El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 1)

“Un huguenote en el Día de San Bartolomé, rehusando protegerse del peligro por llevar una señal católica romana” (Sir John Everett Millais)

[Reproducimos la excelente serie de siete artículos del Pastor John Sawtelle[1] acerca de la historia de los Salmos de Ginebra y su papel en las Guerras de Religión de los siglos XVI y XVII en Europa. Pueden consultar el original en inglés aquí. Usado con permiso. Westminster Hoy no necesariamente comparte la totalidad de los puntos de vista del autor, pero recomienda vehementemente su lectura].
El culto reformado, es decir, la adoración regulada conforme a la Sola Escritura (Catecismo de Heidelberg Q 96; artículo Confesión Belga 32), ha fomentado y cultivado una forma única de piedad en la iglesia reformada en el pasado. Se podrían citar muchos ejemplos y testimonios de esta distintiva forma de piedad, pero en esta nueva serie propongo considerar el ETOS MARCIAL producido por el canto de Salmos, que caracterizó al calvinismo militante durante los siglos XVI y XVII. El estudio que usaré para tratar acerca del etos marcial producido por el canto de Salmos en las iglesias reformadas de este período fue realizado y publicado por W. Reid Standford en un artículo titulado, “Los Himnos de Guerra del Señor: El canto de Salmos calvinista del siglo XVI”. El Dr. Reid fue profesor de Historia en la Universidad de Guelph y el estudio presentado en este ensayo en particular se encuentra en un volumen de ensayos publicado en 1970 en Ensayos y Estudios del siglo XVI, editado por C.S. Meyer. En las entradas posteriores que se basarán en este ensayo, me propongo examinar las cinco áreas siguientes:

1) El canto de Salmos fortaleció a los reformados para luchar,

2) Una breve historia de la construcción del Salterio Ginebra, incluyendo su distribución en varios idiomas,

3) Las razones por las que el Salterio fortaleció a los reformados,

4) La oposición católica al Salterio y los reformados que cantaban Salmos, y

5) El uso del Salterio en varias campañas militares calvinistas de los siglos XVI y XVII.

Al considerar las pruebas y al establecer la conexión entre el canto de los Salmos y el espíritu marcial del calvinismo histórico, hago un desafío a las iglesias reformadas contemporáneas a que vuelvan a comprometerse con el canto exclusivo de los Salmos canónicos, a fin de que puedan reclamar el patrimonio reformado de cumplir el mandato bíblico de tomar el papel de la iglesia militante en esta era, del que se ha vergonzosamente alejado por su elección consciente de adornar el culto reformado con los accesorios del relajado avivamientalismo evangélico y seguir su forma femenina de piedad.

Dr. Reid comienza su ensayo afirmando que ciertos tipos de música tienen el poder de estimular a la acción, incluso el poder para incitar las manos para la guerra y los dedos para la lucha. Una rápida reflexión sobre los diversos tipos de música confirmará fácilmente lo adecuado de esta afirmación. Se pueden preguntar: “¿Qué músico o grupo tiende a motivar a un soldado más para la batalla más, Barry Manilow o Metallica?” No creo que nadie que quiera que se lo tome en serio dirá que es Barry Manilow. Es evidente que un tipo particular de carácter se corresponde con estos estilos de música: la música de Manilow se caracteriza por una emotividad dulzona, y por lo tanto es adecuada para cultivar y evocar esta respuesta allí donde se desea estos estados de ánimo; y que, por supuesto, una especie de agresividad robusta, viril y valiente ha caracterizado la música de James Hetfield y de Metallica desde sus primeros comienzos, y que esta música es muy apropiada para cultivar y pulsar acordes similares en los corazones de sus oyentes. Entonces, este sencillo ejercicio proporciona la confirmación de la afirmación hecha por Reid que ciertos tipos de música estimulan ciertas acciones, incluida la acción marcial.

A continuación, el Dr. Reid señala un hecho evidente, que es que los calvinistas tuvieron que luchar su camino hacia la Reforma en los siglos XVI y XVII. Para verificar este punto, sólo hay que pensar por un momento sobre los hugonotes, los holandeses, los pactantes escoceses, las “cabezas redondas” de Cromwell, o los reformados de Cévennes, quienes todos ellos estuvieron valientemente comprometidos en la lucha por defender y promover sus profundas convicciones calvinistas y reformadas. De manera útil, Reid ofrece por lo menos una pequeña explicación del porqué los calvinistas se encontraban tan a menudo marchando a la batalla, y no se debía a que fueran unos matones sanguinarios y marginados. Más bien se debió a que los calvinistas, a diferencia de los luteranos, nunca gozaron de la misma protección política y religiosa frente Roma y sus aliados, como recibieron los luteranos bajo del acuerdo de Paz de Augsburgo de 1555. Debido a esta falta de protección, los reformados a menudo fueron salvajemente perseguidos por su fe, y no les quedó otra opción que resistir y luchar.

