Funeral de Don José Grau (Barcelona, 17 de enero de 2014)

José GracuPor David Barceló

Contra todo pronóstico fue un día soleado. Algo inusual para Barcelona en el mes de enero. Parecía que cielo sonriera para celebrar también un acto de gratitud a Dios por la vida de Don José Grau (1931-2014), escritor, teólogo, profesor y amigo. El señor Grau. El doctor Grau. El hermano Grau. Eran las 11 de la mañana del 17 de enero de 2014, pocos días después de su 83 cumpleaños, y el oratorio Tibidabo, del Tanatorio de la Ronda de Dalt, se llenaba poco a poco hasta rebosar. Una extensión de la sala se tuvo que abrir para dar cabida a unos 500 asistentes, mientras David Andreu –yerno de José Grau- tocaba al piano algunos fragmentos de varios himnos. Junto a la tarima estaba el féretro, y sobre éste una fotografía en la que Grau aparecía con toga. Era una foto del 2010,  del día en el que fue investido Doctor Honoris Causa por la Facultad Libre de Teología de Aix-en-Provence (Francia). Aquel fue otro día memorable y de gratitud al Señor por su vida.

El local, tan lleno, expresaba lo que fue su vida y ministerio. Fue un hombre querido y admirado por todos. Un profesor apasionado, un escritor incansable, un maestro y hermano que ha sido usado por Dios para bendecir muchas vidas. Presidía el acto Daniel Giralt-Miracle, de la Iglesia Bautista en el barrio de Gracia a la que José había pertenecido toda su vida, dando la bienvenida a familiares y amigos, y deseando para todos la bendición del Señor. Tan solo había pasado algo más de un año desde que despedíamos a la esposa de Grau, doña María Beltrán, y hoy decíamos adiós al que había sido para muchos un referente como cristiano y como siervo del Señor.

En la cubierta del programa se podía leer el texto de Isaías 69:19-20, escogido por la familia para ese día. Un hermoso pasaje expresando el gozo eterno del creyente. El propio José Grau escogió pocos días antes de fallecer los himnos y lecturas para su funeral, y se inicia la ceremonia entonando el himno “Astre que jo miro, roca on estic” (Astro que yo miro, roca donde estoy).

Varios familiares de José Grau tienen a continuación unas palabras. En primer lugar su hija Silvia, quien comenta que su padre había hecho recientemente varias anotaciones sobre el Salmo 71 en un cuaderno. “No me deseches en el tiempo de mi vejez…”. De forma consoladora él mismo anotaba también las palabras de Isaías 46:4 “Hasta la vejez yo mismo… os guardaré”. Silvia resaltó el hecho de que su padre expresara cómo deseaba que fuera su funeral, y su deseo de que fuera un acto bilingüe, en castellano y catalán. “Soy bilingüe” –dijo- “y amo estas dos lenguas”. Su razonamiento parecía lógico. No sólo usó ambas lenguas toda la vida, sino que además la editorial, Ediciones Evangélicas Europeas (EEE) publicó títulos en castellano y en catalán. Los que conocemos a Don José Grau sabemos que era algo más que “bilingüe”, habiéndole escuchado conversar de forma fluida también en inglés y en francés.

El Salmo 90:10 también fue un pasaje muy querido por él. Allí donde dice “ochenta años” anotó a mano “enero 2011”, mes en el que cumplió esa edad. Así mismo, junto a la frase “con todo, su fortaleza es molestia y trabajo” anotó otra fecha, “abril 2013”. José Grau, a pesar de que su cuerpo se apagaba con la edad, tuvo la mente despierta hasta el final y no dejó de ser un lector incansable, en primer lugar de la Biblia, pero también y hasta hace muy poco de la actualidad en los periódicos. Silvia a menudo se encontraba con periódicos marcados con interrogantes, exclamaciones o notas de su padre. Fue un gran lector, un gran cinéfilo, un gran pensador que examinó su entorno a la luz de la verdad de las Escrituras.

Silvia Grau agradeció la asistencia de todos a este último tributo a su padre, y resalta una vez más que su deseo no era que hablásemos mucho de él, sino del Señor al que él servía. Soli Deo Gloria. Su hija Olga también destaca el amor de su padre por la literatura castellana y catalana. En especial en sus últimos días por los escritos del poeta Joan Maragall y su “canto espiritual”. Olga entonces lee, por deseo de su padre, un conocido soneto anónimo “No me mueve mi Dios para quererte el cielo que me tienes prometido… pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”.

Sus nietos, Daniel, Marc, Miriam y Álex, tuvieron también unas lecturas bíblicas escogidas por José Grau: Salmo 73:21-26; Romanos 8:28-39; Apocalipsis 21:1-7 y Judas 24-25.

Después de las lecturas empezó un video con imágenes de la vida de Don José Grau, con fotografías de su familia, su ministerio y su trabajo, mientras sonaba un emotivo cántico compuesto por Samuel Barceló “Levanta hombres fieles como él, con celo por tu Nombre en su ser. Voces en el desierto que proclamen tu Reino…” (El video se puede ver en YouTube buscando “Samuel Barceló Hombres fieles”).

Tras este cántico de gratitud a Dios, el que escribe estas palabras tiene la oportunidad de elevar una oración de agradecimiento al Señor por la vida y testimonio de José Grau, destacando el vacío que deja entre nosotros, y el gozo de saber que el que fue maestro aquí en la tierra está ahora en el cielo sentado a los pies del Maestro, nuestro Señor Jesús.

