LAS EVIDENCIAS DE LA FE VERDADERA

Hasta ahora, hemos visto lo necesario para establecer los cimientos de la fe y las garantías para creer. Ahora, para las evidencias de la fe verdadera por los frutos, veremos estos cuatro requisitos:

I. Que el creyente esté firmemente convencido, a su juicio, de su obligación de guardar toda la ley moral, todos los días de su vida; y esto no es menor, sino mucho más cuanto que es librado por Cristo del pacto de obras y de la maldición de la ley.

II. Que se esfuerce en crecer en el ejercicio diario de la piedad y la justicia.

III. Que la carrera de su nueva obediencia vaya por el camino correcto, esto es, por medio de la fe en Cristo, y a través de una buena conciencia, para todas las obras de amor hacia Dios y hacia el hombre.

IV. Que mantenga estrecha comunión con la fuente, Jesucristo, de la que debe brotar la gracia para dar buenos frutos.

Primero, a saber, para convencer a un creyente, en su juicio, de su obligación de mantener la ley moral, sobre muchos pasajes podemos tomar Mateo 5

16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. 17No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18Porque de cierto os digo: Hasta que pase el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo suceda. 19De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos más pequeños, y enseñe así a los hombres, será llamado el más pequeño en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. 20Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Donde el Señor,

1. Da un mandamiento a los creyentes, justificados por la fe, de dar testimonio delante de los hombres de la gracia de Dios en ellos haciendo buenas obras: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres (dice), para que vean vuestras buenas obras.

2. Los induce a hacer así, mostrando que, aunque no sean justificados por las obras, los que observan esas buenas obras pueden ser convertidos o edificados; y, así, se puede dar la gloria a Dios por esas buenas obras, cuando los testigos de ellas glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

3. No les da otra regla para su nueva obediencia que la ley moral, establecida y explicada por Moisés y los profetas: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas.

4. Les da a entender que las doctrinas de la gracia y la libertad de la maldición de la ley por la fe en Él, es fácilmente confundida por los juicios corruptos de los hombres, como si perdiera o disminuyera la obligación de los creyentes de obedecer los mandamientos y de estar sujetos a la autoridad de la ley. Y que este error es, en verdad, destructor de la ley y los profetas, que Él en ningún caso tolerará de sus discípulos. Es, por demás, contrario al fin de su venida, el cual es en primer lugar santificar y, luego, salvar a los creyentes: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas.

5. Enseña que el fin del evangelio y del pacto de gracia es procurar la obediencia de los hombres a la ley moral: No he venido para abrogar, sino para cumplir.

6. Que la obligación de la ley moral, en todos los puntos, para con todos los deberes sagrados, es perpetua y permanecerá hasta el fin del mundo, esto es, hasta que el cielo y la tierra pasen.

7. Que Dios ha cuidado de las Escrituras desde el inicio y lo hará hasta el fin del mundo, de modo que ni una jota ni una tilde sea quitada de su contenido. Así dice el texto en el versículo 18.

8. Que al igual que la violación a la ley moral, la defensa de las transgresiones a la misma para que no se consideren pecado, ambas excluyen al hombre del cielo, y justamente también, de ser miembro de la verdadera iglesia; así también, la obediencia a la ley, y enseñar a otros a obedecerla por el ejemplo, consejo y doctrina, acorde al llamado de cada uno, prueba que el hombre es un verdadero creyente, y tiene gran estima para con Dios, y digno de ser muy estimado por la verdadera iglesia, versículo 19.

9. Que la justicia de cada verdadero cristiano debe ser mayor que la justicia de los escribas y fariseos; porque los escribas y fariseos, aunque se esforzaron mucho por cumplir con los diversos deberes de la ley, sin embargo, acortaron la publicación de la misma para que pudiera condenar menos su práctica. Estudiaron la parte externa del deber, pero desatendieron la parte interna y espiritual; cumplieron cuidadosamente con algunos de los deberes más insignificantes, pero negaron el juicio, la misericordia, y el amor de Dios: en una palabra, establecieron su propia justicia y rechazaron la justicia de Dios por la fe en Jesús. Pero un verdadero cristiano debe tener más que todo esto; debe reconocer en toda su extensión el significado espiritual de la ley, respetar todos los mandamientos,  trabajar para limpiarse a sí mismo de toda inmundicia de la carne y el espíritu, y “no apoyarse en el servicio que ha hecho o hará”, sino que se vista de la justicia imputada de Cristo, que sólo puede ocultar su desnudez, o de lo contrario no podrá ser salvado; por lo que el texto dice, si vuestra justicia…

Lo segundo que se requiere para evidenciar verdadera fe es que el creyente se esfuerce por poner la regla de la piedad y justicia en práctica, y crecer diariamente en su ejercicio; expuesto en 2 Pedro 1

5vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; y a la virtud, conocimiento; 6y al conocimiento, templanza; y a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; 7y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 8Porque si en vosotros están estas cosas y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Donde, 1. El apóstol enseña a los creyentes, para evidencia de la preciosa fe en ellos, a esforzarse por añadir a su fe otras siete gracias hermanas. La primera es la virtud, o sea, el ejercicio activo y la práctica de todos los deberes morales, para que la fe no sea ociosa, sino que se ponga a trabajar. La segunda es el conocimiento, el cual sirve para proporcionar a la fe la información sobre la verdad que se ha de creer, y para proporcionar a la virtud la dirección de los deberes que se han de cumplir, y la forma de cumplirlos con prudencia. La tercera es templanza, la cual sirve para moderar el uso de las cosas placenteras, para que el hombre no sea contaminado con ellas, ni sea incapaz de cumplir con ningún deber para el que haya sido llamado. La cuarta es la paciencia, que sirve para moderar los afectos del hombre cuando se encuentra con alguna dificultad o cosa desagradable, para que no se canse por el esfuerzo que requiere hacer el bien, ni desmaye cuando el Señor le castigue, o murmure cuando se cruce con él. La quinta es la piedad, la cual puede mantenerlo en el ejercicio de la religión, tanto interno como externo; para lo cual puede ser provisto por Dios para todas las demás tareas que deba realizar. La sexta es el amor fraternal, que guarda la estima y afecto hacia toda la familia en la fe, y a la imagen de Dios en cada uno, en todo lo que se ve. La séptima es el amor, el cual mantiene el corazón dispuesto a hacer el bien a todos los hombres, cualesquiera que sean, en todas las ocasiones que Dios le ofrezca.

2.  Si bien es verdad que hay mucha corrupción y debilidad en los piadosos; sin embargo, el apóstol hará que los hombres se esfuercen con rectitud, y hagan lo mejor según su capacidad, para unir todas estas gracias una con otra, y para crecer en la medida que las ejerciten: poniendo toda diligencia por esto mismo (dice), añadid a vuestra fe…

3. Él asegura a todos los creyentes profesos que así como ellos se beneficiarán en la obediencia de este mandato, así también probarán provechosamente la solidez de su propia fe; y, si carecen de estas gracias, serán hallados ciegos engañadores de sí mismos, versículo 9.

Lo tercero que se requiere para evidenciar la fe verdadera es que la obediencia a la ley corra por el canal correcto, esto es, a través de la fe en Cristo, etc; lo cual es expresado en 1 Timoteo 1:5

“Pues el fin del mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida”.

Donde el apóstol enseña estas siete doctrinas:

1. Que la obediencia a la ley debe fluir desde el amor, y el amor de un corazón puro, y el corazón puro de una buena conciencia, y una buena conciencia de una fe no fingida: esto lo hace el único canal de buenas obras: Pues el fin del mandamiento es el amor.

2. Que el fin de la ley no es que el hombre sea justificado por su obediencia a ésta, como los doctores judíos falsamente enseñaban; porque es imposible que un pecador sea justificado por la ley, quien por cada transgresión está condenado por ella: Porque el fin de la ley es (no como los doctores judíos pensaban, sino) el amor nacido de corazón limpio.

3.  Que el verdadero fin de la ley, predicado a las personas, es que ellos, por la ley, al ver que merecen condenación, huyan a Cristo sin fingimiento, para ser justificados por la fe en Él; como dice el texto, mientras hace fluir el amor por la fe en Cristo.

4. Que ningún hombre puede comprometerse en el amor para obedecer la ley, excepto en la medida en que su conciencia esté en paz por la fe, o buscando estar en paz en Cristo; pues el fin del mandamiento es el amor … y de buena conciencia, y de fe no fingida.

5. Que la fe fingida se dirige a Cristo sin considerar la ley, por ello quiere un mandamiento; pero la fe no fingida considera la ley, y es forzada a huir para refugiarse en Cristo como el fin de la ley para la justicia, tantas veces como se encuentre culpable de quebrantar la ley: Pues el fin del mandamiento es … fe no fingida.

6. Para que los frutos del amor se manifiesten particularmente en hechos es necesario que el corazón sea llevado al odio de todo pecado e impureza, y a un propósito firme de seguir toda santidad universalmente: Pues el fin del mandamiento es el amor nacido de corazón limpio.

7. Que la fe no fingida es capaz de hacer una buena conciencia, y un corazón puro, y al hombre amorosamente obediente a la ley; porque cuando la sangre de Cristo es vista por la fe para satisfacer justicia, entonces la conciencia se tranquiliza también, y no dejará que el corazón albergue amor al pecado, sino que pone al hombre a trabajar para que tema a Dios por su misericordia y obedezca todos sus mandamientos por amor a Dios, para que obtenga su don de la justificación por la gracia que Dios le ha conferido: Pues este es el fin del mandamiento en verdad, por el cual se obtiene más obediencia del hombre que de cualquier otra manera.

Lo cuarto que se requiere para evidenciar la fe verdadera es mantener una estrecha comunión con Cristo, fuente de todas las gracias y de todas las buenas obras, establecido en Juan 15:5

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podéis hacer”.

