Etiquetado: Ley natural

Cita Diaria con Calvino (76)

“Ahora bien, todo cuanto hay que saber de las dos Tablas, en cierta manera nos lo dicta y enseña esa ley interior, que antes hemos dicho está escrita y como impresa en los corazones de todos los hombres. Porque nuestra conciencia no nos permite dormir en un sueño perpetuo sin experimentar dentro el sentimiento de su presencia para advertirnos de nuestras obligaciones para con Dios, y de mostrarnos sin lugar a dudas la diferencia que existe entre el bien y el mal, así acusarnos cuando no cumplimos con nuestro deber.

Sin embargo, el hombre está de tal manera sumido en la ignorancia de sus errores, que le resulta difícil mediante esta ley natural gustar, siquiera sea un poco, cuál es el servicio y culto que a Dios le agrada; evidentemente se halla muy lejos de él. Además, está tan lleno de arrogancia y de ambición, y tan ciego por el amor de sí mismo, que ni siquiera es capaz de mirarse para aprender a someterse, humillarse y confesar su miseria. Por ello, por sernos necesario en virtud de la torpeza y contumacia de nuestro entendimiento, el Señor nos dio su Ley escrita, para que nos testificase más clara y evidentemente la que en la ley natural estaba más oscuro, y para avivar nuestro entendimiento y nuestra memoria, librándonos de nuestra dejadez”.

Institución de la religión cristiana II.VIII.1 (p. 261-262).

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Cita Diaria con Calvino (58)

“El Apóstol testifica que los gentiles, que no tienen Ley, son ley para sí mismos; y demuestran que las obras de la Ley están escritas en sus corazones, en que su conciencia les da testimonio, y sus pensamientos les acusan o defienden ante el juicio de Dios (Rom.2:11-15). Si los gentiles tienen naturalmente grabada en su alma la justicia de la Ley, no podemos decir en verdad que son del todo ciegos respecto a cómo han de vivir. Y es cosa corriente decir que el hombre tiene suficiente conocimiento para bien vivir conforme a esta ley natural, de la que aquí habla el Apóstol. Consideremos, sin embargo, con qué fin se ha dado a los hombres este conocimiento natural de la Ley; entonces comprenderemos hasta dónde nos puede guiar para dar en el blanco de la razón y la verdad.

También las palabras de san Pablo nos harán. comprender esto, si entendemos debidamente el texto citado. Poco antes había dicho que los que pecaron bajo la Ley, por la Ley serán juzgados, y que los que sin Ley pecaron, sin Ley perecerán. Como lo último podría parecer injusto, que sin juicio alguno anterior fuesen condenados los gentiles, añade en seguida que su conciencia les servía de ley, y, por tanto, bastaba para condenarlos justamente. Por consiguiente, el fin de la ley natural es hacer al hombre inexcusable. Y podríamos definirla adecuadamente diciendo que es un sentimiento de la conciencia mediante el cual discierne entre el bien y el mal lo suficiente para que los hombres no pretexten ignorancia, siendo convencidos por su propio testimonio […]

Ahora bien, cuando oímos que hay en el hombre un juicio universal para discernir el bien y el mal, no hemos de pensar que tal juicio esté por completo sano e íntegro. Porque si el entendimiento de los hombres tuviese la facultad de discernir entre el bien y el mal solamente para que no pretexten ignorancia, no sería necesario que conociesen la verdad en cada cosa particular; bastaría conocerla lo suficiente para que no se excusasen sin poder ser convencidos por el testimonio de su conciencia, y que desde ese punto comenzasen a sentir temor del tribunal de Dios.

Si de hecho confrontamos nuestro entendimiento con la Ley de Dios, que es la norma perfecta de justicia, veremos cuánta es su ceguera. Ciertamente no comprende lo principal de la primera Tabla, que es poner toda nuestra confianza en Dios, darle la alabanza de la virtud y la justicia, invocar su santo nombre y guardar el verdadero sábado que es el descanso espiritual. ¿Qué entendimiento humano ha olfateado y rastreado jamás, por su natural sentimiento, que el verdadero culto a Dios consiste en estas cosas y otras semejantes? Porque cuando los paganos quieren honrar a Dios, aunque los apartéis mil veces de sus locas fantasías, vuelven siempre a recaer en ellas. Ciertamente confesarán que los sacrificios no agradan a Dios si no les acompaña la pureza del corazón. Con ello atestiguan que tienen algún sentimiento del culto espiritual que se debe a Dios, el cual falsifican luego de hecho con sus falsas ilusiones […]
En cuanto a los mandamientos de la segunda Tabla, tiene algo más de inteligencia, porque se refiere más al orden de la vida humana; aunque aun en esto cae en deficiencias. Pues al más excelente ingenio le parece absurdo aguantar un poder duro y excesivamente riguroso, cuando de alguna manera puede librarse de él. La razón humana no puede concebir sino que es de corazones serviles soportar pacientemente tal dominio; y, al contrario, que es de espíritus animosos y esforzados hacerle frente. Los mismos filósofos no reputan un vicio vengarse de las injurias. Sin embargo, el Señor condena esta excesiva altivez del corazón y manda que los suyos tengan esa paciencia que los hombres condenan y vituperan. Asimismo nuestro entendimiento es tan ciego respecto a la observancia de la Ley, que es incapaz de conocer el mal de su concupiscencia. Pues el hombre sensual no puede ser convencido de que reconozca el mal de su concupiscencia; antes de llegar a la entrada del abismo se apaga su luz natural. Porque, cuando los filósofos designan como vicios los impulsos excesivos del corazón, se refieren a los que aparecen y se ven claramente por signos visibles. Pero los malos deseos que solicitan el corazón más ocultamente, no los tienen en cuenta”.

