Etiquetado: Confesión

Cita Diaria con Calvino (136)

“En cuanto a la confesión, ha habido siempre gran disputa entre los canonistas y los teólogos escolásticos. Los teólogos sostienen que la confesión es de precepto divino; en cambio, los canonistas son de opinión contraria, y afirman que solamente ha sido ordenada por las constituciones eclesiásticas. En esta controversia se ha puesto de manifiesto la gran desvergüenza de los teólogos, que han depravado y retorcido tantos pasajes de la Escritura, cuantos son los textos que han citado para confirmación de su opinión [… ]

Recurren entonces a alegorías, y afirman que la Ley de Moisés ordenó a los sacerdotes que hiciesen distinción entre lepra y lepra (Lv. 14:2-8); que el pecado es una lepra, y a los sacerdotes corresponde juzgar sobre ella. Antes de responder, quiero preguntarles: si este texto constituyera a los sacerdotes jueces de la lepra espiritual, ¿por qué se atribuyen a sí mismos el conocimiento de la lepra carnal y natural? ¿No es esto andar jugando con la Escritura? La Ley atribuye a los sacerdotes levíticos el conocimiento de la lepra; apliquémoslo a nosotros. El pecado es lepra espiritual; seamos, pues, jueces del pecado.

Ahora respondo que “cambiado el sacerdocio, necesario es también que haya cambio de la ley” (Heb. 7: 12). Todos los sacerdocios son traspasados a Cristo; en Él hallan su cumplimiento y perfección; por tanto, a El solo se le trasfiere todo derecho, toda honra y toda la dignidad del sacerdocio. Si tanto les gustan estas alegorías, que acepten a Cristo como único sacerdote y adornen su tribunal con cuantas cosas existen […]

De esta abolición hace mención evidentemente en muchos lugares san Crisóstomo, que también fue obispo de Constantinopla; por lo que resulta extraño que esta gente se atreva siquiera a rechistar. “Si quieres”, dice, “destruir tus pecados, dilos. Si sientes vergüenza de decirlos a alguna persona, dilos a diario en tu alma. No digo que los confieses a otro hombre como tú, que pueda reprochártelos; dilos a Dios, que sana los pecados. Confiesa tus pecados cuando estás en tu lecho, para que tu conciencia reconozca allí cada día tus pecados”.(1) Y: “No es necesario confesarse ante testigos; haz el examen de tus pecados en tu corazón. Haz este examen sin testigo; que sólo Dios te vea y oiga confesarlos”. (2) Igualmente: “Yo no te llevo delante de los hombres; no te fuerzo a que descubras tus pecados delante de ellos. Descubre y examina tu conciencia delante de Dios; muestra al Señor, que es óptimo médico, tus llagas y pídele medicina para ellas; muéstralas a Aquel que no te las echará en cara, sino que te las curará amorosamente”.(3) Y también: “No digas tus pecados a un hombre, para que no te los reproche; porque no debes confesarte a otro hombre como tú, que te infame publicando tus faltas; muestra tus llagas al Señor, que tiene cuidado de ti, y es médico amorosísimo”. Después presenta a Dios hablando de esta manera: “Yo no te fuerzo a que vengas a una audiencia pública, en la que hay muchos testigos; dime a mí solo secretamente tu pecado, para que yo sane tu herida”.(4)

(1) Pseudo-Crisóstomo, Sermón de la penitencia y la confesión.

(2) Ibid., Homilías sobre los Salmos, sal. 50, hom. II, 5.

(3) Cristóstomo, Homilías sobre la incomprehensibilidad de la naturaleza de Dios, hom. V, 7.

(4) Ibid., Homilías sobre Lázaro, IV, 4.

Institución de la religión cristiana III.IV.4-8 (p. 475-480).

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La Perspectiva del Dogma

¿Qué valor se ha de dar a los documentos confesionales de la Iglesia, tales como la Confesión de fe de Westminster?

Personalmente, hago mías estas palabras de A.A. Hodge, por las que expresaba su convicción de que la Confesión y los Catecismos de la Asamblea de Westminster “contienen el sistema enseñado en las Sagradas Escrituras” así como son “la más completa y adecuada presentación alcanzada por la Iglesia de la verdad revelada en las Sagradas Escrituras”.

