Sermón del Domingo (19-4-2020)

 

CULTO DE LA MAÑANA

Mateo 10:28, “Palabra para tiempo de persecución”

(minuto 40:35)

CULTO DE LA TARDE

Salmo 48, “La imponente ciudad del Gran Rey”

(minuto 23:10; incompleto)

 

 

La Doctrina de la Iglesia en la Confesión Escocesa (1)

Apenas hay un segmento de toda la verdad Cristiana al que se le haya prestado más abundante atención en la teología de Escocia que aquel que tiene que ver con la Iglesia de Dios. En común con el amplio tronco de enseñanza acerca de este tema entre los reformados, la Confesión Escocesa insiste mucho en la realidad de la entidad de la Iglesia de Dios tal como ella es en verdad. Su tratamiento de este tema es tal que deja claro que la Iglesia, tal como los hombres la ven, o la Iglesia Visible, no es un cuerpo distinto de la Iglesia tal como es conocida por Dios. La Iglesia de Dios es una, pero Dios la ve tal como ella es en realidad, el hombre sólo la ve conforme a la medida de su conocimiento. Tal como ella es conocida a Aquél de quien es, ella consiste en el conjunto de la Elección de Gracia. De esta manera ella está compuesta por todos los que desde toda eternidad fueron dados en el Consejo de Paz por el Padre al Hijo para que sean Su cuerpo y Su novia. Esta incontable compañía, desde el punto de vista del amor del Hijo y de Su garantía a favor suyo, es, como elegida del Padre, aceptada por el Hijo para ser Sus beneficiarios por los cuales Él vino y por los cuales Él ganó la vida eterna, que es la recompensa de Su servicio de amor. Cuando Él vino por ellos, Él fue el verdadero Israel cuyo llamamiento fue el ser el Siervo del Señor, y es Él quien en la prosecución de los propósitos de este llamamiento vino en sumisión a Su Padre para hacer Su voluntad. La misma compañía, cuando ellos recogen el bien de la obra de amor del Salvador, son hechos partícipes del fruto de Su mediación en su llamamiento por gracia. Cuando ellos son así llamados, ellos vienen a ser miembros en verdad de la Iglesia de Dios. Este llamamiento eficaz se da en la fe que los une a su Novio y Cabeza. El Espíritu, quien a título del Señor obra en ellos para llevarlos a la unión con Él, obra en ellos una vez que han pasado de muerte a vida para mantenerlos y perfeccionarlos hasta el fin. La esplendorosa unidad que es provista tanto por los pensamientos de amor de Dios así como al llevar a cabo en Su poder Su propósito de gracia, es la Iglesia en su ser esencial o la Iglesia tal como es conocida por Dios. Está compuesta históricamente por todos los que por el llamamiento de Dios fueron hechos vivos de entre los que están ya muertos, todos los que han atravesado el velo y pertenecen a la Iglesia triunfante, mientras que todavía hay en la tierra un remanente que han experimentado el poder del mismo llamamiento y, como Iglesia militante, están luchando en su camino al cielo.

 

John MacLeod, Scottish Theology, (Edimburgo: The Publications Committee of the Free Church of Scotland, 1943), p. 31-32.

 

 

 

 

El Artículo Sobre la Iglesia en la Confesión de Fe Escocesa

Scotts Confession 1560

Así como creemos en un Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, también creemos firmemente que desde el principio ha habido, hay y al fin del mundo habrá, una Iglesia, esto es, una sociedad y multitud de personas quienes correctamente lo adoran y aceptan por medio de su fe en Cristo Jesús, quien es la única cabeza de la Iglesia, así como a la vez ella es su cuerpo y su esposa. Esta Iglesia es católica, o universal, porque en ella están los elegidos de todas las edades, de todos los reinos, naciones y lenguas, sean judíos o gentiles que tienen comunión y se asocian con Dios el Padre y con su Hijo, Cristo Jesús, por medio de la santificación del Espíritu Santo. Se la llama, por lo tanto, la comunión, no de personas profanas, sino de santos, quienes, como ciudadanos de la Jerusalén celestial, disfrutan de los inestimables beneficios de un Dios, un Señor, una fe, y un bautismo. Fuera de esta Iglesia no hay ni vida ni felicidad eternas. Por lo tanto, rechazamos totalmente la blasfemia de aquellos que afirman que quienes vivan de acuerdo con la equidad y la justicia serán salvos sin tener en cuenta la religión que profesen. Así como no hay vida ni salvación sin Cristo Jesús, de la misma manera nadie tendrá parte en ella, salvo a quienes el Padre les ha dado a su Hijo Cristo Jesús, y a todos los que en el futuro acepten su doctrina y crean en él. (Incluimos a los hijos de los creyentes). Esta Iglesia es invisible, conocida sólo por Dios, quien sólo sabe a quienes ha elegido, e incluye a los elegidos que ya han muerto, a la Iglesia triunfante, a aquellos que aún viven y luchan contra el pecado y Satanás, y quienes vivirán en lo sucesivo”.