Institución de la religión cristiana II.II.22, 24 (p. 191-194).

Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (3)

Las pruebas de la ley natural

1. Por la Escritura

XII. Los argumentos que demuestran la existencia de tal ley natural son numerosos. Por la voz de la Escritura, que afirma que “cuando los gentiles que no tienen ley –es decir, los escritos de Moisés, a diferencia de los Judíos– hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom 2:14-15). Y “lo que de Dios se conoce” se dice que es manifiesto a los gentiles, “pues Dios se lo manifestó” (Rm 1,19). Pero ¿cómo se puede decir que esta verdad es revelada a los gentiles, si esto dependiera exclusivamente de la voluntad del hombre, y que no estuviera en ellos por naturaleza e impreso y fijado en ellos por Dios?

A pesar de que no poseen la ley, ellos cumplen lo que está contenido en la ley, no en virtud de una doctrina o de una enseñanza previa, sino por naturaleza, de manera que son ley para sí mismos. Llevan su corazón la obra de la ley, a la que su conciencia da testimonio, aprobando o condenando sus acciones buenas o malas.

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Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (2)

(parte 1)

“Natural” se entiende en un sentido amplio o estricto

V. La ley natural se entiende de dos maneras:

– O bien en un sentido amplio e impersonal, en la medida que se extiende a los objetos inanimados y brutos, y donde no implica nada más que el muy sabio gobierno de la providencia divina sobre las criaturas, la cual los dirige muy eficazmente hacia sus fines, en el sentido usado por el Salmo 119:91. Se trata aquí del movimiento celeste y la estabilidad terrestre: “Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven” y “Los hizo ser eternamente y para siempre; les puso ley que no será quebrantada” (Sal 148:6). En este último texto, se habla de las obras de la creación: por esta ley, las plantas crecen, las bestias se reproducen y cada animal posee sus deseos que le son propios y sus instintos espontáneos.

– O bien, por ley natural, se entiende estricta y propiamente las normas prácticas de los derechos morales, a los que los hombres se ven obligados por naturaleza. En lo que respecta a esta ley, se plantea la cuestión de saber si existe una ley natural divina, reconocida como norma de lo que es justo o injusto, del bien o del mal, anteriormente a las leyes humanas, o si la justicia y la virtud dependen únicamente de la voluntad del hombre y resultan del consenso de la sociedad humana. Los ortodoxos dicen lo primero que hemos dicho; los libertinos, lo último.

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Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (1)

Sobre la ley de Dios

Onceavo locus de

La Institutio Theologiae Elencticae

(cuestiones 1 a 6)

François TURRETIN*

 

Primera cuestión

            Si existe una ley natural, y en qué se diferencia de la ley moral

Segunda cuestión

            Sobre la naturaleza de la ley moral

Tercera cuestión

            Sobre la perfección de la ley moral

Cuarta cuestión

  Si se puede añadir algo a la ley a manera de consejo

Quinta cuestión

  Sobre la división de los preceptos del Decálogo

Sexta cuestión

            Sobre las reglas de explicación y observación del Decálogo

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Diez Razones para NO Legalizar la Prostitución


Jonatán Serrano, vicepresidente de Esclavitud XXI, un buen amigo y hermano, me hace llegar este material que muestra la irracional que sería legalizar, como muchos proponen hoy, la prostitución. A modo de conclusión, nosotros añadiremos una razón más que se nos ha ocurrido.

1.- La legalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo. Porque pasarían a ser legítimos empresarios y hombres de negocios. Hay quien cree que la legalización dignificaría y profesionalizaría a las prostitutas, pero dignificar la prostitución sólo dignifica a la industria, no a la mujer. Seguir leyendo