Etiquetado: Espíritu Santo

Sermón del Domingo (12-06-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:14, “Los que son guiados por el Espíritu”

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CULTO DE LA TARDE

Miqueas 6:6-8, “Religión de méritos” (Catecismo de Heidelberg, domingo 24)

Dos religiones, la papista y la bíblia, acerca de los “méritos”.

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Sermón del Domingo (05-06-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:12-13, “La marca del nacido del Espíritu: Mortificar la carne”

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CULTO DE LA TARDE

Habacuc 2:4, “Justificados sólo por la fe” (Catecismo de Heidelberg, domingo 23)

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En la Presencia de Cristo, En la Presencia del Espíritu

Tras su muerte y resurrección, el Señor Jesucristo se apareció vivo a sus discípulos durante cuarenta días, en los cuales les habló del reino de Dios (Hechos 1:3). ¡Qué gran maravilla para los discípulos poder estar así con el Maestro! ¡Ellos lo habían visto morir en la cruz, habían visto el sepulcro en el que fue puesto, habían llorado su muerte, fueron completamente desconsolados porque había muerto aquel por el cual lo habían dejado todo para seguirlo (Marcos 10:28)! El Señor bondadoso, misericordioso, manso, sabio y poderoso se les fue. En una palabra, se les acabó la esperanza en este mundo. ¡Sin embargo, al tercer día resucitó y solícito el Señor fue a mostrarse a los suyos, a los que Él amaba, a traerles consuelo y devolverles la esperanza perdida! Ellos lo vieron de nuevo vivo, con las marcas de su suplicio todavía en su cuerpo que nunca jamás ha de morir, y recibieron sus excelsas palabras, su divina enseñanza acerca del reino de Dios.

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Sermón del Domingo (29-05-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:9-11, “La morada del Espíritu en el creyente”

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CULTO DE LA TARDE

2 Cor. 5:19; 1 Juan 3:2, Apoc. 21:9ss, “El perdón de pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna” (Catecismo de Heidelberg, domingo 22)

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Sermón del Domingo (15-05-2011)

CULTO DE LA MAÑANA

Romanos 8:1-4, “Liberados en Cristo del pecado”

La carne permanece todavía en el cristiano, pero en Cristo está la liberación de ella. Importante ver cómo el apóstol enseña los efectos liberadores en nosotros de la obra de Cristo fuera de nosotros. La unión entre la justificación y la santificación se ponen de manifiesto. Un correctivo bíblico tanto a la enseñanza romanista como evangélica (en sentido amplio y latitudinista, no confesional).

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CULTO DE LA TARDE

1 Juan 5:6-8, “Creo en el Espíritu Santo”. (Catecismo de Heidelberg, domingo 20)

La Reforma tiene una enseñanza clara acerca del Espíritu Santo, que por cierto poco tiene que ver con el carismatismo contemporáneo.

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(aviso: lo sentimos, pero la grabación es incompleta)

La Unión con el Cristo Resucitado

Tras su muerte y resurrección, el Señor Jesucristo se apareció vivo a sus discípulos durante cuarenta días, en los cuales les habló del reino de Dios (Hechos 1:3). ¡Qué gran maravilla para los discípulos poder estar así con el Maestro! ¡Ellos lo habían visto morir en la cruz, habían visto el sepulcro en el que fue puesto, habían llorado su muerte, fueron completamente desconsolados porque había muerto aquel por el cual lo habían dejado todo para seguirlo (Marcos 10:28)! El Señor bondadoso, misericordioso, manso, sabio y poderoso se les fue. En una palabra, se les acabó la esperanza en este mundo. ¡Sin embargo, al tercer día resucitó y solícito el Señor fue a mostrarse a los suyos, a los que Él amaba, a traerles consuelo y devolverles la esperanza perdida! Ellos lo vieron de nuevo vivo, con las marcas de su suplicio todavía en su cuerpo que nunca jamás ha de morir, y recibieron sus excelsas palabras, su divina enseñanza acerca del reino de Dios.

Tras su paso por la muerte y su vuelta a la vida, los discípulos podrían esperar que el Señor fuera a estar corporalmente siempre con ellos. Pero con sus propios ojos vieron como el Señor fue alzado y una nube lo ocultó mientras entraba corporalmente en el cielo (Hechos 1:9). Los discípulos se quedarían otra vez sin su Maestro, ¡pero Él efectivamente estaría ya para siempre con ellos! Éstas fueron sus palabras: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18,20).

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