Etiquetado: Canto de Salmos

El Canto de Salmos Como Medio de Gracia, por Juan Le Quesne

Luz

Una de las razones por las que el canto de los Salmos es inigualable es que, por ser la Palabra de Dios, se convierte en uno de los medios de gracia por excelencia. Razón por la cual, los creyentes lo tendríamos que tener en la mayor estima.

Presentamos el testimonio de Juan le Quesne (seguramente el burgalés Juan Encinas, hermano del reformista Francisco Encinas), el autor del primer Salterio en español, a principios del siglo XVII:

Pues luego aprended la Ley de Dios, leedla y entendedla, leed su voluntad singularmente en los Salmos de David, llenos de divina alabanza, y hallaréis que más blanda es que el óleo, mas preciosa que el oro, más pura que la fina plata. Esta es la que principalmente provoca a los hombres que se den a Dios, convida a los pobres, alumbra a los corazones, purifica la lengua, prueba la conciencia, santifica el alma, conforta la fe, ahuyenta la tentación, menosprecia el pecado. Esta es la que hace de los ignorantes sabios, de los pequeños grandes, refrena el ánimo, prohíbe la liviandad, templa el dolor, pone esperanza, sana a los dolientes, fortalece a los enfermos, da gracia a los que creen, humilla a los reyes, ensalza del estiércol con los príncipes a los pobres y humildes, y nos demuestra el derecho y verdadero camino que debemos tener y seguir.

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Cómo Cantar Los Salmos de Ginebra (1). La Motivación

Allegorie de la Religion Chretienne, Les Psaumes de David

Decía el filósofo español Séneca que no es que no hacemos las cosas porque sean difíciles, sino que son difíciles porque no las hacemos. Esto es lo que viene a decir también la sabiduría popular con el proverbio: “Querer es poder”.

Normalmente se considera que los Samos de Ginebra son cantos muy difíciles, y por esta razón se declina su canto en la actualidad. Y, ciertamente, los Salmos de Ginebra tienen hoy una gran dificultad. Pero nosotros estamos absolutamente convencidos de que su dificultad no se encuentra en sus melodías o ritmos. La gran dificultad de los Salmos de Ginebra es, simplemente, decidirse a cantarlos.

No vamos a tratar hoy las razones más o menos profundas por las que se declina cantar los Salmos de Ginebra y se prefieren himnos y cantos de otra procedencia. Esto daría, sin duda, para otro artículo. En este quisiera animar más bien a cantar los Salmos de Ginebra, y para este fin, poder ofrecer algunas recomendaciones de tipo práctico.

No es tan difícil los Salmos de Ginebra como se dice. No son cantos imposibles en la actualidad. No son música anticuada o arcaica (y aun si lo fueran, daría igual, porque son cantos de una extraordinaria belleza). Hemos de dejar de pensar en términos de música moderna o música antigua en relación con los Salmos. Porque ellos  forman parte, simplemente, de otra categoría de música: se trata de música sacra, es decir, de música consagrada para la adoración a Dios.

La gran dificultad de los Salmos, por tanto, es superar las barreras mentales que nos impiden familiarizarnos y cantarlos de manera asidua en la actualidad. Y sin la debida y necesaria motivación por nuestra parte, seguramente esto no vaya a poder ser, porque nuestro corazón siempre va a estar rechazando la tarea de empezar a aprenderlos. ¿De dónde, pues, nos puede venir la motivación para cantar los Salmos, y los de Ginebra en particular? Personalmente, daría tres fuentes de motivación.

Primeramente, de entender que el canto de los Salmos es una ordenanza de Dios para su adoración, y esto no sólo en el Antiguo Testamento, que es evidente, sino también en el Nuevo (Ef. 5:19; Col. 3:16). Las iglesias que no cantan Salmos están pasando por alto una ordenanza de Dios importante para el culto. Y si se objeta, que porqué cantarlos a través del Salterio Ginebrino, responderé que ciertamente se pueden cantar otros Salmos, pero que este Salterio es un instrumento para poder cantar todos los Salmos con todos sus versículos. Hay, ciertamente, versiones de los Salmos más actuales, pero,  a día de hoy, no hay otro Salterio completo. ¿Por qué no aprovechar lo ya existente, para cantar los Salmos en el culto, como es la voluntad de Dios?

