El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 2)

Psautier 1563

[Continuamos con la excelente serie del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí. Westminster Hoy no comparte forzosamente la totalidad de los puntos de vista del autor, pero recomienda vehementemente su lectura].

Al pensar acerca de la práctica histórica Reformada del canto de Salmos y cómo ella cultivó el particular efecto de un etos marcial, será útil delinear brevemente el origen y la distribución del Salterio de Ginebra, el cual tendría un papel esencial para dar forma al culto reformado al menos durante unos siglos después de la Reforma. Aunque ya se cantaban los Salmos entre los reformados en la década de 1520, fue Calvino quien ayudó a que esta práctica llegara a ser una seña de identidad para las iglesias reformadas. Tomando un vía media entre Lutero, por un lado, quien incorporó himnos y salmos en la adoración pública, y Zwinglio, por otro, quien rechazó totalmente el uso tanto de instrumentos como incluso del canto en el culto público, Calvino propuso el canto de los Salmos a capela por toda la congregación.

Juan Calvino jovenPara facilitar que este principio se convirtiera en una práctica consistente, Calvino supervisó la edición y publicación de un Salterio francés en 1539, mientras todavía vivía en Estrasburgo (p. 38). A pesar de esta primera producción del Salterio no estuvo exenta de defectos o limitaciones, por lo menos cumplió con el objetivo de poner sus principios en práctica, no sólo en su congregación de refugiados franceses, sino también al sentar las bases para la difusión y el uso de los Salmos en el culto de las iglesias reformadas a través de la influencia que tuvo sobre Valerian Poullain, su sucesor en Estrasburgo, que posteriormente pasó a servir en Inglaterra y luego en Frankfurt (p.39). Unos pocos años más tarde, en 1542, después de haber regresado a ministrar en Ginebra, Calvino publicó una nueva versión del Salterio, esta vez con un prólogo que explica la justificación del uso del Salterio en culto reformado:

“Y a la verdad, sabemos por experiencia, que el canto tiene una gran fuerza y ​​virtud de mover e inflamar los corazones de los hombres, para invocar y alabar a Dios con un celo más vehemente y ardiente.”

Es evidente incluso en esta breve observación que Calvino vio el poder inherente de la música para mover el alma y a los Salmos como la forma lírica más pura para moldear un celo piadoso con fines sagrados.

Creer que los Salmos eran los más adecuados para cultivar un verdadero y sustancial ardor santo, y en vista de esto, tratar de compilar un Salterio completo con arreglos musicales, era una cosa, pero poner todo esto en práctica era otra cosa bien distinta. Al principio, Calvino hizo su propia traducción y arreglo de versiones métricas de los Salmos, pero tuvo que admitir sus propios trabajos estaban lejos de ser satisfactorios. Por la Providencia de Dios, un hombre llamado Clement Marot fue conducido a Calvino para tal fin. Sin duda, Marot fue uno de los principales poetas franceses de la época. Tan reputado era Marot por sus capacidades que tuvo acceso a Clement Marotla corte de Francisco I, pero su adquisición de sus habilidades para el proyecto de Ginebra resultó ser toda una odisea. En 1535 Marot fue acusado de herejía y huyó de París en busca de refugio en la corte de Renée de Ferrara, donde se encontró con Calvino (p.40). Al parecer, alguien fue capaz de arreglar la relación entre Marot y Francisco I, ya que en 1538 se el primero encontraba de nuevo en la corte del rey y en ese momento ya se estaban produciendo las versiones métricas de los Salmos que incluso hallaron el favor del rey y su corte. En 1543, cuando sus arreglos métricos iban creciendo en popularidad en distintos lugares de Francia, los Salmos de Marot cayeron en desgracia ante la intelectualidad romanista en la Sorbona y con las autoridades romanas. Para escapar de la persecución, Marot huyó a Ginebra, donde recibió una calurosa bienvenida de su viejo amigo Juan Calvino. Aunque su estancia en Ginebra no fue especialmente larga, Marot fue capaz de publicar un total de 49 versiones métricas de Salmos. Al parecer, Clement Marot tenía un don para enemistarse con la gente, y antes que pudiera terminar su trabajo en Ginebra fue desterrado de la ciudad por fraternización inapropiada con algunas damas en la taberna local. Tras la expulsión de Ginebra, las cosas se hundieron súbitamente, pues Marot murió de repente y antes de tiempo en Turín debido a un envenenamiento (p.41).

Théodore BezeCon cerca de un tercio del Salterio arreglado para la música, Calvino se volvió hacia otro líder humanista y poeta, Théodore de Beza, con el fin de que se encargara de que el trabajo iniciado Marot se concluyera. Desde 1549 a 1562, Beza trabajó constantemente para completar el proyecto del Salterio. Beza, trabajando junto a artistas como Franc, Goudimel y, sobretodo, Louis Bourgeouis, fue capaz de producir un Salterio que mostraba un remarcable toque artístico y que estaba bien adaptado para el uso popular.

Una vez acabado, el Salterio estaba listo para su distribución, y todo indica que se trataba de una mercancía caliente, a juzgar por la manera cómo salió de la imprenta. Al término de la última edición, en 1562, el Salterio de Ginebra fue traducido al holandés, alemán, húngaro e inglés (p.42). En su mayor parte, las nuevas traducciones intentaron conservar las melodías y simplemente traducir y arreglar las letras de las composiciones musicales. El éxito del Salterio se mide por su enorme popularidad, como señala Reid, “incluso Godeau, obispo de Grasse en 1649, podía dar testimonio de la popularidad y la influencia del canto hugonote de Salmos, mientras que sus propios católicos-romanos o estaban mudos o cantaban “des chansons deshonnetes”” (p.42). El efecto del Salterio fue el de desatar una ola de lo que Reid llama “música popular”, ya que por fin se había puesto música a las letras sagradas que eran accesibles a los no educados musicalmente. Esta música popular ciertamente tuvo consecuencias imprevistas, de las que vamos a tomar nota en los artículos posteriores, pero por ahora dejo para su consideración un resumen preliminar de Reid sobre el efecto del Salterio:

“Esto fue de gran importancia, ya que significaba que los fieles podían cantar juntos las canciones de fe, una práctica que estaba destinada a reforzar su moral en medio de la persecución y el conflicto” (p. 42).

Imagínese que se diga esto de Fanny Crosby o de las canciones de la MCC (Música Cristiana Contemporánea), o incluso de las nuevas canciones de moda para el culto que se anuncian en un sitio web que promueve unas “canciones íntimas del corazón” que “seguro que capturarán tu corazón, y te dejarán con un sentimiento perdurable de Su  presencia, y con hambre de más”. Considerar siquiera por un momento la pregunta ya es contestarla; tales coplas piadosas no alimentan el corazón ni por un momento, y mucho menos hacerlo para las llamas de la persecución.

Con estos comentarios en vista, concluyo con la audaz afirmación Dr. Reid para su consideración, “ciertos tipos de música tienen el poder de estimular a la acción, incluso el poder para incitar a las manos para la guerra y los dedos para la lucha”.

En el próximo artículo vamos a examinar cómo el canto de Salmos dio forma a la identidad reformada y dio testimonio de su motivación y propósito al tratar de difundir la verdad, y cómo sustentó a los reformados cuando se estos se tuvieron que enfrentar a las ardientes llamas de la persecución.


[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

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