Etiquetado: Gnosticismo

Sermón del Domingo (15-07-2012)

CULTO DE LA MAÑANA (MIRANDA)

Romanos 15:1-3, “La libertad del cristiano” 

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CULTO DE LA TARDE (BILBAO)

1 Juan 1:1-4, “Comunión con Dios por medio de la Palabra”

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Grande Es Dios En El Sinaí

EL ESLABÓN PERDIDO ENTRE CASTELAR, ZAPATERO Y BENEDICTO XVI

Grande Es Dios En El Sinaí

“Señores Diputados: me decía el Sr. Manterola (y ahora me siento) que renunciaba a todas sus creencias, que renunciaba a todas sus ideas si los judíos volvían a juntarse y volvían a levantar el templo de Jerusalén. Pues qué, ¿cree el Sr. Manterola en el dogma terrible de que los hijos son responsables de las culpas de sus padres? ¿Cree el Sr. Manterola que los judíos de hoy son los que mataron a Cristo? Pues yo no lo creo; yo soy más cristiano que todo eso, yo creo en la justicia y en la misericordia divina. Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios, y sin embargo, diciendo: «¡Padre mío, perdónalos, perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que se hacen!». Grande es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; grande es la religión de la justicia implacable, pero es más grande la religión del perdón misericordioso; y yo, en nombre del Evangelio, vengo aquí, a pediros que escribáis en vuestro Código fundamental la libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad entre todos los hombres.”

Con estas palabras Emilio Castelar y Ripoll concluía su célebre discurso sobre la libertad religiosa y la separación entre la Iglesia y el Estado, dado el 12 de abril de 1869 en el Congresos de Diputados de España. Era el periodo de Cortes Constituyentes del llamado “Sexenio Liberal” (1868-1874), periodo que, amén de la revolución de los generales que en 1868 envió a Isabel II al exilio, tiene como hitos hasta ahora difícilmente igualados la implantación de la república federal por la tarraconense ciudad de Reus; la importación de la dinastía más fugaz de la historia de España (la de los Saboya, 1870-73); la revuelta de los cantones, con el de Murcia a la cabeza; la sucesión de cuatro presidentes de la República en un solo año o la dictadura militar del general Pavía con la que se pudo hacer frente a la tercera guerra carlista, sin contar, por otro lado, con la permanente insurrección en Cuba. Significativamente, este periodo de desintegración aguda de España como nación fue el que propició la llamada “Segunda Reforma”. Desde entonces, los protestantes ya no estamos bajo el manto de la historia y formamos parte, con nuestros grandes aciertos, pero también con nuestros tremendos complejos y contradicciones, de la realidad de este país llamado España. Seguir leyendo