Exposición sobre el Amor General de Dios

La doctrina de la comúnmente llamada gracia común es un ejemplo de las posibilidades de un desarrollo doctrinal, pero también de los peligros del mismo. Esta doctrina puede ser definida de manera simple como la que enseña acerca de los bienes que Dios hace a todos los hombres, e incluso a los réprobos que escuchan la predicación del evangelio.

Como toda doctrina bíblica, ella ha estado, de una forma u otra, presente en la enseñanza de teólogos y pastores, en particular desde los tiempos de la Reforma.

Juan Calvino expuso abundantemente acerca de los bienes y dones que todos los hombres reciben, o que el mal en el mundo caído es restringido por Dios (enseñanza que fue recogida por muchos autores reformados, como por ejemplo William Perkins).

El reformador escocés John Knox también habló de la “gracia común” de los réprobos que escuchan el evangelio.

Este sentido, de los bienes recibidos en relación con la predicación del evangelio, fue recogido en la Confesión de Fe de Westminster. Por una parte, al afirmar el libre ofrecimiento del Evangelio (CFW 7:3); por otra, las llamadas operaciones comunes del Espíritu Santo (CFW 10:4). Se puede decir que este fue el sentido principal de la idea de “gracia común”, especialmente en el mundo reformado anglosajón, hasta finales del siglo XIX, como se puede comprobar fácilmente en la Teología Sistemática de Charles Hodge. Por supuesto, esta enseñanza reformada acerca de la gracia común no salvífica no puede ser confundida con la “gracia común” de los arminianos, refutada en los Cánones de Dordt (III-IV, Refutación V), y los reformados siempre las han distinguido debidamente.

Como decíamos, las doctrinas bíblicas siempre han estado presentes en la enseñanza de la Iglesia. Pero ellas también pueden ser definidas y recibir un nuevo desarrollo. Por ello, se puede decir que el verdadero padre de la doctrina de la llamada gracia común fue el pastor, teólogo y estadista holandés Abraham Kuyper. El acento particular de Kuyper fue el insistir en la gracia común en el ámbito civil, natural, no tanto en el de la gracia por la predicación del evangelio. Se expresó en los términos clásicos, expuestos por Calvino o Perkins, acerca de la restricción del mal en el mundo por parte de Dios, pero subrayó especialmente los logros culturales y el cumplimiento del bien civil (diferenciado de un bien espiritual), como dones de Dios. Este acento en el bien de Dios en el ámbito natural tenía como objeto operar una suerte de “apertura de mente” del mundo reformado fiel a la Palabra con respecto a la sociedad y buscar una participación activa de los creyentes en ella, con gentes de otras religiones (por ejemplo, romanistas) o incluso con personas no-creyentes.

Abraham Kuyper tuvo una gran influencia no sólo en las iglesias reformadas en Holanda, sino en todo el mundo, y sobre todo en EEUU y en Canadá. Sería en el mundo reformado de ascendencia holandesa donde la doctrina de la gracia común llegaría a ser por primera vez definida en una asamblea eclesiástica y, de esta manera, recibiera una forma dogmática en el Sínodo de Kalamazoo, de la Iglesia Cristiana Reformada (1924). Esta doctrina no estuvo exenta de graves polémicas, que acabarían con la defección del pastor Herman Hoeksema (quien negaba por completo la doctrina) y el posterior cisma que daría lugar al nacimiento de la Iglesia Protestante Reformada.

 

Los tres puntos de Kalamazoo y consecuencias

El Sínodo de Kalamazoo dio como resultado los conocidos como los “Tres puntos acerca de la gracia común”.

El primero afirmaba una “actitud favorable de Dios hacia la humanidad en general”. Esta se evidencia en el libre ofrecimiento del Evangelio.

El segundo, que Dios restringe el mal en el mundo y la sociedad.

El tercero, el cumplimiento de justicia civil por parte de los irregenerados.

Estos tres puntos estaban basados en citas bíblicas (Calvino, Van Mastrick, Ursinus), en citas de los documentos confesionales reformados holandeses (Confesión Belga y Cánones de Dordt). No se puede objetar que estos tres puntos estaban exponiendo una clara enseñanza bíblica y reformada; con todo,  en nuestra opinión, estos tres puntos son defectivos desde un punto de vista teológico.

  • Son excesivamente breves, diríamos hasta secos
  • No son argumentativos, sino afirmativos
  • Hay una cierta falta de precisión terminológica (la más evidente: “actitud favorable”, expresión sin precisión teológica, cuando se puede hablar perfectamente de “amor”)
  • No hay citas de autores reformados (que las hay abundantes) afirmando el libre ofrecimiento del Evangelio
  • Son incompletos y confusos: el bien general a todas las criaturas sólo se menciona de entrada pero no está desarrollado. Tampoco desarrolla el tema de las “operaciones comunes del Espíritu” (más bien, en el punto 2º las engloba en la restricción del mal en la sociedad)
  • El orden: el primer punto trata del libre ofrecimiento de la salvación (ámbito de la gracia, salvación) y el segundo y tercero tratan sobre la gracia común en la sociedad (ámbito de la naturaleza)

Este último punto es sintomático del acento particular del de la gracia común en el kuyperianismo: en el ámbito natural por encima del de la salvación. Esto confirmaría el uso de esta doctrina como herramienta de participación de los creyentes en la sociedad, juntamente con los no creyentes.

