Hay que considerar en estos cuatro puntos:

1)  La miserable condición en la que se encuentran todos los hombres por naturaleza, pir razón de la ruptura del Pacto de Obras.

2) El remedio provisto por la elección en Jesucristo por el Pacto de Gracia.

3) Los medios designados para hacer al hombre partícipe de este pacto.

4) Las bendiciones que, por estos medios, son efectivamente transmitidas a los elegidos.

PUNTO I.- Nuestra miserable condición por naturaleza por razón de la ruptura del Pacto de Obras

Te perdiste, oh Israel – Os 13:9

I. El todopoderoso y eterno Dios; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas distintas en una y en la misma indivisible Divinidad, igualmente infinitas en todas sus perfecciones; antes del tiempo, sabiamente decretó, para Su propia gloria, todo aquello que viene a pasar en el tiempo y ejecuta de la manera más santa e infalible todos sus decretos, sin ser partícipe del pecado de alguna criatura.

II. Dios en seis días hizo todas las cosas de la nada. Hizo cada especie buena en gran manera, en especial, a todos los ángeles santos; e hizo a nuestros primeros padres, la raíz de la raza humana: Adán y Eva. Eran íntegros y capaces de mantener la ley que estaba escrita en sus corazones. Con dicha ley en sus corazones estaban naturalmente obligados a obedecer bajo pena de muerte, pero Dios no estaba obligado a recompensar su servicio, hasta que entró en pacto o convenio con ellos y su posteridad para darles vida eterna, bajo la condición de una perfecta obediencia personal, con amenaza de muerte en caso que fallaran. Este es el Pacto de Obras.

III. Tanto ángeles como hombres estaban sujetos a cambiar según su libre albedrío (Dios se reservó para sí el  atributo incomunicable de ser naturalmente inmutable), como la experiencia demuestra. Muchos ángeles por sí mismos cayeron por el pecado de su primer estado y se convirtieron en demonios.  Nuestros primeros padres, siendo tentados por Satanás, uno de estos demonios, hablando a través de una serpiente, rompieron el Pacto de Obras al comer del fruto prohibido. Por lo cual ellos y su posteridad (la cual estando en sus lomos como ramas en la raíz y comprendidos en el mismo pacto) no sólo fueron sujetos a la muerte eterna, sino que perdieron toda capacidad de agradar a Dios; sí, se convirtieron, por naturaleza, en enemigos de Dios y de todo bien espiritual y se inclinaron continuamente a la maldad. Este es nuestro pecado original, la raíz amarga de todas nuestras transgresiones: en nuestros pensamientos, palabras y actos.

PUNTO II.- El remedio provisto por Jesucristo para los elegidos por el Pacto de Gracia

Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. – Os 13:9

I. Sin embargo, el hombre se colocó en esta miserable condición no siendo capaz de ayudarse a sí mismo o estar dispuesto a ser ayudado por Dios, sino más bien inclinado a quedarse quieto, insensible a ello, hasta perecer; pero Dios, para la gloria de su abundante gracia, ha revelado en su Palabra un camino de salvación para los pecadores; a saber, por la fe en Jesucristo, el eterno Hijo de Dios; en virtud del Pacto de Redención y según el contenido del mismo, hecho y acordado entre Dios Padre y Dios Hijo, en el concilio de la Trinidad, antes del comienzo del mundo.

II. La suma del Pacto de Redención es esta: Dios libremente escogió para vida a cierto número de hombres perdidos. Para la gloria de su abundante gracia, los entregó, antes del comienzo del mundo, a Dios Hijo, el Redentor; de manera que, bajo la condición de que se humillara hasta el punto de asumir la naturaleza humana, de un alma y un cuerpo, unidos a su naturaleza divina, sometiéndose a sí mismo a la ley, como garantía para ellos, y satisficiera la justicia por ellos, siendo obediente en el nombre de ellos, hasta el sufrimiento de una muerte maldita en la cruz. Él debería rescatarlos y redimirlos a todos del pecado y la muerte, y comprar para ellos justicia y vida eterna, con todas las gracias salvadoras que conducen a ello, para ser efectivamente y por medio de su designio, aplicadas a su debido tiempo a cada uno de ellos. El Hijo (quien es Jesucristo, nuestro Señor) aceptó esta condición antes de la fundación del mundo. En la plenitud de los tiempos, vino al mundo, nació de la Virgen María, se sujetó a sí mismo a la ley y pagó completamente el rescate en la cruz. Pero en virtud del Pacto anunciado antes que el mundo fuese, Él está en todas las edades, desde la caída de Adán, todavía en el trabajo de aplicar a los elegidos los beneficios comprados; y lo hace por medio de la celebración de un pacto de libre gracia y reconciliación con ellos, a través de la fe en Él; Él se da a cada creyente como derecho y beneficio, junto con todas sus bendiciones.

