Etiquetado: Hugonotes

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos y Persecución en los Países Bajos (5)

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[Serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Continuando con la relación entre el canto de Salmos y la persecución, pasamos ahora de Francia a los Países Bajos. Lamentablemente, la experiencia de los reformados en los Países Bajos varió poco de la de los reformados franceses, ya que también se harían  charcos de sangre reformada por todos los Países Bajos al tener que luchar la fe reformada para poder echar raíces en el país. Además de estar unidos por la sangre, estas iglesias estuvieron unidas por un compromiso común con el canto de los Salmos, y fue este compromiso lo que generó una violenta oposición contra la Iglesia Reformada.

Desde el inicio de la Reforma, en los Países Bajos no faltaron salterios disponibles para los cristianos reformados para ayudarles a expresar su alabanza. En 1539, cuando la fe reformada comenzaba a ganar apoyos, los libros de Salmos ya salían de las prensas de Amberes. En 1540 apareció el Salterio completo de Souder Liedekens, que con el tiempo conocería treinta y tres ediciones. Otro Salterio holandés fue producido por Jan van Utenhove, quien estando en Londres llevó a cabo su propia versión de cien Salmos. La introducción del Salmo 46 en este Salterio ponía de relieve la relación entre el canto de Salmos y la persecución, cuando afirmaba que “este Salmo también despierta a todos aquellos que alaban en verdad a Dios a que confíen cada vez que los impíos se alzan en su persecución”. Sin embargo, el Salterio que obtuvo mayor difusión fue el ginebrino de Marot-Beza, de 1562, que fue traducido al holandés por primera vez por de Heere, y luego por Dathenus, versión que se adoptó oficialmente en los sínodos reformados de Wesel (1568) y Dordrecht (1574).

No es de extrañar que la persecución se iniciara cuando los Salmos comenzaron a unir los corazones y las voces de los reformados holandeses en la alabanza y adoración. Strada, un historiador católico-romano, da cuenta de que cientos de cristianos reformados asistían a reuniones públicas donde se cantaban Salmos en protesta contra los magistrados católicos-romanos. En los Países Bajos, el canto público de Salmos condujo a la misma experiencia de derramamiento de sangre que ocurrió en Francia. En una ocasión, trescientos refugiados ingleses fueron enviados a la hoguera con el Salmo 130 en los labios, mientras que en otros lugares estallaron disturbios y los arrestos condujeron a ejecuciones masivas.

Vale la pena tomar un momento para destacar a una serie de ejemplos de persecución contra los reformados mientras consideramos la conexión entre el canto de Salmos y la persecución en los Países Bajos. En primer lugar, en 1562 en Valenciennes, cuando el magistrado intentó ejecutar a un hombre llamado Faveau y a un compañero suyo por predicar públicamente la doctrina reformada, se reunió una gran multitud de cristianos reformados que comenzó a cantar Salmos en alta voz. Se desató un tumulto y el resultado final fue que la multitud que cantaban Salmos abrumó de tal manera a los verdugos que al final efectuaron la liberación de los prisioneros.

En segundo lugar, en 1562 un hombre llamado Christopher Fabricius fue condenado a muerte por predicar la doctrina protestante. Mientras estaba en la pira esperando la ejecución, Fabricius se puso a cantar el Salmo 130 y la multitud empezó a unir sus voces a la suya. La situación se deterioró rápidamente y acabó con el verdugo y los oficiales civiles huyendo; sin embargo, antes que el verdugo huyera presa del pánico golpeó con la espada a Fabricius en la cabeza, matándolo instantáneamente.

En tercer lugar, en 1566 Viscount Brederode comenzó a organizar públicamente grandes cultos públicos como medio de la desobediencia civil contra el magistrado. Estos cultos públicos, que a menudo atraían a multitudes contadas por miles, consistían en predicar y cantar Salmos. En una ocasión, el Dr. Hermanus llevó a sus seguidores a una catedral y predicó un encendido sermón contra la idolatría. En respuesta al sermón, la multitud comenzó a cantar vigorosamente los Salmos, lo cual finalmente llevó a una explosión de iconoclastia en la que los adoradores destruyeron todas las imágenes de la catedral. El regente estaba tan alarmado por estas reuniones públicas que escribió a Felipe II advirtiéndole que el canto de Salmos estaba dando lugar a disturbios generalizados y rebelión.

