Categoría: Historia

El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 1)

“Un huguenote en el Día de San Bartolomé, rehusando protegerse del peligro por llevar una señal católica romana” (Sir John Everett Millais)

[Reproducimos la excelente serie de siete artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí. Usado con permiso. Westminster Hoy no necesariamente comparte la totalidad de los puntos de vista del autor, pero recomienda vehementemente su lectura].
El culto reformado, es decir, la adoración regulada conforme a la Sola Escritura (Catecismo de Heidelberg Q 96; artículo Confesión Belga 32), ha fomentado y cultivado una forma única de piedad en la iglesia reformada en el pasado. Se podrían citar muchos ejemplos y testimonios de esta distintiva forma de piedad, pero en esta nueva serie propongo considerar el ETOS MARCIAL producido por el canto de Salmos, que caracterizó al calvinismo militante durante los siglos XVI y XVII. El estudio que usaré para tratar acerca del etos marcial producido por el canto de Salmos en las iglesias reformadas de este período fue realizado y publicado por W. Reid Standford en un artículo titulado, “Los Himnos de Guerra del Señor: El canto de Salmos calvinista del siglo XVI”. El Dr. Reid fue profesor de Historia en la Universidad de Guelph y el estudio presentado en este ensayo en particular se encuentra en un volumen de ensayos publicado en 1970 en Ensayos y Estudios del siglo XVI, editado por C.S. Meyer. En las entradas posteriores que se basarán en este ensayo, me propongo examinar las cinco áreas siguientes:

Seguir leyendo

Anuncios

La Masacre de Vassy (1 de marzo, 1562)

La masacre de Vassy, que precipitó la primera Guerra de Religión en Francia (1562-1563) es uno de los acontecimientos que han marcado la Historia de nuestro vecino país y, en cierto sentido, también la europea. No es de extrañar, pues, que esté siendo continuamente revisado por parte de los historiadores.

De entrada, hay que constatar un problema no pequeño: las fuentes primarias sobre las cuales se reconstruye el relato de la masacre son, o bien católicas, o bien protestantes. Es decir, no hay fuentes primarias, digamos, neutrales, sobre las cuales basarse. Los historiadores deben, pues, escoger entre ellas lo que le parecen los datos más contrastados o verosímiles. Pero también hay que ser conscientes que ante este hecho, sobretodo en la interpretación del mismo, tenderán siempre a buscar una cierta equidistancia entre los actores católicos y protestantes, para no dar la impresión de que se está abrazando unilateralmente un bando. Las Guerras de Religión son uno de los acontecimientos más traumáticos (por no decir, el más traumático) de toda la Historia de Francia. Además, hay que tener presente que el mundo académico no es exento a la exigencia de laicidad imperante en Francia.

Para los que lean francés pude ser interesante la lectura de este artículo de la Sociedad de la Historia de Francia.[1] Es algo antiguo (de 1913) pero da una buena reconstrucción del suceso, sobretodo, un análisis bastante detallado, algo muy importante, de sus fuentes primarias.

En la presentación e interpretación de la masacre de Vassy, no faltan a veces voces que censuran a los protestantes el hecho de reunirse en tierras del Duque de Guisa, o que incluso acusan a los reformados de contravenir “acuerdos previos”. Esto equivale a achacar la masacre como si fuera debida a una provocación previa de los reformados, explicación ya dada en su día por Guisa mismo y por sus defensores católicos.[2]

Hay que decir que, en diciembre 1561, los reformados de Vassy obtuvieron autorización del conde d’Eu, François II de Clèves, gobernador de Champagne. En cuanto a los “acuerdos previos” contravenidos, en realidad no son tales, sino el Edicto real de Enero 1562, que concedía tolerancia al ejercicio público de la religión fuera de las ciudades (para el texto íntegro, en francés antiguo, pulsen aquí).

Sin embargo, debido a la resistencia ofrecida por el Parlamento de París, el edicto no entró en vigor hasta después de la masacre de Vassy. La reunión de los reformados en Vassy estaba, por tanto, dentro de la legalidad.

