Sólo a Dios la Gloria

Sola gracia, Solo Cristo, Solo fe, Sola Escritura. ¿A dónde conducen todos estos enunciados? A uno que los resume y culmina: Solo a Dios sea la gloria. Ahí está lo esencial del mensaje de la Reforma.

Tal vez a los provenientes de países latinos todo esto nos suena más bien como una fría expresión de religiosidad, más propia de las gentes del Norte, ya se sabe, más austeras y serias. Nosotros somos gente del Sur, con otro carácter, y vemos la vida de manera distinta. Oímos “Sólo a Dios sea la gloria” y es como si el hombre desapareciera en nuestra mente, como si nos evocara iglesias sin imágenes. Y como Moisés ante la zarza ardiente, nos sentimos atraídos y queremos mirar, pero algo en nosotros nos dice que, puestos a preferir, mejor lo conocido, porque por lo menos es lo “nuestro”. Nos encontramos más a gusto en él, aunque no sepamos decir por qué. Tal vez porque nos resultan más familiares las iglesias donde abundan las representaciones del Dios de gloria, pero también imágenes de hombres glorificados. Seguir leyendo