Categoría: Romanismo

Recibimiento Histórico a la Visita del “papa”

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Un Solo Sacrificio, Un Solo Sacerdote

Tras haber realizado la obra de redención en Su humillación, Jesucristo la continúa en Su exaltación. A la expiación de su sacrificio en la cruz, le sigue su presencia ante el trono de Dios Padre en calidad de Mediador. Jesucristo es el Rey, a cuyos pies el Padre le sujetó todas las cosas (Hebreos 2:8-9). Pero también Él es el Sacerdote celestial, el único designado y aprobado por el Padre para llevar a cabo este ministerio a favor de los hombres (Hebreos 5:5-6). Él es, pues, Sumo Sacerdote y Rey, según el orden de Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, Rey de justicia y Rey de paz (Hebreos 5:10 y 7:1-3). Es enla Cartaa los Hebreos donde se nos expone de manera más detallada este maravilloso oficio o ministerio del Jesucristo exaltado como Sumo Sacerdote de Su pueblo. Este es precisamente uno de los temas principales de esta epístola.

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La Gracia de Dios en el Creyente: ¿Gracia Creada?

Cada día, en casa y al salir a la calle, trabajando o en nuestro tiempo libre, nos estamos tratando continuamente con otras personas. Hablamos, reímos, compartimos, nos preocupamos con ellas, en una palabra, nos relacionamos. Para nosotros es algo tan normal, tan natural, que apenas nos damos cuenta de ello, o le concedemos importancia. Sin embargo, sí que la tiene. Porque las personas con la que nos relacionamos tienen una tremenda influencia en nosotros, así como nosotros les influimos a ellas. Nos dan a nosotros, y nosotros a su vez también les damos ellas. Nuestra personalidad cambia con el trato con los demás y así, de una manera natural, tendemos a parecernos a ellos, y ellos a nosotros, en lo que pensamos, hacemos, decimos, ¡incluso a hablar con el mismo acento!

Si esto es así con los hombres, no lo es menos con Dios. Nosotros somos seres personales que se relacionan con personas, y también lo es Dios. De hecho, nosotros somos personas, porque Dios un Dios personal, y nosotros hemos sido creados su imagen y semejanza. La relación, la comunicación y el amor, es algo que forma parte del ser mismo de Dios, ya que en la unidad de Dios subsisten las tres personas distintas dela Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes desde toda eternidad entre sí se comunican, se aman y planean juntos. Ciertamente, Dios no creó al hombre porque lo necesitara para salir de su soledad y poder comunicarse con alguien, puesto que Dios ya lo hacía en sí mismo, entre las personas dela Trinidad, sino para que el hombre como criatura pudiera conocer la gloria de Dios y comunicarse con Él.

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Próxima Visita del “papa” a Madrid: Algunas Cifras

El próximo agosto, Benedicto XVI visitará Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Este es un tema que, Dios mediante, iremos siguiendo y desarrollando, pues nos interesa las evoluciones de Roma, como supongo que ya habrán podido comprobar. De momento, en la prensa de ayer saltó la noticia de lo que esta visita supondrá en términos económicos. Un coste exhorbitante, y esto en tiempos de una profunda crisis económica. Se asegura que no costará nada para la administración, pero de momento esta tendrá que expropiar (¿permanentemente?) ¡70 parcelas! Unos beneficios económicos previstos descomunales. Ya se sabe: a los jóvenes les gusta tener sus ídolos. Show-business puro y duro. Idolatría de la buena, la mejor.

En fin, les dejo con la noticia en la prensa de ayer en dos medios digitales de importancia (de paso, podrán observar la diferencia de tratamiento entre ambos diarios)

El Mundo: La visita del Papa en agosto a Madrid costará 50 millones de euros

ABC: La visita del Papa a Madrid supondrá una inyección de 100 millones de euros

Méritos

“El alma que pecare, esa morirá… si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió, por ello morirá” (Ezequiel 18:20-24).

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¿Qué Pensar de la Confesión de Pecados y la Unción de Enfermos?

Que la Iglesia católicorromana es fundamentalmente una institución en constante evolución, tanto en creencias como en prácticas, es algo que hoy día difícilmente podrá ponerse en duda. El genio católicorromano consiste, por otra parte, en revestir de catolicidad los cambios que se van acumulando con el tiempo, es decir, presentarlos de manera tal que parezcan haber formado parte, desde siempre, del ser mismo de la Iglesia. Tarea seguramente apasionante, y que ha empleado buena parte de las mentes más brillantes que ha dado el género humano, pero que no resulta siempre fácil y que, en ocasiones, aparece verdaderamente complicada.

Uno de los lugares donde más se pone esto de manifiesto, y precisamente de los que más separa a católicos y protestantes, es, sin lugar a dudas, el de los sacramentos, es decir, las ceremonias instituidas por Cristo como señales y medios de gracia para Su Iglesia. Dejando aparte la disputa acerca de la eficacia de los mismos (la cuestión del ex opere operato), es el número de sacramentos lo que constituye un problema insuperable entre ambas confesiones. Tras 1500 años de Iglesia cristiana, el Concilio de Trento fijó en siete los sacramentos cristianos, definiéndolos además de manera precisa. Con ello, Roma cerró definitivamente la puerta a la Reforma protestante, la cual, ateniéndose al testimonio bíblico, reconocía sólo al Bautismo y Santa Cena como sacramentos instituidos por Jesucristo.

De esta manera, en el siglo XVI Roma y la Reforma se perfilaron, frente a frente, en torno a la cuestión de los sacramentos. Por su parte, Trento consagraba el último desarrollo de la teología escolástica habido durante la Baja Edad Media en torno, precisamente, a esta cuestión de los sacramentos. Seguir leyendo

Todos los Santos y Día de Difuntos

Según la Biblia, el temor a la muerte es una característica humana que no conoce diferencias entre culturas y naciones, sino que es un hecho universal. Uno de los aspectos de la obra del Señor Jesucristo fue humanarse, precisamente, “para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 3,14-15). España, sin embargo, país que ha sido evangelizado y teóricamente cristianizado desde siglos, parece continuar ajena a esta liberación efectuada por Cristo, y vivir permanentemente bajo las sombras del temor a la muerte, y a todo lo relacionado con ella. No en vano, hablar de la muerte en público es considerado, por lo menos, de mal gusto. Ninguna mención, asimismo, se hace normalmente de ella en los medios de comunicación, por no hablar de la ubicación de los cementerios, siempre excluidos de las ciudades, en las afueras, rodeados de altos muros e inconfundiblemente señalados por cipreses.

Sólo hay un momento en el año en el que es permitido a la muerte, o más bien a los muertos, ocupar un cierto espacio en la vida pública. Es a primeros de noviembre, coincidiendo con el inicio real del mal tiempo del otoño, cuando los árboles han perdido ya sus hojas y nos precipitamos hacia un invierno que, en ocasiones, será largo. Son las festividades de “Todos los santos” (1 de noviembre) y “Día de difuntos” (2 de noviembre). Es en estos dos días cuando los cementerios son visitados masivamente, y las tumbas son limpiadas y adornadas con multitud de flores, especialmente crisantemos. Son días marcados por el recuerdo de los seres queridos que faltan, muy a menudo en comidas familiares concluidas por los dulces típicos de estas fechas y propios de cada región.

Estas celebraciones llaman mucho la atención a sociólogos y antropólogos, que aprovechan para publicar artículos en los que se reflexiona acerca de la celebración de los difuntos, y el papel de la muerte en la sociedad actual. Seguir leyendo