En cuanto al número de víctimas, los que hoy día la cifran alrededor de 23 no hacen más que retomar la cifra que personalmente dio en su día el duque mismo de Guisa, en una carta de clara naturaleza apologética de su acción.[3] En su obra de 1961, Émile G. Léonard lo cifra en 74,[4] cifra que es la historiofrafía universitaria más reciente mantiene (Delumeu, 73 muertos)..[5]

Les dejo, pues, con la traducción del párrafo dado por Thomas Lindsay, en el que describe el relato de la matanza:
“El duque de Guisa, cuando viajaba de Joinville a París, acompañado por su hermano, el cardenal de Guisa, sus hijos y su esposa, y escoltado por un gran séquito armado, se detuvo en Vassy (1 de marzo de 1562). Era domingo, y el duque deseaba oír misa. Apenas a un disparo de distancia de la iglesia había un granero, donde los protestantes (desafiando el edicto, puesto que Vassy era una ciudad amurallada) estaban celebrando  un culto. La congregación, de apenas un año de edad, era numerosa y con gran celo. Era una monstruosidad para Antonieta de Borbón, la madre de los Guisa, que vivía en el vecino castillo de Joinville, ver a sus subordinados atraídos por la predicación de Vassy. El duque se exasperó al ver que los hombres a los que consideraba sus súbditos lo desafiaban en su presencia. Él envió a algunos de sus criados para pedir la a los fieles que abandonaran el lugar. Fueron recibidos por el gritos de “¡Papistas! ¡Idólatras!” “Cuando se trató de forzar la entrada, las piedras comenzaron a volar, y el Duque recibió una pedrada. 

El granero fue atacado, los adoradores fusilados, y antes que el Duque diera la orden de cesar el fuego, sesenta y tres de los seis o 700 protestantes fueron asesinados, y más de un centenar de heridos. La noticia de la masacre se extendió rápidamente, y al mismo tiempo que exasperó a los hugonotes, los Romanistas la aclamaron como una victoria. El condestable de Montmorency y el mariscal de San André salieron al encuentro del duque, y los Guisa entraron en París triunfalmente, escoltado por más de tres mil hombres armados. Los protestantes comenzaron a armarse, y se reunieron para ir a París para ponerse bajo las órdenes del príncipe de Condé. Se temía que los dos bandos lucharan en las calles.

 La regente se retiró con el rey a Fontainebleau. Tenía miedo del Triunvirato (Montmorency, el duque de Guisa, y el mariscal Saint-André) y pidió al Príncipe de Condé que la protegiera a ella y a sus hijos. Condé perdió la oportunidad de colocarse a sí mismo y a sus correligionarios en la posición de dar apoyo al trono. El Triunvirato, con Antonio de Borbón, que ahora parecía  ser el siervo obediente del ellos, marchó sobre Fontamebleau, y obligó al rey y la reina madre a volver a París. Catalina creyó que los protestantes la habían abandonado, y se volvió hacia los romanistas.


El ejemplo de la masacre perpretada en Vassy fue seguido en muchos lugares donde la romanistas eran mayoría. En París, Sens, Rouen, y en otros lugares, los lugares protestantes de adoración fueron atacados, y muchos de los fieles asesinados. En Toulouse, los protestantes se encerraron en el capitolio, y fueron sitiados por los romanistas.  Al final se rindieron, confiando en la promesa de que se les permitiría salir de la ciudad con seguridad. La promesa no fue mantenida, y tres mil hombres, mujeres y niños fueron asesinados a sangre fría. Esta masacre, en violación del juramento, fue celebrada por los católicos romanos de Toulouse en las fiestas del centenario, que se celebraron en 1662, en 1762, y que se habrían celebrado en 1862 si el gobierno de Napoleón III no lo hubiera prohibido”.[6]


[1] Annuaire-bulletin de l’Histoire de France, année 1913 (París: Librairie Renouard), pp. 188-235.

[2] Cf. Mémoires de Claude Haton, contenant le récit des événements accomplis de 1553 à 1582, principalement dans la Champagne et la Brie, 2 vol. (París: éd. Félix Bourquelot, 1857).

