Etiquetado: Evangelio

Sermón del Domingo (19-08-2012)

CULTO DE LA MAÑANA (MIRANDA)

Romanos 15:14-16, “Las explicaciones de Pablo a los romanos” 

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CULTO DE LA TARDE (BILBAO)

1 Juan 2:1-2, “Nuestro Abogado y la Propiciación de nuestros pecados”

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Sermón del Domingo (13-05-2012)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 13:5-7, “Los deberes de los cristianos para con los gobernantes” (MIRANDA)

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[vimeo http://vimeo.com/42456843]

CULTO DE LA TARDE (BILBAO)

Romanos 10:10-13, “Todo aquel que creyere”

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Cita Diaria con Calvino (92)

“Entiendo por “Evangelio” una clara manifestación del misterio de Jesucristo. Convengo en que el Evangelio, en cuanto san Pablo lo llama “doctrina de fe” (1 Tim. 4: 6), comprende en sí todas las promesas de la Ley, sobre la gratuita remisión de los pecados por la cual los hombres se reconcilian con Dios. Porque san Pablo opone la fe a los horrores por los que la conciencia se ve angustiada y atormentada, cuando se esfuerza por conseguir la salvación por las obras. De donde se sigue que el nombre de Evangelio, en un sentido general, encierra en sí mismo los testimonios de misericordia y de amor paterno, que Dios en el pasado dio a los padres del Antiguo Testamento. Sin embargo, afirmo que hay que entenderlo por la excelencia de la promulgación de gracia que en Jesucristo se nos ha manifestado. Y esto no solamente por el uso comúnmente admitido, sino que también se funda en la autoridad de Jesucristo y de sus apóstoles. Por ello se le atribuye como cosa propia el haber predicado el Evangelio del reino (Mt. 4:17; 9:35). Y Marcos comienza su evangelio de esta manera: “Principio del evangelio de Jesucristo” (Mc. 1:1). Mas no hay por qué amontonar testimonios para probar una cosa harto clara y manifiesta […]

Es verdad que no hay que rechazar esta oposición sin más, pues muchas veces san Pablo entiende bajo el nombre de Ley la regla de bien vivir que Dios nos ha dado y mediante la cual exige de nosotros el cumplimiento de nuestros deberes para con Él, sin darnos esperanza alguna de salvación y de vida, si no obedecemos absolutamente en todo, amenazándonos, por el contrario, con la maldición si faltáremos en lo más insignificante. Con ello nos quiere enseñar que nosotros gratuitamente, por la pura bondad de Dios, le agradamos, en cuanto Él nos reputa por justos perdonándonos nuestras faltas y pecados; porque de otra manera la observancia de la Ley, a la cual se ha prometido la recompensa, jamás se daría en hombre alguno mortal. Muy justamente, pues, san Pablo, pone como contrarias entre sí la justicia de la Ley y la del Evangelio.

Pero el Evangelio no ha sucedido a toda la Ley de tal manera que traiga consigo un modo totalmente nuevo de conseguir la justicia; sino más bien para asegurar y ratificar cuanto ella había prometido, y para juntar el cuerpo con las sombras, la figura con lo figurado. Porque cuando Jesucristo dice que “todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan” (Mt. 11: 13; Lc. 16:16), no entiende que los padres del Antiguo Testamento han estado bajo la maldición, de la que no pueden escapar los siervos de la Ley, sino que han sido mantenidos en los rudimentos y primeros principios, de tal manera que no han llegado a una instrucción tan alta como es la del Evangelio”.

Institución de la religión cristiana II.IX.2 y 4 (p. 309-311).