Los Amigos de Mis Enemigos

El nombramiento del nuevo papa de Roma, Francisco I, ha sido recibido por el mundo evangélico mundial con un alborozo inusitado. Sorprendentes muestras de apoyo le han venido por todas partes.  Por ejemplo, el evangelista Luis Palau instaba a todo el mundo evangélico a respaldar al papa, diciendo:

Yo creo que el mundo cristiano puede regocijarse, que el Cardenal Jorge Bergoglio de Buenos Aires Argentina, ahora es el Papa Francisco I, para los latinos es una emoción muy grande, el primer Papa de la América Latina; lo que a mí me entusiasma es que el Papa Francisco es centrado en Jesucristo, toma a pecho la Palabra de Dios, la lee todos los días, hace oraciones a Dios, y es un hombre que quiere ver que el evangelio de Jesucristo corra por todo el mundo. Es una gran bendición y debemos orar por él, como él nos ha pedido”.

Por su parte, John Upton, presidente de  la Alianza Bautista Mundia (ABM) –de la que es miembro en España la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE)– hizo público un comunicado en el que afirmaba:

“la Alianza Bautista Mundial celebra con la Iglesia Católica el anuncio de Jorge Mario Bergoglio, como el Papa Francisco…El proceso de discernimiento en oración de la Iglesia Católica en la selección del Papa ha sido un consuelo para todos nosotros… El Papa Francisco tendrá nuestras oraciones al comienzo de sus responsabilidades”.

El secretario general de la ABM, Neville Callam, incluso relacionó al nuevo papa con la consecución de la unidad cristiana al decir  que Francisco I es “una contribución positiva a la realización de la visión de que la iglesia refleje la gran oración sacerdotal del Señor” (entiéndase, Juan 17:21).

Por último, la Alianza Evangélica Mundial (AEM), por medio de su Secretario General  Geoff Tunnicliffe, también ha hecho público que orará por el nuevo papa. En su comunicado, Tunnicliffe concatena elogios acerca del “compromiso del nuevo Papa con la justicia y la paz, especialmente para aquellos que son perseguidos por causa del Evangelio y para los que viven en los márgenes de la sociedad”, así como de su “compromiso con la evangelización y la proclamación de Jesús”, al tiempo que anuncia que las conversaciones ecuménicas de la AEM con Roma  continuarán con el nuevo papa.

Hasta aquí, pues, las reacciones más significativas de algunos de los personajes evangélicos más destacados en el mundo, que celebran al unísono el nombramiento ¡de aquel que fue señalado unánimemente por la Reforma protestante del siglo XVI-XVII como el Anticristo!

Por centrarnos en documentos confesionales:

– Artículos de Esmacalda (escritos por Lutero en 1537) Segunda parte, art. 4:

“Este hecho demuestra evidentemente que el Papa es el verdadero Anticristo, que se ha colocado encima de Cristo y contra Él, puesto que no quiere que los cristianos lleguen a ser salvados sin su poder, a pesar de que no vale nada, porque no ha sido ordenado ni mandado por Dios. Esto propiamente, como dice San Pablo, “se opone y se levanta contra Dios” (2 Ts. 2:4). Los turcos y los tártaros no actúan así, aunque sean muy enemigos de los cristianos; al contrario, dejan creer en Cristo al que quiera y no exigen de los cristianos sino el tributo y la obediencia corporales. Pero el Papa no quiere dejar creer [en Cristo], sino que se le debe obedecer para ser salvo. Eso no lo haremos, antes moriremos en el nombre de Dios. Todo esto viene porque el Papa ha exigido ser llamado de jure divino jefe de la iglesia cristiana. Por eso se tuvo que colocar a la par de Cristo y sobre Cristo, y ensalzarse como la cabeza y después como el señor de la iglesia y finalmente también de todo el mundo y directamente un Dios terrenal, hasta a atreverse a dar órdenes a los ángeles en el Reino de los Cielos”.

– Segunda Confesión Helvética (1561) art. 17:

 “Desaprobamos por esta razón la doctrina del clero romano, que de su papa romano hace un pastor universal y la cabeza dirigente, e incluso vicario de Cristo en la Iglesia universal militante, añadiendo que el papa dispone de la plenitud del poder y de la suprema soberanía en la Iglesia. Lo que nosotros enseñamos es que Cristo es el Señor y queda como único pastor supremo del mundo. Como Sumo Sacerdote cumple él ante Dios, el Padre, y en la Iglesia cualquier ministerio sacerdotal y pastoral hasta el final de los tiempos”.

– Confesión de fe de Westminster (1648), art. 25:6:

“No hay más cabeza de la iglesia que el Señor Jesucristo; y no puede en ningún sentido el Papa de Roma ser cabeza de ella; ya que es aquel Anticristo, aquel hombre de pecado e hijo de perdición que se exalta en la iglesia contra Cristo y contra todo lo que se llama Dios”.