[3] Ibid., p. 216.

[4] Émile G. Léonard, Histoire générale du protestantisme, 3 vols. (París: Quadrige – PUF, 1961, reed. 1981), vol. 2, p. 113.

[5] Jean Delumeau, Renaissance et discordes religieuses in L’histoire de France, sous la direction de Georges Duby, Larousse, 2007, p.  474.

[6] Thomas M. Lindsay, A History of the Reformation, 2 vols. (Nueva York: Scribner. 1907), pp. 189-191.

Pío Moa o la Falsificación Torticera de la Historia de los Hugonotes

En su columna de ayer en Libertad Digital (LD), el pseudo-historiador neo-franquista Pío Moa hizo todo un alarde de lo que es la falsificar la Historia al escribir un artículo sobre los hugonotes franceses.

Para poner en antecedentes a nuestros lectores de América que tal vez no conozcan al personaje, es necesario decir que Pío Moa perteneció al grupo marxista de los GRAPO, llegó a participar incluso en un asesinato en 1975, y posteriormente se acogió en 1983 a las medidas de reinserción de terroristas. En los últimos años ha ganado cierta noteriedad en España por haber publicado toda una retahíla de libros y artículos, en los que justifica el alzamiento militar que dio inicio a la Guerra Civil en España (1936-39), el régimen dictatorial de 40 años de Franco en contra de los demás países democráticos occidentales y llega incluso a deslegitimar a los actuales políticos democráticos.

Debido a su encarnizada justificación del franquismo, Moa se ha enzarzado en los últimos meses en vivas polémicas con otros articulistas del mismo medio en el que él escribe, tales como los historiadores Jorge Vilches o César Vidal (evangélico). Estos han recriminado a Moa su escaso rigor como historiador a la hora de sustentar sus tesis justificadoras del régimen de Franco. Moa, lejos de amilanarse, ha continuado sus diatribas en solitario, cuando sus oponentes han desistido de intentar seguir razonando con él.

En las últimas semanas, César Vidal ha comenzado en LD una serie de artículos en los que muestra que la decandencia en la época moderna de España proviene de su rechazo a la Reforma protestante y, consiguientemente, a todos los cambios históricos que ella introdujo en los países donde sí triunfó. Este hecho bien puede ser la causa de la serie de artículos que, desde su columna diaria, Moa ha escrito contra los actores mismos de la Reforma protestante, en los que recurre a los clichés más trillados de la historiografía tradicional papista en España.

Tras estos necesarios precedentes, podemos entrar a presentar el artículo de ayer. Este comienza con el siguiente párrafo introductorio:

“Durante la década de los sesenta la expansión protestante se hizo más agresiva a través del calvinismo, que se convirtió en una potencia dentro de Francia, Escocia y Flandes. Se trataba de un movimiento internacional muy eficiente, con miles de personas fanatizadas entregadas al proselitismo y una destreza agitativa extraordinaria (se lo compararía en el siglo XX con la Internacional Comunista o Comintern)”. 

La tendenciosa manera de presentar la Reforma simplemente como “calvinismo” es tradicional en la historiografía de orientación papista. Pero es bien novedoso el recurso de Moa, al calificarla como  “movimiento internacional”, “miles de personas fanatizadas”, “destreza agitativa” para, finalmente, compararla a la “Internacional Comunista o Comintern”. Añade la coletilla que “se lo compararía en el siglo XX”, pero no cita quienes lo han hecho. Evidentemente, la analogía en la pluma de Moa está lejos de ser inocente, pues si él justifica la Guerra Civil española como la reacción necesaria para evitar que España quedara bajo el dominio del comunismo internacional, de igual manera justifica el rechazo español a la Reforma, y las actividades de la Inquisición para extirparla de nuestro país.

