Respuestas Bíblicas: El Cristiano y El Suicidio

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  1. Juan Sanabria

    Muy equilibrada su postura hermano Jorge. Habla Ud. de consciencia pero ¿Qué podemos decir de aquellos que aún estando conscientes son incapaces de controlar sus impulsos por una patología psíquica? En estos casos la persona sabe lo que está pasando pero se ve a sí misma como espectador/a. Digamos que su área afectada no es la de la consciencia sino la de sus impulsos. Algo así como el cleptómano que sabe lo que está haciendo pero no lo controla, o el ludópata, que igualmente sabe lo que está haciendo, sufre, pero no controla. Gracias por su respuesta.

    Un abrazo!

  2. Jorge Ruiz Ortiz

    Gracias, hermano Juan, por el comentario. Como siempre plantea usted cuestiones muy atinadas y que ayudan a reflexionar más sobre el asunto.

    Creo que, por claridad, se podría hablar por medio de ejemplos. Entiendo que una persona tenga alterada el nivel de conciencia, ya sea de manera permanente (por ejemplo, por deficiencia mental severa) o de manera temporal (ejemplo, bajo los efectos de ciertos fármacos). Para que haya suicidio, uno se tiene que quitar la vida voluntariamente (esto último es lo que en realidad define el suicidio). Se puede, pues, concebir que estas personas se suiciden (voluntariamente) bajo estas condiciones, mientras que estando en pleno uso de sus facultades, no lo harían. Creo que en ese caso, aun siendo siempre el acto en sí pecado, se puede este exculpar más fácilmente que en el caso de los que se suicidan en pleno uso de sus facultades.

    Pero, ¿qué pensar de aquellos que no pueden controlar sus impulsos, por padecer una patología psíquica? Sinceramente, desconozco si existen patologías que hacen que uno pierda totalmente el control sobre su voluntad y sus impulsos. Que afectan, seguro. Pero que uno llegue a perder totalmente su voluntad, una vez más, no lo sé. Tendrían que hablar los especialistas.

    En todo caso, este argumento se puede estirar mucho, y se poría hablar de la msma manera del que no puede dejar de fumar, ni del que se controla cuando se enfada, etc. Actualmente, la tendencia siempre es a intentar exculpar al que comete el delito, y creo que esta influencia cultural nos puede afectar y que hemos de estar prevenidos de ello. Además, está la cuestión teológica acerca de la libertad del cristiano frente al pecado. La voluntad del hombre natural es siempre esclava en cuanto al pecado, pero no así la del cristiano, ya no es esclavo del pecado. Bajo la rúbrica de patología psíquica, ¿hemos de volver a contemplar al cristiano como esclavo del pecado?

    No sé, hermano, entiendo que el de la patología es un argumento considerable. Tampoco tengo todas las respuestas, pero tengo mis serias reservas al respecto.

    Un abrazo,
    Jorge Ruiz

  3. Juan Sanabria

    Gracias por su respuesta pastor Jorge. En la mayoría de los suicidios por psicopatologías suele estar presente la depresión mayor o la bipolaridad, como mínimo. En ambos casos siempre hay TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y en la mayoría de ellos está el trastorno de control de impulsos.

    Todo esto es debido a que nuestro órgano cerebral está dañado, bien por trastornos químicos y neurológicos o bien por ciertas lesiones o deterioro. En unos casos ciertos comportamientos pueden trastornar la química de la masa gris y en otros ciertos trastornos de la masa gris pueden modificar los comportamientos. Muchas veces es difícil saber qué fue primero, si la gallina o el huevo. Por eso suelen preguntar por antecedentes familiares pues puede haber cierta predisposición congénita.

    Cierto que como cristianos no podemos irnos al extremo de la psicología moderna para obviar la realidad de que en muchos casos hay un componente pecaminoso, pero hay otros en que, aunque en apariencia externa los juzguemos como pecados, el “enfermo”, en este caso, tiene mermada su capacidad de juicio y su capacidad de controlar el impulso.

