El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 3)

Famille protestante lisant la bible et chantant les Psaumes, vue au XIXe siecle

[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí].

Hasta ahora, en nuestra serie de artículos sobre el etos marcial del culto reformado histórico cultivado por el canto piadoso de los Salmos, hemos citado la atrevida afirmación del Dr. Reid que esta particular música desarrolló una resolución peculiar en el corazón de los calvinistas que se vieron obligados a utilizar las armas para defender sus vidas y promover la libertad. A diferencia de los luteranos, quienes después de la Paz de Augsburgo (1555) no tuvieron que tomar las armas para defenderse de enemigos, los reformados se pasarían los próximos 150 años marchando a los campos de batalla y hasta el punto de ser llevados a las llamas por mantener su fe reformada. Estas afirmaciones son simples hechos comprobables, y el Dr. Reid argumentó que lo que galvanizó los corazones de los reformados en torno a su causa, adiestró sus manos para la lucha, y los armó de valor para soportar una intensa persecución fue el canto de Salmos. Además de esto, hemos visto que la elaboración del Salterio de Ginebra, que fue una meta de Calvino a lo largo de toda su vida que se completaría en 1562, dejó a los reformados un himnario compuesto sólo por Salmos, legando la herencia distintiva del canto de Salmos que serviría como una seña de identidad y fortalecería su moral en medio de la persecución y el conflicto (p.42). Eso nos lleva en esta entrada a hacer tratar la cuestión del porqué los Salmos tenían este efecto, exponiendo las tres razones que Dr. Reid da como respuestas.

En primer lugar, Reid sostiene que el canto de Salmos proporcionó a los reformados una identidad propia (p.43). Parece ser que esta práctica distintiva fue tan destacada entre los reformados que fueron despectivamente etiquetados por los de afuera como los “cantantes de Salmos”. No es demasiado difícil entender cómo esta práctica pudo haber servido como una vívida y precisa etiqueta si se considera que todo el resto de las iglesias de Europa en el siglo XVI cantaban lo que podría llamarse “música sacra”, es decir, himnos y cánticos acompañados de un órgano. Al encontrarse con la “extrañeza” del culto reformado (un canto a capella), un observador casual de esta peculiar práctica en aquel tiempo habría tenido la misma impresión que en el contexto de la iglesia hoy, casi totalmente dominada por la alabanza y la música de adoración. Así, el canto de Salmos tuvo el efecto de fortalecer a los reformados para enfrentar la oposición y el conflicto, ya que les dio una identidad distintiva que les era peculiar y que era fácil de identificar.

En segundo lugar, Reid propone que la identidad configurada por el canto de Salmos produjo una unidad entre los reformados (p.43). Los lazos de unidad no sólo fueron reforzados por compartir la misma práctica de adoración y el canto en exclusiva de los Salmos, sino que se cultivó por la participación en una causa y una profesión de fe comunes que fueron expresadas en los Salmos. Más allá de eso, Reid señala que los reformados compartieron una profunda sensación de estar enrolados en una lucha común por la defensa y promoción del Reino de Dios hasta el punto de tomar las armas en la batalla. La evidencia de esta forma de unidad se indica en el hecho de que se cantaban los Salmos al unísono como canciones de guerra, mientras marchaban en columnas a los campos de batalla, obteniendo la confianza a cada paso del camino que “no importa lo que ocurra, ellos estaban en el bando del Señor, esto es, del lado de los vencedores” (p. 43). No sólo los Salmos jugaron un papel importante en la construcción de la confianza y la valiente determinación de como los reformados marcharon a la guerra, sino que también unieron sus corazones en alabanza, ya que dieron gracias al Señor por la victoria con estos cánticos. De esta manera, el canto de Salmos cultivó la unidad entre los reformados, cuando se reunían en torno a la causa común de promover el reino de Dios.

En tercer lugar, Reid argumenta que el canto de Salmos tuvo un profundo efecto sobre los reformados porque estaban convencidos de que ellos podían apropiarse legítimamente de los Salmos para sí mismos. Un principal punto de partida para que ellos se apropiaran de los Salmos fue el identificar a la iglesia del Nuevo Pacto como continuación del pueblo de Dios del Pacto, los cuales pueblos estaban unidos entre sí en el Pacto con el Señor soberano. Al cantar los Salmos en la adoración y en una gran cantidad de contextos informales, ellos daban testimonio de esta relación. Esperando que los Salmos se utilizaran para este propósito, Clarence Marot escribió, en su discurso dedicatorio de su propia publicación de 49 Salmos métricos en 1543, que “sería un momento feliz en el que la oración prosperaría, cuando el trabajador en el arado, el cartero en la calle, y los artesanos en su taller cantaran Salmos para aligerar su trabajo” (p. 44). Testigos hostiles proporcionaron evidencia más que suficiente de que los deseos de Marot se cumplieron, tales como el católico-romano Claude Haton, quien escribió en sus memorias que los hugonotes cantaban salmos “para mover sus corazones”, o el católico-romano M. de Casteleneau, quien observó que el “canto armonioso y delicioso incitaba a los calvinistas a proclamar las alabanzas del Señor sin importar cuáles fueran las circunstancias” (p. 44). Es evidente que más allá de las paredes de las casas de culto, los reformados testificaron de su identidad como el pueblo del pacto de Dios al tomar en sus labios Sus cantos sagrados en alabanza.

En nuestra próxima entrada relataremos algo de la oposición organizada en contra de los cantores de Salmos calvinistas por parte de sus enemigos acérrimos.


[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

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