Además, esta deficiente exposición sería en parte responsable, creemos, de que la gracia común se haya convertido en un concepto muy citado por muchos, pero insuficientemente comprendido. Se puede comparar a una especie de cesta que se puede llenar de todo tipo de ideas. Por ejemplo, en algunos círculos reformados americanos, la gracia común se ha convertido en un concepto clave para expresar la idea de la falta de retribución por Dios en el Nuevo Pacto, lo cual militaría, según ellos, en contra de la idea de la aplicación de la Ley divina a la sociedad (aunque en el tiempo de la Reforma, sin embargo, los juicios de Dios por la impiedad, en el tiempo presente, se enseñaba continuamente y a diario).

Pero sobre todo, es lamentable la intensiva mundanización producida por la falta de separación con los apóstatas  y con el mundo a todos los niveles, observable en los ámbitos donde se recibió esta doctrina de la gracia común tal como fue codificada en el kuyperianismo y en los puntos de Kalamazoo. Es prácticamente imposible no establecer una relación causal entre ambos hechos.

Necesidad de la doctrina

Con todo, la doctrina sigue siendo necesaria, puesto que es bíblica y forma parte de la enseñanza tradicional reformada.

Ella es necesaria no sólo para que los cristianos valoremos más la Creación, la naturaleza y las obras buenas de los hombres, provengan estas de donde provengan. Esto es cierto, pero, sobre todo, ella es necesaria:

para que la gloria del Señor en Su gobierno y cuidado del mundo sea exaltada;

para que el amor que muestra para todas las criaturas sin excepción, y aun a Sus enemigos, nos llene de admiración y nos lleve a los cristianos precisamente a esto: a amar a nuestros enemigos;

para que el carácter de gracia del Evangelio sea salvaguardado ante aquellos que lo quieren mezclar con las obras (no hay alternativa: si no hay libre ofrecimiento del Evangelio, el Evangelio sólo se ofrece a aquellos que por sus obras parezcan ser elegidos).

Definitivamente, el énfasis de la doctrina debe ser abiertamente teocéntrico, y no antropocéntrico; para que Dios y Su Evangelio reciban la preeminencia.

Definitivamente, aquellos que niegan tanto la doctrina del libre ofrecimiento del Evangelio y la doctrina de que Dios da bienes y muestras de Su amor a todos los hombres, aunque se digan a sí mismos reformados, no lo son. Su determinismo es prácticamente panteísmo. Realmente, el Evangelio está irreconocible en su mensaje y aun en el  carácter de ellos.

Sentido de la doctrina

Abogamos por restringir el uso de la expresión “gracia común”, porque ella puede resultar ambigua o equívoca. Hasta Kuyper mismo hacía una diferenciación semántica entre genade (la gracia de Dios para los elegidos) y la gratie (gracia común). Pero en español no hemos procedido a esta diferenciación, con lo que se podría dar a entender que estamos hablando de la misma gracia para todos.

Por otra parte, al hablar de gracia común, se podría también entender que esta gracia es común entre el incrédulo y el creyente, cuando el sentido original se trata de bienes “comunes”, es decir, exclusivamente para esta vida y no pertenecientes a la salvación. Dado que este sentido se ha perdido, es preferible usar otros vocablos.

Preferimos hablar, así, de amor general, un concepto presente en la Biblia (Juan 3:16) y en los escritos de Calvino y de otros escritores reformados. Si en algún lugar podemos seguir aceptando el uso de “gracia común”, con todas las precauciones ya avanzadas, sería para hablar del libre ofrecimiento del evangelio y de la posición de los reprobados en la administración del Pacto de Gracia (el uso consistente en la tradición de la Confesión de Westminster).

De esta manera, en el artículo que hemos compartido, proponemos:

1. El amor de Dios en el ámbito natural. De manera positiva: el bien a las criaturas en general y dones y capacidades a los hombres (lo que incluiría la justicia civil). De manera negativa: la restricción del mal en el mundo y sociedad. Aunque se contempla la actividad del Espíritu Santo, se destaca el uso de los medios e instrumentos precisos para estos fines.

2. El amor de Dios en el ámbito de la gracia: el libre ofrecimiento del Evangelio y las operaciones comunes del Espíritu.

3. Respuesta a las objeciones: hipotética contradicción entre atributos de Dios, hipotética contradicción con el Decreto, hipotética contradicción de la Depravación Total.

4. El uso de la doctrina. El correcto: la adoración a Dios. El incorrecto: rebajar la separación de la Iglesia y creyentes y rebajar las demandas de la Palabra al mundo.

Soli Deo Gloria.

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Un Comentario

  1. Andrés Garcia (@AndresEGarciaG)

    Excelente articulo aunque siempre eh preferido la providencia general de Dios, el nombre amor general de Dios es aceptable igual “Una de las consecuencias infelices de la frase ” la gracia común “es que, en las Escrituras, la gracia se refiere típicamente a favor incondicional de salvación de Dios para con su pueblo. No es común o compartido por los elegidos y no elegidos. La gracia es particular.” RSC Antes de abraham kyuper el uso de gracia común se utilizo con otro significados.

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