En cuarto lugar, por 1574 el canto público de Salmos enfureció tanto a los magistrados que los reformados holandeses experimentaron su propia masacre del Día de San Bartolomé con el Tribunal de la Sangre de Alba, el cual llegó suprimir de hecho las reuniones públicas de los reformados.

Este breve repaso de los primeros días de la Reforma en los Países Bajos muestra que los reformados holandeses cantaron los Salmos y que experimentaron persecución y un costoso derramamiento de sangre. Mientras los opresores católicos-romanos odiaban los Salmos, los reformados encontraron su identidad y unidad en ellos. Aunque se cantaban por la convicción de que Dios los había prescrito como un elemento de culto, los Salmos no fueron relegados sólo al culto del Día del Señor, puesto que los cristianos holandeses hicieron uso de ellos tanto en privado, en sus casas, como en la plaza pública, abiertamente como medio de desobediencia civil. Claramente, los Salmos fueron el combustible de la primera generación de reformadores en los Países Bajos, dando forma a la adoración, piedad y práctica holandesas, y ellos seguirían dominando en la vida reformada holandesa durante cientos de años, hasta que los vientos del liberalismo del siglo XIX se extendieran por la iglesia reformada en los Países Bajos y hasta que la plaga del avivamentalismo y pragmatismo yanqui hiciera estragos en las convicciones reformadas holandesas sobre el culto en el siglo XX en los Estados Unidos. Si la iglesia reformada holandesa recobrara la sólida fe de sus padres tendría que rechazar el uso de himnos avivamentalistas hechos por el hombre y los cantos de alabanza sin valor, para reemplazarlos por los Salmos, el manual de alabanza señalado de Dios.

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

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El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos y La Persecución en Francia (Parte 4)

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[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Continuando con nuestra serie sobre la relación del canto de Salmos con la vida corporativa y la experiencia de las iglesias reformadas que abrazaron la teología de la adoración expuesta por Juan Calvino, tenemos que tratar ahora acerca del canto de Salmos y la persecución. Se considerará la experiencia de las iglesias reformadas en tres regiones geográficas distintas en Francia. A lo largo de los párrafos siguientes, destacaremos algunos hechos y puntos de vista más importantes proporcionados por el Dr. Reid.

En primer lugar, los reformados encontraron una fuerte oposición al canto de Salmos por parte de las autoridades francesas proclives a la Iglesia católica-romana en la ciudad de París. Ya en octubre 1557, en París, los hugonotes estaban perseguidos por los gobernantes. Dr. Reid cita un caso particular de persecución que se produjo en una reunión de hugonotes en casa de un ciudadano de París, en la Rue St. Jacques, detrás de la Sorbona. Allí, cientos de hugonotes se reunieron para el culto y mucha gente que no cabía se quedó fuera de la casa. El clero de la Sorbona, alertado acerca de la reunión, reunió una turba de maleantes, los comisionó y envió a detener a los hombres que estaban la reunión. Cuando llegaron, una parte importante de los hombres huyó apresuradamente de la casa, dejando atrás a las mujeres y los niños, creyendo que los enviados del clero los respetarían. Se equivocaron, pues muchas mujeres y niños fueron encarcelados por largo tiempo; sin embargo, la detención dio lugar a que creciera el antagonismo, puesto que los presos pasaban la mayor parte de su tiempo cantando Salmos al unísono. En cuanto a los hombres, muchos de ellos serían posteriormente capturados y quemados en las hogueras por el acto subversivo de practicar su fe reformada con su señal distintiva de cantar Salmos. Llegados a este punto, es razonable preguntarse si estos cristianos habrían sido tan salvajemente perseguidos si se hubieran reunido para cantar himnos y canciones de alabanza “ministrados” por gente con un talento natural para la música, cantando en coros, tríos, dúos y solos. Mientras es difícil responder a esta pregunta de manera que todos queden satisfechos, existe la conjetura razonable, basada en el conocimiento de los hechos, de que los reformados en ese caso no habrían experimental una tan severa persecución. Es innegable que el canto de Salmos generó una fuerte oposición entonces, como lo hace ahora.