En segundo lugar, de entender que, si Dios premia la obediencia, también habrá bendiciones, y muchas, por cantar los Salmos.

1) El más evidente, aumentará el conocimiento bíblico de los creyentes. La gente en la iglesia, nosotros y nuestros mismos hijos, va a aprender y a memorizar el contenido del libro bíblico de los Salmos. Con el tiempo, podrán decir inmediatamente en qué Salmo se encuentra tal versículo. Es decir, que el conocimiento del libro de los Salmos aumentará de manera insospechada. Y esto, ya de por sí, es un beneficio enorme, ¿verdad?

2) Además, hay que tener en cuenta que, al ser los Salmos de Ginebra una versión métrica para cantar los Salmos de la Biblia, constituyen un medio de gracia por excelencia. El Señor lo puede usar no sólo para fortalecer la fe de los creyentes, sino también para abrir el corazón de los inconversos, y que de esta manera la Iglesia crezca y se fortalezca en la actualidad.

En este sentido, estamos empeñados en decir y proponer que el canto de los Salmos, y los de Ginebra en particular, puede ser un poderoso instrumento de Reforma en la actualidad. Lo puede ser porque ya lo fue en su día. Se puede afirmar que uno de los motores principales de la Reforma en el s. XVI fue, precisamente, los Salmos de Ginebra. ¿Por qué no puede ser igual hoy día? Pues tenemos el mismo Señor (Heb. 13:8), los mismos Salmos y, sin duda, la misma necesidad de Reforma. ¿Por qué no cantarlos con este fin?

3) El tener una espiritualidad bíblica es otro de los principales beneficios que el canto de los Salmos proporciona, tanto a creyentes como a la Iglesia. Las composiciones humanas, aun las mejores, pueden sobredimensionar algunas cosas de la vida con el Señor y pasar completamente por alto otras. Pueden incluso expresar verdades pero de manera inapropiada. El cantar composiciones humanas puede moldear, no sólo nuestro gusto estético sino, aun más, nuestra espiritualidad, en conformidad con la espiritualidad del que la compuso. Y hay muchos riesgos en esto. Todo ello está ausente en el canto de los Salmos. Si consideramos el libro de los Salmos como un patrón para nuestra espiritualidad y para la espiritualidad de la Iglesia, entonces hay que concluir que no hay nada más indicado para nosotros y para la Iglesia que el canto de los Salmos.

Por último, la tercera gran fuente de motivación de cantar el Salterio de Ginebra es conocer más de él, paso previo y condición necesaria para tener amor por él. Podemos comenzar por comprender su significado. En la serie del Pastor Sawtelle, acerca del “ethos marcial del culto reformado”, se puso de manifiesto lo que el Salterio representó en el tiempo de la Reforma. Ayer mismo publicábamos el enlace para poder conseguir “Los Psalmos de David” de Juan Enzinas (Juan le Quesne), Salterio que fue publicado en el año 1606. Pensemos un poco: no se suele reparar en ello, pero, ¡seguramente se trata del primer “himnario” protestante en español! Y si hubo Salterio, tuvo que haber creyentes que lo cantaran, y congregaciones. Por lo tanto, los Salmos de Ginebra lo tuvieron que cantar nuestros hermanos en exilio en los distintos países de Europa, en los siglos XVI y XVII (y de hecho, fue un exiliado su compositor). Pero no sólo eso. Es posible que durante esta época lo cantaran también clandestinamente, tanto en España y distintos lugares de América… No sabemos si esto es así, y si lo fue, por cuanto tiempo lo continuaron cantando. Tal vez lo continuaran a cantar durante decenas de años, para al final pasar del todo al olvido. Una vez más, no lo sabemos. Sólo Dios sabe. Pero, para mí, no encuentro mayor tributo a nuestros mártires y exiliados que cantar los mismos cantos que ellos compusieron y cantaron. No me mueve ningún ánimo de polémica al respecto, Dios lo sabe, pero no encuentro mejores cantos que aprender y que enseñar a mis hijos y a mi congregación. Y me gustaría que todos pudieran de igual modo comprobarlo.

