Etiquetado: Justificación

La Promesa de Vida Eterna en el Pacto de Obras, por John Murray

La doctrina del pacto de obras es de importancia capital en la teología reformada por toda una serie de razones, entre las que destaca la distinción entre la ley y el evangelio. Paradójicamente, uno de los autores que mejor ha expresado la doctrina del pacto de obras en los tiempos recientes fue el profesor del seminario Westmisnter de Filadelfia, John Murray. Decimos paradójicamente, porque él en principio propuso cambiar la denominación de la doctrina, para nombrarla “administración adánica”. Sin embargo, no rechazó completamente la apelación tradicional y admitió el uso del término “pacto”, que también se puede referir a esta administración adámica.(1) Valga como muestra de lo que decimos la siguiente cita, en la que expone con maestría la promesa de vida eterna en el pacto de obras -sobre todo, como inferencia de los datos bíblicos, en Génesis y Apocalipsis, acerca del “árbol de la vida”-.

Mientras el hombre hubiera cumplido estas demandas [de Dios], su integridad habría sido mantenida. Habría continuado siendo justo y santo. En esta justicia habría sido justificado, esto es, aprobado y acceptado por Dios, y habría tenido vida. Justicia, justificación y vida es una combinación invariable en el gobierno y juicio de Dios. Habría una relación que llamamos una reciprocidad legal perfecta. (…)

También había en el Edén el árbol de la vida (Génesis 3:22, 24). Como el otro árbol representaba el conocimiento del bien y del mal, este árbol debe haber sido simbólico de la vida, y podemos inferir que de alguna manera habría sido el sello de la vida eterna (Génesis 3:22 -“tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”; también Génesis 3:24 en que Adán, habiendo perdido la vida, se le impidió el acceso a él -“para guardar el camino del árbol de la vida”). Debe haber habido en la institución alguna provisión para la vida eterna. Y es natural, si no necesario, inferir que lo opuesto de lo que realmente ocurrió es lo que habría asegurado esta vida, que a la obediencia se agregara la promesa de vida, después de la analogía de Génesis 2:17 con respecto a la desobediencia. Aunque de Génesis 3:22 inferimos que Adán no había tomado del árbol de la vida, y aunque no le estaba prohibido como lo estaba el árbol del conocimiento del bien y del mal (cf. Génesis 2:16), sin embargo, aparentemente, por las disposiciones de la providencia o de la revelación, fue reconocido como reservado para el resultado de la obediencia probatoria. Esto explicaría Génesis 3:22, 24 (cf. Apocalipsis 2:7; 22:2, 14, especialmente la expresión, “derecho al árbol de la vida”).

 

(1) “The Theology of the Westminster Confession of Faith”, Collected Writings, vol. 1, p. 262.

(2) “The Adamic Administration”, Colletcted Writings, vol. 2, p. 48. Traducción nuestra.

 

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Sermón del Domingo (15-05-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:1-4, “Liberados en Cristo del pecado”

La carne permanece todavía en el cristiano, pero en Cristo está la liberación de ella. Importante ver cómo el apóstol enseña los efectos liberadores en nosotros de la obra de Cristo fuera de nosotros. La unión entre la justificación y la santificación se ponen de manifiesto. Un correctivo bíblico tanto a la enseñanza romanista como evangélica (en sentido amplio y latitudinista, no confesional).

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CULTO DE LA TARDE

1 Juan 5:6-8, “Creo en el Espíritu Santo”. (Catecismo de Heidelberg, domingo 20)

La Reforma tiene una enseñanza clara acerca del Espíritu Santo, que por cierto poco tiene que ver con el carismatismo contemporáneo.

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(aviso: lo sentimos, pero la grabación es incompleta)

La Unidad de Los Beneficios de la Salvación

Normalmente se distingue claramente entre las distintas bendiciones de la salvación. Este procedimiento, por supuesto, es correcto, por cuanto en la Escritura nos encontramos diferenciados justificiación, santificación, adopción, etc. Ahora bien, la distinción no debe llevar a la separación o división. Como decía Calvino, para la salvación se recibe un Cristo entero. Hay que distinguir, sí, pero sin dividir.

Escuche el estudio bíblico en mp3. [Catecismo Menor de Westminster, p. 32]