Es interesante que lo que Reid señala como característica de aquellos ejércitos reformados que marcharon hacia el campo de batalla en defensa de la polis y la ecclesia es que cuando iban a la batalla “las palabras de los salmistas parecen haber venido casi automáticamente a sus labios” (p. 36). Además de eso, piensen por un momento acerca de la afirmación de Reid de que los Salmos era lo que hacía inclinar la balanza a favor de la Reforma, cuando se entraba en combate. Es cierto, como Reid señala, que las fuerzas reformadas a menudo eran conducidas por una aristocracia militante y estaban generosamente financiadas por una adinerada burguesía, pero esos factores por sí solos no pueden dar cuenta de su éxito militar. En lugar de encontrar el secreto de su éxito en la calidad de su liderazgo o la adecuación de sus socios financieros, Reid busca en los corazones de los soldados mismos y, después de haber pelado las distintas capas, encuentra allí los Salmos, y que fueron los Salmos los que tanto edificaron como mantuvieron la moral de los soldados mientras luchaban (p. 37). ¿Ven eso? ¡El culto calvinista, tal como fue concebido y practicado históricamente por las iglesias reformadas del siglo XVI, dirigía al avance del Reino!

Mientras concluimos este artículo, lo mejor es dar a Reid la última palabra para que podamos oír sus audaces y decisivas afirmaciones sobre el importante papel de los Salmos en las batallas del siglo XVI y XVII por la libertad religiosa y política frente a Roma y sus aliados:

“Las cosas que realmente captaron al hombre común, el soldado ordinario calvinista, era algo mucho más mundano: su formación catequética y el canto congregacional de los Salmos. Más que toda la refinada formación teológica, tanto la catequesis como el salterio entraron en la urdimbre y trama mismas de la vida de los miembros más humildes” (p. 37).

Bueno, ahí tenemos el principal pensamiento que Reid propone que se considere, que es que los Salmos, cuando se cantan repetidamente en la congregación, tienen el poder de dar forma a un cierto tipo de piedad y convicción teológica en el corazón que crea una vasta reserva de motivación y de determinación, y que ellos pueden ser empleados repetidamente y usados como combustible para fortalecer “las manos para la guerra y los dedos para la lucha”, con el fin de que el reino de Cristo pueda ser defendido y avance para la gloria de Su nombre.

Ahora, permítanme concluir con una pregunta para mis lectores reformados (y pregunto esto tan suavemente como puedo), cuyas iglesias hace mucho tiempo vendieron la preciosa primogenitura del canto de Salmos por el guisado de himnos y canciones de alabanza avivamientalistas: sus canciones, ¿tienden a motivarlos y fortalecerlos para luchar y defender y hacer avanzar el reino de Dios, o tienden a que sus manos sigan limpias de tales acciones y preocupaciones y se centren en cambio en su cuarto de oración y piedad personal? Por supuesto, después de haber pasado gran parte de mi vida en las iglesias reformadas que rechazaron la herencia calvinista y reformada del canto de Salmos a favor de paráfrasis de las Watt, los himnos de los hermanos Wesley y tonadillas de Fanny Crosby, estoy convencido de que sé la respuesta, pero quisiera que consideren la afirmación de Reid por ustedes mismos: ciertos tipos de música estimulan a la acción, incluso a incitar a las manos para la guerra y los dedos para luchar. ¡Intente contestar honestamente!

En el próximo artículo vamos a dar una breve historia de la formación del Salterio de Ginebra, incluyendo su distribución en varios idiomas.


[1] John Sawtelle es pastor de la All Saints Reformed Presbyterian Church, en Brea (California).

Anuncios

  1. Raymundo Garcia (Mexico)

    Otro ejercicio interesante sobre el efecto de ka musica en el animo de las personas es ver una escena de una pelicula primero con la musica que tenga de fondo y luego ver esa misma escena con el volumen apagado y nos daremos cuenta que “no es lo mismo”,no “sentimos lo mismo”,por eso el uso de la musica en la alabanza es delicada ya que es muy facil manipular a las personas y pueden confundir sus motivo de sus lagrimas…puede ser la letra que alaba a Dios o puede ser el belllo sonido del violin…

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Tienes toda la razón, Raymundo. Personalmente, es una de las cosas que más me está dando qué pensar últimamente, los efectos que la música en el culto pueda tener sobre nosotros, incluso sin que nosotros nos demos cuenta.

      Saludos

  2. Pingback: El Etos Marcial del Culto Reformado Histórico: El Canto de Salmos para un Vigoroso Culto del Reino (parte 1) | Projeto Veredas Antigas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s