En el siguiente artículo, daremos algunas indicaciones prácticas para cantar los Salmos de Ginebra en congregación.

¿Por Qué Cantar, Precisamente, El Salterio de Ginebra?

(Autor: Luc Viatour / http://www.Lucnix.be)

Muchas veces me han preguntado el porqué de componer los Salmos, precisamente, de Ginebra. Asimismo, no han sido pocas las veces en las que me han sugerido que con otra versión musical más “fácil” o “llevadera”, por ejemplo, el Salterio escocés, los Salmos serían más cantados en la actualidad, y yo mismo me he planteado esta cuestión a veces. Decididamente, el Salterio de Ginebra no está “de moda” en la actualidad. Sin embargo, mi opción final sigue siendo la de permanecer fiel al Salterio ginebrino. ¿Por qué? Pues estas son, brevemente, las razones.

En primer lugar, por una razón personal y, por tanto, perfectamente subjetiva, que es que el Salterio de Ginebra forma parte de mi vida, pues para mí es sinónimo de los tres años que pasé en Francia estudiando la licenciatura. Por ejemplo, en el día de nuestra boda se cantó en la iglesia (supongo que en contra de los cánones de lo que son las bodas evangélicas actuales) el Salmo 47. Proviniendo de un ambiente evangélico no reformado, sus melodías fueron totalmente nuevas para mí. Lo cierto es que los Salmos me llamaron la atención mucho más que lo que anteriormente pudo hacerlo cualquier otro himno. Oír cantados los Salmos en francés y en Francia, en iglesias que hunden sus raíces en la Reforma de Calvino, con todo su pasado de lucha y persecución, fue una experiencia que me marcó personalmente. Por lo que, a mi regreso a España, quise que también estuviera disponible el Salterio de Ginebra en español.

La segunda razón es por la asombrosa riqueza métrica del Salterio de Ginebra. Los compositores de la letra de los Salmos (Clément Marot, Teodoro de Beza) eran poetas de primer orden, y eso se nota en la misma idea como fue diseñado y concebido el Salterio. En él nos encontramos estrofas de 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 12 versos, tanto de arte mayor (más de ocho sílabas) como de arte menor (menos de ocho sílabas), y en ocasiones, ambos están en la misma estrofa. El resultado final es que prácticamente cada salmo tiene una métrica que le es propia. En comparación, la métrica del Salterio escocés se encuentra completamente estandarizada a la forma 8.6.8.6 –aunque por las melodías que no marcan pausa o silencio al final de los versos 1 y 3, también pueden llegar ser vistos como pareados de catorce sílabas– por lo que puede llegar a resultar, en este sentido, más monótono o repetitivo.

La tercera razón por la que para mí es preferible el Salterio de Ginebra es la musical. Como resultado de la gran variedad de su métrica, nos encontramos con una no menos admirable riqueza de sus melodías: en total, para cantar los 150 Salmos se usan 124 melodías diferentes. Las repeticiones de melodías son raras (quince melodías se repiten en dos Salmos distintos; cuatro melodías, en tres; y sólo una se canta en cuatro Salmos). En cuanto a la estética de las melodías, las interpretaciones de Ernst Stolz, que venimos publicando en el blog, ponen de manifiesto sobradamente la excepcional belleza original de los Salmos de Ginebra.

Pero soy consciente de que es, precisamente, el argumento de la música el que por lo general se emplea para declinar el canto del Salterio de Ginebra en la actualidad. Normalmente se aduce, entre otras razones, que sus melodías son difíciles y extrañas, o incluso que fueron compuestas no con las tonalidades que conocemos hoy, sino con los antiguos modos.

Sin embargo, no creo que el argumento musical sea del todo conclusivo. Tras aprender el Salterio debidamente, primeramente para el uso en familia y luego para su uso en el culto público, tengo que decir que no me parece que las melodías del Salterio de Ginebra sean especialmente extrañas, porque siguen siendo, no hay que olvidarlo, melodías, que sirven para algo tan natural como es cantar. Que hayan sido compuestas en modos es una cuestión que sólo entienden los músicos y que no afecta a los simples creyentes cantores en absoluto, de la misma manera que ellos tampoco se preocupan si los himnos han sido compuestos en el tono de Do mayor o en el de La menor. Hay una gran dificultad con el Salterio de Ginebra, ciertamente, y es que sus melodías se han dejado de cantar desde hace tiempo. Pero esta dificultad tiene una fácil solución: se resuelve ¡volviéndolas a aprender y cantándolas de nuevo!   

