Revolucionaria Familia

Un alumno de la Academia me comentaba recientemente la situación del lugar donde vive: una ciudad de Hispanoamérica, de unos 240 mil habitantes, que cuenta con unas ciento ochenta denominaciones evangélicas. El caso puede parecer muy extremo, pero seguramente no lo será tanto. Es bien representativo de lo que ocurre en los países de habla hispana y lo que empieza a ocurrir también en España. ¿Un triunfo de la libertad? Sólo los muy fanáticos considerarán esta situación como una buen a o legítima expresión de la iglesia en el Nuevo Testamento.

Como resultado de esta extrema atomización evangélica, el protestantismo en general, por un lado, nunca se puede presentar como alternativa, siquiera legítima, a la Iglesia católica-romana; como tampoco, por otra parte, puede llamar a la obediencia a la fe a las naciones, ni mucho menos a sus gobernantes, tal como establece las Sagradas Escrituras (Mateo 28:19-20; romanos 1:5; Salmo 2:10-12; 72:1).

La gravedad de esta situación llama a replantearnos por completo los fundamentos que por largo tiempo dábamos por sentado, en todos los órdenes. El hacerlo, precisamente, se llama Reforma. Y si uno de los fundamentos principales sobre el cual se basa el caótico estado evangélico actual se llama individualismo, es decir, una concepción (conforme a la cosmovisión imperante en el mundo) individualista de la vida y por ende de la iglesia, es ahí donde habrá que empezar a aportar el correctivo de la Palabra de Dios, las Sagradas Escrituras. Frente al individualismo imperante en la sociedad, pues, tenemos que comenzar por el principio: recuperando el verdadero sentido de la familia.

Este fin de semana, unas 800 mil personas se han manifestado en París en contra del llamado “matrimonio” homosexual. Este impresionante acto, convenientemente pasado de puntillas por la prensa española, muestra que Francia lo recibe de manera muy distinta cómo, servilmente, lo hizo España. Con todo, de nada servirá manifestaciones como esta si no vamos a recuperar plenamente el verdadero sentido, natural y bíblico, de la familia.

Siempre se ha considerado a la familia como una institución conservadora en la sociedad. Las cosas hoy han cambiado radicalmente: en la actualidad, tal vez no haya entidad más revolucionaria que ella. La cuestión, pues, es si los evangélicos vamos a recibir y aplicar la enseñanza de las Sagradas Escrituras con respecto a la familia, en contra de los dictados del mundo y frente a su oposición.

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