estudio presentado en este ensayo en particular se encuentra en un volumen de ensayos publicado en 1970 en Ensayos y Estudios del siglo XVI, editado por C.S. Meyer. En las entradas posteriores que se basarán en este ensayo, me propongo examinar las cinco áreas siguientes:

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