En segundo lugar, se dieron enfrentamientos similares en La Rochelle y en otros lugares. Ya en 1550, los documentos de los tribunales eclesiásticos muestran que las autoridades prohibieron la importación del Salterio de Ginebra. Por aquel mismo tiempo, el canto de Salmos halló oposición en el Bas-Poitou, Bourges y Burdeos. En todos estos lugares, las autoridades civiles y eclesiásticas mantuvieron la posición de que este canto “era ridículo y causaba un gran escándalo para la religión cristiana”. En Nantes, el odio hacia el canto de Salmo fue tal que las autoridades, en 1562, solicitaron al Duc d’Etampes que viniera y acabara con él. Es digno de pararse a pensar que el ser protestante en general, o más específicamente “calvinista”, no necesariamente provocaba la ira de las autoridades civiles y eclesiásticas, sino que era el factor adicional del canto de Salmos que hizo a los cristianos reformados franceses el objetivo de salvaje persecución.

En tercer lugar, las iglesias reformadas en Normandía y Dieppe encontraron una hostilidad similar por parte de las autoridades. Para expresar la oposición al rechazo del Cardenal a las iglesias reformadas en esta región, un grupo de 2.000 fieles hugonotes se colocó fuera de la residencia del mismo Cardenal, y cantaron Salmos durante horas. Por supuesto, esta acción inició una respuesta hostil y muchos hugonotes posteriormente perdieron sus vidas. Sin embargo, los hugonotes no se arredraron, porque multitudes de creyentes cantaban abiertamente los Salmos mientras llevaban a los muertos en procesión pública para ser enterrados.

Estos tres ejemplos de persecución regional a los reformados calvinistas franceses son sólo la punta del iceberg de la violenta persecución dirigida contra los reformados que cantaban Salmos. Por una parte, es alentador pensar en la perseverancia de los hugonotes al practicar su fe haciendo frente a una feroz oposición, notando que esta minoría perseguida mantuvo incondicionalmente su fe creyendo que este era su deber, en vez de ceder ante las autoridades y abandonar sus convicciones para pacificar a los opresores y hacerse la vida algo más cómodas. Una manera de explicar este notable testimonio de fidelidad es darse cuenta de que la práctica de cantar estos Salmos inspirados por el Espíritu Santo mismo derramó ricas corrientes de gracia vigorizante, la cual, a su vez, alimentó y fomentó una obediencia sumisa y que glorificaba a Dios. Por otra parte, es profundamente desalentador considerar que la feroz oposición al canto exclusivo de los Salmos persiste 500 años después. Lo que es especialmente descorazonador es que las autoridades católico-romanas civiles y eclesiásticas han sido reemplazadas por las iglesias reformadas como los principales opresores y oponentes del canto en exclusivo de Salmos. Es inexplicable que aquellos que aseguran llevar el manto de la teología calvinista son aquellos que se habrían opuesto y habrían oprimido a Calvino mismo por haber instituido el canto en exclusiva de los Salmos canónicos. Sólo puedo pensar que esta hostilidad proviene al menos en parte del desconocimiento de la historia de la iglesia reformada, y es mi esperanza que la publicación de estos artículos conmemorando el compromiso reformado histórico con la práctica distintiva del canto en exclusiva de los salmos canónicos llevará al pueblo reformado no sólo a dejar de lado su hostilidad y oposición al canto de Salmos, sino también los llevará a reconsiderar su propia práctica de adoración y conformarla con el modelo del calvinismo histórico.