Evidentemente, las declaraciones de los portavoces del así llamado “mundo evangélico” muestran no sólo su cercanía a Roma, sino su aún mayor lejanía de la Reforma. Han reconocido tácitamente como legítimo el papado, en vez de condenarlo y exigir su disolución. Al aceptar y animar a orar por él, le reconocen incluso un papel central dentro del cristianismo (el “papa” es aquel por el cual todos los cristianos y todas las iglesias oran).  Aquellos que dicen ser protestantes y se erigen en representantes del protestantismo, sencillamente, han claudicado ante Roma.

Sin embargo, los que estamos por completo identificados con la Reforma tenemos bien claro que seguimos en guerra con Roma. Lo estamos desde los tiempos de la excomunión de Lutero (1521) o los anatemas de Trento (1547), los cuales nunca han sido revocados por Roma, por ninguno de los papas que ahora aplauden los evangélicos. ¡Qué vergüenza!

Lo que ocurre es que, como en cualquier guerra, no sólo se tiene que tener claro quién es el enemigo, sino también quiénes son aquellos que le prestan apoyo,  sus aliados o amigos. Llegados el caso, se les puede llegar a considerar en el mismo bando. Es, pues, urgente que aquellos que dicen ser reformados y que están de alguna manera comprometidos con estas organizaciones evangélicas tomen distancias de este apoyo al papa de Roma. Es algo tan fácil como desvincularse por completo de las mismas.

Más Papistas que Nunca

El “papa” de Roma ya está aquí y, con motivo de las famosas Jornadas Mundiales de la Juventud, más de un millón de jóvenes venidos de todo el mundo se han dado cita en Madrid. Según me cuentan, los viajes de algunos, provenientes de allende los mares, han sido pagados por instituciones de obediencia romana. Pero, en realidad, da lo mismo. No se puede negar que, de una u otra manera, son unos cuantos los que han venido.

Si me preguntan mi opinión acerca de esta visita, les diré que me parece un tremendo acto de idolatría. El que en la Edad Media usaba los títulos mesiánicos no es un ciudadano más. Es la supuesta cabeza de la Iglesia universal. Como ellos mismos han definido hace relativamente poco –en el siglo XX– no una cabeza distinta a la del Señor Jesucristo. Es decir, el Señor y el “papa” son –dicen ellos– la misma cabeza. Sólo que al último lo tenemos más cerca. Con lo que, si son la misma cabeza, entonces se le puede igualmente adorar, como se hace con el pan transubstanciado, supuestamente también el mismo cuerpo. Sí, en realidad no son para nada inocentes estas reuniones masivas, concebidas y llevadas a cabo únicamente para la mayor gloria del “papa”.

Como también saben, la papal visita ha desencadenado la ira de diversas organizaciones laicistas, que aprovechan la circunstancia para reclamar más laicismo al ya introducido últimamente por el Gobierno. Lo cierto es que se da una curiosa coincidencia: Zapatero –el adalid en estos últimos ocho años de la mayor convulsión moral y espiritual que haya conocido el país– tiene que salir del Gobierno cabizbajo, por la puerta de atrás y con la boca cerrada, para que entonces venga el “papa” a mostrarle que él, y sólo él, puede congregar en nuestras tierras a tal número de gente. ¿Podría ZP reunir, por distintas causas, siquiera a una décima parte de los allí congregados? Ni siquiera en sus horas más altas.

Victoria moral por aplastante goleada. Dicho de otra manera, estamos asistiendo a una curiosa manera de demostrar a todos quién realmente tiene los atributos para mandar aquí.

Lo cierto es que el romano tiene un especial interés en el control del país, entiéndase no sólo espiritual sino también temporal. Desde las donatio constantini, e incluso antes, hasta nuestros días. Sabe que España es pieza clave para sus aspiraciones de dominio mundial. A lo largo de toda nuestra Historia hemos tenido su mano encima, tendente sobretodo a hacernos creer a todos que el país de orgullosa tradición cristiana frente a Roma es, en su misma esencia, su más fiel devoto. Y, hasta el momento, casi lo ha conseguido del todo: la alternativa al papismo es la nada… véase, el laicismo nihilista que nos gobierna.

Valga lo hasta aquí dicho para ver, por raro que en principio nos pueda parecer, que el laicismo no es rival para Roma. En el fondo, hasta lo favorece. Lo único que le puede hacer frente y retener es, como se vio hace cinco siglos en Europa, la Reforma bíblica confesional. Precisamente, lo que menos abunda en España en nuestros días.

