Etiquetado: Profecía en el Nuevo Testamento

No Menospreciéis las Profecías, Según Juan Calvino

Por lo demás, por esta palabra de profecía no la entiendo como el don de predecir las cosas futuras [e.d., como don de revelación directa; n. d. tr.], sino como en 1 Corintios 14:3, el saber interpretar la Sagrada Escritura; de tal manera que profeta significa lo mismo que expositor de la voluntad de Dios. Porque s. Pablo, en el pasaje que he citado, atribuye a los profetas la doctrina para edificar, exhortar y consolar; y distribuye el oficio de profetas como en estas partes. Digamos, pues, que profecía en este pasaje significa la interpretación de la Escritura aplicada especialmente según los tiempos, las personas y las cosas presentes. S. Pablo quiere que cuidemos de no despreciarla, a no ser que queramos perdernos a voluntad nuestra en las tinieblas. He aquí, pues, una sentencia singular para la alabanza de la predicación externa. Hay muchos espíritus fantásticos que consideran como niños a los que se dedican a leer la Escritura o a oír la predicación de la Palabra; como si nadie fuera espiritual a no ser que despreciara la doctrina. Desprecian, pues, con arrogancia el ministerio de los hombres, incluso de la Escritura misma, por tener el Espíritu. Pero después de tantos sueños que Satanás les sopla a los oídos, los presentan con tanta presunción como revelaciones del Espíritu Santo. Tales son los libertinos y otras bestias rabiosas parecidas. Y aquel de entre ellos que es el más ignorante, ese el más inflado y orgulloso. Pero en cuanto a nosotros, aprendamos del ejemplo de s. Pablo, de conjuntar el Espíritu Santo con la voz de los hombres, la cual no es más que el órgano e instrumento de aquel.

Juan Calvino, Commentaire sur la 1ere épître aux Thessaloniciens, en Commentaires de Jehan Calvin sur le Nouveau Testament (París : 1855), vol. 4, p. 146

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