Sin embargo, las tergiversaciones graves del artículo de Moa se encuentran ya en el siguiente párrafo:

 En 1560 urdieron el secuestro del joven rey Francisco II,  para apartarlo de la influencia de la casa de Guisa y aniquilar a los consejeros católicos. El complot, auspiciado por Luis Condé, de la casa de Borbón, pro calvinista, fracasó, pero los hugonotes lanzaron en más de veinte ciudades una oleada de destrucción de estatuas, reliquias, custodias y obras de arte sagradas para los católicos, provocando represalias de estos. En 1562, unas prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa, en contravención de acuerdos previos, derivaron en un choque con muerte de 23 hugonotes (Masacre de Vassy). El mismo año los calvinistas asesinaron a más de 600 católicos en Montbrison, mientras pedían soldados y dinero a Inglaterra, ofreciendo a cambio la entrega de Calais y Le Havre. Comenzaron así las  guerras religiosas francesas, plagadas de matanzas mutuas y nacidas del intento calvinista de ganar el poder para imponer desde él su religión, según el modelo de Ginebra”.

1) Moa se está refiriendo en un principio a la llamada Conjura de Amboise. Es interesante notar que ninguna mención hace Moa de lo que representó el Duque de Guisa en aquellos años en Francia. Él se oponía ferozmente a la política de tolerancia hacia los reformados y, de hecho, las guerras de religión se le tienen que imputar, en buena medida, a él. En cuanto a la conjura, esta fue desaprobada por los reformadores en Suiza. Pero Moa comete aquí dos falacias. Una por activa: atribuyendo gratuitamente que el objeto de la Conjura era “aniquilar a los consejeros católicos” (¿cómo lo sabe él? ¿en qué documentos de la época se basa?). Otra por pasiva: pasando directamente de la Conjura a la “oleada de destrucción” iconoclasta de los reformados en distintas ciudades, sin mencionar que la represión de esta Conjura causó de 1200 a 1500 muertes entre los reformados.

2) En segundo lugar, Moa habla de la conocida “Masacre de Vassy”. La manera de presentarla habla por sí sola: “En 1562, unas prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa, en contravención de acuerdos previos, derivaron en un choque con muerte de 23 hugonotes (Masacre de Vassy)”. Otra vez Moa saca a relucir su lenguaje tendencioso al hablar de “prédicas protestantes en tierras del católico Duque de Guisa”. Se imagina uno feroces predicadores al aire libre, perturbando la paz católica de aquellas tierras. La realidad es que en Vassy se reunían un grupo de creyentes en un establo. Y otra vez Moa hace recaer la responsabilidad de esta masacre del lado reformado, con esta coletilla de que prédicas se hacían “en contravención de acuerdos previos”. 

Moa dice aquí una gran falacia: presenta a los creyentes reformados de aquellas tierras, gente simple del pueblo, como si fueran los actores políticos que contravienen acuerdos. En realidad, con estas  palabras Moa no hace sino hacer de portavoz de la misma justificación que dio el Duque de Guisa en su día.

Moa hace aquí también una gran falta de método: cifra en 23 las personas muertas, cuando las obras historiográficas serias recientes hablan de 74 muertos.(1) Hubiera sido de ayuda saber en qué obras se apoya Moa para ofrecer estas cifras.

3) Moa manipula también la Historia al pasar directamente de la Masacre de Vassy (de la que responsabiliza a los reformados), a la toma de Montbrisson que causó 600 muertos, sin mencionar antes que esto se produjo en el contexto de la primera Guerra de Religión en Francia (la cita, sí, pero al final del párrafo, con lo que su relato es desconexo y lo único que hace es contraponer una la Masacre de Vassy, 23 muertos según él, por la de Montbrisson, 600 muertos; saquen conclusiones de qué lado pende Moa). A su regreso a París tras la masacre de Vassy, el Duque de Guisa es aclamado y reclama una cruzada contra los reformados. Se desencadena una serie de matanzas contra los reformados en ciudades como Sens, Tours, Toulouse, Maine o Anjou, sentando el precedente de lo que en el año 1572 sería la gran matanza de “Saint Barthélemy”. Estos fueron  los acontecimientos que desencadenaron la primera Guerra de Religión en Francia, al tomar la nobleza protestante la defensa del pueblo reformado.