Pero ha llegado el momento del cambio. Porque las cosas no pueden quedarse así para siempre, ¿verdad? Quien tiene las sietes estrellas en su mano y anda en medio de los siete candeleros de oro (Apoc. 2:1) sigue teniendo todo el control de la situación. Y esto nos hace mantener viva la esperanza de ver llegar algún día la Reforma a nuestro país. Para que, entre otras muchas cosas, el “papa” no vuelva a pisarlo nunca más.

Post Tenebras Lux

Un Solo Sacrificio, Un Solo Sacerdote

Tras haber realizado la obra de redención en Su humillación, Jesucristo la continúa en Su exaltación. A la expiación de su sacrificio en la cruz, le sigue su presencia ante el trono de Dios Padre en calidad de Mediador. Jesucristo es el Rey, a cuyos pies el Padre le sujetó todas las cosas (Hebreos 2:8-9). Pero también Él es el Sacerdote celestial, el único designado y aprobado por el Padre para llevar a cabo este ministerio a favor de los hombres (Hebreos 5:5-6). Él es, pues, Sumo Sacerdote y Rey, según el orden de Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, Rey de justicia y Rey de paz (Hebreos 5:10 y 7:1-3). Es enla Cartaa los Hebreos donde se nos expone de manera más detallada este maravilloso oficio o ministerio del Jesucristo exaltado como Sumo Sacerdote de Su pueblo. Este es precisamente uno de los temas principales de esta epístola.

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La Gracia de Dios en el Creyente: ¿Gracia Creada?

Cada día, en casa y al salir a la calle, trabajando o en nuestro tiempo libre, nos estamos tratando continuamente con otras personas. Hablamos, reímos, compartimos, nos preocupamos con ellas, en una palabra, nos relacionamos. Para nosotros es algo tan normal, tan natural, que apenas nos damos cuenta de ello, o le concedemos importancia. Sin embargo, sí que la tiene. Porque las personas con la que nos relacionamos tienen una tremenda influencia en nosotros, así como nosotros les influimos a ellas. Nos dan a nosotros, y nosotros a su vez también les damos ellas. Nuestra personalidad cambia con el trato con los demás y así, de una manera natural, tendemos a parecernos a ellos, y ellos a nosotros, en lo que pensamos, hacemos, decimos, ¡incluso a hablar con el mismo acento!

Si esto es así con los hombres, no lo es menos con Dios. Nosotros somos seres personales que se relacionan con personas, y también lo es Dios. De hecho, nosotros somos personas, porque Dios un Dios personal, y nosotros hemos sido creados su imagen y semejanza. La relación, la comunicación y el amor, es algo que forma parte del ser mismo de Dios, ya que en la unidad de Dios subsisten las tres personas distintas dela Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes desde toda eternidad entre sí se comunican, se aman y planean juntos. Ciertamente, Dios no creó al hombre porque lo necesitara para salir de su soledad y poder comunicarse con alguien, puesto que Dios ya lo hacía en sí mismo, entre las personas dela Trinidad, sino para que el hombre como criatura pudiera conocer la gloria de Dios y comunicarse con Él.

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Próxima Visita del “papa” a Madrid: Algunas Cifras

El próximo agosto, Benedicto XVI visitará Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Este es un tema que, Dios mediante, iremos siguiendo y desarrollando, pues nos interesa las evoluciones de Roma, como supongo que ya habrán podido comprobar. De momento, en la prensa de ayer saltó la noticia de lo que esta visita supondrá en términos económicos. Un coste exhorbitante, y esto en tiempos de una profunda crisis económica. Se asegura que no costará nada para la administración, pero de momento esta tendrá que expropiar (¿permanentemente?) ¡70 parcelas! Unos beneficios económicos previstos descomunales. Ya se sabe: a los jóvenes les gusta tener sus ídolos. Show-business puro y duro. Idolatría de la buena, la mejor.

En fin, les dejo con la noticia en la prensa de ayer en dos medios digitales de importancia (de paso, podrán observar la diferencia de tratamiento entre ambos diarios)

El Mundo: La visita del Papa en agosto a Madrid costará 50 millones de euros

ABC: La visita del Papa a Madrid supondrá una inyección de 100 millones de euros

Méritos

“El alma que pecare, esa morirá… si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, e hiciere conforme a todas las abominaciones que el impío hizo, ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió, por ello morirá” (Ezequiel 18:20-24).

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¿Qué Pensar de la Confesión de Pecados y la Unción de Enfermos?

Que la Iglesia católicorromana es fundamentalmente una institución en constante evolución, tanto en creencias como en prácticas, es algo que hoy día difícilmente podrá ponerse en duda. El genio católicorromano consiste, por otra parte, en revestir de catolicidad los cambios que se van acumulando con el tiempo, es decir, presentarlos de manera tal que parezcan haber formado parte, desde siempre, del ser mismo de la Iglesia. Tarea seguramente apasionante, y que ha empleado buena parte de las mentes más brillantes que ha dado el género humano, pero que no resulta siempre fácil y que, en ocasiones, aparece verdaderamente complicada.

