Categoría: Ética Bíblica

Hoy Hace Siete Años…”Matrimonio” Homosexual

El 30 de junio de 2005, hace exactamente siete años, Zapatero hacía aprobar en el Congreso la ley que permitía el “matrimonio” homosexual al grito de “ahora España será un país más decente”.

Han pasado ya siete años desde entonces. Durante este tiempo, y hasta el primer semestre de 2011, según datos del Instituto Nacional de Estadística, se han hecho en España 21.439 “matrimonios” entre personas del mismo sexo. Equiparables en todo punto a los matrimonios verdaderos, incluso en la adopción de hijos.

Si se suma a esto los más de 700 mil divorcios habidos en España durante este mismo periodo, como resultado directo del “divorcio exprés” de Zapatero, se puede comprender fácilmente la tremenda confusión y crisis en la que ha entrado el matrimonio y la familia en España.

La implacable máquina propagandística del gobierno (medios de comunicación, escuela, financiación pública de organizaciones y actividades de colectivos pro-homosexuales) también ha hecho su trabajo de manera intensiva. El resultado, que era absolutamente predecible, es que, a día de hoy, la mayoría de los españoles ve con buenos ojos o es abiertamente partidario del “matrimonio” entre homosexuales.

El 30 de junio del 2005 conducía mi coche, escuchando por la radio la voz, lejana pero triunfante, de Zapatero en su discurso en el Congreso. Tras unas circunstancias un poco especiales, la noche de antes no había conseguido pegar ojo. Tal vez en parte por ello, el efecto que produjeron en mí fue de lo más particular.

Ese día era un jueves. El lunes siguiente me puse a escribir un artículo acerca de la nueva ley del “matrimonio” homosexual, artículo que sería publicado en la revista “Nueva Reforma” a finales de ese año.

Aquí viene el artículo en cuestión.

La Revolución de Zapatero.

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Hoy Hace Siete Años…Divorcio Exprés

Exactamente hace siete años, el 29 de junio de 2005, el Congreso español aprobaba una de las dos leyes estelares con las que se presentaba el Gobierno Zapatero a la Historia: la conocida como ley del Divorcio exprés.

Los datos hablan por sí solos. Estos son los divorcios que hubo en España en el periodo 2000-2004 (los datos han sido obtenidos en la página web del Instituto Nacional de Estadística):

Año 2000:    37.743 divorcios

    ”     2001:    39.242        “

    ”     2002:    41.621        “

    ”     2003:    45.448      “

    ”     2004:    50.974      “

     TOTAL :    235.028    “

Bien. Compárese esto con lo sucedido entre el 2005 y el 2010:

 Año 2005:       72.848 divorcios ( la ley entró en vigor en julio)

    ”     2006:    128.952          “

    ”    2007:     125.777          “

    ”    2008:     110.036          “

   ”     2009:       98.359          “

  ”      2010:     102.933         “

        TOTAL:  638.912         “

Por tanto, los divorcios en España, como consecuencia de dicha ley, casi se han multiplicado por tres. En un contexto de euforia económica, completamente artificial e ilusoria, como era la que había en España durante toda la pasada década. el gobierno de turno, el gobierno de Zapatero, con su discurso y con sus leyes, promovió  la ruptura matrimonial: la banalizó y la puso aún más al orden del día. Y las sociedades son tremendamente receptivas al discurso de sus gobernantes.

Ahora estamos en una profundísima crisis económica. Aun sin ella, gracias al euro, los ciudadanos de España nos hemos empobrecido un 20 % en diez años. Se puede sumar a esto, los más de cinco millones de parados, o las casi 60.000 familias que perdieron sus hogares en 2011.  

Entonces, se comprenderá perfectamente los terribles efectos que la maldita ley del divorcio puede tener y tiene en esta situación.

El resultado de todo esto: más desesperación y muerte. La desesperación no sólo está detrás de muchos casos de violencia doméstica. También hay que hablar de los suicidios, normalmente de los hombres. Algo que, normalmente, no saldrá en los diarios.

Esto es lo que ocurre cuando la impiedad reina en un país.

82 Días de Prisión: Lo que Pagará el Asesino de Oslo por Cada Muerte

El actual Código Penal noruego establece una pena máxima de 21 años de prisión. Las penas de las distintas muertes no son acumulables. De esta manera, el asesino (32 años de edad) saldrá de la cárcel con 53 años.

Por cada muerte, el asesino habrá pasado sólo 82 días en prisión. Y eso, en uno de los sistemas penitenciarios más avanzados y confortables del mundo.

82 días de prisión: así tasa el actual código penal noruego el valor de cada vida humana arrebatada por el cruel asesino.

La actual mentalidad predominante en los países de Europa, que abomina la pena de muerte como de una de las mayores barbaridades de la vida, se queda ahora completamente en bancarrota. Pena de muerte que, recordemos, es una institución y ordenanza divina, una ley de Dios. No se puede hacer de la luz tinieblas, ni la justicia injusticia de esta manera. La sociedad que lo haga, está abocada a su ruina.

