La Reforma mantuvo con el bautismo de infantes lo que estuvo en la Iglesia desde siempre (por Felipe Melanchthon)

Que el Bautismo de infantes no es una costumbre nueva, sino aprobada por el testimonio de la primera y la más pura Iglesia, será declarado por las siguientes opiniones, que yo citaré, pues no dudo que los fieles sean fortalecidos por el ejemplo de la Iglesia mejor purgada.

Orígenes, sobre el cap. 6 de Romanos, dice así: Por eso la Iglesia ha recibido la ordenanza de los Apóstoles de dar el Bautismo aun a los pequeños infantes. Porque aquellos que habían recibido el cargo de los secretos celestes, sabían que cada uno tenía poluciones naturales, que debían ser abolidas por el agua y el Espíritu Santo. Estas palabras de Orígenes contienen un testimonio evidente de los dos artículos, a saber, del pecado original y del Bautismo de infantes.

Cipriano escribe la opinión de uno que estaba presente en el concilio, quien decía que los infantes no debían ser bautizados antes del octavo día, fue condenado en plena asamblea. Porque por el concilio fue decidido que los infantes debían ser bautizados y que no se tenía que observar los tiempos del día octavo.

San Agustín, en el libro cuarto del libro de título: Del Bautismo contra los donatistas, dice: En cuanto al Bautismo de los pequeños infantes , el cual es recibido universalmente por toda la Iglesia, no es una ordenanza de los concilios, sino que siempre ha sido observado, y con razón creemos que no ha sido instituido por otra autoridad sino por los Apóstoles.

La somme de theologie ou lieux communs, reveuz et augmentez pour la derniere foys (Ginebra, 1546), pp. 47-48

Traducción al francés y prefacio por el Reformador de Ginebra, Juan Calvino