Etiquetado: Creación

Sermón del Domingo (27-12-2015)

CULTO DE LA MAÑANA

Colosenses 1:15-17, “La supremacía de Cristo en la Creación”

CULTO DE LA TARDE

1 Samuel 6:10-7:2, “Triunfalismo o temor”

(el mensaje comienza a partir de 10:53)

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Contra el “Humanismo Cristiano”

En el orden natural hay cosas que no se pueden llegar a mezclar de ninguna de las maneras, y hacerlo sería la mayor de las abominaciones. Por ejemplo, sería una enorme abominación intentar mezclar los genes del hombre con los de los animales. Este es el gran peligro de que los científicos experimenten con embriones humanos, con las llamadas células madre de embriones, ya que esto abre la puerta a que a escondidas se hagan también este tipo de experimentos. Hace unos cuantos años, cuando Tony Blair gobernaba en Gran Bretaña, se anunció que se iban a permitir este tipo de experimentos; desde entonces, nada más de este asunto se conoce.

Este tipo de uniones o mezclas antinaturales se producen, también, pero en el orden espiritual, cuando se mezclan cosas absolutamente contrarias. Pensemos sino en la mezcla tan habitual entre el humanismo y el cristianismo. El humanismo es la fe en el hombre, en sus capacidades, en su naturaleza buena, en que él es quien tiene que gobernar a sí mismo sin que haya nada por encima del hombre ni de su voluntad. El cristianismo es la fe en Dios, que por medio de Cristo rescata al hombre de su profunda miseria y condenación; y que el hombre en todos los órdenes se tiene que gobernar según la voluntad de Dios; y no hay nada por encima de la voluntad de Dios que nos ha dejado por escrito en su santa Palabra.

Ambas cosas, humanismo y cristianismo, son, por tanto, totalmente contrarias. Pero he aquí que se ha logrado conseguir una especie de unión o mezcla entre los dos. Se ha creado el monstruo. Los que lo han conseguido no son científicos, ni experimentadores, sino principalmente los mismos maestros cristianos que tenían que haber defendido la verdad de la Palabra de Dios. En un principio, esta mezcla se dio, lo tenemos que reconocer, en el mismo bando protestante mismo, entre los teólogos liberales durante el siglo XIX. Pero la unión se ha llevado a cabo, sobretodo, por los teólogos de la iglesia romana misma durante todo el siglo XX. De hecho, son ellos los que han acuñado la expresión de humanismo cristiano. Esta idea o concepto es lo que ha dado lugar al Concilio Vaticano II y lo que ha transformado completamente en todos los sentidos las sociedades tradicionalmente católicas-romanas, como la nuestra en España.

Y para mostrar que no se puede hacer esta mezcla entre humanismo y cristianismo, y que no hay tal cosa del humanismo cristiano, seguramente no hay pasaje más apropiado que este Salmo de David que hemos leído. A más de uno le podrá a primera vista sorprender. Porque en pocos lugares  la Palabra de Dios exalta más alto al hombre ni habla de él en términos más excelentes. Sin embargo, aun así vemos que ella no presenta al hombre nunca independiente de Dios o como un fin en sí mismo; en definitiva, nunca presenta al hombre de una manera humanista.

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Cita Diaria con Calvino (34)