Pero, por otra parte, tampoco creo que la música del Salterio ginebrino nos resulte tan tan extraña. No es música china, ni celta, ni siquiera son cantos medievales o gregorianos, como muchas veces se dice. Se reconoce perfectamente el carácter latino en ella, y esto es algo fácilmente demostrable. Podemos escuchar la siguiente composición española del siglo XVI  y observaremos el parentesco innegable con las melodías del Salterio de Ginebra.

 

Se trata de una melodía muy sincopada, es decir, con mucho ritmo. Se puede comparar, en este sentido, con la del Salmo 42:

 

O también podemos ver esta otra melodía peruana de principios del siglo XVII

 

Se puede comparar con la melodía del Salmo 13. El parecido es innegable:

 

Es evidente, pues, que tuvo que haber mucha más cercanía cultural entre un español del siglo XVI y la melodía de los Salmos que la que habría entre mí mismo, por ejemplo, y las melodías de los himnos que empecé a cantar tras mi conversión y mi entrada en la iglesia evangélica -la mayoría de estos himnos, de origen anglosajón decimonónico, con no pocas marchas militares adaptadas-. ¡Eso sí que me resultaba extraño! Sin embargo, con el tiempo los fui asimilando hasta llegar a considerarlos como algo propio. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo con el Salterio de Ginebra? La impresión que un español o incluso latino puede tener al cantar los Salmos ginebrinos es que sus melodías son antiguas, pero propias. ¿Por qué no recuperar, pues, su canto en el contexto español y latinoamericano, que es el que nos ocupa? En la actualidad, la gente acude masivamente a conciertos de música antigua o a festivales folclóricos, con un anhelo más o menos consciente de recuperar el pasado perdido. ¿No podría ser así el Salterio de Ginebra el medio para ganar el alma del pueblo español y de los países de América Latina?

La cuarta razón por la que definitivamente me quedo con el Salterio de Ginebra es por todo lo que este ha significado a lo largo de la Historia. La excelente serie de artículos del Pastor Sawtelle presenta perfectamente lo que ellos supusieron en el contexto del siglo XVI. Sencillamente, los Salmos ginebrinos fueron el medio que propulsó la Reforma, tanto como pudo hacerlo la predicación misma de la Palabra, porque, a fin de cuentas, se trata de la Palabra de Dios. Ellos fueron el alma de la iglesia en sus batallas, espirituales y físicas, el motor de la iglesia que se libró de la idolatría de las imágenes en las iglesias, el sustento de la iglesia bajo la persecución y de la iglesia mártir. Y esto, no en un país solo, sino prácticamente en toda Europa, pues el Salterio, además de compuesto en francés, fue traducido al holandés, inglés, alemán, español, portugués, italiano, checo, polaco, húngaro,  ¡e incluso turco!

En una palabra, el Salterio de Ginebra es el Salterio por excelencia de la iglesia en combate. Ciertamente, este significado que ponemos de relieve le es propio y peculiar al Salterio de Ginebra. Ni siquiera lo tiene, creemos, el Salterio escocés. ¿Por qué no usarlo, pues, para retomar la Reforma exactamente en el lugar donde esta se quedó en el siglo XVII? Dado que su canto y uso en las iglesias no vendrá sin una decisión consciente y deliberada, principalmente de los líderes, que provenga del amor al canto de Salmos, en general, y de la comprensión del significado del Salterio de Ginebra, en particular, ¿por qué no usarlo para impulsar una verdadera, profunda y radical Reforma en la actualidad, que comience precisamente por nosotros mismos?

