Etiquetado: Confesión de Westminster

La Teología del Pacto de Westminster 1647 y Londres 1689: Un Trasvase Problemático

Una de las características más llamativas de la Confesión Bautista de 1689 es su gran parecido con la Confesión de Westminster de 1647. Al principio, esta semejanza pudiera parecer como un gesto de apertura y ecumenicidad de los bautistas con respecto a los reformados, al tomar casi literalmente la práctica totalidad de la Confesión de Westminster, exceptuando en algunos notables cambios, principalmente en cuanto al bautismo y la Iglesia. Sin embargo, con el tiempo se comienzan a percibir también los graves inconvenientes de haber tomado íntegramente la Confesión de Westminster para variarla en estos puntos.

En primer lugar, los inconvenientes con respecto a la confesión original y sus defensores, pues el tomarla íntegramente para cambiarla en algunos puntos supone efectuar una corrección de la misma. Si un cuerpo eclesiástico toma la confesión de fe de un cuerpo eclesiástico distinto, pero variándola en algunos puntos, el resultado tiende inevitablemente a presentarse como su rival como símbolo de fe reformado, lo cual invariablemente tiene el mismo resultado en el ámbito eclesial.

Sin embargo, este proceder también tiene graves inconvenientes con respecto a la nueva confesión, pues lo que en la confesión original era un conjunto unificado y un todo coherente, se puede llegar a convertir fácilmente en un conglomerado de distintos elementos con débil coherencia interna o incluso disonantes entre sí. Sigue leyendo

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El Problema del “Preparacionismo”

Una de las tareas más interesantes en teología, de mayor importancia a la vez que más difíciles de hacer, es conseguir la traslación de nociones corrientes en la teología papista o católica-romana, a sus posibles equivalentes en teología protestante o evangélica. Disponemos de un amplio vocabulario compartido en las doctrinas que nos son comunes (por ejemplo, la de la Trinidad) pero en terrenos en los que divergimos (por excelencia, el de la gracia) hay ocasiones en las que se da una diferencia de nombres –de ahí, precisamente, la dificultad– para nombrar unos conceptos que pueden considerarse análogos o hasta comunes.

Tomemos el caso de la doctrina del arrepentimiento. En la teología romanista, este es llamado normalmente como “penitencia” y se le concibe básicamente como una obra de la Iglesia por la cual se transmite gracia a los pecadores arrepentidos, de ahí que se le considere incluso como un “sacramento”. Entre las obras que los pecadores han de hacer para recibirlo, destaca principalmente –además de la confesión, que no consideramos aquí– la llamada “contrición”. ¿En qué consiste esta contrición? La enseñanza del Concilio de Trento, recogida por el actual Catecismo, la define como:

“un dolor en el alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar” (Cc de Trento: DS 1676; citado en Catecismo 1451).

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La Doctrina Reformada de los Sacramentos

Se puede decir que la fe reformada se halla hoy, contrariamente a lo que ocurría tan sólo unas décadas, en un momento de una cada vez mayor aceptación dentro del mundo evangélico. Es valorada sobretodo por su carácter bíblico y teocéntrico, la coherencia de su sistema teológico, así como, creemos, por la solidez de los mayores representantes de esta tradición. Calvino o los puritanos han dejado, en buena medida, de estar denostados para ocupar un lugar de honor entre la galería de mayores teólogos del cristianismo. Tras años de paciente exposición, se ha podido ir despejando las objeciones y prejuicios en torno a doctrinas como la predestinación, mostrando que ella no es contraria a la evangelización, ni promueve la jactancia y el orgullo del creyente porque pueda decir que es elegido, como tampoco lo instala en un estado de complacencia y de desidia frente a los deberes de la vida cristiana y de las buenas obras.

Todo esto, se puede decir que en buena medida se ha logrado. Pero todavía queda mucho por hacer. Hay áreas capitales de la fe reformada que siguen siendo desconocidas, cuando no desechadas, porque de hecho entran en colisión con la tradición teológica y eclesial en la que el mundo evangélico está mayoritariamente instalado por generaciones. Y de entre estas áreas, una de las principales tiene que ver con la doctrina de los sacramentos.

Un buen indicador de la actitud evangélica corriente en este ámbito es la misma renuencia a utilizar la palabra sacramento. Muchas veces, para evitar su uso, se emplean otras tales como “ordenanzas” o “símbolos”, pues implícita o explícitamente se tiene la percepción (equivocada) de que hablar de “sacramento” sonaría más bien a “católico”. Se puede afirmar que la comprensión común en los evangélicos es la del sacramento como un acto de profesión de fe. Seguir leyendo