El experimento histórico en Europa se ha acabado.

Definitivamente, Rousseau ha muerto.

84 Muertes: ¿Cuál Castigo se Tiene que Dar al Asesino de Oslo?

“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Génesis 9:6).

“El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá” (Éxodo 21:12).

“Asimismo el hombre que hiere de muerte a cualquiera persona, que sufra la muerte” (Levítico 24:17).

“Y si con piedra en la mano, que pueda dar muerte, lo hiriere y muriere, homicida es; el homicida morirá” (Números 35:17).

“Cualquiera que diere muerte a alguno, por dicho de testigos morirá el homicida; mas un solo testigo no hará fe contra una persona para que muera. Y no tomaréis precio por la vida del homicida, porque está condenado a muerte; indefectiblemente morirá… Y no contaminaréis la tierra donde estuviereis; porque esta sangre amancillará la tierra, y la tierra no será expiada de la sangre que fue derramada en ella, sino por la sangre del que la derramó” (Números 35:30-31, 33).

“Pero si hubiere alguno que aborreciere a su prójimo y lo acechare, y se levantare contra él y lo hiriere de muerte, y muriere; si huyere a alguna de estas ciudades, entonces los ancianos de su ciudad enviarán y lo sacarán de allí, y lo entregarán en mano del vengador de la sangre para que muera. No le compadecerás; y quitarás de Israel la sangre inocente, y te irá bien” (Deuteronomio 19:11-13)

“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán” (Mateo 26:52).

“Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:3-4).

“Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto” (Apocalipsis 13:10).

CONCLUSIÓN:

Cualquier otro castigo que no sea la PENA DE MUERTE será una tremenda injusticia a las víctimas y una transgresión de la Ley de Dios.

Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (3)

Las pruebas de la ley natural

1. Por la Escritura

XII. Los argumentos que demuestran la existencia de tal ley natural son numerosos. Por la voz de la Escritura, que afirma que “cuando los gentiles que no tienen ley –es decir, los escritos de Moisés, a diferencia de los Judíos– hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom 2:14-15). Y “lo que de Dios se conoce” se dice que es manifiesto a los gentiles, “pues Dios se lo manifestó” (Rm 1,19). Pero ¿cómo se puede decir que esta verdad es revelada a los gentiles, si esto dependiera exclusivamente de la voluntad del hombre, y que no estuviera en ellos por naturaleza e impreso y fijado en ellos por Dios?

A pesar de que no poseen la ley, ellos cumplen lo que está contenido en la ley, no en virtud de una doctrina o de una enseñanza previa, sino por naturaleza, de manera que son ley para sí mismos. Llevan su corazón la obra de la ley, a la que su conciencia da testimonio, aprobando o condenando sus acciones buenas o malas.

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Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (2)

(parte 1)

“Natural” se entiende en un sentido amplio o estricto

V. La ley natural se entiende de dos maneras:

– O bien en un sentido amplio e impersonal, en la medida que se extiende a los objetos inanimados y brutos, y donde no implica nada más que el muy sabio gobierno de la providencia divina sobre las criaturas, la cual los dirige muy eficazmente hacia sus fines, en el sentido usado por el Salmo 119:91. Se trata aquí del movimiento celeste y la estabilidad terrestre: “Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven” y “Los hizo ser eternamente y para siempre; les puso ley que no será quebrantada” (Sal 148:6). En este último texto, se habla de las obras de la creación: por esta ley, las plantas crecen, las bestias se reproducen y cada animal posee sus deseos que le son propios y sus instintos espontáneos.

– O bien, por ley natural, se entiende estricta y propiamente las normas prácticas de los derechos morales, a los que los hombres se ven obligados por naturaleza. En lo que respecta a esta ley, se plantea la cuestión de saber si existe una ley natural divina, reconocida como norma de lo que es justo o injusto, del bien o del mal, anteriormente a las leyes humanas, o si la justicia y la virtud dependen únicamente de la voluntad del hombre y resultan del consenso de la sociedad humana. Los ortodoxos dicen lo primero que hemos dicho; los libertinos, lo último.

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Sobre la Ley de Dios, por François Turretin (1)

Sobre la ley de Dios

Onceavo locus de

La Institutio Theologiae Elencticae

(cuestiones 1 a 6)

François TURRETIN*

 

Primera cuestión

            Si existe una ley natural, y en qué se diferencia de la ley moral

Segunda cuestión

            Sobre la naturaleza de la ley moral

Tercera cuestión

            Sobre la perfección de la ley moral

Cuarta cuestión

  Si se puede añadir algo a la ley a manera de consejo

Quinta cuestión

  Sobre la división de los preceptos del Decálogo

Sexta cuestión

            Sobre las reglas de explicación y observación del Decálogo

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