    Dentro de estos casos hay muchos cristianos verdaderos a los cuales su “pecado” se les controla contrarréstandoles con ciertos componentes químicos que hacen que su conducta sea normal. Si fuese solamente un pecado los medios de gracia serían más que suficientes pero no es así y resulta que un componente químico consigue que se estabilice.

    El problema, creo yo, radica en no entender las pruebas científicas y empíricas mostradas por los neurólogos en cuanto a estas patologías. Solo aceptamos el retraso mental y el síndrome de down y siendo generosos hasta el alzheimer. Pero observemos algo.

    Imaginemos a un creyente profesante y de testimonio toda su vida en nuestras iglesias a quien cuando le alcanza cierta edad queda afectado por el alzheimer. Muchos de ellos pierden el pudor, se hacen “viejos o viejas verdes”, otros roban cosas (incluso a los cuidadores) y se hacen traviesos y mal hablados. Incluso recuerdo un caso en que una ancianita de la iglesia, aquejada de esta patología, no hacía sino persignarse “compulsivamente” y hacer mención de santos y vírgenes, cosas que no había hecho antes de su senilidad. Seguro que casi todos comprenderemos estas situaciones y quizás las hayamos vivido de cerca.

    Si fuésemos carismáticos no pararíamos de ver demonios en todos los sitios ni de hacer exorcismos a cada uno de ellos, total para no conseguir nada. Sencillamente porque ni a los pecados ni a los demonios se les controla con un componente químico que Dios bajo la providencia y su gracia común sí consigue controlar.

    Si en un caso de esos un creyente llega a suicidarse ¿Diremos que su fe siempre fue falsa o que nunca hubo regeneración? Le adelanto que en casos de síndrome de down o alzheimer es difícil que se de esta situación de suicidio, pero desde la perspectiva pastoral ¿Qué hacemos con hermanos que están en las iglesias con depresiones mayores, trastornos bipolares, trastornos esquizoides paranoides? ¿Les trataremos como pecadores, como malditos, como réprobos nunca regenerados ni regenerables? ¿Y si les llega a dominar sus impulsos y consuman el suicidio? ¿Les condenaremos?

    He visto a muchos pastores sentirse frustrados porque han omitido de pleno la ayuda “pecaminosa y humanista” de psicólogos y psiquiatras, y a sus supuestos atormentados les han visto recaer, e incluso volver a un estado peor por insistirles en quitarles la medicación prometiéndoles la salud solo con la Palabra y la oración, ignorando que el cerebro es un órgano tangible que se daña como se dañan el pancreas, el corazón o el riñón. Ignoran la diferencia entre mente y cerebro e igual piensan que nuestros sentimientos salen de en medio de la caja torácica y del músculo cardíaco ¿Al final qué sucede? Terminan frustrados el enfermo y el pastor, sin mencionar los daños colaterales en el entorno familiar, a veces hasta de mal testimonio considerando a los cristianos como sectarios o fanáticos aislados de la sociedad y faltos de sabiduría.

    En fin, el tema es complejo, pero como pastor me preocupa. Lo que sí digo es que, al igual que hay malos teólogos, hay malos psicólogos y malos psiquiatras, como hay malos cardiólogos y malos nefrólogos. Vivimos en medio de una crisis teólogica, pero esta crisis toca a todas las ciencias, y aunque sabemos que no todo el monte es orégano en ninguna de ellas, no podemos negar que hay orégano en el monte. Creo que la ciencia nos puede ayudar y que nosotros podemos ayudar a la ciencia con el fin del bien humano, especialmente de aquellos que están entre nuestras filas.

    ¡Dios le guarde y le siga usando querido pastor! Seguimos orando por ustedes y por la obra en miranda del Ebro y Bilbao.

    Un abrazo!

    Juan

  4. Jorge Ruiz Ortiz

    Estimado hermano Juan, muchas gracias de nuevo por su comentario, que aporta mucho contenido a este tema.