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 3)

Famille protestante lisant la bible et chantant les Psaumes, vue au XIXe siecle

[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Hasta ahora, en nuestra serie de artículos sobre el etos marcial del culto reformado histórico cultivado por el canto piadoso de los Salmos, hemos citado la atrevida afirmación del Dr. Reid que esta particular música desarrolló una resolución peculiar en el corazón de los calvinistas que se vieron obligados a utilizar las armas para defender sus vidas y promover la libertad. A diferencia de los luteranos, quienes después de la Paz de Augsburgo (1555) no tuvieron que tomar las armas para defenderse de enemigos, los reformados se pasarían los próximos 150 años marchando a los campos de batalla y hasta el punto de ser llevados a las llamas por mantener su fe reformada. Estas afirmaciones son simples hechos comprobables, y el Dr. Reid argumentó que lo que galvanizó los corazones de los reformados en torno a su causa, adiestró sus manos para la lucha, y los armó de valor para soportar una intensa persecución fue el canto de Salmos. Además de esto, hemos visto que la elaboración del Salterio de Ginebra, que fue una meta de Calvino a lo largo de toda su vida que se completaría en 1562, dejó a los reformados un himnario compuesto sólo por Salmos, legando la herencia distintiva del canto de Salmos que serviría como una seña de identidad y fortalecería su moral en medio de la persecución y el conflicto (p.42). Eso nos lleva en esta entrada a hacer tratar la cuestión del porqué los Salmos tenían este efecto, exponiendo las tres razones que Dr. Reid da como respuestas.

En primer lugar, Reid sostiene que el canto de Salmos proporcionó a los reformados una identidad propia (p.43). Parece ser que esta práctica distintiva fue tan destacada entre los reformados que fueron despectivamente etiquetados por los de afuera como los “cantantes de Salmos”. No es demasiado difícil entender cómo esta práctica pudo haber servido como una vívida y precisa etiqueta si se considera que todo el resto de las iglesias de Europa en el siglo XVI cantaban lo que podría llamarse “música sacra”, es decir, himnos y cánticos acompañados de un órgano. Al encontrarse con la “extrañeza” del culto reformado (un canto a capella), un observador casual de esta peculiar práctica en aquel tiempo habría tenido la misma impresión que en el contexto de la iglesia hoy, casi totalmente dominada por la alabanza y la música de adoración. Así, el canto de Salmos tuvo el efecto de fortalecer a los reformados para enfrentar la oposición y el conflicto, ya que les dio una identidad distintiva que les era peculiar y que era fácil de identificar.

En segundo lugar, Reid propone que la identidad configurada por el canto de Salmos produjo una unidad entre los reformados (p.43). Los lazos de unidad no sólo fueron reforzados por compartir la misma práctica de adoración y el canto en exclusiva de los Salmos, sino que se cultivó por la participación en una causa y una profesión de fe comunes que fueron expresadas en los Salmos. Más allá de eso, Reid señala que los reformados compartieron una profunda sensación de estar enrolados en una lucha común por la defensa y promoción del Reino de Dios hasta el punto de tomar las armas en la batalla. La evidencia de esta forma de unidad se indica en el hecho de que se cantaban los Salmos al unísono como canciones de guerra, mientras marchaban en columnas a los campos de batalla, obteniendo la confianza a cada paso del camino que “no importa lo que ocurra, ellos estaban en el bando del Señor, esto es, del lado de los vencedores” (p. 43). No sólo los Salmos jugaron un papel importante en la construcción de la confianza y la valiente determinación de como los reformados marcharon a la guerra, sino que también unieron sus corazones en alabanza, ya que dieron gracias al Señor por la victoria con estos cánticos. De esta manera, el canto de Salmos cultivó la unidad entre los reformados, cuando se reunían en torno a la causa común de promover el reino de Dios.

En tercer lugar, Reid argumenta que el canto de Salmos tuvo un profundo efecto sobre los reformados porque estaban convencidos de que ellos podían apropiarse legítimamente de los Salmos para sí mismos. Un principal punto de partida para que ellos se apropiaran de los Salmos fue el identificar a la iglesia del Nuevo Pacto como continuación del pueblo de Dios del Pacto, los cuales pueblos estaban unidos entre sí en el Pacto con el Señor soberano. Al cantar los Salmos en la adoración y en una gran cantidad de contextos informales, ellos daban testimonio de esta relación. Esperando que los Salmos se utilizaran para este propósito, Clarence Marot escribió, en su discurso dedicatorio de su propia publicación de 49 Salmos métricos en 1543, que “sería un momento feliz en el que la oración prosperaría, cuando el trabajador en el arado, el cartero en la calle, y los artesanos en su taller cantaran Salmos para aligerar su trabajo” (p. 44). Testigos hostiles proporcionaron evidencia más que suficiente de que los deseos de Marot se cumplieron, tales como el católico-romano Claude Haton, quien escribió en sus memorias que los hugonotes cantaban salmos “para mover sus corazones”, o el católico-romano M. de Casteleneau, quien observó que el “canto armonioso y delicioso incitaba a los calvinistas a proclamar las alabanzas del Señor sin importar cuáles fueran las circunstancias” (p. 44). Es evidente que más allá de las paredes de las casas de culto, los reformados testificaron de su identidad como el pueblo del pacto de Dios al tomar en sus labios Sus cantos sagrados en alabanza.

