Etiquetado: Iglesia Emergente

VI Conferencias Peregrino, en Valdepeñas

Este fin de semana estaré ausente de Miranda de Ebro, pues estaré en Valdepeñas el sábado para con motivo de las IV Conferencias Peregrino: La Iglesia emergente (por la mañana) y el Libre ofrecimiento del Evangelio (por la tarde). La semana que viene, Dios mediante, compartiré el audio y texto de las conferencias en este blog, y espero que también el video.

El domingo por la mañana (a partir de las 12, hora española) estaré compartiendo la Palabra en la Iglesia Cristiana Presbiteriana de Alcorcón. Los cultos se pueden seguir en directo en la página web de la Iglesia (www.icpresbiteriana.org).

¡Hasta pronto!

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Aquellos “Odres” Nuevos

El Domingo de Pentecostés del año 1995 estuve en una iglesia evangélica “libre” de una importante ciudad del sur de Francia. Importante porque allí vivía mi futura novia, mi actual mujer. Era, creo, el último o uno de los últimos domingos en los que predicaba su pastor, quien pasaría a ocupar un alto cargo dentro del protestantismo francés. Para entendernos, en el mundo internacional, y en España también, las iglesias “libres” (aquí, la FIEIDE) por lo general no han sido arrastradas por las diversas olas de pentecostalismo surgidas en el siglo XX. Sin embargo, una cierta adaptación en cuanto a formas de culto sí que se ha producido. En aquella iglesia, pues, había, como era corriente entonces y aún más hoy día, un grupo de alabanza. En primer fila –sólo en la primera fila, curiosamente–  jóvenes con brazos levantados y algunos incluso arrodillados, sin dejar, por ello, de levantar los brazos. De todos modos, recuerdo la predicación, ortodoxa y basada en Romanos 8, que probaba que la mayor señal de que se tiene el Espíritu Santo es la de estar en Cristo unido a Él por la fe. Más tarde supe que algunos de los arrodillados se marcharían a una iglesia pentecostal…

Tras las vacaciones de aquel verano, en el mes de septiembre –el mes de la vendimia en Francia– estaba otra vez por la ciudad de mi novia. Mi estancia allí era, esta vez, por motivos laborales. Sí, vamos, que estaba vendimiando. Pero un domingo de aquellos tuve la oportunidad de estar en la instalación del nuevo pastor. Esta vez no me acuerdo del texto de la predicación ni de su mensaje. Recuerdo, sí, su imagen, vestido de traje gris impecable, y sus palabras iniciales diciendo el respeto que le imponía predicar ante un auditorio en el que había algunos pastores jubilados, pues, en efecto, los había. En principio, como vemos, el nuevo pastor despuntaba maneras más bien discretas. Sin embargo, a las pocas semanas, al otro lado del teléfono, mi novia me hacía saber, no sin una cierta inquietud, que el pastor comenzaba a hacer cosas raras en el púlpito, como trucos de magia, mientras predicaba. Mi primera reacción fue decirle que no fuera más a aquella iglesia. Seguir leyendo