Los Tratados de Calvino “El Fiel entre los Papistas” y “Excusa a los Señores Nicodemitas”: Separación y Reforma

Estoy muy contento de poder dar estas charlas o conferencias. Como ya se ha dicho, esperamos que esto que comenzamos hoy, con el pequeño grupito que somos, se pueda repetir cada año y que estas conferencias puedan llegar a ser un instrumento de lo que el título general de las Conferencias dice: que haya una “Reforma en España”.

Pero a más de uno, sin duda, le puede resultar un poco fuera de lugar postular la Reforma para el día de hoy. En la inmensa mayoría de los casos, e incluso entre los mismos protestantes, ella es vista únicamente como un acontecimiento meramente histórico. Se piensa que la Reforma tuvo lugar en el siglo XVI, porque estuvo ligada a las condiciones políticas, sociales y religiosas de aquel tiempo. Pero ya no estamos en estas mismas condiciones, y que, por ello, se sigue diciendo, la Reforma es completamente inviable para el día de hoy. En la actualidad, pues, ella sería imposible. Hoy día tenemos iglesias evangélicas (¡y muchas!) como descendientes lejanas de la Reforma, pero movimiento de Reforma, como tal, no… y tampoco habría necesidad de que lo tengamos.

Esto es lo que se considera normalmente. Pero esta es la idea que quisiéramos llegar a desplazar con estas conferencias que inauguramos hoy. En su lugar, queremos implantar su contraria: que no hay cuestión de más actualidad, y cuya realización sea más imperiosa y urgente, que volver a la Reforma hoy. O, lo que es lo mismo, que se dé una nueva Reforma sobre el modelo –doctrinal y eclesialmente hablando– de la que se produjo en el siglo XVI en distintos países de Europa. Y creo que todo esto puede salir muy bien a relucir con el tema de estas dos conferencias, acerca de las dos obras escritas por el Reformador Calvino, “Tratado del fiel entre los papistas”[1] y “Excusa a los señores nicodemitas”. [2]

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La Predestinación según Calvino, por Auguste Lecerf

Se nos ha pedido que expongamos desde el púlpito el dogma de la predestinación según Calvino, por motivo de la fiesta de la Reforma. A pesar del sentimiento de nuestra insuficiencia, hemos creído nuestro deber deferir al deseo de vuestro pastor porque estamos convencidos de que la sana inteligencia de este misterio presenta al alma cristiana la razón más eficaz para celebrar la misericordia de la que ha sido objeto de parte de Dios y el motivo de humillarse en el sentimiento de la profundidad de las sendas divinas.

Ciertamente, nos sentimos incapaces por nosotros mismos de hablar de estas cosas, pero la promesa del Resucitado a los ministros que enseñan su doctrina es firme: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. No tenemos el derecho de dudar, ni dejar sepultada en la ignorancia una parcela de la herencia que nuestros Reformadores y nuestros Padres en la fe nos transmitieron al precio de tan duros combates.

Hablemos, pues, puesto que se nos pide que lo hagamos, de la predestinación según Calvino. Pero aquí, se impone hacer una apreciación preliminar. El nombre de Calvino ha quedado ligado a la mención de este misterio, sin duda porque ha sido el “expositor” más profundo y el más decidido, el más valiente, diríamos. Pero, con matices diversos, desde san Agustín, encontramos esta doctrina enseñada ya sea en los católicos-romanos, ya sea en los luteranos, y a veces con un sentimiento menor de la medida que aporta el doctor de Ginebra.

Por otra parte, el predicador del Evangelio no tiene que traer al púlpito el pensamiento de hombre; debe hacer escuchar la Palabra de Dios tal como le es dada a la Iglesia comprender y confesar. No creemos en Calvino, creemos en la Sagrada Escritura. Si hacemos lo contrario, traicionaríamos la causa que Calvino mismo nos legó la defensa. Es por lo que conciliaríamos nuestro deseo de satisfacer a la petición que nos ha sido hecho con nuestra obligación de no predicar más que lo que enseña la Escritura, captando el pensamiento de Calvino en la fórmula que la Iglesia Reformada de Francia reconoció en su primer Sínodo, en París, en 1559, como resumiendo fielmente, en este punto, el conjunto de los datos de la Escritura. Seguir leyendo

Creo La Santa Iglesia Católica

Al citar este artículo del Credo de los Apóstoles, “Creo la santa Iglesia Católica”, nosotros, evangélicos, nos apresuramos a aclarar que la palabra “católica” equivale aquí a “universal”. Por un lado, esta reacción es comprensible, para no dar a entender que seguimos creyendo en la iglesia que está bajo la dominación del papa de Roma. Por otro lado, al decirla declaramos que no nos consideramos como los únicos creyentes que hay en el mundo, ni nuestra iglesia la única congregación, sino que formamos parte del conjunto de creyentes en Jesucristo a lo largo de todas las épocas, y en todas las naciones.

Estas razones son aceptables, pero ni una ni la otra son enteramente satisfactorias, como esperamos demostrar a continuación: es preferible de seguir hablando de la “Iglesia Católica”. Leer más