No obstante, para que toda nuestra discusión no gire exclusivamente en torno a las convicciones subjetivas de cada uno, encuentro muy útil que nos centremos en esta definición dada por Louis Berkhof acerca del dogma:

“Un dogma podría definirse como una doctrina derivada de la Escritura, oficialmente definida por la Iglesia, y declarada que está fundamentada en la autoridad divina. Esta definición, en parte nombra y en parte sugiere sus características. Su contenido es derivado de la Palabra de Dios y es, por lo tanto, autoritativo. No es una mera repetición de lo que se encuentra en la Escritura, sino que es el fruto de una reflexión dogmática. Y es oficialmente definido por un cuerpo eclesiástico competente y declarado que se fundamenta en la autoridad divina. El dogma tiene significación social, porque es la expresión, no de un solo individuo, sino de una comunidad. Y tiene valor tradicional, puesto que transmite a las futuras generaciones las preciosas posesiones de la Iglesia” [Historia de las doctrinas cristianas, (Edinburgh : El Estandarte de la Verdad, 1995), p. 24s]

La Confesión no sería un dogma como tal, puesto que éste se refiere más bien a una “doctrina” en particular (como la Trinidad o el Pacto). Sin embargo, resulta muy apropiado contemplarla desde la perspectiva del dogma, por cuanto es una declaración oficial, que confiesa y transmite la fe de la Iglesia.

En este sentido, conviene tener en cuenta que la Confesión no es algo que nació de repente en el momento en el que fue escrita, sino que ella es el fruto de una impresionante reflexión teológica y espiritual, que se fue acumulando y transmitiendo durante muchos siglos antes de la Reforma.

Pero, sin duda, el elemento más conflictivo de la definición de Berkhof para nosotros, evangélicos, es cuando dice que su contenido es “autoritativo”. ¿No sería esto confundir la autoridad de los hombres con la de Dios?

Para una correcta comprensión, hemos de tener en cuenta las siguientes consideraciones:

1) Estas afirmación debe entenderse en el marco del principio fundamental de la Reforma, de la Sola Scriptura: si los dogmas y las Confesiones tienen autoridad para la Iglesia, ésta sólo es derivada de la autoridad de las Sagradas Escrituras, es decir, sólo en la medida que está presentando de manera verdadera su enseñanza.

2) De esta consideración se deriva como obligación que los creyentes y la Iglesia han de probar, examinar, estas afirmaciones antes de recibirlas como enseñanza de la Palabra de Dios. Si esto fue lo que se hizo en Berea con la enseñanza apostólica (Hechos 17:11) con mayor motivo ahora con la enseñanza de los pastores.

Por ello, personalmente me agrada la idea de que los dogmas, declaraciones y confesiones de la Iglesia son a su vez “recibidas” por la Iglesia, tras un proceso de reflexión madura para nosotros. De esta manera, documentos que nos pueden resultar lejanos en el tiempo y espacio, pueden llegar a ser nuestros por haberlos nosotros recibidos como la verdad de la Palabra de Dios.

3) ¿Significa esto último, entonces, que estos dogmas y confesiones sólo tienen autoridad en la medida y después de que lo haya recibido la Iglesia? Si así fuera, entonces la Iglesia sería el juez final en lo concerniente a la Palabra de Dios. La autoridad del dogma y de la confesión estaría basada, así, en la autoridad de la Iglesia. Lo cual tampoco es el Sola Scriptura, precisamente. Ésta es la concepción propia del catolicismo-romano, pero a ella nosotros, evangélicos, también podemos llegar, aunque sea por otro camino.

4) ¿Qué, pues, hay que decir? Lo podemos ver de este modo: ante una declaración de la Iglesia, la Confesión en este caso, hemos de proceder a examinarlo, cierto, pero con una actitud previa de respeto. Porque si su enseñanza es la Palabra de Dios, significa que tiene, de manera inherente, una autoridad espiritual. Si su enseñanza es algo que nosotros, de manera consciente y decidida, no seguimos, entonces hay algo importante que nos estamos perdiendo. Se puede decir que nos falta algo. Así que hay bendición en recibirlo.

¡Bienvenido! ¡Westminster Hoy comienza a andar!

Hoy, 1 de julio de 2009, comienza este nuevo blog, que tiene por título Westminster Hoy. Creo que éste puede ser un muy buen medio para dar a conocer la Reforma protestante del siglo XVI, y sobre todo promover una verdadera Reforma bíblica para el día de hoy. La Confesión de Fe de Westminster (creemos la culminación de los textos confesionales de la Reforma) puede ser la base sobre la cual la Iglesia de Jesucristo se reforme en la actualidad. Ése es nuestro ánimo, nuestro deseo, nuestra oración y a lo que tendemos con todas nuestras fuerzas.

Te animo a que vayas siguiendo este blog, y que no dejes de hacer tus aportaciones, que serán siempre bienvenidas. Por mi parte, no te oculto que para mí esto es algo en lo que quiero emplearme con ilusión. ¡Quién sabe lo que puede dar esto de sí!

Pues muy bien, seguimos en contacto. Pero no sin antes recordar el lema que va a guiar este blog durante toda su existencia:

SOLI DEO GLORIA