III. Para el cumplimiento del Pacto de Redención y hacer a los elegidos partícipes de los beneficios de éste en el Pacto de Gracia, Cristo Jesús fue revestido para ejercer el triple oficio de Profeta, Sacerdote y Rey: fue hecho Profeta para revelar a su pueblo el conocimiento de salvación, y persuadirlos a creer y obedecer lo mismo; Sacerdote, a fin de ofrecerse a sí mismo como sacrificio una vez y para siempre, y para interceder continuamente ante el Padre, para hacer a los hombres y sus obras aceptables a Él; y Rey, para sojuzgar a los hombres, alimentarlos y gobernarlos bajo sus ordenanzas, y defenderlos de los enemigos.

PUNTO III.- Los medios designados para hacer al hombre partícipe de este pacto, y todos los demás que son llamados, sean inexcusables

Porque muchos son llamados – Mt 22:14

I. Las ordenanzas y los medios designados para hacer al hombre partícipe del Pacto de Gracia son tan sabiamente dispensados como para que los elegidos sean infaliblemente convertidos y salvados por ellos; y los reprobados, entre quienes ellos no se encuentran, tropiecen justamente. Los medios son especialmente cuatro: 1. La Palabra de Dios. 2. Los sacramentos. 3. El gobierno de la Iglesia. 4. La oración. En el de la Palabra de Dios, predicada por sus mensajeros enviados, el Señor ofrece su gracia a todos los pecadores, con la condición de tener fe en Jesucristo; y quienes confiesen sus pecados, acepten el ofrecimiento de Cristo, y se sometan a sus ordenanzas, Él hará que tanto ellos como sus hijos tengan el honor y privilegio de ser recibidos en el Pacto de Gracia. Por los sacramentos, Dios tendrá por sellado y confirmado el Pacto bajo las condiciones establecidas. En el gobierno de la Iglesia, los tendrá cubiertos y los ayudará a mantener el Pacto. Y por medio de la oración, Él tendrá gloriosa gracia, prometida en el pacto, para ser diariamente propiciada, reconocida y aplicada. Todos los medios son seguidos, ya sea realmente o sólo en la profesión, de acuerdo a la calidad de los partícipes en el pacto, según sean creyentes verdaderos o falsos.

II. El Pacto de Gracia, establecido en el Antiguo Testamento antes que Cristo viniera al mundo, y en el Nuevo Testamento desde que estuvo aquí, es uno y la misma sustancia, si bien administrado de manera diferente: porque el pacto en el Antiguo Testamento, siendo sellado con los sacramentos de la circuncisión y el cordero pascual, anunciando la muerte de Cristo por venir y los beneficios comprados por ella, bajo la sombra de sacrificios sangrientos y diversas ceremonias; pero desde que Cristo vino, el pacto ha sido sellado por los sacramentos del Bautismo y la Cena del Señor, se presenta claramente a Cristo ya crucificado ante nuestros ojos, victorioso ante la muerte y el sepulcro y gobernando gloriosamente en Cielo y tierra, para el bien de Su pueblo.

PUNTO IV.- Las bendiciones que por estos medios son efectivamente transmitidas a los elegidos o escogidos del Señor

Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.- Mt 22:14

I. Por las ordenanzas, por las que nuestro Señor hace que los reprobados sean inexcusables, también por el poder de Su Espíritu aplica eficazmente en los elegidos todas las gracias salvadoras compradas para ellos en el Pacto de Redención y realiza un cambio en sus personas. En particular, (1.) Él los convierte o regenera dándoles vida espiritual, abriendo su entendimiento, renovando sus voluntades, afectos y facultades, para darles obediencia espiritual a sus ordenanzas. (2.) Les da fe salvadora, haciéndolos, en el sentido de la condenación merecida, dar su consentimiento sincero al Pacto de Gracia y abrazar a Jesucristo sin fingimiento. (3.) Les da arrepentimiento, haciéndolos, con piadoso dolor en el odio al pecado y amor a la justicia, volverse de toda iniquidad al servicio a Dios. Y, (4.) los santifica, haciéndolos seguir adelante y perseverar en la fe y obediencia espiritual a la ley de Dios, la cual se manifiesta en servicios fructíferos, haciendo buenas obras, según Dios presente oportunidad.

II. Junto con este cambio interior de sus personas, Dios cambia también su estado: porque, tan pronto como son llevados por la fe al pacto de gracia, (1.) Él los justifica imputándoles la perfecta obediencia que Cristo dio a la ley y, también, la satisfacción que en la cruz Cristo dio a la justicia en su nombre. (2.) Los reconcilia y hace amigos de Dios, a quienes antes eran enemigos de Dios. (3.) Los adopta, para que no sean más hijos de Satanás, sino hijos de Dios enriquecidos con todos los privilegios espirituales por ser sus hijos. Y, por último, después de que la lucha en esta vida haya terminado, Él perfeccionará la santidad y bienaventuranza, primero de sus almas, en el momento de su muerte, y luego de sus almas y cuerpos, estando nuevamente gozosamente unidos en la resurrección, en el día en que su glorioso juicio venga, cuando todos los impíos sean enviados al Infierno con Satanás, a quien han servido. Pero los elegidos y redimidos de Cristo, los verdaderos creyentes, discípulos de santidad, permanecerán con Él para siempre en estado de glorificación.

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