    Ciertamente tiene razón en señalar la importancia de considerar debidamente la enfermedad mental. Tengo que decir que la enfermedad mental del creyente o de sus hijos es una realidad que personalmente me ha confrontado en mi ministerio. He visto a buenos hermanos ser afectados por la misma, sin duda nos puede alcanzar a los creyentes lo mismo que a cualquiera. Pero también tengo que decir que hermanos que con salud vivieron llenos de bondad, también mostraron la misma bondad en la enfermedad, a pesar encontrarse en gran debilidad. No digo que las cosas que usted cita u otras similares muestren que esta gente que no era cristiana, en absoluto, entiéndame bien, pero sí que a mí me recuerda la tremenda importancia de avanzar todo lo que podamos en santidad en esta vida. Hemos de estar viviendo preparándonos para nuestros últimos días, porque nunca sabemos cómo los vamos a acabar.

    Estoy de acuerdo también con el sentido de sus comentarios, de cómo afecta la fisiología a nuestra mente y nuestro comportamiento. Si hay unas carencias en el cerebro y estas no se tratan, normalmente no va a ver mejoría, a no ser por un milagro, pero no hemos de estar esperando milagros si no tomamos los medios ordinarios que tenemos a nuestro alcance. Con todo, creo que también estamos de acuerdo con que quedarnos con una visión estrictamente médica de los problemas mentales es algo parcial e incompleto, porque la medicina no tiene en cuenta la dimensión espiritual de los problemas mentales, de cómo afectan el pecado (no sólo el original, sino también los actuales) o incluso la actividad de los espíritus malignos. No hay que llegar al extremo de los pentecostales, de ver demonios por todas partes, pero tampoco hemos de caer en el error contrario de no tomar en cuenta en absoluto su existencia y actividad.

    Todo esto que digo es evidente en el caso de Saúl. Si lo tomara un médico secular actual, seguro que concluiría que Saúl sufría una especie de trastorno bipolar, con abundantes manías persecutorias y episodios de delirios. Pero la palabra de Dios nos muestra la importancia decisiva que tuvo su propio pecado y la acción de espíritus malignos en él.

    Si la visión de la medicina secular es incompleta, porque no toma en cuenta esta dimensión espiritual, en pura lógica se concluye que no es posible alcanzar una sanidad, si no plena, sí sustancial, basándose exclusivamente en ella. Por supuesto, no propongo que los creyentes en tales circunstancias prescindan de sus tratamientos médicos, pero sí que soy fervientemente partidario de acompañar este tratamiento con una consejería bíblica en profundidad con un pastor sabio y experimentado. La importancia de la consejería no es accesoria, para mí es tan fundamental como el tratamiento médico.

    Muchas gracias también, querido hermano, y por sus oraciones por la obra en Miranda y Bilbao. También vosotros estáis en nuestros corazones y oraciones. El Señor os siga bendiciendo y usando para la extensión del Reino en Gran Canaria.

    Un fraternal abrazo,

    • Juan Sanabria

      Muy de acuerdo con Ud. pastor Jorge, la ciencia que haga su trabajo que nosotros hacemos el nuestro en uso de los medios de gracia. A eso me refería.

      No quiero desviar el tema pero ¿Cómo se tratarían los problemas de atormentados por demonios desde la perspectiva reformada?

      Un abrazo!

      • Jorge Ruiz Ortiz

        ¡Este es todo un tema!

        Así, a vuela pluma, diría que presentando la verdad de la Palabra y presentando a Cristo y hacerlo con autoridad. No estoy hablando forzosamente de exorcismo, porque los demonios no sólo poseen a la persona. Atacan y sobre todo engañan. Creo que lo fundamental es presentar a la persona la verdad de su vida, de su alma, de su pecado, de su necesidad de un Salvador, y sobre todo la suficiencia de Cristo, y hacerlo todo por medio de la Palabra de Dios.

        Un abrazo!

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