Etiquetado: Vida Cristiana

Sermón del Domingo (01-07-2012)

CULTO DE LA MAÑANA (MIRANDA)

Romanos 14:16-18, “Razones para amoldarse” 

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[vimeo https://vimeo.com/45352970]

CULTO DE LA TARDE (BILBAO)

Salmo 5, “La certeza del juicio y la misericordia”

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Sermón del Domingo (24-06-2012)

CULTO DE LA MAÑANA (MIRANDA)

Romanos 14:13-15, “No escandalizar al hermano” 

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CULTO DE LA TARDE (BILBAO)

2 Corintios 12:1-10, “Bástate mi gracia”

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Cita Diaria con Calvino (146)

“El orden de la Escritura que hemos indicado, consiste principalmente en dos puntos. El primero es imprimir en nuestros corazones el amor de la justicia, al cual nuestra naturaleza no nos inclina en absoluto. El otro, proponernos una regla cierta, para que no andemos vacilantes ni equivoquemos el camino de la Justicia.

Respecto al primer punto, la Escritura presenta muchas y muy admirables razones para inclinar nuestro corazón al amor de la justicia. Algunas las hemos ya mencionado en diversos lugares, y aquí expondremos brevemente otras.

Cómo podría comenzar mejor que advirtiéndonos la necesidad de que seamos santificados, porque nuestro Dios es santo (Lv. 19: 1-2; 1 Pe. 1: 16)? Porque, como quiera que andábamos extraviados, como ovejas descarriadas, por el laberinto de este mundo, ti nos recogió para unirnos consigo. Cuando oímos hablar de la unión de Dios con nosotros, recordemos que el lazo de la misma es la santidad. No que vayamos nosotros a Dios por el mérito de nuestra santidad, puesto que primeramente es necesario que antes de ser santos nos acerquemos a El, para que derramando su santidad sobre nosotros, podamos seguirle hasta donde dispusiere; sino porque su misma gloria exige que no tenga familiaridad alguna con la iniquidad y la inmundicia; hemos de asemejamos a El, porque somos suyos. Por eso la Escritura nos enseña que la santidad es el fin de nuestra vocación, en la que siempre debemos tener puestos los ojos, si queremos responder a Dios cuando nos llama. Porque, ¿para qué sacarnos de la maldad y corrupción del mundo, en la que estábamos sumidos, si deseamos permanecer encenagados y revolcándonos en ella toda nuestra vida? Además, nos avisa también que si queremos ser contados en el número de los hijos de Dios, debemos habitar en la santa ciudad de Jerusalem (Sal. 24:3), que ti ha dedicado y consagrado a sí mismo y no es lícito profanarla con La impureza de los que la habitan. De ahí estas sentencias: Aquéllos habitarán en el tabernáculo de Jehová, que andan en integridad y hacen justicia (Sal. 15:1-2). Porque no conviene que el santuario, en el que Dios reside, esté lleno de estiércol, como si fuese un establo.

Y para más despertarnos, nos muestra la Escritura, que como Dios nos reconcilia consigo en Cristo, del mismo modo nos ha propuesto en Él una imagen y un dechado, al cual quiere que nos conformemos (Rom. 6:4-6.18) […]

Por eso la Escritura, de todos los beneficios de Dios que refiere y de cada una de las partes de nuestra salvación, toma ocasión para exhortarnos. Así cuando dice que puesto que Dios se nos ha dado como Padre, merecemos que se nos tache de ingratos, si por nuestra parte no demostramos también que somos sus hijos (Mal. 1:6; Ef. 5:1; 1 Jn. 3:1). Que habiéndonos limpiado y lavado con su sangre, comunicándonos por el bautismo esta purificación, no debemos mancillamos con nuevas manchas (Ef. 5:26; Heb. 10:10; 1 Cor. 5:11.13; l Pe. 1:15-19). Que puesto que nos ha injertado en su cuerpo, debemos poner gran cuidado y solicitud para no contaminarnos de ningún modo, ya que somos sus miembros (1 Cor. 6:15; Jn. 15:3; Ef. 5:23). Que, siendo Él nuestra Cabeza, que ha subido al cielo, es necesario que nos despojemos de todos los afectos terrenos para poner todo nuestro corazón en la vida celestial (Col. 3: 1-2). Que, habiéndonos consagrado el Espíritu Santo como templos de Dios, debemos procurar que su gloria sea ensalzada por medio de nosotros y guardarnos de no ser profanados con la suciedad del pecado (1 Cor. 3: 16; 6:1; 2 Cor. 6: 16). Que, ya que nuestra alma y nuestro cuerpo están destinados a gozar de la incorrupción celestial y de la inmarcesible corona de la gloria, debemos hacer todo lo posible para conservar tanto el alma como el cuerpo puros y sin mancha hasta el día del Señor (1 Tes. 5:23)”.

Institución de la religión cristiana III.VI.2 y 3 (p. 523-525).

Sermón del Domingo (11-09-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 9:10-13, “La soberanía de Dios en la elección y la reprobación”

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CULTO DE LA TARDE

Gálatas 5:1-6, “Las obras en la vida del creyente” (Catecismo de Heidelberg, domingo 32)

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