La última razón, pero no por ello menos importante, es que hay un solo conjunto de melodías, por todo lo que ellas representan, que la Iglesia papista jamás llegará a asumir y cantar, y ese no es otro que el del Salterio de Ginebra. Esta es una razón, en mi opinión, más que de sobras para que nosotros lo usemos. Pero, por otro lado, sólo sus melodías son las que nuestro mundo evangélico actual parece no dispuesto en modo alguno a cantar. ¿No es curiosa esta coincidencia?

En este sentido, reflexionemos un momento que el canto mismo del Salterio de Ginebra fue objeto de persecución en Francia:

“Conocer y amar los Salmos era la marca de ser protestante. El uso del Salterio se convirtió en un problema importante en el lento mordisqueo de las seguridades dadas por el Edicto de Nantes. En 1623 el canto de los Salmos fue prohibido en las calles y tiendas. En 1657 se prohibió en las ejecuciones; en 1658, en cualquier lugar fuera de los “templos”, como se llamaban a los lugares de culto protestante; en 1659, ni siquiera se podía cantar los Samos en privado, si fuera audible desde el exterior; y en 1661 el canto de los Salmos en cualquier parte del territorio francés se convirtió en un delito grave”.[1]

¿Ha acabado haciendo el protestantismo contemporáneo lo que las salvajes persecuciones papistas no consiguieron durante siglos?


[1] James Hastings Nichols, Corporate Worship in the Reformed Tradition, (Westminster Press, 1968), p. 40.

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: Canto de Salmos y Defensa Civil en Ginebra a Principios del Siglo XVII (y 7)

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[Concluimos la excelente serie de artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en la Reforma y las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Durante los últimos 400 años, en la noche del 11 de diciembre y en las primeras horas de la mañana del 12 de diciembre, el día más largo del año en el calendario juliano, la ciudad de Ginebra es escenario de una muy grande y ruidosa celebración llamada la Fête de l’Escalade, la Fiesta de la Escalada. Durante el transcurso de esta celebración se vende sabrosas sopas calientes de verduras por todas partes de Ginebra, juntamente con los famosos chocolates “marmitas”, una réplica de un caldero de sopa, llenos de verduras de mazapán y decoradas con los colores de Ginebra. De acuerdo con una antigua costumbre, estas ollas de chocolate se rompen, mientras se grita: “Así perezcan los enemigos de la República [de Ginebra]”. Otras costumbres incluyen hechos como el dar vino o niños vestidos con trajes similares a los de Halloween cantando canciones de Escalade en bares locales y en las calles. Pero el punto culminante de la celebración está marcado por la procesión de centenares de ginebrinos vestidos con traje histórico completo, junto con jinetes, mosqueteros, tiradores de ballesta, portadores de antorchas, un verdugo y su ayudante. La procesión está acompañada del humo de disparos, petardos y salvas, y se concluye al llegar a la Catedral de Saint-Pierre, donde se hace la proclamación de la victoria ginebrina. Todo el mundo disfruta de un buen desfile local y una fiesta cívica… pero, ¿qué tiene que ver esta costumbre de Ginebra con el etos marcial del culto reformado histórico? La respuesta es que este desfile es una celebración pública anual de la victoria de las fuerzas ginebrinas calvinistas sobre las hostiles fuerzas católicas del duque Carlos Emmanuel de Saboya, quien lanzó un ataque sorpresa a medianoche contra Ginebra.