“Entretanto, no desdeñemos deleitarnos con las obras de Dios, que se ofrecen a nuestros ojos en tan excelente teatro como es el mundo. Porque, como hemos dicho al principio de este libro, es la primera enseñanza de nuestra fe, según el orden de la naturaleza – aunque no sea la principal -, comprender que cuantas cosas vemos en el mundo son obras de Dios, y contemplar con reverencia el fin para el que Dios las ha creado. Por eso, para aprender lo que necesitamos saber de Dios, conviene que conozcamos ante todo la historia de la creación del mundo, como brevemente la cuenta Moisés y después la expusieron más por extenso otros santos varones, especialmente san Basilio y san Ambrosio. De ella aprenderemos que Dios, con la potencia de su Palabra y de su Espíritu, creó el cielo y la tierra de la nada; que de ellos produjo toda suerte de cosas animadas e inanimadas; que distinguió con un orden admirable esta infinita variedad de cosas; que dio a cada especie su naturaleza, le señaló su oficio y le indicó el lugar de su morada; y que, estando todas las criaturas sujetas a la muerte, proveyó, sin embargo, para que cada una de las especies conserve su ser hasta el día del juicio. Por tanto, Él conserva a unas por medios a nosotros ocultos, y les infunde a cada momento nuevas fuerzas, y a otras da virtud para que se multipliquen por generación y no perezcan totalmente con la muerte. Igualmente adornó el cielo y la tierra con una abundancia perfectísima, y con diversidad y hermosura de todo, como si fuera un grande y magnífico palacio admirablemente amueblado. Y, finalmente, al crear al hombre, dotándolo de tan maravillosa hermosura y de tales gracias, ha realizado una obra maestra, muy superior en perfección al resto de la creación del mundo […]

¡Cuánta, pues, sería nuestra ingratitud, si nos atreviéramos a dudar de que este tan excelente Padre tiene cuidado de nosotros, cuando vemos que antes de que naciésemos estaba solícito y cuidadoso de proveernos de lo que era necesario! ¡Qué impiedad mostrar desconfianza, temiendo que nos faltase su benignidad en la necesidad, cuando vemos que fa ha derramado con tanta abundancia aun antes de que viniéramos al mundo! Además, por boca de Moisés sabemos que todas las criaturas del mundo están sometidas a nosotros por su liberalidad (Gn. 1,28; 9,2). Ciertamente, no ha obrado así para burlarse de nosotros con un vano título de donación que de nada valiese. Por tanto, no hay que temer que nos pueda faltar algo de cuanto conviene para nuestra salvación”.

Institución de la religión cristiana I.XIV.20 y 22 (110-112).

Cita Diaria con Calvino (30)

“A este mismo fin se dirige lo que cuenta Moisés, que Dios terminó su obra, no en un momento, sino después de seis días. Pues con esta circunstancia, dejando a un lado todas las falsas imaginaciones, somos atraídos al único Dios, que repartió su obra en seis días, a fin de que no nos resultase molesto ocuparnos en su meditación todo el curso de nuestra vida. Pues, aunque nuestros ojos a cualquier parte que miren tienen por fuerza que ver las obras de Dios, sin embargo nuestra atención es muy ligera y voluble, y nuestros pensamientos muy fugaces, cuando alguno bueno surge en nosotros.

También sobre este punto se queja la razón humana, como si el construir el mundo un día después de otro no fuera conveniente a la potencia divina. ¡A tanto llega nuestra presunción, hasta que, sumisa a la obediencia de la fe, aprende a prestar atención a aquel reposo al que nos convida la santificación del séptimo día!

Ahora bien; en el orden de la creación de las cosas hay que considerar diligentemente el amor paterno de Dios hacia el linaje humano por no haber creado a Adán mientras no hubo enriquecido el mundo con toda clase de riquezas. Pues si lo hubiese colocado en la tierra cuando ésta era aún estéril, y si le hubiese otorgado la vida antes de existir la luz, hubiera parecido que Dios no tenía en cuenta las necesidades de Adán. Mas, al disponer, ya antes de crearlo, los movimientos del sol y de las estrellas para el servicio del hombre; al llenar la tierra, las aguas y el aire, de animales; y al producir toda clase de frutos, que le sirviesen de alimento, tomándose el cuidado de un padre de familia buer,) y previsor, ha demostrado una bondad maravillosa para con nosotros.

Si alguno se detiene a considerar atentamente consigo mismo lo que aquí de paso he expuesto, verá con toda evidencia que Moisés fue un testigo veraz y un mensajero auténtico al manifestar quién es el verdadero creador del mundo.

Institución de la religión cristiana I.XIV.2