Sermón del Domingo (17-07-2011)

 

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:31-39, “La seguridad del creyente”

Para escuchar en línea o descargar la predicación, pulse AQUÍ

 

CULTO DE LA TARDE

Hebreos 9:23-38, “Una idolatría maldita” (Catecismo de Heidelberg, domingo 29-30)

Para escuchar en línea o descargar la predicación, pulse AQUÍ

¿Y La Copa?

En el año 1520, el reformador Martín Lutero escribió una de sus obras más importantes, y a su vez menos conocidas, llamada “La cautividad babilónica de la Iglesia”. El libro trataba acerca de los sacramentos, de cómo Roma los había desnaturalizado con sus razonamientos y prácticas, privando así a la Iglesia de las ordenanzas que Cristo mismo instituyó.

Está claro que la idea que transmite el título mismo del libro es dinamita pura. Nos explicamos. La Iglesia papal se precia de que ella no puede conocer una situación de apostasía tal y como la conoció Israel en el Antiguo Testamento, en el Nuevo (Apocalipsis 2,9; 3,9), o incluso la Iglesia del Nuevo Testamento (Apocalipsis 2,16) debido fundamentalmente a dos cosas: El papado, y los sacramentos (principalmente la eucaristía), a los que se considera como unos “signos” o “señales” de por sí eficaces, transmitiendo indefectiblemente lo que significan (ex opere operato). Se considera, de esta manera, que la Iglesia, mientras mantenga el papado y la eucaristía, está “blindada” en contra de caída. El libro de Lutero, pues, señalaba la caída de la Iglesia, simbolizada con la expresión  “cautividad babilónica”, precisamente en lo que se consideraba como garantía de no-caída. No es, por tanto, de extrañar que este libro haya sido ampliamente silenciado durante siglos.

Una de las cosas más importantes que se ha de tener en cuenta a la hora de considerar los sacramentos, es que un sacramento es un signo visible instituido por Cristo mismo. Seguir leyendo