Cita Diaria con Calvino (148)

“Cuando la Escritura nos manda que nos conduzcamos con los hombres de tal manera que los honremos y los tengamos en más que a nosotros mismos, que nos empleemos, en cuanto nos fuere posible, en procurar su provecho con toda lealtad (Rom. 12: 10; Flp. 2:3), nos ordena mandamientos y leyes que nuestro entendimiento no es capaz de comprender, si antes no se vacía de sus sentimientos naturales. Porque todos nosotros somos tan ciegos y tan embebidos estamos en el amor de nosotros mismos, que no hay hombre alguno al que no le parezca tener toda la razón del mundo para ensalzarse sobre los demás y menospreciarlos respecto a si mismo.

Si Dios nos ha enriquecido con algún don estimable, al momento nuestro corazón se llena de soberbia, y nos hinchamos hasta reventar de orgullo. Los vicios de que estamos llenos los encubrimos con toda diligencia, para que los otros no los conozcan, y hacemos entender adulándonos, que nuestros defectos son insignificantes y ligeros; e incluso muchas veces los tenemos por virtudes. En cuanto a los dones con que el Señor nos ha enriquecido, los tenemos en tanta estima, que los adoramos, Mas, si vemos estos dones en otros, o incluso mayores, al vernos forzados a reconocer que nos superan y que hemos de confesar su ventaja, los oscurecemos y rebajamos cuanto podemos. Por el contrario, si vemos algún vicio en los demás, no nos contentamos con observarlo con severidad, sino que odiosamente lo aumentamos.

De ahí nace esa arrogancia en virtud de la cual cada uno de nosotros, come si estuviese exento de la condición común y de la ley a la que todos estamos sujetos, quiere ser tenido en más que los otros, y sin exceptuar a ninguno, menosprecia a todo el mundo y de nadie hace caso, como si todos fuesen inferiores a él. Es cierto que los pobres ceden ante los ricos, los plebeyos ante los nobles, los criados ante los señores, los indoctos ante los sabios; pero no hay nadie que en su interior no tenga una cierta opinión de que excede a los demás. De este modo cada uno adulándose a sí mismo, mantiene una especie de reino en su corazón. Atribuyéndose a sí mismo las cosas que le agradan, juzga y censura el genio y las costumbres de los demás; y si se llega a la disputa, en seguida deja ver su veneno. Porque sin duda hay muchos que aparentan mansedumbre y modestia cuando todo va a su gusto; pero, ¿quién es el que cuando se siente pinchado y provocado guarda el mismo continente modesto y no pierde la paciencia?

No hay, pues, más remedio que desarraigar de lo intimo del corazón esta peste infernal de engrandecerse a si mismo y de amarse desordenadamente, como lo enseña también la Escritura. Según sus enseñanzas, los dones que Dios nos ha dado hemos de comprender que no son nuestros, pues son mercedes que gratuitamente Dios nos ha concedido; y que si alguno se ensoberbece por ellos, demuestra por lo mismo su ingratitud. “¿Quién te distingue?”, dice san Pablo, “¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorias como si no lo hubieras recibido?”. Por otra parte, al reconocer nuestros vicios, deberemos ser humildes. Con ello no quedará en nosotros nada de que gloriamos; más bien encontraremos materia para rebajarnos”.

Institución de la religión cristiana III.VII.4 (p. 530-531).

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Un Comentario

  1. Cristino Enrique Robles Perea

    El título de éste capítulo VII ,reza de ésta manera:”La suma de la vida cristiana:la renuncia a nosotros mismos”.Jesús en su evangelio dice:”si alguno quiere venir en pos de mi,niéguese a sí mismo,y tome su cruz y sígame”(Mt.16,24):el contexto es el anuncio de la pasión,y la aplicación práctica para el cristiano no es otra que saber morir a todo lo que procediendo del hombre,le separa del seguimiento de Cristo,y por tanto de Dios.Por tanto,ya ciñiéndonos al comentario de Calvino sobre la renuncia a nosotros mismos para ser santificados para Dios, y en segundo lugar, amar y servir al prójimo,hay que señalar que independientemente de su vinculación con la soteriología a través de la acción regeneradora del Espíritu Santo,la autonegación del hombre como principio antropológico-sino queremos dar la razón a F.Nietzsche que censuró severamente a la tradición judeo- cristiana en su visión infralapsaria del “homo religiosus” como radicalmente opuesto al super hombre que él ardientemente preconizaba-, queda invalidada si partimos simplemente de la intención propositiva de su voluntad,y por tanto,fuera de la opción fundamental y libre del sevico a Dios.No es otro el mensaje de la Escritura al respecto,según el Evangelio(Mt.16,24) e igualmente de las cartas apostólicas tanto de Pablo como de Juan por citar las más sobresalientes.En el apóstol Juan lo vemos muy claro(I Jn.4,20-21).Por lo que respecta a Pablo(Filp.2,1-11),la “kénosis”del Hijo de Dios,sirve de ejemplo y paradigma cristiano en lo que se refiere a la vida puesta a la entrega total y sin reservas al prójimo.Para concluir,el servicio,la humildad,el perdón, que demanda nuestro autor en su comentario como fruto de la autonegación cristiana en lo que se refiere al prójimo,lo practicaremos debidamente no sin antes haber recibido el evangelio de nuestra salvación,y por la fé, como su presupuesto teológico fundante,optar libre y consecuentemente por morir(crucificar el hombre viejo de Pablo:Ef.4,20-32),para ser libres de servir y amar a Dios y al prójimo en “santidad y justicia todos nuestros dias”(Lc.1,75).

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