La Doctrina Reformada de los Sacramentos

Se puede decir que la fe reformada se halla hoy, contrariamente a lo que ocurría tan sólo unas décadas, en un momento de una cada vez mayor aceptación dentro del mundo evangélico. Es valorada sobretodo por su carácter bíblico y teocéntrico, la coherencia de su sistema teológico, así como, creemos, por la solidez de los mayores representantes de esta tradición. Calvino o los puritanos han dejado, en buena medida, de estar denostados para ocupar un lugar de honor entre la galería de mayores teólogos del cristianismo. Tras años de paciente exposición, se ha podido ir despejando las objeciones y prejuicios en torno a doctrinas como la predestinación, mostrando que ella no es contraria a la evangelización, ni promueve la jactancia y el orgullo del creyente porque pueda decir que es elegido, como tampoco lo instala en un estado de complacencia y de desidia frente a los deberes de la vida cristiana y de las buenas obras.

Todo esto, se puede decir que en buena medida se ha logrado. Pero todavía queda mucho por hacer. Hay áreas capitales de la fe reformada que siguen siendo desconocidas, cuando no desechadas, porque de hecho entran en colisión con la tradición teológica y eclesial en la que el mundo evangélico está mayoritariamente instalado por generaciones. Y de entre estas áreas, una de las principales tiene que ver con la doctrina de los sacramentos.

Un buen indicador de la actitud evangélica corriente en este ámbito es la misma renuencia a utilizar la palabra sacramento. Muchas veces, para evitar su uso, se emplean otras tales como “ordenanzas” o “símbolos”, pues implícita o explícitamente se tiene la percepción (equivocada) de que hablar de “sacramento” sonaría más bien a “católico”. Se puede afirmar que la comprensión común en los evangélicos es la del sacramento como un acto de profesión de fe. Seguir leyendo

¿Y La Copa?

En el año 1520, el reformador Martín Lutero escribió una de sus obras más importantes, y a su vez menos conocidas, llamada “La cautividad babilónica de la Iglesia”. El libro trataba acerca de los sacramentos, de cómo Roma los había desnaturalizado con sus razonamientos y prácticas, privando así a la Iglesia de las ordenanzas que Cristo mismo instituyó.

Está claro que la idea que transmite el título mismo del libro es dinamita pura. Nos explicamos. La Iglesia papal se precia de que ella no puede conocer una situación de apostasía tal y como la conoció Israel en el Antiguo Testamento, en el Nuevo (Apocalipsis 2,9; 3,9), o incluso la Iglesia del Nuevo Testamento (Apocalipsis 2,16) debido fundamentalmente a dos cosas: El papado, y los sacramentos (principalmente la eucaristía), a los que se considera como unos “signos” o “señales” de por sí eficaces, transmitiendo indefectiblemente lo que significan (ex opere operato). Se considera, de esta manera, que la Iglesia, mientras mantenga el papado y la eucaristía, está “blindada” en contra de caída. El libro de Lutero, pues, señalaba la caída de la Iglesia, simbolizada con la expresión  “cautividad babilónica”, precisamente en lo que se consideraba como garantía de no-caída. No es, por tanto, de extrañar que este libro haya sido ampliamente silenciado durante siglos.

Una de las cosas más importantes que se ha de tener en cuenta a la hora de considerar los sacramentos, es que un sacramento es un signo visible instituido por Cristo mismo. Seguir leyendo

Sermón del Domingo (23-08-2009)

CULTO DE LA MAÑANA

Colosenses 2:11-12, «La Circuncisión de Cristo». ¿Qué tiene que ver la circuncisión con el creyente? Escuche el mensaje en mp3 pulsando aquí.

CULTO DE LA TARDE

Génesis 25, «La División de la Promesa». El pueblo de Dios se va perfilando y delimitando con el tiempo, incluso dentro de la descendencia de Isaac, el heredero de la promesa. Escuche el mensaje en mp3 pulsando aquí.