Donde Cristo, haciendo analogía con la vid, nos enseña:

1. Que por naturaleza somos cardos salvajes y estériles, hasta que seamos transformados viniendo a Cristo; y que Cristo es la noble vid, que tiene toda la vida y la savia de la gracia en sí mismo, quien es capaz de cambiar la naturaleza de cada uno que viene a Él y de comunicar espíritu y vida a todos los que crean en Él: Yo soy la vid (dice), vosotros los pámpanos.

2. Que Cristo ama tener a los creyentes tan unidos a Él como para que no sean separados en ningún momento por la incredulidad, y para que haya una morada mutua de ellos en Él por la fe y el amor, y de Él en ellos por su Palabra y su Espíritu; porque Él une a todos ellos, el que permanece en mí y yo en él, como cosas inseparables.

3. Que a menos que un hombre sea injertado en Cristo, y unido a Él por la fe, no puede hacer ninguna buena obra por su propio esfuerzo; sí, a menos que el hombre obtenga espíritu y vida de Cristo por la fe, la obra que haga es vil y nula en comparación con la bondad en la estima de Dios: porque sin mí (dice) nada podéis hacer.

4. Que esta mutua morada es la fuente y causa infalible de la constante continuidad y el abundar en buenas obras: el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto. Ahora bien, nuestra permanencia en Cristo presupone tres cosas: (1.) Que hemos oído el gozoso sonido del evangelio haciéndonos la oferta de Cristo, a quienes somos pecadores perdidos por la ley; (2.) Que hemos sinceramente abrazado la oferta de gracia de Cristo; (3.) Que al recibirlo nos convertimos en hijos de Dios, Juan 1:12, y somos incorporados en su cuerpo místico, para que Él pueda morar en nosotros, como su templo, y nosotros moremos en Él, como en la residencia de la justicia y la vida. Entonces, nuestra morada en Cristo implica otras tres cosas: (1.) un empleo de Cristo en todas nuestras oraciones a Dios y en todas nuestras empresas en cualquier tipo de servicio a Él; (2.) contentamiento con su suficiencia, sin buscar fuera de Él la justicia, o vida, o bien en algún caso, en nuestro propio valor o en el de cualquiera de las criaturas; (3.) una firmeza de nuestra fe en Él, firmeza en nuestro empleo y uso de Él, firmeza en nuestro contentamiento en Él, y firmeza en nuestra adhesión a Él, para que ninguna seducción ni tentación de Satanás o el mundo, ni terror o problemas, pueda hacer que nuestros espíritus se alejen de la firme adhesión a Él, o de la constante confesión de Su verdad y de obedecer sus mandamientos, de quien nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros; y en quien no sólo nuestra vida está guardada, sino que también habita corporalmente la plenitud de la Divinidad, en razón de la unión sustancial y personal de la naturaleza divina y humana en Él.

Así, pues, todo creyente atento, para fortalecerse en la fe y en la obediencia, debe razonar de esta manera:

“Cualquiera que diariamente por medio de Jesucristo limpia su conciencia y afectos de la culpabilidad y la inmundicia de los pecados contra la ley, y que dé obediencia a la ley en amor, tiene evidencia de la verdadera fe en su vida.

Pero yo, puede el creyente atento decir, diariamente por medio de Jesucristo limpio mi conciencia y afectos de la culpabilidad e inmundicia de los pecados contra la ley, y obedezco a la ley en amor.

Por lo tanto, tengo evidencia de fe verdadera en mí”.

Y, de igual modo, que el soñoliento y perezoso creyente razone, en su propio despertar, así:

“Lo que sea necesario para dar testimonio de la verdadera fe, me esfuerzo en hacerlo, no sea que engañaría a mí mismo y perecería.

Pero, para evidenciar la verdadera fe en mí es necesario que por medio de  Cristo Jesús diariamente limpie diariamente mi conciencia y afectos de la culpabilidad e inmundicia de los pecados contra la ley y que pueda obedecer a la ley en amor.

Por lo tanto, esto debo esforzarme hacer, no sea que me engañe a mí mismo y perezca”.

Y, por último,

Al ver que Cristo mismo señaló esto como una indudable evidencia del hombre elegido por Dios para vida y dado a Jesucristo para ser redimido “si viene a Él”, esto es, sellar el pacto y mantener comunión con él. Como nos ha enseñado en Juan 6:37, diciendo: “Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, no lo echo fuera”; dejemos que cada persona que no se sirve seriamente de Cristo para la remisión del pecado y la transformación de la vida, razone, desde todas las premisas, y para que su conciencia pueda ser despertada, de esta manera:

“Aquel que ni por la ley o por el evangelio está tan convencido de pecado, justicia y juicio, que lo haga venir a Cristo, y lo emplee diariamente para la remisión de los pecados y transformación de la vida; no sólo carece de todas las evidencia de la fe salvadora, sino también de toda apariencia de su elección, siempre y cuando permanezca en esa condición.

Pero yo, puede decir cada persona impenitente, no estoy tan convencido por la ley o el evangelio de pecado, justicia y juicio, como para hacerme venir a Cristo y emplearlo diariamente para la remisión de pecados y transformación de vida.

Por lo tanto, carezco no sólo todas las evidencias de la fe salvadora, sino también de toda apariencia de mi elección, tanto como permanezca en esta condición”.

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