En cuanto a la toma de Montbrisson, ella fue perpretada por François de Beaumont, baron de Adrets, y fue rechazada por Calvino en Ginebra. A los pocos días, Beaumont sería reemplazado al frente de las tropas protestantes. En 1563, él sería arrestado en la ciudad protestante de Nîmes y, finalmente, ¡se pasaría en 1567 a las filas católicas para combatir a los reformados con igual furor que antes hiciera a los papistas! Todas estas precisiones bien merecerían ser citadas por Moa; ellas no justifican lo que ocurrió en Montbrisson, pero por lo menos lo pone en su contexto, cosa que Moa desconoce por completo.

4) Pero Moa manipula groseramente la Historia cuando dice más adelante: “De 1560 a 1584 habían tenido lugar siete guerras religiosas iniciadas, como vimos, por los hugonotes al intentar tomar el poder secuestrando al rey”Es absolutamente falso decir que entre 1560 y 1562 Francia estaba en guerra religiosa. La tensión en el país iba en aumento, ciertamente, pero, una vez más, es absolutamente falso decir que el país estaba en guerra. Incluso en septiembre de 1561 tuvo lugar, auspiciado por la reina-madre Catalina de Medicis, el Coloquio teológico de Poissy, con la presencia en él de Teodoro de Beza, con vistas a una posible reconciliación entre los bandos reformados y papistas.

La intención de Moa al hacer retroceder el origen de la guerra de religión en Francia a la Conjura de Amboise está clara: poder imputar la culpa de este enfrentamiento a los reformados. Pero la tesis de Moa es contraria a la historiografía de aquel periodo. En la actualidad, ningún historiador secular serio en Francia sostendría tales puntos de vista, los cuales sólo se pueden hallar en la literatura católica integrista, que tanta fuerza tiene en Francia y de la que Moa parece inspirarse tanto -aunque sin citarla-.

Pero al hacer retroceder dos años el origen de la primera Guerra de Religión en Francia, ¡Moa está siguiendo exactamente el mismo paradigma de lo que hace con la Guerra Civil en España, al situar su origen en la sublevación de Asturias (1934) para imputarla a las fuerzas de la izquierda!

Ciertamente, este patrón recurrente en Moa está lejos de ser casual, sobretodo si tenemos en cuenta sus comentarios iniciales comparando a los reformados con el comunismo internacional.

Creemos que Moa, sí, ha sido totalmente sincero en su abjuración del marxismo, pero lo ha hecho abrazando con igual celo el nacionalismo español más cerril y trasnochado. Ciertamente, ponerse a escribir Historia para intentar espantar sus fantasmas personales no es nada bueno. Primeramente, porque al hacerlo se está poniendo ante la sociedad en un púlpito que -siento decirlo- por su historia personal no le pertenece. Pero, sobretodo, porque tiene la tendencia irrefrenable a intentar amoldar la Historia a sus propias vivencias y traumas personales. Y la Historia se resiste a ello.

A buen seguro, todos leemos e interpretamos la Historia desde nuestro propio punto de vista. Reconocer esto no es caer en el relativismo postmoderno, puesto que hay puntos de vista correctos y puntos de vista equivocados. Pero es que, además, la tarea del historiador no es hablar a partir de sus propias opiniones, sino a partir de los datos históricos y de lo que dicen unos historiadores y otros de estos datos, citándolos y tratando lo que ellos dicen con respeto y rigor, para a partir de ahí sacar uno sus propias afirmaciones. Es de esta manera como las opiniones personales equivocadas pueden incluso llegar a ser corregidas por los datos de la Historia. De otra manera, es absolutamente imposible. Pues todo esto es lo que no hace Moa, por lo que uno siempre tiene la impresión que, en vez de estar leyendo Historia, está una y otra vez releyendo su propia historia -la de Moa- en todo cuanto escribe.

(1) Jean Delumeau, Renaissance et discordes religieuses in L’histoire de France, sous la direction de Georges Duby, Larousse, 2007, p.  474.

________

Jorge Ruiz Ortiz

Carta de Prisión de Guido de Bres a su Esposa Catalina Ramon

Guido de Bres (1522-31 de mayo 1567) fue uno de los reformadores en Bélgica. Es el padre de la llamada “Confesión belga de fe”. Pastor de la iglesia clandestina, teólogo y mártir del Señor Jesucristo. Un verdadero héroe de la fe.

