La Confesión y Catecismos de Westminster: La corona confesional de la Reforma, ayer y hoy

La Confesión de fe de Westminster juntamente con los Catecismos Mayor y Menor son los credos más elaborados y de mayor precisión doctrinal que ha elaborado el cristianismo en sus veinte siglos de existencia. Particularmente, ellos representan la expresión más ortodoxa de la fe cristiana, la cual en la Reforma volvió a ser regulada por las Sagradas Escrituras a partir de la obra de los Reformadores del siglo XVI –Lutero, Zuinglio y Calvino, entre otros–. Así pues, los documentos de Westminster concluyeron la era de la Reforma, comenzada en 1517 con la publicación de las 95 tesis por Lutero y acabada en cuando los documentos doctrinales de Westminster fueron finalizados y aprobados, entre 1647 y 1648.

Aunque, en puridad, la Asamblea de Westminster fue un evento de la Iglesia de Inglaterra, ella estuvo enormemente influenciada por la Iglesia de Escocia, de gobierno presbiteriano, tanto en su origen como en su desarrollo. En efecto, el origen de la Asamblea puede situarse en las Guerras de los obispos (1639-1640), por las que la Iglesia de Escocia recobró su independencia frente a las injerencias e imposiciones del monarca. En 1640, Carlos I convocó el Parlamento Largo –que sería disuelto por Cromwell, en 1653–, en el que el sector puritano, que quería una mayor conformidad con la Reforma tal como se había desarrollado en Escocia, tenía una amplia representación. Fue este Parlamento Largo el responsable del llamamiento a la Asamblea de Westminster, el 20 de abril de 1642, en abierto desafío a la autoridad del rey. Dos días antes del inicio de la Asamblea, el 1 de julio de 1643, un edicto real prohibió la reunión, la cual, sin embargo, se mantuvo. Fue compuesta por 121 ministros, los mejores teólogos de la época en Inglaterra y Gales, junto con una pequeña delegación de las iglesias de refugiados franceses en Inglaterra. Asimismo, se invitó a la Iglesia de Escocia a que enviara comisionados a la Asamblea –quienes tuvieron parte en la Asamblea, pero sin voto– así como a las iglesias congregacionalistas de las colonias de Nueva Inglaterra, las cuales al final no tuvieron participación en ella.

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Beneficios Tras la Muerte

En cuanto al estado tras la muerte, hay errores recurrentes, que reaparecen periódicamente en la iglesia, y errores que siempre están ahí. Desde la psicopaniquia hasta el aniquilacionismo, sin olvidarnos de inventos tales como el purgatorio. Sin embargo, la sencilla respuesta del Catecismo Menor expresa la verdad de manera clara y sin aspavientos.

Escuche el estudio bíblico en mp3 [Catecismo Menor de Westminster, P. 37]

El Sumo Sacerdote Jesucristo

El segundo oficio que ejecuta Jesucristo para el creyente es el de Sacerdote. Principalmente lo ejecuta para con Dios. El sufrimiento y muerte en sacrificio de Jesucristo es la satisfacción por el pecado. La obra del Sumo Sacerdote celestial la presenta en el cielo para su pueblo. Es muy importante tener las ideas claras en cuanto a este artículo de la fe.

Escuche el estudio bíblico en mp3 aquí. [Catecismo Menor de Westminster, p. 25]

Jesucristo, Nuestro Profeta

Tengo la impresión que este estudio es más importante de lo que pueda parecer a primera vista. Partimos del hecho de que, efectivamente, Jesucristo es nuestro Profeta, el Profeta por excelencia, el Profeta con mayúsculas. A continuación vemos cómo Él ha ejercido como nuestro Profeta en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento y ahora también, Él nos habla desde los cielos (Hebreos 12:25).

La pregunta a considerar es ésta: ¿tiene el orden de los tres oficios de Cristo (Profeta, Sacerdote y Rey) alguna importancia? ¿Podría ser que, normalmente, nosotros evangélicos invirtamos este orden, no poniendo el oficio de Profeta en primer lugar? Sin embargo, si no somos enseñados por Dios en las cosas que pertenecen a la salvación, no vamos a poder creer en su oficio sacerdotal y ni mucho menos someternos a su oficio regio.

Planteándolo en términos prácticos: ¿se han de convertir para luego ser enseñados, o han de ser enseñados para que se conviertan?

Las consecuencias de esta inversión resultan evidentes, incluso llegan a ser de gran escala. Con el orden de oficios invertido, por lo pronto desligamos la evangelización de la enseñanza. Sin embargo, en la Biblia, aun en la llamada “Gran Comisión” (Mateo 28:19-20) vemos que la misión y la evangelización precisamente está concebida en términos de enseñanza. El ser enseñados por Dios es aun una de las promesas de la Nueva Alianza o Pacto de Gracia (Hebreos 8:10-11). Así, por lo tanto, esta enseñanza que es previa a la conversión es la que la Iglesia, como medio e instrumento en las manos del Señor, ha de proporcionar a las personas comprendidas en la administración del Pacto de Gracia, para que ellas lleguen así a la salvación.

Enfocar las cosas de esta manera comenzará a corregir bastantes puntos de vista defectuosos no sólo en cuanto a la salvación, sino también al ministerio de la Iglesia.

Puede escuchar el estudio bíblico en mp3 pulsando aquí. [Catecismo Menor de Westminster, p. 24]