En nuestra próxima entrada relataremos algo de la oposición organizada en contra de los cantores de Salmos calvinistas por parte de sus enemigos acérrimos.


[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

Pío Moa o la Falsificación Torticera de la Historia de los Hugonotes

En su columna de ayer en Libertad Digital (LD), el pseudo-historiador neo-franquista Pío Moa hizo todo un alarde de lo que es la falsificar la Historia al escribir un artículo sobre los hugonotes franceses.

Para poner en antecedentes a nuestros lectores de América que tal vez no conozcan al personaje, es necesario decir que Pío Moa perteneció al grupo marxista de los GRAPO, llegó a participar incluso en un asesinato en 1975, y posteriormente se acogió en 1983 a las medidas de reinserción de terroristas. En los últimos años ha ganado cierta noteriedad en España por haber publicado toda una retahíla de libros y artículos, en los que justifica el alzamiento militar que dio inicio a la Guerra Civil en España (1936-39), el régimen dictatorial de 40 años de Franco en contra de los demás países democráticos occidentales y llega incluso a deslegitimar a los actuales políticos democráticos.

Debido a su encarnizada justificación del franquismo, Moa se ha enzarzado en los últimos meses en vivas polémicas con otros articulistas del mismo medio en el que él escribe, tales como los historiadores Jorge Vilches o César Vidal (evangélico). Estos han recriminado a Moa su escaso rigor como historiador a la hora de sustentar sus tesis justificadoras del régimen de Franco. Moa, lejos de amilanarse, ha continuado sus diatribas en solitario, cuando sus oponentes han desistido de intentar seguir razonando con él.

En las últimas semanas, César Vidal ha comenzado en LD una serie de artículos en los que muestra que la decandencia en la época moderna de España proviene de su rechazo a la Reforma protestante y, consiguientemente, a todos los cambios históricos que ella introdujo en los países donde sí triunfó. Este hecho bien puede ser la causa de la serie de artículos que, desde su columna diaria, Moa ha escrito contra los actores mismos de la Reforma protestante, en los que recurre a los clichés más trillados de la historiografía tradicional papista en España.

Tras estos necesarios precedentes, podemos entrar a presentar el artículo de ayer. Este comienza con el siguiente párrafo introductorio:

“Durante la década de los sesenta la expansión protestante se hizo más agresiva a través del calvinismo, que se convirtió en una potencia dentro de Francia, Escocia y Flandes. Se trataba de un movimiento internacional muy eficiente, con miles de personas fanatizadas entregadas al proselitismo y una destreza agitativa extraordinaria (se lo compararía en el siglo XX con la Internacional Comunista o Comintern)”. 

La tendenciosa manera de presentar la Reforma simplemente como “calvinismo” es tradicional en la historiografía de orientación papista. Pero es bien novedoso el recurso de Moa, al calificarla como  “movimiento internacional”, “miles de personas fanatizadas”, “destreza agitativa” para, finalmente, compararla a la “Internacional Comunista o Comintern”. Añade la coletilla que “se lo compararía en el siglo XX”, pero no cita quienes lo han hecho. Evidentemente, la analogía en la pluma de Moa está lejos de ser inocente, pues si él justifica la Guerra Civil española como la reacción necesaria para evitar que España quedara bajo el dominio del comunismo internacional, de igual manera justifica el rechazo español a la Reforma, y las actividades de la Inquisición para extirparla de nuestro país.