Reproducimos íntegramente el texto de su carta de despedida a su esposa, Catalina Ramon, escrita en la prisión, a pocas semanas de su ejecución. No es mi estilo usar muchos adjetivos, pero se trata de un testimonio extraordinario, absolutamente conmovedor.

“Que la gracia y la misericordia de nuestro buen Dios y Padre Celestial y el amor de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, sea con tu espíritu, mi bienamada.

Catalina Ramon, mi querida y bienamada esposa y hermana en nuestro Señor Jesucristo, tu angustia y tu dolor perturban un poco mi gozo y la alegría de mi corazón. Te escribo esta carta, tanto para tu consolación como para la mía; especialmente para la tuya, puesto que siempre me has amado con ardiente afecto y que ahora le ha placido al Señor que seamos separados el uno del otro. Siento tu amargura por esta separación todavía más que la mía. Te ruego de todo corazón que no te dejes turbar en exceso, temiendo que Dios no sea ofendido por ello. Sabes bien que cuando te casaste conmigo, tomaste un marido mortal, que no sabía si iba a vivir un simple minuto más, y sin embargo le ha placido a nuestro buen Dios dejarnos vivir juntos durante cerca de siete años y darnos cinco hijos. Si el Señor hubiera querido dejarnos vivir más tiempo juntos, bien hubiera tenido los medios para hacerlo. Pero no fue tal su voluntad; por consiguiente, que se haga según su buena voluntad y que esta razón te pueda satisfacer.

Por otra parte, considera que no he caído en manos de mis enemigos por casualidad, sino por la providencia de mi Dios, Seguir leyendo

Los Tratados de Calvino “El Fiel entre los Papistas” y “Excusa a los Señores Nicodemitas”: Separación y Reforma

Estoy muy contento de poder dar estas charlas o conferencias. Como ya se ha dicho, esperamos que esto que comenzamos hoy, con el pequeño grupito que somos, se pueda repetir cada año y que estas conferencias puedan llegar a ser un instrumento de lo que el título general de las Conferencias dice: que haya una “Reforma en España”.

Pero a más de uno, sin duda, le puede resultar un poco fuera de lugar postular la Reforma para el día de hoy. En la inmensa mayoría de los casos, e incluso entre los mismos protestantes, ella es vista únicamente como un acontecimiento meramente histórico. Se piensa que la Reforma tuvo lugar en el siglo XVI, porque estuvo ligada a las condiciones políticas, sociales y religiosas de aquel tiempo. Pero ya no estamos en estas mismas condiciones, y que, por ello, se sigue diciendo, la Reforma es completamente inviable para el día de hoy. En la actualidad, pues, ella sería imposible. Hoy día tenemos iglesias evangélicas (¡y muchas!) como descendientes lejanas de la Reforma, pero movimiento de Reforma, como tal, no… y tampoco habría necesidad de que lo tengamos.

Esto es lo que se considera normalmente. Pero esta es la idea que quisiéramos llegar a desplazar con estas conferencias que inauguramos hoy. En su lugar, queremos implantar su contraria: que no hay cuestión de más actualidad, y cuya realización sea más imperiosa y urgente, que volver a la Reforma hoy. O, lo que es lo mismo, que se dé una nueva Reforma sobre el modelo –doctrinal y eclesialmente hablando– de la que se produjo en el siglo XVI en distintos países de Europa. Y creo que todo esto puede salir muy bien a relucir con el tema de estas dos conferencias, acerca de las dos obras escritas por el Reformador Calvino, “Tratado del fiel entre los papistas”[1] y “Excusa a los señores nicodemitas”. [2]

Seguir leyendo

El Juramento del Sínodo de Alais (1620)

Por completo ajenos e ignorantes a la extraña circunstancia de que yo me iría a casar en aquella ciudad 376 años más tarde, los pastores de la Iglesia Reformada en Francia se reunieron en sínodo, a partir del 1 de octubre y hasta entrado el mes de diciembre, en la ciudad de Alais (en la actualidad, Alès-en-Cevennes). Bajo el liderazgo indiscutible del gran pastor y teólogo Pierre Du Moulin, la asamblea decidía adoptar los cánones recientemente adoptados, en Holanda, por el Sínodo de Dordrecht en contra de las enseñanzas remonstrantes, comúnmente conocidas como arminianas. No sólo eso: se requería que estos cánones fueran suscritos, bajo juramento, por todos los pastores y maestros de la Iglesia Reformada de Francia.

