Zapatero y Vaticano II

El Presidente Zapatero ha recibido una cantidad ingente de críticas por su asistencia al Desayuno de Oración de Washington. Salvo los incondicionales, prácticamente nadie ha estado satisfecho con ella, ni los laicistas ni los religiosos (católicos o protestantes). En cuanto a un servidor, creo que, en el fondo, la asistencia de Zapatero a dicho Desayuno ha sido algo positivo, puesto que permite comprobar hasta qué punto su acción de gobierno es animada por un cierto pensamiento y espíritu religioso. Baste considerar la siguiente cita de su discurso:

“La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad”

Como ya ha sido puesto de manifiesto, aquí Zapatero está invirtiendo el pensamiento expresado por Jesucristo mismo de “la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Esta corrección a las palabras de Jesús es algo que el Presidente hizo de manera explícita en julio del 2005, en una charla ante las juventudes socialistas de Málaga, cuando declaró aquello de: “Os han dicho ‘la verdad os hará libres’, pero yo os digo ‘la libertad os hará verdaderos’”.

Por supuesto, esta costumbre suya de corregir en público la Palabra de Dios en las mismísimas palabras de Jesús denota un muy grave problema espiritual en Zapatero. De todos modos, por ser equilibrados, diremos que el proceder (tan extendido) de aquellos cristianos de aplicar la cita de Jesús “la verdad os hará libres” de manera espuria, en el sentido, por ejemplo, de que la información periodística veraz es la que nos hará libres, no es algo mucho mejor. Seguir leyendo

¿Tradicionalismo En España?

Contemplando el panorama católico romano español actual, que es casi tanto como decir España como país, uno no deja de sorprenderse de que estas palabras acerca de lo hispánico fueran pronunciadas un día: “España, evangelizadora de la unidad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de san Ignacio. Ésta es nuestra grandeza y nuestra unidad. No tenemos otra”. Con esta altilocuencia, Marcelino Menéndez y Pelayo (uno de los mayores intelectuales españoles de finales del siglo XIX) expresaba lo que era el lema de las elites conservadores frente al liberalismo filosófico y político emanado de la Revolución Francesa: la identidad española es, en una palabra, la Contrarreforma.

Esta idea lleva consigo toda una serie de conceptos que pueden ser vistos como el corazón del pensamiento conservador español o tradicionalismo: Seguir leyendo

El Abrazo A La Modernidad De Vaticano II

Uno de los aspectos más sobresalientes de nuestra cultura moderna es su incapacidad para poner las cosas en su justa perspectiva histórica, incapacidad que proviene sin duda de la manera cómo se nos educa desde la guardería. Debido a esta renuncia voluntaria a la historia de nuestra sociedad, todo es juzgado no según la congruencia o no con el pasado, ni por su adecuación a la verdad, sino por si se corresponde o no con la manera de pensar de nuestra época. El presente se convierte así en el criterio y norma de la verdad, lo cual en el fondo está basado en una cierta concepción absolutista de la relación entre el poder y la verdad.

Esta manera de pensar, la entronización del presente, es característica de así llamado modernismo, que es la ideología de la modernidad o, lo que es lo mismo, la civilización nacida de las revoluciones industrial y francesa, en la cual vivimos nosotros hoy. Tradicionalmente la Iglesia católico romana ha tenido una actitud de rechazo frontal y de condena del modernismo, no sólo por sus doctrinas políticas (laicismo, pluralismo religioso, etc.) sino también por los errores y efectos negativos que supone su aplicación en el orden de la religión, la teología y la fe.

Durante todo el siglo XIX fueron los papas de Roma quienes se distinguieron por su actividad especialmente beligerante en contra del modernismo. En un primer momento, se centraron sobretodo en la cuestión de las libertades individuales, las cuales negaron completamente. Seguir leyendo

Concilio Vaticano II (1962-1965)

1. El 28 de octubre de 1958, el cardenal Angelo Giusseppe Roncalli fue elegido como papa, adoptando un nombre que había caído en desuso desde los días del Cisma de Occidente (1378-1418), Juan XXIII. Tan sólo tres meses después, el domingo 25 de enero de 1959, el nuevo papa anunciaba inesperadamente, en la basílica de San Pablo extramuros de Roma, la celebración de un nuevo Concilio ecuménico de la Iglesia católica romana, junto con la convocación del primer sínodo de la diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. Pocos meses después de este fulgurante inicio, Juan XXIII publicaba su primera encíclica, Ad Petri Catedram, en las que se ligaba el anuncio y explicación de la convocación del Concilio con un paternal llamamiento a los cristianos no-católicos a volver a la sede de Pedro. Sin duda alguna, la palabra clave de esta encíclica era la de “unidad”, la cual debía ser alcanzada entre todos los cristianos y entre todos los hombres en general. La Iglesia católica romana se presentaba, así, ante los separados de Roma, como un “maravilloso espectáculo de unidad.” Ya desde el inicio mismo de la encíclica, se señalaba como objetivos del próximo Concilio la “restauración de la unidad, de la concordia y de la paz”, tres expresiones que venían a ser sinónimas. Seguir leyendo

Los Evangélicos y El Aggiornamento (4)

Parte 3

Perspectivas especialmente interesantes

Como ya hemos afirmado, estas dos últimas observaciones no tienen como objeto cuestionar el valor del libro de De Chirico. No pueden hacerlo. Su obra es sabia, tanto en su percepción de la naturaleza del catolicismo romano como también en su apreciación de las dificultades que experimenta la teología evangélica a la hora de comprender este sistema de creencias. El mundo evangélico contemporáneo, pues, hará bien en considerar debidamente todas sus apreciaciones, para lo cual sería necesario un tratamiento académico más pormenorizado de su estudio.

Por nuestra parte, en relación con lo que nos ocupa en este artículo, es decir, el momento en el que se encuentra actualmente la teología evangélica, quisiéramos resaltar tres perspectivas de su obra que nos parecen particularmente interesantes.

1) En primer lugar, estudiar el catolicismo romano desde una perspectiva evangélica implica, como paso previo, la definición de lo que es ser evangélico, Seguir leyendo

Los Evangélicos y El Aggiornamento (3)

Parte 2

A la obra de De Chirico, pues, hay que reconocerle todo el valor que intrínsecamente ya posee. Como ya hemos dicho, el autor muy bien puede estar poniendo las bases para la renovación del estudio evangélico del catolicismo romano. Manifestamos nuestro acuerdo no sólo con la orientación fundamental de la obra, sino también resaltamos lo correcto de su argumentación y resultados. No obstante, pensamos que su análisis puede estar aún abierto al debate, fundamentalmente en dos áreas principales. Seguir leyendo