Simpática respuesta a Will Graham, sobre si es bíblico bautizar bebés

El Pastor Will Graham, quien pastorea una congregación evangélica en Almería (España), lanzó ayer Domingo una encuesta en su página de Facebook con la pregunta: “¿Crees que es bíblico bautizar a los bebés?” Una pregunta tan simple como esta, desprovista de mayores comentarios y dirigida a sus seguidores mayoritariamente bautistas, equivale a una invitación para que estos acabaran el Día de Reposo despotricando públicamente contra el bautismo de infantes. Cosa que, efectivamente, ocurrió.

Esta mañana he participado en la encuesta, más que nada para saber el resultado, y en efecto, el 84% había respondido con el enfático: “No, no y no”. Que se supone que es la posición de Graham al respecto.

Mi posición acerca del bautismo de niños es, creo, del todo sabida. Y esto no de ayer ni de anteayer. Como mínimo, desde hace justo 21 años, cuando en una Asamblea General de la FIEIDE, en Peñíscola, después de haber ministrado durante un año y medio en una congregación de esta denominación –a la que asistí después de mi conversión y en la que fui (re)bautizado–, compartí con ellos que mis convicciones bíblicas en cuanto al Pacto de Gracia demandan el bautismo de los niños –en particular, de mi hijo, nacido unos 15 meses antes–. Ellos me concedieron un año para que sopesara bien esto y para que estuviera seguro del paso que iba a dar. Como en la Asamblea del año siguiente, en Mendizondo (Navarra), continué reafirmando las mismas convicciones, ellos me concedieron todavía otro año más para que me buscara otro ministerio y que gestionara la venida de otro pastor a la congregación. Seguí pastoreando allí hasta verano del 2001, pero continué sirviendo una vez cesado, hasta llegar el mes de diciembre, para permitir así la venida del nuevo pastor en enero del 2002. Continué asistiendo a la misma congregación, bajo el nuevo pastor, hasta que en junio del 2002 nos trasladamos a Miranda de Ebro para iniciar obra allí. Obra nueva, prácticamente desde cero y que, tras muchas vicisitudes durante estos 18 años, continúa todavía en modo bastante incipiente en el mismo lugar.

Durante estos 18 años de ministerio, me he ido incorporando un poco, y poco a poco, a las nuevas tecnologías y a internet, principalmente por medio del blog “Westminster Hoy”, con su correspondiente canal en Youtube. Y esto, no para pretender ser un “youtuber”, ni mucho menos un “influencer”, sino para poder compartir con un público algo mayor lo que comparto cada domingo con mi congregación. No trato de inmiscuirme en el ministerio de nadie, y de hecho no lo hago. Simplemente es para mantener un registro “en la nube” de mi ministerio, para que este no se pierda irremisiblemente en el olvido, humanamente hablando –teniendo en cuenta además que soy de escasa memoria, como los que me conocen saben bien–. Y si de paso puede ser de ayuda para algún otro creyente, pues aún mejor.  

Digo todo esto porque si alguien realmente está interesado en la pregunta: “¿Es bíblico bautizar bebés?”, pues puede comenzar a hacer búsquedas en estos dos medios míos. Sabido es que desde siempre he enseñado la doctrina bíblica y reformada del bautismo de infantes. Lo he explicado en incontables ocasiones, a veces en artículos y predicaciones ex profeso. Otras, en el hilo de estudios o predicaciones que trataban de otros temas. Este punto está expuesto una y otra vez y de distintos puntos de vista. Docenas de veces, sin duda.

Para mí, la doctrina del bautismo de los infantes es algo no negociable. Ella pertenece a la esencia misma de la Reforma y del ser reformado. Lo explico de manera, creo, bastante irénica y con respeto a los hermanos bautistas, pero igualmente con la mayor claridad de la que soy capaz. Seguramente no dé para más. Pero en todo  caso, lo dicho, dicho queda. Ahí está, para quien le interese.

Mi experiencia en este punto –por mi propia actitud como bautista “reformado”, anteriormente a definirme en cuanto al bautismo de infantes, y por lo que he podido ver un poco aquí y allá a lo largo de los años– es que los hermanos bautistas en realidad no les interesa saber por qué razón nosotros decimos que el bautismo de infantes es una doctrina y una práctica bíblica. Para ellos es algo tan evidente que bautizar bebés es algo antibíblico, que está de más dedicar apenas cinco minutos a considerar lo que decimos. Y si por acaso nos escuchan, es con el ánimo de prepararse para darnos en respuesta una buena lección de Biblia.

