Oración con ocasión del bautismo de un niño, por Matthew Henry

A Ti, oh Dios, de quién son todas las almas, las almas de los padres y las almas de los hijos, [1] presentamos este niño como sacrificio vivo, que deseamos que sea santo, y aceptable,[2] y que pueda ser rendido y dedicado al Padre, Hijo y Espíritu Santo.[3]

Es concebido en pecado,[4] pero hay una fuente abierta;[5] oh, lava el alma de este niño en esa fuente, ahora que por tu designación es lavado con agua pura.[6]

Es uno de los hijos del pacto,[7] uno de los hijos que te han nacido,[8] es tu siervo, nacido en tu casa;[9] oh, haz valer tu antiguo pacto, que tú serías el Dios a los creyentes y sus hijos;[10] pues esta bendición de Abraham llega sobre los gentiles,[11] y la promesa todavía es para nosotros y nuestros hijos.[12]

Tú nos has animado a traer los niños pequeños a Ti, pues has dicho, que de los tales es el reino de Dios. Bendito Jesús, toma a este niño en los brazos de Tu poder y gracia, pon Tus manos sobre él y bendícelo;[13] que sea un vaso de honra santificado y útil para el uso del señor,[14] y reconocido como uno de los tuyos en aquel día cuando tú pongas juntas todas tus joyas.[15]

Oh, derrama Tu Espíritu sobre nuestra simiente, Tu bendición sobre nuestra descendencia, para que puedan brotar como sauces junto a corrientes de aguas, y puedan llegar a escribir con sus manos: Para Jehová, y apellidarse con el nombre de Israel.[16]

Mathew Henry, Method of Prayer (Glasgow: Christian Heritage, 2017, orig. 1994), p. 128


[1] Ezequiel 18:4

[2] Romanos 12:1

[3] Mateo 28:19

[4] Salmo 51:5

[5] Zacarías 13:1

[6] Hebreos 10:22

[7] Hechos 3:25

[8] Ezequiel 16:20

[9] Salmo 116:16

[10] Génesis 17:7

[11] Gálatas 3:14

[12] Hechos 2:39

[13] Marcos 10:14, 16

[14] 2 Timoteo 2:21

[15] Malaquías 3:17

[16] Isaías 44:4-5

Oración para Niños, de Matthew Henry

Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré de madrugada. Tú eres mi Dios, y te alabaré; Dios de mi padre, y te exaltaré.

¿Qué Dios hay como Tú, magnífico en santidad, terrible en maravillosas hazañas, hacedor de maravillas?

¿A quién tengo yo en los cielos, sino a Ti? Y fuera de Ti nada deseo en la tierra. Cuando mi carne y mi corazón desfallecen, Tú eres la fuerza de mi corazón, y mi porción para siempre.

Tú me has hecho para Ti, para mostrar Tu gloria.

Pero yo soy pecador, fui formado en la iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.

Dios, sé propicio a mí, pecador.

Oh, líbrame de la ira venidera por Jesús, quien murió por mí, y resucitó.

Señor, dame una nueva naturaleza. Que el Señor Jesucristo sea formado en mi alma, para que el vivir para mí sea Cristo, y el morir ganancia.

Señor, en mi bautismo fui entregado a ti; recíbeme en Tu gracia y ámame libremente.

Señor Jesús, Tú animaste a los niños a que vinieran a Ti, y dijiste que de los tales es el Reino de los Cielos; yo vengo a Ti; haz de mí un súbdito fiel de Tu Reino, tómame en Tus brazos, pon Tus manos sobre mí, y bendíceme.

Dame la gracia de ser redimido de toda iniquidad, y sobre todo, de la vanidad de la niñez y juventud.

Señor, dame un corazón sabio, que entienda, que pueda conocer y hacer Tu voluntad en todo, y que en nada peque contra Ti.

Señor, concédeme que desde mi juventud conozca las Sagradas Escrituras y pueda continuar en las cosas santas que he aprendido.

Quita de mí el camino de mentira, y concédeme Tu Ley en Tu gracia.

Señor, sé un padre para mí; enséñame y guíame; provee para mí, y protégeme, y bendíceme; sí, a mí, oh Padre mío.

Bendice a todos mis parientes (mi padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas), y dame la gracia de hacer mi deber para con ellos en todo.

Señor, prepárame para la muerte, y dame que considere sabiamente mi fin último.

Oh Señor, Te doy gracias por todas Tus misericordias para conmigo; por la vida y la salud, por la comida y el vestido, y por mi educación, por mi creación, preservación, y todas las bendiciones de esta vida; pero, por encima de todo, por Tu inestimable amor en los medios de gracia, y las esperanzas de gloria.

Gracias sean dadas a Dios por Su don inefable; bendito sea Dios por JESUCRISTO. Nadie, sino Cristo, nadie sino Cristo para mí.

Ahora, al Dios Padre, Hijo y Espíritu, este gran nombre en el que fui bautizado, sea honor y gloria, dominio y alabanza, desde ahora y para siempre. Amén.

Padre nuestro, que estás en los cielos, &c.