Desde su subida al trono de la Casa de Saboya en 1580, el duque Carlos Manuel deseaba someter a los calvinistas de Ginebra al gobierno de Saboya y convertir a la ciudad en la capital del norte de su territorio. A lo largo del tiempo alternó ofensivas diplomáticas y militares, la intimidación, las amenazas y las promesas de paz, ninguna de las cuales consiguió el objetivo que pretendía de romper la espalda del protestantismo en Ginebra. El duque de Saboya, contando con la ayuda de su cuñado, Felipe III de España, finalmente intentó apoderarse de su objetivo por la fuerza, acumulando una fuerza de 2.000 mercenarios a sueldo y lanzando una incursión de medianoche en Ginebra. El plan consistía en utilizar una pequeña fuerza móvil de comandos para escalar las murallas de la ciudad y abrir las puertas desde el interior con el fin de inundar la ciudad de atacantes. Sin embargo, el plan de los atacantes de Saboya fue frustrado por un centinela alerta que pudo dar el disparo de alarma justo antes de ser muerto. Gracias a este disparo, se sonaron las alarmas y campanas de toda la ciudad, despertando a los ginebrinos, que se reunieron para defender la ciudad contra los atacantes. Una de las leyendas que han perdurado de los eventos de aquella noche fatídica es la historia de la Madre Royaume (Mère Royaume), madre de 14 hijos, quien, cuando se dio cuenta de la ciudad estaba siendo atacada, tomó un gran caldero de sopa que tenía en el fuego y lo arrojó que en la cabeza de un mercenario de Saboya. Hasta el día de hoy este acto de valentía se conmemora con la venta de la sopa de verduras y el aplastamiento de las ollas de chocolate. El resultado final de la historia es que los ciudadanos de Ginebra lograron repeler a los atacantes que escalaban la muralla de la ciudad; mientras que el ejército de dos mil mercenarios del duque sufrió varios cientos de víctimas, los ginebrinos sólo sufrieron dieciocho.

Cuando el humo se disipó en diciembre del 12 y la milicia ciudadana concluyó su campaña de limpieza, los soldados volvieron a las calles de Ginebra para celebrar su victoria. Cuando las multitudes se reunieron y se alegraban en las calles, la gente cantaba Salmos dando gracias a Dios por la victoria. En algún momento de la celebración, Teodoro de Beza, que entonces tenía 80 años, se presentó ante la multitud e hizo un llamamiento a cantar el Salmo 124, uno de los Salmos que él mismo había versificado en la década de 1550 (p.53). Desde este día, los ginebrinos todavía celebran el 12 de diciembre esta trascendental victoria con el canto de este Salmo. Los Salmos entonces, no sólo impulsaron la Reforma en Francia, Holanda, Inglaterra y Escocia para hacer frente a las llamas de la persecución y llenar sus corazones de valentía mientras marchaban a la batalla, sino que también unificaron a los calvinistas en Ginebra para organizarse en defensa de la Reforma en Ginebra y para defenderla contra los objetivos malévolos del duque católico-romana de Saboya.

Es evidente, a partir de la serie de ejemplos que se destacan en estos últimos artículos, que el canto de los Salmos cultivó un espíritu marcial en los corazones de los fieles reformados de todo el continente y de las Islas Británicas, no sólo unificando la Reforma en su experiencia del culto, sino también animándolos a tomar la espada en defensa propia y fortaleciéndolos en sus corazones para hacer frente a las llamas de la persecución. Así, el Dr. Reid, repasando las evidencias hace un par de sagaces conclusiones.

En primer lugar, afirma que “el Salmo metrificado vernáculo… se convirtió en parte de la estructura de fe y vida calvinista del siglo XVI, incluso se podría decir que se convirtió en parte de la mística calvinista” (p.53). Así, el Dr. Reid hace la afirmación de que el canto Salmos era parte de la estructura y la mística de la forma calvinista de la vida en el siglo XVI. Al pensar en esa declaración, una pregunta razonable que puede preguntarse es si eso se puede decir de los reformados y presbiterianos de la Iglesia de hoy. ¿Es el canto de los salmos parte de la estructura y de la mística de la Iglesia? Sólo un momento de reflexión nos lleva a la triste conclusión de que no, que cantar Salmos no forma una parte de la estructura y la mística de la Iglesia de hoy. La razón de que no lo sean no es porque las iglesias reformadas y presbiterianas en algún momento en el tiempo decidieron que el principio regulador de la adoración, formulado en las Confesiones del siglo XVI y XVII, no se aplica al contenido de las canciones cantadas en el culto. Una consecuencia inesperada de esta evaluación falsa es que cambió el etos de la iglesia presbiteriana y presbiteriana, sustituyendo un espíritu marcial por un etos de emotividad pietista, melosa y sentimental reflejada en los himnos avivamentalistas del siglo XVIII y XIX  y los insulsos cantos de alabanza de los años 1970 y 80, que imitan las melodías y los sentimientos de Barry Manilow y Ann Murray.