Uno de los lugares donde más se pone esto de manifiesto, y precisamente de los que más separa a católicos y protestantes, es, sin lugar a dudas, el de los sacramentos, es decir, las ceremonias instituidas por Cristo como señales y medios de gracia para Su Iglesia. Dejando aparte la disputa acerca de la eficacia de los mismos (la cuestión del ex opere operato), es el número de sacramentos lo que constituye un problema insuperable entre ambas confesiones. Tras 1500 años de Iglesia cristiana, el Concilio de Trento fijó en siete los sacramentos cristianos, definiéndolos además de manera precisa. Con ello, Roma cerró definitivamente la puerta a la Reforma protestante, la cual, ateniéndose al testimonio bíblico, reconocía sólo al Bautismo y Santa Cena como sacramentos instituidos por Jesucristo.

De esta manera, en el siglo XVI Roma y la Reforma se perfilaron, frente a frente, en torno a la cuestión de los sacramentos. Por su parte, Trento consagraba el último desarrollo de la teología escolástica habido durante la Baja Edad Media en torno, precisamente, a esta cuestión de los sacramentos. Seguir leyendo

Todos los Santos y Día de Difuntos

Según la Biblia, el temor a la muerte es una característica humana que no conoce diferencias entre culturas y naciones, sino que es un hecho universal. Uno de los aspectos de la obra del Señor Jesucristo fue humanarse, precisamente, “para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 3,14-15). España, sin embargo, país que ha sido evangelizado y teóricamente cristianizado desde siglos, parece continuar ajena a esta liberación efectuada por Cristo, y vivir permanentemente bajo las sombras del temor a la muerte, y a todo lo relacionado con ella. No en vano, hablar de la muerte en público es considerado, por lo menos, de mal gusto. Ninguna mención, asimismo, se hace normalmente de ella en los medios de comunicación, por no hablar de la ubicación de los cementerios, siempre excluidos de las ciudades, en las afueras, rodeados de altos muros e inconfundiblemente señalados por cipreses.

Sólo hay un momento en el año en el que es permitido a la muerte, o más bien a los muertos, ocupar un cierto espacio en la vida pública. Es a primeros de noviembre, coincidiendo con el inicio real del mal tiempo del otoño, cuando los árboles han perdido ya sus hojas y nos precipitamos hacia un invierno que, en ocasiones, será largo. Son las festividades de “Todos los santos” (1 de noviembre) y “Día de difuntos” (2 de noviembre). Es en estos dos días cuando los cementerios son visitados masivamente, y las tumbas son limpiadas y adornadas con multitud de flores, especialmente crisantemos. Son días marcados por el recuerdo de los seres queridos que faltan, muy a menudo en comidas familiares concluidas por los dulces típicos de estas fechas y propios de cada región.

Estas celebraciones llaman mucho la atención a sociólogos y antropólogos, que aprovechan para publicar artículos en los que se reflexiona acerca de la celebración de los difuntos, y el papel de la muerte en la sociedad actual. Seguir leyendo

La Nueva Teología Católica-Romana sobre Israel. Sentido y Alcance de un Cambio Doctrinal

INTRODUCIÓN ¿CAMBIO CATÓLICO ROMANO?

Esta conferencia afirma desde su título mismo que ha habido un cambio de enseñanza en la Iglesia católica-romana acerca de los judíos. Para comenzar nuestro estudio, pues, debemos ver si efectivamente ha habido este cambio de doctrina. En efecto, ya se puede hacer muchas afirmaciones, pero estas deben ser por lo menos probadas.

Y es ahora cuando comienzan nuestros problemas, porque para ver si ha habido un cambio de doctrina, nos tenemos que preguntar cuándo una enseñanza se convierte en doctrina de la Iglesia católica-romana. ¿Cuándo estamos ante una doctrina de la Iglesia como tal, por tanto ante una afirmación católica? ¿Al leer las proposiciones de una escuela teológica en particular, entre muchas otras? ¿O las declaraciones de un obispo, o de un grupo de obispos sin el Papa? ¿O las declaraciones del Papa sin los obispos? ¿O las declaraciones del Papa y los obispos, cuando ellas todavía no han sido ratificadas por otras declaraciones del Papa y los obispos? ¿Y qué género de declaraciones son las que ratifican la catolicidad? El problema es, pues, bastante complejo, mucho más, como vamos a ver, que en el protestantismo.

I. CAMBIO, EN EFECTO

En esta incertidumbre inicial, debemos hallar un terreno que sea verdaderamente seguro. En la iglesia católica-romana hay principalmente dos ámbitos que reflejan la fe de la Iglesia. Seguir leyendo