Sin embargo, las tergiversaciones graves del artículo de Moa se encuentran ya en el siguiente párrafo:

 En 1560 urdieron el secuestro del joven rey Francisco II,  para apartarlo de la influencia de la casa de Guisa y aniquilar a los consejeros católicos. El complot, auspiciado por Luis Condé, de la casa de Borbón, pro calvinista, fracasó, pero los hugonotes lanzaron en más de veinte ciudades una oleada de destrucción de estatuas, reliquias, custodias y obras de arte sagradas para los católicos, provocando represalias de estos. En 1562, unas prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa, en contravención de acuerdos previos, derivaron en un choque con muerte de 23 hugonotes (Masacre de Vassy). El mismo año los calvinistas asesinaron a más de 600 católicos en Montbrison, mientras pedían soldados y dinero a Inglaterra, ofreciendo a cambio la entrega de Calais y Le Havre. Comenzaron así las  guerras religiosas francesas, plagadas de matanzas mutuas y nacidas del intento calvinista de ganar el poder para imponer desde él su religión, según el modelo de Ginebra”.

1) Moa se está refiriendo en un principio a la llamada Conjura de Amboise. Es interesante notar que ninguna mención hace Moa de lo que representó el Duque de Guisa en aquellos años en Francia. Él se oponía ferozmente a la política de tolerancia hacia los reformados y, de hecho, las guerras de religión se le tienen que imputar, en buena medida, a él. En cuanto a la conjura, esta fue desaprobada por los reformadores en Suiza. Pero Moa comete aquí dos falacias. Una por activa: atribuyendo gratuitamente que el objeto de la Conjura era “aniquilar a los consejeros católicos” (¿cómo lo sabe él? ¿en qué documentos de la época se basa?). Otra por pasiva: pasando directamente de la Conjura a la “oleada de destrucción” iconoclasta de los reformados en distintas ciudades, sin mencionar que la represión de esta Conjura causó de 1200 a 1500 muertes entre los reformados.

2) En segundo lugar, Moa habla de la conocida “Masacre de Vassy”. La manera de presentarla habla por sí sola: “En 1562, unas prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa, en contravención de acuerdos previos, derivaron en un choque con muerte de 23 hugonotes (Masacre de Vassy)”. Otra vez Moa saca a relucir su lenguaje tendencioso al hablar de “prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa”. Se imagina uno feroces predicadores al aire libre, perturbando la paz católica de aquellas tierras. La realidad es que en Vassy se reunían un grupo de creyentes en un establo. Y otra vez Moa hace recaer la responsabilidad de esta masacre del lado reformado, con esta coletilla de que prédicas se hacían “en contravención de acuerdos previos”. 

Moa dice aquí una gran falacia: presenta a los creyentes reformados de aquellas tierras, gente simple del pueblo, como si fueran los actores políticos que contravienen acuerdos. En realidad, con estas  palabras Moa no hace sino hacer de portavoz de la misma justificación que dio el Duque de Guisa en su día.

Moa hace aquí también una gran falta de método: cifra en 23 las personas muertas, cuando las obras historiográficas serias recientes hablan de 74 muertos.(1) Hubiera sido de ayuda saber en qué obras se apoya Moa para ofrecer estas cifras.

3) Moa manipula también la Historia al pasar directamente de la Masacre de Vassy (de la que responsabiliza a los reformados), a la toma de Montbrisson que causó 600 muertos, sin mencionar antes que esto se produjo en el contexto de la primera Guerra de Religión en Francia (la cita, sí, pero al final del párrafo, con lo que su relato es desconexo y lo único que hace es contraponer una la Masacre de Vassy, 23 muertos según él, por la de Montbrisson, 600 muertos; saquen conclusiones de qué lado pende Moa). A su regreso a París tras la masacre de Vassy, el Duque de Guisa es aclamado y reclama una cruzada contra los reformados. Se desencadena una serie de matanzas contra los reformados en ciudades como Sens, Tours, Toulouse, Maine o Anjou, sentando el precedente de lo que en el año 1572 sería la gran matanza de “Saint Barthélemy”. Estos fueron  los acontecimientos que desencadenaron la primera Guerra de Religión en Francia, al tomar la nobleza protestante la defensa del pueblo reformado.

