Para concluir, para todos aquellos que hemos recibido el bautismo, y también en edad infantil, nos tenemos que preguntar todos: ¿qué tal conmigo? ¿Cómo se manifiesta el bautismo en mi vida?

¿Eres llevado en tu vida a Dios? ¿Eres llevado al Padre? ¿Eres llevado al Hijo? ¿Eres llevado a tener comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo, y eso por medio de la Palabra de Dios (1 Jn 1:3)?

¿Tienes al Espíritu Santo en ti, que es el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo? ¿Te lleva a clamar a Dios, “Abba Padre”? ¿Te hace andar en el Espíritu, en el poder de la resurrección de Cristo, en vida nueva?

No se tiene que quedar uno tan sólo en decir: “Yo he sido bautizado, yo he sido bautizado”. De la misma manera que la verdadera circuncisión es la del corazón, el verdadero bautismo es el interior, la purificación interna de los pecados, no andar en la carne, sino en el Espíritu.

El Señor te ha mostrado Su benignidad por medio del sacramento del bautismo. Ahora tú eres responsable de vivir la realidad del bautismo. Ahora tú eres responsable de mostrar que te tomas realmente en serio la benignidad del Señor por medio del bautismo en tu vida.

Sí, hermano, ¡vive plenamente tu bautismo!

El Señor nos ayude a todos a hacerlo. Amén.

 

Conclusión de la predicación “Bautizados para el Dios Trino” (10-5-2020).

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