La Soberanía de Dios según el Calvinismo, por Auguste Lecerf

Es un hecho que el calvinismo ejerce hoy sobre un número creciente de espíritus una atracción que asombra a sus adversarios.

Pero esta atracción que ejerce el calvinismo se debe precisamente a lo que, en el siglo XIX, había contribuido más a la impopularidad extrema que sufriera entonces.

En efecto, lo que conmueve tantas almas, lo que hace que ellas se pongan tan voluntariamente “a la escuela de Calvino”, es ante todo, por lo que me he podido dar cuenta por conmovedoras confidencias, la valentía y la firmeza de pensamiento que el calvinismo aporta en su afirmación apasionada y rigurosa de la soberanía de Dios.

Es, por tanto, útil hablar de este gran tema. Al hacerlo, no sólo intentamos dar a Dios el honor que le debe el pensamiento, sino que todavía traemos pan para el hambre y agua para la sed de aquellos cuya alma languidece tras Dios, en las tierras áridas y secas, llenas de espejismos decepcionantes, habitadas por los fantasmas inconsistentes de las teologías humanistas.

Pero el estudio que nos proponemos esbozar aquí no es sólo útil, sino que es necesario, porque se intenta detener el impulso de las simpatías hacia nuestra fe precisamente desnaturalizando la noción de soberanía divina.

Me explico. Seguir leyendo

La Predestinación según Calvino, por Auguste Lecerf

Se nos ha pedido que expongamos desde el púlpito el dogma de la predestinación según Calvino, por motivo de la fiesta de la Reforma. A pesar del sentimiento de nuestra insuficiencia, hemos creído nuestro deber deferir al deseo de vuestro pastor porque estamos convencidos de que la sana inteligencia de este misterio presenta al alma cristiana la razón más eficaz para celebrar la misericordia de la que ha sido objeto de parte de Dios y el motivo de humillarse en el sentimiento de la profundidad de las sendas divinas.

Ciertamente, nos sentimos incapaces por nosotros mismos de hablar de estas cosas, pero la promesa del Resucitado a los ministros que enseñan su doctrina es firme: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. No tenemos el derecho de dudar, ni dejar sepultada en la ignorancia una parcela de la herencia que nuestros Reformadores y nuestros Padres en la fe nos transmitieron al precio de tan duros combates.

Hablemos, pues, puesto que se nos pide que lo hagamos, de la predestinación según Calvino. Pero aquí, se impone hacer una apreciación preliminar. El nombre de Calvino ha quedado ligado a la mención de este misterio, sin duda porque ha sido el “expositor” más profundo y el más decidido, el más valiente, diríamos. Pero, con matices diversos, desde san Agustín, encontramos esta doctrina enseñada ya sea en los católicos-romanos, ya sea en los luteranos, y a veces con un sentimiento menor de la medida que aporta el doctor de Ginebra.

Por otra parte, el predicador del Evangelio no tiene que traer al púlpito el pensamiento de hombre; debe hacer escuchar la Palabra de Dios tal como le es dada a la Iglesia comprender y confesar. No creemos en Calvino, creemos en la Sagrada Escritura. Si hacemos lo contrario, traicionaríamos la causa que Calvino mismo nos legó la defensa. Es por lo que conciliaríamos nuestro deseo de satisfacer a la petición que nos ha sido hecho con nuestra obligación de no predicar más que lo que enseña la Escritura, captando el pensamiento de Calvino en la fórmula que la Iglesia Reformada de Francia reconoció en su primer Sínodo, en París, en 1559, como resumiendo fielmente, en este punto, el conjunto de los datos de la Escritura. Seguir leyendo

El Último Calvinista en Francia: Auguste Lecerf

Auguste Lecerf (izquierda), Sergius Bulgakov (centro) y Fritz Lieb (derecha) en 1933.

Una de las personalidades por las que, como cristiano, siento más aprecio y simpatía es la del pastor y profesor reformado Auguste Lecerf.  Ni su conversión ni su posterior evolución teológica e intelectual se explican por las condiciones familiares o eclesiales en las que vivió, en las que predominaban las ideas liberales. Lecerf fue un verdadero reformado confesional, en un sentido pleno de la palabra. En él se percibe la verdadera y continua “renovación del entendimiento” a la que todos los cristianos somos llamados (Romanos 12:1-2), dirigida siempre por la autoridad de Dios quien habla en las Sagradas Escrituras. Lecerf no fue perfecto y como todos los hombres tuvo también sus fallos, pero en su vida y obra se ve claramente el llamamiento y bendición de Dios.

“LECERF Auguste – Pastor reformado, profesor de teología. Nacido el 18 de septiembre de 1872 en Londres; muerto el 1 de septiembre de 1943. Hijo (oficialmente, porque su verdadero padre era un noble escocés) de René Lecerf, francés, refugiado en Londres tras la Comuna de París, en la que participó, y de Stela Élisa Ramonetti, inglesa de ascendencia italiana, quien también participó en la Comuna de París. Se casó el 28 de septiembre de 1893 con Andréa Elisabeth Léré. Cuatro hijos.

De padres agnósticos y anticlericales, que regresaron a Francia tras la amnistía de los Comuneros, Auguste Lecerf se convirtió al protestantismo durante su adolescencia, principalmente tras la lectura de las obras de Juan Calvino (fue bautizado, parece ser, a los 17 años). Después de una estancia en la Escuela preparatoria para el ministerio evangélico de  Batignolles, hizo sus estudios en la Facultad de teología de París entre 1891 y 1895. Seguir leyendo