En segundo lugar, el Dr, Reid saca la conclusión de que el canto de Salmos se convirtió en uno de los principales factores de “formación e inspiración de la resistencia calvinista a la persecución, la opresión y el ataque” (p.54). ¿Se puede decir esto de las iglesias reformadas y presbiterianas hoy? Una vez más, sólo un momento de reflexión nos llevará a la conclusión obvia de que tal etos de coraje y valor frente a la persecución, la opresión y el ataque no está siendo cultivado en los cristianos reformados y presbiterianos. No sería forzar demasiado la verdad el decir que uno de los mayores problemas en la iglesia reformada y presbiteriana es que carece de identidad, y por lo tanto no tiene una identidad significativa que reúna o agrupe alrededor suyo para apoyo, defensa o auto-sacrificio. Los reformados antiguamente eran conocidos por su virulenta defensa del culto; ahora, el culto reformado incluye todo, desde el estilo de culto de Bill Gaither al estilo de culto de Capilla Calvario o de la Viña. Con una identidad de culto tan amorfa no es de extrañar que la iglesia reformada esté sufriendo de anemia espiritual, al haber sustituido el principio regulador de las Confesiones por el principio adaptado al gusto de las masas que es impulsado constantemente por los vientos de cambio: lo que sea que haga sentirse bien, hazlo.

Es hora de que la iglesia reformada y presbiteriana sea honesta, ya sea admitiendo que el principio regulador de adoración contenido en las Confesiones es inexacto y no bíblico, por lo tanto, que necesita de una reformulación que se ajuste más estrechamente a la Escritura, o bien, es hora de ser honesto y admitir que las innovaciones que se han producido en su culto desde el siglo XVI son incompatibles con el principio regulador y, por lo tanto, se movilicen para recuperar la antigua forma del culto reformado. Esto no sucederá, sin embargo, hasta que el registro del culto reformado histórico no sea aclarado y las iglesias reformadas y presbiterianas sean conscientes del hecho de que en la práctica se han alejado del principio regulativo de la adoración y lo han rechazado. Una vez que se es consciente de ese hecho, se tendrá que hacer una decisión: ¿abrazará la iglesia su propia Confesión o va a reformular el principio regulador de adoración en el sentido que el Dr. John Frame ha propuesto? Evadir esta pregunta es deshonesto y no sólo socava la credibilidad de las iglesias reformadas, sino que también cultiva un etos sin espinas en las iglesias y lo deja sin una identidad clara para abrazar o un objetivo obvio alrededor del cual reunirse, al cual promover y defender, y por el cual sacrificarse. Ningún compromiso con asuntos candentes como la escuela en casa, la creación en seis días, la apologética de Van Til o la negación del sufragio femenino restaurarán el vigor de los reformados, puesto que la columna vertebral y el fundamento de la iglesia reformada es la adoración tal como el mismo Juan Calvino dijo en La Necesidad de la Reforma de la Iglesia:

 “Si se pregunta, entonces, por las cosas por las que principalmente la religión cristiana permanece en pie entre nosotros, y mantiene su verdad, se encontrará  que las dos siguientes no sólo ocupan el lugar principal, sino que comprenden en ellas todas las demás partes, y por lo tanto toda la sustancia del cristianismo, a saber, un conocimiento, primeramente, del modo en que Dios está debidamente adorado; y, en segundo lugar, de la fuente de donde la salvación se ha de obtener”.

Cuanto más las iglesias reformadas y presbiterianas, que reclaman el manto de fiel calvinismo, fallan en considerar y hacer la paz con esta declaración de Calvino, de que toda la sustancia del cristianismo se basa en el modo en el que Dios es debidamente adorado, tanto más la Iglesia va a sufrir de anemia y girará y cambiará con los vientos de culto que soplan a través de evangelicismo, sin ser capaz de marcar un claro contraste con él. Lamentablemente, los reformados serán indistinguibles de una amplia gama de iglesias que lo incluye todo, desde el anglicanismo, el culto tradicional Bautista del Sur, a la Capilla Calvario y la Asamblea de Dios.

¡Pueblo de Dios, ahora es el momento de levantarse en protesta, ahora es el momento de abrazar nuestra herencia reformada bíblica e histórica!

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[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).