Ministerio Interno

“Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si haces esta obra, manifiéstate al mundo” (Juan 7:3-4).

“Manifestarse” (φανερόω), o hacerse visible, al mundo: estas palabras de los hermanos de Jesús son también la continua tentación para los ministros, para los pastores. Dicho con otras palabras, la búsqueda de la notoriedad. A diferencia de Jesús, no hace falta que esta sugestión provenga del exterior. Más bien procede de dentro, de entre los pliegues del propio corazón. La alternativa, permanecer “en secreto” (ἐν κρυπτῷ) se ve como un sinsentido o un fracaso.

Sin embargo, se tiene que comparar esto con esta otra declaración del apóstol Pablo: “Pues no es judío el que lo es exteriormente (ἐν τῷ φανερῷ), ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne (ἐν τῷ φανερῷ); sino que es judío el que lo es en lo interior (ἐν τῷ κρυπτῷ) (Romanos 2:28-29). Es interesante constatar que se trata del mismo grupo de palabras que en la sugestión de los hermanos de Jesús.

De esta manera, se podría parafrasear las palabras del apóstol diciendo: “no es pastor el que lo es ἐν τῷ φανερῷ, para manifestarse a sí mismo”. Por supuesto, no es así como lo hizo el Buen Pastor Jesucristo, de quien se profetizó diciendo: “No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles” (Isaías 42:2). Por lo tanto, todo lo que se haga en este espíritu de “búsqueda de lo suyo”, en realidad, no es ministrar a Jesucristo.

La alternativa a esto, “permanecer en oculto” -aparente pérdida para los hombres- es verdadera ganancia. “Permanecer en oculto” es desprenderse de todo lo vano para centrarse en lo interior, el alma, primeramente la suya propia, y así poder después tratar la de los demás. Ocuparse del corazón, cultivar el compañerismo con Dios y la santidad. Se trata de ministrar la Palabra, no como medio para obtener ciertos resultados, sino en fidelidad, como un fin en sí mismo. Considerar que la recompensa de hacerlo no sólo es la paga del soldado (“la íntima satisfacción por el deber cumplido”) sino que, más aún, es simplemente seguir sirviendo a Dios.

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