En cuanto a la toma de Montbrisson, ella fue perpretada por François de Beaumont, baron de Adrets, y fue rechazada por Calvino en Ginebra. A los pocos días, Beaumont sería reemplazado al frente de las tropas protestantes. En 1563, él sería arrestado en la ciudad protestante de Nîmes y, finalmente, ¡se pasaría en 1567 a las filas católicas para combatir a los reformados con igual furor que antes hiciera a los papistas! Todas estas precisiones bien merecerían ser citadas por Moa; ellas no justifican lo que ocurrió en Montbrisson, pero por lo menos lo pone en su contexto, cosa que Moa desconoce por completo.

4) Pero Moa manipula groseramente la Historia cuando dice más adelante: “De 1560 a 1584 habían tenido lugar siete guerras religiosas iniciadas, como vimos, por los hugonotes al intentar tomar el poder secuestrando al rey”Es absolutamente falso decir que entre 1560 y 1562 Francia estaba en guerra religiosa. La tensión en el país iba en aumento, ciertamente, pero, una vez más, es absolutamente falso decir que el país estaba en guerra. Incluso en septiembre de 1561 tuvo lugar, auspiciado por la reina-madre Catalina de Medicis, el Coloquio teológico de Poissy, con la presencia en él de Teodoro de Beza, con vistas a una posible reconciliación entre los bandos reformados y papistas.

La intención de Moa al hacer retroceder el origen de la guerra de religión en Francia a la Conjura de Amboise está clara: poder imputar la culpa de este enfrentamiento a los reformados. Pero la tesis de Moa es contraria a la historiografía de aquel periodo. En la actualidad, ningún historiador secular serio en Francia sostendría tales puntos de vista, los cuales sólo se pueden hallar en la literatura católica integrista, que tanta fuerza tiene en Francia y de la que Moa parece inspirarse tanto -aunque sin citarla-.

Pero al hacer retroceder dos años el origen de la primera Guerra de Religión en Francia, ¡Moa está siguiendo exactamente el mismo paradigma de lo que hace con la Guerra Civil en España, al situar su origen en la sublevación de Asturias (1934) para imputarla a las fuerzas de la izquierda!

Ciertamente, este patrón recurrente en Moa está lejos de ser casual, sobretodo si tenemos en cuenta sus comentarios iniciales comparando a los reformados con el comunismo internacional.

Creemos que Moa, sí, ha sido totalmente sincero en su abjuración del marxismo, pero lo ha hecho abrazando con igual celo el nacionalismo español más cerril y trasnochado. Ciertamente, ponerse a escribir Historia para intentar espantar sus fantasmas personales no es nada bueno. Primeramente, porque al hacerlo se está poniendo ante la sociedad en un púlpito que -siento decirlo- por su historia personal no le pertenece. Pero, sobretodo, porque tiene la tendencia irrefrenable a intentar amoldar la Historia a sus propias vivencias y traumas personales. Y la Historia se resiste a ello.

A buen seguro, todos leemos e interpretamos la Historia desde nuestro propio punto de vista. Reconocer esto no es caer en el relativismo postmoderno, puesto que hay puntos de vista correctos y puntos de vista equivocados. Pero es que, además, la tarea del historiador no es hablar a partir de sus propias opiniones, sino a partir de los datos históricos y de lo que dicen unos historiadores y otros de estos datos, citándolos y tratando lo que ellos dicen con respeto y rigor, para a partir de ahí sacar uno sus propias afirmaciones. Es de esta manera como las opiniones personales equivocadas pueden incluso llegar a ser corregidas por los datos de la Historia. De otra manera, es absolutamente imposible. Pues todo esto es lo que no hace Moa, por lo que uno siempre tiene la impresión que, en vez de estar leyendo Historia, está una y otra vez releyendo su propia historia -la de Moa- en todo cuanto escribe.

(1) Jean Delumeau, Renaissance et discordes religieuses in L’histoire de France, sous la direction de Georges Duby, Larousse, 2007, p.  474.

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Jorge Ruiz Ortiz