Etiquetado: Jesucristo

Sermón del Domingo (6-3-2016)

CULTO DE LA MAÑANA

Apocalipsis 19:11-21, “La segunda venida del Guerrero Divino, Jesucristo”

CULTO DE LA TARDE

1 Samuel 13:15-14:23, “Jonathan toma una iniciativa de fe”

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Sermón del Domingo (30-06-2013)

CULTO DE LA MAÑANA (BILBAO)

Colosenses 2:8-12, “El Salvador perfecto Jesucristo y el Bautismo”

Cita Diaria con Calvino (102)

“Esto se entenderá aún más claramente si consideramos cuál ha sido la importancia del papel de Mediador; a saber, restituirnos de tal manera en la gracia de Dios, que de hijos de los hombres nos hiciese hijos de Dios; de herederos del infierno, herederos del reino de los cielos. ¿Quién hubiera podido hacer esto, si el mismo Hijo de Dios no se hubiera hecho hombre asumiendo de tal manera lo que era nuestro que a la vez nos impartiese por gracia, lo que era suyo por naturaleza?

Con estas arras de que el que es Hijo de Dios por naturaleza ha tomado un cuerpo semejante al nuestro y se ha hecho carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos, para ser una misma cosa con nosotros, poseemos una firmísima confianza de que también nosotros somos hijos de Dios; ya que Él no ha desdeñado tomar como suyo lo que era nuestro, para que, a su vez, lo que era  suyo nos perteneciera a nosotros; y de esa manera ser juntamente con nosotros Hijo de Dios e Hijo del hombre. De aquí procede aquella santa fraternidad que Él mismo nos enseña, diciendo: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn.20: 17). Aquí radica la certeza de nuestra herencia del reino de los cielos; en que nos adopté como hermanos suyos, parque si somos hermanos, se sigue que juntamente con Él somos herederos (Rom. 8: 17).

 

Asimismo fue muy necesario que aquél que había de ser nuestro Redentor fuese verdadero Dios y verdadero hombre, porque había de vencer a la muerte. ¿Quién podría hacer esto sino la Vida? Tenía que vencer al pecado. ¿Quién podía logrado, sino la misma Justicia? Había de destruir las potestades del mundo y del aire. ¿Quién lo conseguiría sino un poder mucho más fuerte que el mundo y el aire? ¿Y dónde residen la vida, la justicia, el mando y señorío del cielo, sino en Dios? Por eso Dios en su clemencia se hizo Redentor nuestro en la persona de su Unigénito, cuando quiso redimirnos.

 

EI segundo requisito de nuestra reconciliación con Dios era que el hombre,  que con su desobediencia se había perdido, con el remedio de su obediencia satisficiese el juicio de Dios y pagase su deuda por el pecado. Apareció, pues, nuestro Señor Jesucristo como verdadero hombre, se revistió de la persona de Adán, y tomó su nombre poniéndose en su lugar para obedecer al Padre y presentar ante su justo juicio nuestra carne como satisfacción y sufrir en ella la pena y el castigo que habíamos merecido. En resumen, como Dios solo no puede sentir la muerte, ni el hombre solo vencerla, unió la naturaleza humana con la divina para someter la debilidad de aquélla a la muerte, y así purificarla del pecado y obtener para ella la victoria con la potencia de la divina, sosteniendo el combate de la muerte por nosotros.

De ahí que los que privan a Jesucristo de su divinidad o de su humanidad menoscaban su majestad y gloria y oscurecen su bondad. Y, por otra parte, no infieren menor injuria a los hombres al destruir su fe, que no puede tener consistencia, si no descansa en este fundamento“.

Institución de la religión cristiana II.XII.2 y 3 (p. 342-343).