Pero el Sínodo se acabó y la historia no tardó en seguir su curso. El 25 de diciembre del mismo 1620, una asamblea política protestante se reunía en La Rochelle para protestar por las medidas tomadas tras la anexión por el rey de Francia de la que fuera protestante Navarra. Demandaban el cumplimiento en aquel territorio recatolizado de las estipulaciones de tolerancia del Edicto de Nantes. Al ser rechazadas sus demandas por el rey de Francia, se tomó directamente el camino de la última de las guerras de religión (1620-1629). Serían ganadas, como es de suponer, por las tropas de Luís XIII, el hijo del apóstata rey de Francia Enrique IV. Esta derrota, firmada precisamente en Alais en 1629, debilitaría definitivamente la Reforma en Francia, dejando a los protestantes al albur de la “buena voluntad” del rey. Se preparaba así el terreno para la Revocación del Edicto de Nantes y la sangrienta persecución de los reformados en Francia durante más de un siglo.

En todo caso, si se pudiera parar el reloj de la Historia, nos quedaríamos sin duda en aquel otoño de fraternales reuniones en la ciudad de Alais, a orillas del río Gardon. Precisamente cuando un joven estudiante, llamado Moyse Amyraut, estaría comenzando a recibir sus clases de teología con el afamado profesor John Cameron. Sí, en la distante, geográficamente hablando, Academia de Saumur. Pero esa es otra historia.

Les dejo, pues, con el texto del juramento en cuestión (original francés incluido)

Formulario de juramento. – Yo,..….., juro y prometo ante Dios y ante esta santa asamblea, Seguir leyendo

El Último Calvinista en Francia: Auguste Lecerf

Auguste Lecerf (izquierda), Sergius Bulgakov (centro) y Fritz Lieb (derecha) en 1933.

Una de las personalidades por las que, como cristiano, siento más aprecio y simpatía es la del pastor y profesor reformado Auguste Lecerf.  Ni su conversión ni su posterior evolución teológica e intelectual se explican por las condiciones familiares o eclesiales en las que vivió, en las que predominaban las ideas liberales. Lecerf fue un verdadero reformado confesional, en un sentido pleno de la palabra. En él se percibe la verdadera y continua “renovación del entendimiento” a la que todos los cristianos somos llamados (Romanos 12:1-2), dirigida siempre por la autoridad de Dios quien habla en las Sagradas Escrituras. Lecerf no fue perfecto y como todos los hombres tuvo también sus fallos, pero en su vida y obra se ve claramente el llamamiento y bendición de Dios.

“LECERF Auguste – Pastor reformado, profesor de teología. Nacido el 18 de septiembre de 1872 en Londres; muerto el 1 de septiembre de 1943. Hijo (oficialmente, porque su verdadero padre era un noble escocés) de René Lecerf, francés, refugiado en Londres tras la Comuna de París, en la que participó, y de Stela Élisa Ramonetti, inglesa de ascendencia italiana, quien también participó en la Comuna de París. Se casó el 28 de septiembre de 1893 con Andréa Elisabeth Léré. Cuatro hijos.

De padres agnósticos y anticlericales, que regresaron a Francia tras la amnistía de los Comuneros, Auguste Lecerf se convirtió al protestantismo durante su adolescencia, principalmente tras la lectura de las obras de Juan Calvino (fue bautizado, parece ser, a los 17 años). Después de una estancia en la Escuela preparatoria para el ministerio evangélico de  Batignolles, hizo sus estudios en la Facultad de teología de París entre 1891 y 1895. Seguir leyendo