La Iglesia Cristiana Presbiteriana Tiene Nueva Página Web

La Iglesia Cristiana Presbiteriana tiene una nueva página web que integra las dos páginas antiguas, de la congregación en Alcorcón y la obra en Miranda. Está todavía “en obras”, pero ya podéis hacer clic sobre la imagen y conocerla. ¡Cuanto antes os familiaricéis con el sitio, mejor! En ella podréis encontrar los audios de las predicaciones (que se pueden escuchar en línea o descargar) y hasta los videos de los mensajes predicados en Alcorcón. Asimismo, los cultos domicales en Alcorcón son retransmitidos en directo en línea a las 12h. y las 18h., hora local. También se dedica mucho espacio en ella para artículos cristianos.

Esta puede ser una buena manera de conocer más acerca de nosotros. Podemos decir que los distintivos de la Iglesia Cristiana Presbiteriana son los siguientes:

1. Firme adhesión a la enseñanza y doctrina de la Reforma protestante, tal y como han sido expresadas en las confesiones de fe protestante, y particularmente la Confesión de Fe de Westminster.

2. Firme adhesión al gobierno presbiteriano.

3. Culto de adoración bíblico y reverente.

4. Centralidad de la predicación.

5. Desarrollo del compañerismo cristiano y la vida de iglesia.

6. Énfasis en la evangelización e implantación de iglesia.

Nuestra visión es, simplemente, que la obra presbiteriana se extienda en nuestro país. Si estás interesado en la Reforma, no dudes en seguirnos e, incluso, si lo deseas, de ponerte en contacto con nosotros. En lo que podamos serviros, será un verdadero placer hacerlo.

Sermón del Domingo (27-03-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 6:12-14, “Activos en la gracia”

Puede escuchar o descargar la predicación en mp3, pulsando aquí

 

CULTO DE LA TARDE

Juan 1:14; 1 Pe. 1:18-19, “Hijo de Dios y Señor” (Catecismo de Heidelberg, domingo 13)

Puede escuchar o descargar la predicación en mp3, pulsando aquí

La Unión con el Cristo Resucitado

Tras su muerte y resurrección, el Señor Jesucristo se apareció vivo a sus discípulos durante cuarenta días, en los cuales les habló del reino de Dios (Hechos 1:3). ¡Qué gran maravilla para los discípulos poder estar así con el Maestro! ¡Ellos lo habían visto morir en la cruz, habían visto el sepulcro en el que fue puesto, habían llorado su muerte, fueron completamente desconsolados porque había muerto aquel por el cual lo habían dejado todo para seguirlo (Marcos 10:28)! El Señor bondadoso, misericordioso, manso, sabio y poderoso se les fue. En una palabra, se les acabó la esperanza en este mundo. ¡Sin embargo, al tercer día resucitó y solícito el Señor fue a mostrarse a los suyos, a los que Él amaba, a traerles consuelo y devolverles la esperanza perdida! Ellos lo vieron de nuevo vivo, con las marcas de su suplicio todavía en su cuerpo que nunca jamás ha de morir, y recibieron sus excelsas palabras, su divina enseñanza acerca del reino de Dios.

Tras su paso por la muerte y su vuelta a la vida, los discípulos podrían esperar que el Señor fuera a estar corporalmente siempre con ellos. Pero con sus propios ojos vieron como el Señor fue alzado y una nube lo ocultó mientras entraba corporalmente en el cielo (Hechos 1:9). Los discípulos se quedarían otra vez sin su Maestro, ¡pero Él efectivamente estaría ya para siempre con ellos! Éstas fueron sus palabras: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18,20).

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El Bautismo en el Espíritu de la Reforma

Al ascender a los cielos, Cristo encargó a sus apóstoles la misión de discipular o enseñar a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todas las cosas que Él mandó (Mateo 28:19-20). El bautismo, por tanto, es una ordenanza instituida por Jesucristo, un sacramento, que el mismo Señor, nuestro Profeta celestial, sitúa en el marco de la enseñanza de la Palabra de Dios y del hecho de ser discípulos de Él. La relación entre bautismo y Palabra de Dios es prominente en la Escritura. En otro pasaje, el apóstol Pablo sigue señalando esta relación. En Romanos 6:3ss, el apóstol nos exhorta a que nuestra vida sea una muerte al pecado, porque hemos sido “bautizados en la muerte de Cristo Jesús”. En Romanos 6:17, por otro lado, Pablo basa nuestra renuncia al pecado al hecho de “haber sido entregados a la forma de doctrina” de la Palabra. Del mismo modo, encontramos en la Escritura declaraciones que atribuyen al bautismo y la Palabra de Dios las mismas operaciones. “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5:25-26); “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3). El bautismo y la Palabra son, por tanto, inseparables. La Reforma hace hincapié en esta unidad, y reconoce así al bautismo su valor como sacramento, sin supervalorarlo ni menoscabarlo, en los justos términos expresados por la Palabra de Dios.

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