Cita Diaria con Calvino (139)

“Veamos ahora qué valor tiene la autoridad de las llaves de que ellos tanto se jactan, en la cual hacen consistir toda la fuerza de su reino. Las llaves, dicen, ¿serían dadas sin finalidad ni razón alguna? ¿Se hubiera dicho sin motivo alguno: “todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mt. 18:18)? ¿Queremos, por ventura, que la Palabra de Dios esté privada de eficacia? […]

Ahora, en cuanto a la fortaleza que pretenden levantar se engañan, construyendo con ello una máquina que destruirá todas sus fortalezas. Porque Cristo no concedió a los apóstoles la autoridad de ligar y absolver, antes de haberles dado el Espíritu Santo. Niego, pues, que la autoridad de las llaves pertenezca a nadie antes de que haya recibido el Espíritu Santo; niego que alguien pueda usar de las llaves sin que preceda la guía y dirección del Espíritu Santo quien ha de enseñar y dictar lo que se ha de hacer, Ellos se jactan de palabra de tener al Espíritu Santo; pero lo niegan con los hechos. A no ser que sueñen que el Espíritu Santo es una cosa vana y sin importancia, como evidentemente lo sueñan; pero no se puede dar crédito a sus palabras.

Este es el engaño con el que son totalmente destruidos. Porque de cualquier lado que se gloríen de tener la llave, les preguntaremos si tienen al Espíritu Santo, el cual es quien rige y gobierna las llaves. Si responden que lo tienen, les preguntaremos además si el Espíritu Santo puede equivocarse. Esto no se atreverán a confesarlo abiertamente, aunque indirectamente lo dan a entender con su doctrina. Debemos, pues, concluir que ninguno de sus sacerdotes tiene la autoridad de las llaves, con las cuates ellos temerariamente y sin discreción alguna ligan a los que el Señor quiere que sean absueltos, y absuelven a Los que El quiere que sean ligados.

Al verse convencidos con evidentísimas razones de que ligan y absuelven sin hacer diferencia alguna lo mismo a los dignos que a

los indignos, se atribuyen abusivamente la autoridad sin la ciencia. Y aunque no se atreven a negar que se requiere la ciencia para el uso adecuado de las llaves, sin embargo enseñan que su poder se entrega también a los que lo administran indebidamente. Mas como el poder se refiere a que: todo cuanto atareis o desatareis en la tierra, será atado o desatado en el cielo, necesariamente, o la promesa de Cristo miente, o los que tienen esta autoridad no atan y desatan como se debe. Y es inútil andar con tergiversaciones, diciendo que se limita según los méritos del que es atado o desatado.

También nosotros confesamos que no pueden ser atados ni desatados más que aquellos que son dignos de serlo. Sin embargo los enviados del Evangelio y de la Iglesia tienen la Palabra para pesar esta dignidad; con esta Palabra pueden los mensajeros del Evangelio prometer a todos la remisión de los pecados en Cristo por la fe; y pueden asimismo pronunciar sentencia de condenación contra todos y sobre todos cuantos no abrazan a Jesucristo. Con esta Palabra la Iglesia anuncia que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los ladrones, ni los avaros e inicuos tendrán parte en el reino de los cielos (1 Cor. 6:9-10), y ata a estos tales con recios nudos. Y con la misma Palabra desata a los que, arrepentidos de sus pecados ella consuela”.

Institución de la religión cristiana III.IV.20 y 21 (490-492).

La Predicación: Ordenanza y Poder de Dios

La predicación nunca ha sido popular, ni dentro ni fuera de la Iglesia, y tampoco lo es hoy en día. Tiene muchos enemigos declarados, y muchos de los que la practican, o la escuchan, lo hacen pero con desidia. Siempre se escuchan razones en contra de ella, incluso menospreciándola como completamente fuera de lugar en los tiempos que corren. Asimismo, hay que decir que, muy lamentablemente, los países de tradición católica-romana han sido históricamente huérfanos de una predicación bíblica y poderosa. Lo cual no es en modo alguno casual, puesto que no es más que consecuencia de la orientación de todo su sistema doctrinal. Pero es imprescindible darse cuenta que guardar la importancia de la predicación en la Iglesia es, primordialmente, una cuestión de fidelidad al Señor. Del cumplimiento de este deber depende el conocer días de grandes bendiciones espirituales sobre los creyentes y las iglesias. Sí, incluso en tiempos de intensa descristianización, como son los que vivimos.

Lo principal que hemos de considerar al hablar de la predicación es que ella es una ordenanza instituida por Dios mismo. Seguir leyendo