Etiquetado: Méritos

Sermón del Domingo (02-11-2014)

1 Timoteo 1:12-16, “Las características de la gracia de Dios en los creyentes”

Anuncios

La Vida Sigue Igual

Insigna_Francisci IAyer mismo, Francisco I publicó su primera encíclica (Lumen fideis) que trata acerca de la fe. La catarata de loas y halagos por parte de nuestros dirigentes hacia el nuevo papa por el mero hecho de ser nuevo papa habrá predispuesto al pueblo evangélico para recibir este documento (como los siguientes de su pluma) como una suerte de nueva revelación. Una voz del más allá.

Asimismo, dado que el documento se expresa prolijamente en términos de “transformación” del creyente, no faltará quien entusiásticamente diga que ahora el nuevo papa ya habla e insta a sus súbditos a la “conversión”, “nacer de nuevo”, etc., etc.

Ciertamente, el nuevo papa sabe expresarse “bonito”, de manera bien comunicativa, con apariencia de elevada intelectualidad, es decir, que sabe emplear bien aquello conocido como la retórica. Podrá seducir a aquellos que sienten un particular afecto por este estado de espíritu. Pero, en el fondo, su discurso no ha variado un ápice la posición católico-romana sobre la fe, la salvación o la justificación por la fe (por cierto, tremenda omisión, la de la justificación, en una encíclica que trata acerca precisamente de la fe).

Todo esto es fácilmente demostrable.

Según el papa, no somos transformados por el Espíritu Santo para depositar la fe en Jesucristo para salvación, antes bien, hemos de creer primeramente para ser transformados.

“En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por él, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para re­correrlo con alegría” (§ 9)

“El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una creatura nueva, recibe un nuevo ser, un ser filial que se hace hijo en el Hijo”  (§ 19)

“El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo” (§ 21)

La fe no es el mero instrumento por el que se recibe y se aprehende a Cristo y sus méritos para salvación (por cierto, concepto el de los méritos de Cristo, su vida de obediencia y su muerte en sacrificio, ausente en el documento; notable omisión, pues, ¿qué es lo que se va a creer para ser salvo?); sino, según el papa, una forma de obediencia, una disposición obediente a Dios y, por tanto, meritoria:

“La fe consiste en la dispo­nibilidad para dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios” (§ 14)

La fe mediante la cual somos salvos no está descrita en términos de confianza en los méritos de Cristo, sino más bien sólo en términos de asentimiento

“Sólo abriéndonos a este origen y reconociéndolo, es posible ser transfor­mados, dejando que la salvación obre en nosotros y haga fecunda la vida, llena de buenos frutos. La salva­ción mediante la fe consiste en reconocer el primado del don de Dios” (§ 19)

El papa afirma que la salvación se produce por causa de nuestra participación activa (meritoria) previamente a recibir el amor de Dios en Cristo está afirmada abiertamente.

“La fe en Cristo nos salva porque en él la vida se abre radicalmente a un Amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros” (§ 20)

No se enseña, pues, es el monergismo divino en la salvación (Flp. 1:6) sino el sinergismo. No una salvación sólo por gracia, sino una salvación meritoria. Se enseña una salvación, por tanto, por obras, aunque tal obra sea la fe. Una salvación, pues, que no se basa totalmente en Cristo para ser salvo y, por consiguiente, que no permite a nadie tener la seguridad de la salvación. Una fe que no proviene del llamamiento eficaz del Espíritu Santo. Se enseña, en definitiva,  una fe que esencialmente no es sólo recibir a Cristo y la salvación plena obrada por Él para los suyos, sino que es algo más, y es algo aportado por el hombre.

Y ahora, los pastores, líderes y teólogos evangélicos arminianos, que están entre nosotros, teóricamente en nuestro bando (el del protestantismo, el de la Reforma), pero con los ojos puestos en Egipto, adonde comían a voluntad toda clase de productos de la huerta, pueden aplaudir a voluntad a este nuevo dictado del papa. Incluso no faltarán aquellos de entre nosotros que con él vislumbren para la iglesia católica-romana un radiante e insospechado futuro, de la mano de aquellos (los papas) que precisamente la han sometido en cautividad.

Pero, sin abrazar la Reforma, la vida sigue igual.

El Problema del “Preparacionismo”

Una de las tareas más interesantes en teología, de mayor importancia a la vez que más difíciles de hacer, es conseguir la traslación de nociones corrientes en la teología papista o católica-romana, a sus posibles equivalentes en teología protestante o evangélica. Disponemos de un amplio vocabulario compartido en las doctrinas que nos son comunes (por ejemplo, la de la Trinidad) pero en terrenos en los que divergimos (por excelencia, el de la gracia) hay ocasiones en las que se da una diferencia de nombres –de ahí, precisamente, la dificultad– para nombrar unos conceptos que pueden considerarse análogos o hasta comunes.

Tomemos el caso de la doctrina del arrepentimiento. En la teología romanista, este es llamado normalmente como “penitencia” y se le concibe básicamente como una obra de la Iglesia por la cual se transmite gracia a los pecadores arrepentidos, de ahí que se le considere incluso como un “sacramento”. Entre las obras que los pecadores han de hacer para recibirlo, destaca principalmente –además de la confesión, que no consideramos aquí– la llamada “contrición”. ¿En qué consiste esta contrición? La enseñanza del Concilio de Trento, recogida por el actual Catecismo, la define como:

“un dolor en el alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar” (Cc de Trento: DS 1676; citado en Catecismo 1451).

Seguir leyendo

Sermón del Domingo (12-06-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:14, “Los que son guiados por el Espíritu”

Para escuchar en línea o descargar la predicación en mp3, pulse AQUÍ

CULTO DE LA TARDE

Miqueas 6:6-8, “Religión de méritos” (Catecismo de Heidelberg, domingo 24)

Dos religiones, la papista y la bíblia, acerca de los “méritos”.

Para escuchar en línea o descargar la predicación en mp3, pulse AQUÍ

Méritos

“El alma que pecare, esa morirá… si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió, por ello morirá” (Ezequiel 18:20-24).

Seguir leyendo