Etiquetado: Feminismo

El Nada Nuevo Feminismo Supremacista: La Leyenda Eslava de la Guerra de las Mujeres

Věnceslav_Černý_-_Ctirad_a_Šárka

El feminismo radical o supremacista, propugnado agresivamente por las izquierdas y asumido dócilmente por las derechas, se ha convertido en uno de los rasgos dominantes de nuestro tiempo, por no decir el principal. Desde sus inicios contemporáneos, en los que reivindicaba la igualdad entre sexos por el derecho al voto, se ha llegado hasta la actual discriminación positiva a las mujeres en el trabajo o en estudios por el solo hecho de ser mujeres, es decir, en realidad, a la discriminación negativa de los varones por el solo hecho de serlo. Se ha visto recientemente un ejemplo bien elocuente de esto mismo: una universidad española ha decidido otorgar a las tesis doctorales presentadas por mujeres un punto extra, por la única razón de haber sido escritas por mujeres. De establecer por ley una teórica paridad en los centros de decisión, se está pasando, como resulta evidente por todas partes, a que sean las mujeres las que copen la mayoría de estos puestos, como ha pasado ya en ciertas carreras clave para la sociedad, como es la judicial.

Hoy en día se conoce todo este proceso como el “empoderamiento” de las mujeres, anglicismo proveniente del inglés empowering. Tal es su predominio, que el empoderamiento, a pesar de que no es más que un desdichado palabro más de la jerga feminista, es un término aceptado recientemente por la Real Academia de la Lengua, el cual en el contexto del feminismo puede significar tanto “fortalecer” o “hacer fuerte” como la “toma del poder” por parte las mujeres. Es decir, la dictadura del proletariado, pero en versión fémina. En sus expresiones más delirantes, se propugna, en público, como también se ha hecho recientemente en España, la castración selectiva de los niños varones al nacer, sin que por ello pase nada, pues todo se disculpa o se ve normal. Como tampoco parece ser digno de información para los medios los últimos casos de asesinatos, por parte de parejas de lesbianas, de sus propios hijos varones, como recientemente ha ocurrido con distintas parejas al otro lado del Atlántico. Todo esto, en un clima de agresividad creciente hacia el sexo masculino, que se puede percibir simplemente con dar un paseo haciendo atención a las pintadas en las paredes de cualquier ciudad española.

Ante todo esto, uno puede ­llegar a sorprenderse y hasta sentirse intimidado por el grado de exaltación feminista al que asistimos. Sin embargo, el feminismo, y su objetivo último, el empoderamiento o la toma del poder por las mujeres, no es nada nuevo en la historia de los hombres. Nada hay nuevo bajo el sol, como dice la Biblia. Y procesos como estos en la historia, al igual que cualquier otra plaga en el campo, llegan, se reproducen, incluso hasta el punto que van a acabar con todo, pero finalmente mueren. Porque ya no dan más de sí y porque tenían que hacerlo. Y pasan así a la historia por otro buen número de siglos.

El tema del empoderamiento o revuelta de los mujeres contra los hombres no es ninguna novedad en la humanidad. Lo encontramos en la mitología europea desde bien antiguo –el mito de las amazonas–, mitología que se vio también en parte reflejada en las tribus de mujeres guerreras en el tiempo de la Conquista de América. Pero este motivo se encuentra también particularmente reflejado en la ancestral leyenda eslava –checa o bohemia– de Vlasta y Sárka (y del desdichado personaje masculino, Ctirad), leyenda también conocida como La Guerra de las Mujeres (guerra contra los varones). A nosotros, esta historia nos resulta bastante desconocida. He aquí, pues, lo que dice la leyenda:

Sigue leyendo

El Ídolo Abortista

Que los Gobiernos en España, y en particular el actual, han procedido y proceden con una sagacidad artera y fino cálculo en la cuestión del aborto, es algo que a estas alturas ha de estar fuera de toda duda razonable, aunque también sea cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Los tres supuestos abortistas de 1985 no fueron más que el primer paso para una implantación del aborto “libre” en nuestro país. Esto sí que ha sido una ley del aborto “a plazos”: primeramente se abrió la puerta al aborto –en teoría parcialmente– a la par que desde el poder se alentaba, ya en las escuelas, el carácter contestatario entre la juventud, y se propugnaba, televisión en mano, una verdadera revolución sexual en la población. Ambas cosas concebidas como medios para superar, en las costumbres del pueblo, el anterior régimen político. Todo ello no respondía más que a una estrategia ya diseñada y no podía sino producir lo que hemos visto en estos últimos veinticinco años: que la sociedad española de facto llegara a practicar masivamente el aborto llamado “libre”, es decir, sin ninguna traba ni restricción. Seguir leyendo