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Devocional, Salmo 119:9-16

El Medio de Gracia para la Juventud

119:9 ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. 10 Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes divagar de tus mandamientos. 11 En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. 12 Bendito tú, oh Jehová: enséñame tus estatutos. 13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. 14 Heme gozado en el camino de tus testimonios, como sobre toda riqueza. 15 En tus mandamientos meditaré, consideraré tus caminos. 16 Recrearéme en tus estatutos: no me olvidaré de tus palabras.

Es bien corriente pensar que Dios ha de tratar con nosotros por medios extraordinarios, tales como apariciones, sueños, visiones, etc. Por supuesto que toda verdadera conversión a Cristo es un verdadero milagro de la gracia, puesto que Él mismo dijo que “ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65). Pero Dios ha ordenado los medios para que esto ocurra, ya que “la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17).

La Palabra de Dios afirma, y la experiencia nos lo demuestra sobradamente, que “la necedad está ligada en el corazón del muchacho” (Proverbios 22:15). Todos somos, por naturaleza, igualmente pecadores (Romanos 3:23). Lo que pasa es que, además es esto, al joven le falta conocimiento pero desborda en energías. Una mezcla bien peligrosa, que puede decidir completamente el resto de nuestras vidas y, después, la eternidad. La Palabra, por tanto, este gran medio de gracia dado por Dios, es lo único que nos puede limpiar nuestra vida, y guardarnos de que pequemos contra Él, incluso desde la juventud.

Pero, ¿por qué no dirigir más bien toda esta energía, toda esta pasión, para “contar con los labios todos los juicios de la Palabra”? ¡Qué gran tarea esta, y qué bendición será el hacerlo!

Devocional, Salmo 119:1-8

La Integridad de Recibir Toda la Palabra

Salmo 119:1 BIENAVENTURADOS los perfectos de camino; los que andan en la ley de Jehová. 2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón lo buscan: 3 Pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos. 4 Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos. 5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a observar tus estatutos! 6 Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese á todos tus mandamientos. 7 Te alabaré con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. 8 Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente.

La Biblia sólo conoce unos bienaventurados: los herederos del reino de los cielos (Mateo 5:3-12). Si el Señor Jesús en el Sermón del Monte nos describe algunas de las características de los que son bienaventurados, el Salmo 119 en general y estos versículos en particular nos presentan su relación con la Palabra de Dios. Se nos dice de ellos que son “perfectos de camino”. No que sean absolutamente sin fallo ni pecado: todavía tenemos que esperar a que los espíritus de los justos sean “hechos perfectos” en la presencia del Señor (Heb. 12:23). Sino que tienen un corazón entero para Dios, no dividido entre el Señor y los ídolos. Lo buscan “con todo el corazón”. Ellos perciben la autoridad de Dios en Su Palabra, no la cuestionan a partir de sus propias ideas, y su deseo es que Dios actúe y los dirija en sus vidas, para que puedan andar conforme a lo que ella enseña y ordena. Conforme a “todos” sus mandamientos.

Nuestro deseo y oración, por tanto, ha de ser que Dios nos enseñe todo lo que nos falta en el conocimiento de Su Palabra. Es Él quien lo tiene que hacer, puesto que además éstas son las promesas a los herederos del Nuevo Pacto en Jesucristo: “Daré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones” (Jer. 31:33).