Lo que ocurre es que, también por mi propia experiencia, aquellos hermanos que escuchan con oído dócil a la enseñanza reformada del bautismo de infantes, normalmente la abrazan también sin problemas y pasan a dar gracias a Dios por estar en congregaciones donde esta ordenanza divina está guardada íntegramente y en toda pureza, aunque estas normalmente sean minúsculas. Y es de esta manera como los hermanos de nuestra pequeñita congregación, en España y Francia, eran (éramos) todos originariamente bautistas y ahora son (somos) plena y felizmente reformados.

Seguramente sea también por eso –supongo, aunque también es algo más que una mera intuición– que no somos precisamente bien mirados por el resto de evangélicos que tienen algún tipo de noticia de nosotros, sino que más bien somos absolutamente ignorados, como si alrededor de nosotros desde hace tiempo se hubiera decretado un muro de silencio. Seguramente continuaremos así durante el resto de nuestras vidas. Creo haber pasado ya el meridiano de mi ministerio. Si puedo ministrar 25 años más y alcanzar a otra generación, daré gracias a Dios por ello. Pero realmente será para mí una gran sorpresa que entonces las cosas en el mundo evangélico hayan cambiado significativamente. No tengo muchas ni grandes aspiraciones en la vida. Ni tampoco en el ministerio.

Para concluir este escrito, que he puesto por nombre “simpática respuesta” –lo que espero que sea–, este, por supuesto, no tiene la intención de generar ninguna polémica con Graham o con cualquier otro bautista con respecto a este punto del bautismo de infantes, y también pido a los reformados y presbiterianos que puedan leerlo que se abstengan de caer en discusiones públicas en este punto. Simplemente les pediré que estemos orando para que Will Graham y muchos otros puedan, por la gracia de Dios, reconocer su error y venir a la verdad de la Palabra de Dios en este punto. Sería un gran testimonio de humildad ante Dios, Su Palabra y Su Iglesia. Seguramente eso les costará tener que dejar sus ministerios o sus planes de futuro en cuanto a los mismos. Les saldremos entonces al encuentro. Fuera del campamento, donde nos encontramos.  

Cuando el Dolor por el Pecado es Pecaminoso

De mi lectura del autor puritano inglés Thomas Brooks extraigo la siguiente perla:

Bien dijo Jerónimo: “Uno debe llorar su pecado, para luego gozarse por su dolor”. El dolor por el pecado que evita que el alma mire hacia el propiciatorio y aparta a Cristo del alma, o que incapacita al alma para la comunión de los santos, es un dolor pecaminoso”.(1)

Me parece que Brooks está en lo correcto. Lo cual me hace preguntar a mí, como pastor y predicador del Evangelio, si existe una predicación del Evangelio que busque causar este mismo dolor: un dolor por el pecado, sí, pero que evita conducir a la gente a poner su confianza sólo en Cristo y que hace considerar a la gente como permanentemente indigna del nombre de “cristiano”.

De haberla, es de suponer que Thomas Brooks la consideraría igualmente como pecaminosa.

(1) Thomas Brooks, Remedios preciosos contra las artimañanas de Satanás, (Edimburgo: El Estandarte de la Verdad, 2009), p. 34.

La Predicación: Ordenanza y Poder de Dios

La predicación nunca ha sido popular, ni dentro ni fuera de la Iglesia, y tampoco lo es hoy en día. Tiene muchos enemigos declarados, y muchos de los que la practican, o la escuchan, lo hacen pero con desidia. Siempre se escuchan razones en contra de ella, incluso menospreciándola como completamente fuera de lugar en los tiempos que corren. Asimismo, hay que decir que, muy lamentablemente, los países de tradición católica-romana han sido históricamente huérfanos de una predicación bíblica y poderosa. Lo cual no es en modo alguno casual, puesto que no es más que consecuencia de la orientación de todo su sistema doctrinal. Pero es imprescindible darse cuenta que guardar la importancia de la predicación en la Iglesia es, primordialmente, una cuestión de fidelidad al Señor. Del cumplimiento de este deber depende el conocer días de grandes bendiciones espirituales sobre los creyentes y las iglesias. Sí, incluso en tiempos de intensa descristianización, como son los que vivimos.

Lo principal que hemos de considerar al hablar de la predicación es que ella es una ordenanza instituida por Dios mismo. Seguir leyendo

Ministerio Interno

“Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si haces esta obra, manifiéstate al mundo” (Juan 7:3-4).

“Manifestarse” (φανερόω), o hacerse visible, al mundo: estas palabras de los hermanos de Jesús son también la continua tentación para los ministros, para los pastores. Dicho con otras palabras, la búsqueda de la notoriedad. A diferencia de Jesús, no hace falta que esta sugestión provenga del exterior. Más bien procede de dentro, de entre los pliegues del propio corazón. La alternativa, permanecer “en secreto” (ἐν κρυπτῷ) se ve como un sinsentido o un fracaso.

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