Cita Diaria con Calvino (113)

“Ya ahora Cristo da pruebas clarísimas a sus fieles para que reconozcan la presencia y asistencia de su virtud. Mas, como su reino está en cierta manera escondido en el mundo bajo la flaqueza de la carne, con toda razón se insta a la fe, para que considere aquella presencia visible, que Él manifestará en el último día. Porque descenderá en forma visible, como se le vio subir (Hch. 1: 11), y será visto por todos en la inefable majestad de su reino, rodeado del resplandor de su inmortalidad, con la inmensa potencia de su divinidad, y con gran acompañamiento de ángeles (Mt. 24:30).

Por esto se nos manda que esperemos a nuestro Redentor aquel día en que separará a las ovejas de los cabritos (Mt. 25:32), a los elegidos de los réprobos; y no habrá ninguno, ni vivo ni muerto, que pueda escapar a su juicio. Porque el sonido de la trompeta se oirá por todas partes, hasta en los más apartados rincones de la tierra, y con ella serán citados y emplazados ante su tribunal todos los hombres, tanto los que estén vivos como los que hubieren muerto […]

Es para nosotros un gran consuelo saber que la autoridad de juzgar ha sido confiada a quien nos ha constituido ya compañeros en la dignidad y el oficio de juzgar. ¡Tan lejos está de subir a su trono a condenarnos! ¿Cómo un príncipe tan clemente perdería a su pueblo? ¿Cómo la Cabeza destruiría a sus miembros? ¿Cómo el abogado condenaría a aquél cuya defensa ha tomado a su cargo? Y si el Apóstol se atreve a gloriarse de que si Cristo intercede por nosotros no hay quien pueda condenarnos (Rom. 8:33), mucho más evidente será que, siendo Cristo el intercesor, no condenará a ninguno de los que hubiere recibido bajo su protección y amparo. No es en verdad pequeña seguridad el que no tengamos que comparecer ante otro tribunal que el de nuestro Redentor, de quien debemos esperar la salvación. Además, el que ahora nos promete en su Evangelio la felicidad eterna, entonces como juez ratificará la promesa […]

Puesto que vemos que toda nuestra salvación está comprendida en Cristo, guardémonos de atribuir a nadie la mínima parte del mundo. Si buscamos salvación, el nombre solo de Jesús nos enseña que en Él está. Si deseamos cualesquiera otros dones del Espíritu, en su unción los hallaremos. Si buscamos fortaleza, en su señorío la hay; si limpieza, en su concepción se da; si dulzura y amor, en su nacimiento se puede encontrar, pues por él se hizo semejante a nosotros en todo, para aprender a condolerse de nosotros; si redención, su pasión nos la da; si absolución, su condena; si remisión de la maldición, su cruz; si satisfacción, su sacrificio; si purificación, su sangre; si reconciliación, su descenso a los infiernos; si mortificación de la carne, su sepultura; si vida nueva, su resurrección, en la cual también está la esperanza de la inmortalidad; si la herencia del reino de los cielos, su ascensión; si ayuda, amparo, seguridad y, abundancia de todos los bienes, su reino; si tranquila esperanza de su  juicio, la tenemos en la autoridad de juzgar que el Padre puso en sus manos”.

Institución de la religión crisitana II.XVI.17,18 y 19 (p. 390-392).

Cita Diaria con Calvino (32)