Se entonó el himno “Tan sols en Tu reposo en confiança” (Tan sólo en Ti reposo en confianza) y acto seguido pronunció unas palabras Pablo Martínez, hijo del teólogo José Mª Martínez, con el propósito de recordar, no tanto la impresionante obra de Don José Grau, sino en este caso la hermosa obra de Dios en su vida. Es difícil respetar el deseo de Grau, de no hablar mucho de él, siendo sin duda el hombre que más ha alimentado, bendecido e enriquecido al pueblo de Dios en los últimos cincuenta años. Tal como José Mª Martínez escribe en sus memorias, aún inéditas, “Hasta la fecha, que yo sepa, ningún escritor evangélico en España ha sido tan prolífico y tan sólido como José Grau Balcells”.

Sin duda alguna, la vida de José Grau ha sido un monumento a la Gracia de Dios. Pablo Martínez destaca tres aspectos de la Gracia de Dios en la vida de Grau. En primer lugar, la gracia de Dios le hizo un hombre fuerte, porque fue un hombre que reconoció su debilidad. Un hombre que luchó contra la intolerancia religiosa y la persecución, un hombre que luchó con problemas de salud, un cristiano que como el apóstol Pablo podía pronunciar “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” porque se alimentó de su fidelidad a la Palabra de Dios. “Don José Grau fue un luchador”. En segundo lugar, su vida es un monumento a la Gracia de Dios porque fue un hombre humilde. “Nunca vimos en Don José Grau un atisbo de ser vanidoso”. Fue un hombre modesto que no hacía alarde de su saber, un hombre discreto y servicial, un hombre cuyo modelo era Cristo. “Cuando más se goza uno de la Gracia, uno más humilde se vuelve”. En tercer y último lugar, José Grau fue un hombre agradecido. Dedicó el último año de su vida a dar gracias a todos los que le rodeaban. Su vida se caracterizó por la fidelidad y la constancia en todos los aspectos de su vida, una vida llena de paz y confianza en el Señor. Soli Deo Gloria fue sin duda su frase preferida.

José de Segovia, pastor de la Iglesia Cristiana Reformada de Madrid, trajo una inspiradora reflexión sobre 1 Pedro 1:3. Cuando decimos que esperamos algo a veces estamos solamente expresando un deseo, pero la esperanza bíblica va mucho más allá. La Palabra de Dios nos habla de una esperanza basada en un hecho histórico, y por tanto una fe segura. Dios levantó de los muertos al Señor Jesús, y ancló una esperanza firme para el creyente.

Así como Cristo fue resucitado de los muertos, nosotros seremos levantados igual que Él. Como decía tantas veces Grau, la esperanza cristiana es la resurrección de los muertos. Por que Él está vivo, nosotros también viviremos. En 1 Corintios 15 leemos que Cristo resucitó en la carne, y así nosotros también seremos resucitados. José Grau fue un vitalista. Tal como él decía, no le acercó a la fe el interés por “el más allá”, sino más bien el interés por “el más acá”. No hay nadie como Cristo Jesús. El apóstol Pedro reconoció que no era nada por sí mismo, pero que en Cristo Jesús tenía una nueva vida. En Cristo está la vida, y esa es la vida que Jesucristo nos da por la experiencia del nuevo nacimiento. Así como nacemos una vez a este mundo, debemos nacer de nuevo para poder entrar en el Reino de los cielos. Grau nació de nuevo en los años 50, y nosotros nos hemos de enfrentar a esta realidad, que sin Cristo Jesús estamos muertos. La herencia que recibimos en Cristo es indescriptible. Es algo incorruptible, porque no se puede destruir ni apagar. Es una herencia incontaminada, que no se puede echar a perder. Es inmarcesible, porque nunca deja de brillar. “¿Quién nos salvará de nosotros mismos? Solamente Dios, en Cristo Jesús”. Solo Él puede darnos una vida que ni nosotros mismos podamos destruir. Todo lo que tenemos ahora puede fascinarnos por un tiempo, pero todo pasa, y esperamos la renovación de todas las cosas, sabiendo que lo mejor está aún por venir. Ahora vemos como por un espejo, pero nuestra vida está escondida en Cristo. Cuando veamos al Señor cara a cara, nosotros mismos seremos transformados. La salvación no es solo algo pasado, o presente, sino que sobre todas las cosas es una realidad futura. Pero el secreto no está en nosotros, sino en Dios, que nos ha guardado por su poder mediante la fe.

Para concluir la ceremonia se entonó el himno “Sublim fou la gràcia del Senyor” (Sublime Gracia). Las notas de este himno, entonadas con mucho gozo, llenaron hasta el último rincón de la sala. Concluyó el acto en oración el pastor Manel Rodríguez, de la iglesia de Vilanova i la Geltrú.

Daniel Giralt dio gracias a Dios por el tiempo en el que hemos tenido entre nosotros a José Grau, el gran maestro de una fe firmemente fundamentada en la Palabra de Dios, y expresó también su gratitud a la familia por habernos dejado compartir con ellos estos momentos de despedida y  de gratitud al Señor. José Grau nos ayudó a pensar y nos ayudó a creer.

GrauEl féretro salía lentamente de la sala mientras todos estábamos en pie y las notas de un cántico sonaban al piano. Despedíamos a un gigante de la fe. Nos dejaba para estar con el Señor a Quién tanto había amado. Sin embargo, nos dejó un legado, nos dejó sus obras, sus enseñanzas, su teología, y sobre todo nos dejó un ejemplo de cómo vivir unas convicciones profundas con una humildad sincera, sabiendo que para el cristiano el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Tardaremos un tiempo hasta volver a vernos.

Por eso decimos “Hasta pronto Sr. Grau”. “Fins aviat Josep”.

Soli Deo Gloria.

David Barceló

Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona

www.porGracia.es

Fotografías gentileza de Eliseo Pradales

Nota: La grabación íntegra de la ceremonia se puede encontrar en este enlace:

http://www.sermonaudio.com/sermoninfo.asp?SID=117141952372

Obituorio El País

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