Agustín: La Meditación de la Palabra en el Siervo de Dios

S. Agustín en su estudio (Carpaccio 1502)

¿Con qué lengua, o con qué estilo podría yo explicar, bien mío, todas las exhortaciones que me habéis hecho, los temores con que me habéis espantado, las consolaciones con que me habéis regalado, el gobierno suave de vuestra providencia con que me habéis traído a este estado y héchome predicador de vuestra palabra y dispensador de vuestros sacramentos? y, aunque yo pudiese contar todas estas cosas por su orden, el tiempo me es muy caro y muy precioso; y ha mucho que yo deseo meditar en vuestra ley, y en ella confesaros mi ciencia y mi ignorancia y los principios de mi conversión, cuando vos con vuestra luz me alumbrastes, y llorar lo que de mis tinieblas aún resta en mí, hasta que mi flaqueza sea consumida de vuestra fortaleza. Y no querría gastar sino en esto las horas que me quedan libres de la necesidad de reparar el cuerpo y de la atención del alma y de la servidumbre que debemos a los hombres y de la que les pagamos sin debérsela.

Agustín, Confesiones, Libro XI, 2, (Planeta: Barcelona, 1993), p. 282, itálicas añadidas.

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