“Así pues, todo cuanto se dice del servicio de los ángeles, hagámoslo servir al fin de que, vencida toda infidelidad, se fortalezca más nuestra confianza en Dios. Porque ésta es la causa por la que Dios envía a sus ángeles a que nos defiendan, para que no nos asombremos con la multitud de enemigos, como si ellos fuesen más fuertes; sino, al contrario, que nos acojamos siempre a aquella sentencia de Elíseo: que hay más en nuestro favor que en contra nuestra. ¡Cuán enorme despropósito es, pues, que los ángeles nos aparten de Dios, cuando precisamente están colocados para que sintamos más de cerca su favor! Y si no nos llevan directamente a Él, a que fijemos nuestros ojos en Él, le invoquemos y alabemos como a nuestro único defensor, reconociendo que todo bien viene de Él; si no consideramos que son como sus manos, y que no hacen nada sin su voluntad y disposición; y si, finalmente, no nos conducen a Jesucristo y nos mantienen en Él, para que le tengamos como único Mediador, dependiendo enteramente de Él, y encontrando en Él nuestro reposo, entonces en verdad que nos apartan. Porque debemos tener impreso y bien fijo en la memoria lo que se cuenta en la visión de Jacob, que los ángeles descendían a la tierra, y que subían de los hombres al cielo por una escalera, en cuyo extremo estaba sentado el Señor de los ejércitos (Gn. 28:12). Con lo cual se indica que por la sola intercesión de Jesucristo se verifica el que los ángeles se comuniquen con nosotros y nos sirvan, como El mismo afirma: “De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Jn. 1: 51). Y así el criado de Abraham, habiendo sido encomendado a la guarda del ángel, no por esto le invoca para que le asista, sino que se dirige a Dios, pidiéndole que se muestre misericordioso con Abraham, su señor (Gn. 24:7). Porque así como Dios no los hace ministros de su potencia y bondad para repartir su gloria con ellos, de la misma manera tampoco promete ayudarnos por su medio, para que no dividamos nuestra confianza entre ellos y Él. Por eso debemos rechazar la filosofía de Platón (1), que enseña a llegar a Dios por medio de los ángeles y a honrarlos para tenerlos más propicios a darnos acceso a Él. Esta falsa doctrina han pretendido algunos hombres supersticiosos introducirla en nuestra religión desde el principio, y aun en el día de hoy hay quien quiere introducirla”.

(1) Epimonide et Cratylo.

Institución de la religión cristiana I.XIV.12 (p. 105)

Sermón del Domingo (08-05-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 7:22-25, “La lucha del creyente contra la carne”. 

Para escuchar en línea o descargar la predicación en mp3, pulse AQUÍ

CULTO DE LA TARDE

Efesios 1:20-23; 1 Tes. 4:16“Sentado a la diestra de Dios Padre, volverá para juzgar a vivos y muertos”

Catecismo de Heidelberg, domingo 19.

Para escuchar en línea o descargar la predicación en mp3, pulse AQUÍ

Solo Cristo

En la mentalidad de hoy día, es evidente, no se toma muy en serio a Dios. Hablar públicamente de Dios resulta molesto, cuando no irrisorio. Eso en el ámbito público. Luego, en privado, ya se sabe, cada cual tiene su intimidad, su corazoncito, y es ahí donde se puede acomodar a Dios sin problemas. Cada uno, “cristiano de nacimiento”, tiene su propio derecho personal e intransferible a Dios, y cada uno se relaciona pues con Dios a su manera, la que más le conviene o la que más se adapta a su manera de ser. Sea ésta cual sea, no importa, será válida, porque es “a mi manera”. De este modo, siempre se agradece el concurso de todo aquello que (sea persona, animal o cosa) pueda ayudar a acercarse a Dios, porque, a pesar de todo, ¡Él sigue encontrándose tan lejos!

La Iglesia de Roma siempre ha promovido esta manera de pensar y actuar, barnizando de cristianismo todo aquello del “estado natural” (es decir, el paganismo, la vida sin Dios) que considere útil. Nos encontramos así con todo el panteón de santos, vírgenes, reliquias, lugares santos, etc, etc, que ornan por doquier nuestros países católicos. Con sus respectivas festividades. Apoteósico, sin duda. En la actualidad, llevada esta lógica hasta sus últimas consecuencias, la Iglesia papal está dispuesta a reconocer “mediaciones parciales” incluso en otras religiones no-cristianas. De esta manera, el panteón puede extenderse hasta límites insospechados. La iglesia papal va camino así de convertirse en la religión universal. Es cuestión de tiempo.

Sin embargo, ¿es ésta la verdad bíblica? Dejemos hablar a la Biblia: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Seguir leyendo