Cita Diaria con Calvino (141)

“Ellos se acogen a una vana distinción. Dicen que hay dos clases de pecados: unos veniales, y otros mortales. Añaden que por los pecados mortales hay que ofrecer una gran satisfacción; pero que los veniales se perdonan con cosas mucho más fáciles; por ejemplo, rezando el Padrenuestro, tomando agua bendita, con la absolución de la misa. ¡He aquí cómo juegan con Dios y se burlan de Él! Pero aunque siempre están hablando de pecados mortales y veniales, aún no han podido diferenciar el uno del otro, sino que convierten la impiedad y hediondez del corazón — que es el más horrible pecado delante de Dios — en un pecado venial.

Nosotros, por el contrario, según nos lo enseña la Escritura — que es la norma del bien y del mal — afirmamos que “la paga del pecado es la muerte” (Rom. 6:23), y que el alma que pecare es digna de muerte (Ez. 18:20). Por lo demás sostenemos que los pecados de los fieles son veniales; no que no merezcan la muerte, sino porque por la misericordia de Dios no hay condenación alguna para los que están en Cristo, porque sus pecados no les son imputados, pues al ser perdonados son destruidos.

Sé muy bien cuán inicuamente calumnian nuestra doctrina, diciendo que es la paradoja de los estoicos, que hacían iguales todos los pecados. Pero serán refutados con sus mismas palabras. Yo les pregunto, si entre los pecados que ellos admiten como mortales reconocen que unos son mayores que otros, unos más enormes que otros. Luego no se sigue que todos sean iguales por el hecho de ser todos mortales. Como quiera que la Escritura determina que “la paga del pecado es la muerte”, y que si la obediencia de la Ley es el camino de la vida, su trasgresión es la muerte, no pueden escapar de esta sentencia. ¿Qué salida encontrarán para satisfacer tal multitud de pecados? Si la satisfacción de un pecado puede realizarse en un día, ¿que harán, puesto que mientras están ocupados en esta satisfacción se encenagan en muchos más pecados, ya que no pasa día en que aun los más santos no pequen alguna vez? Y cuando quisieran satisfacer por muchos habrían cometido muchos más, llegando de esta manera a un abismo sin fin. ¡Y hablo de los más justos! He aquí cómo se desvanece la esperanza de la satisfacción. ¿En qué piensan entonces, o qué esperan? ¿Cómo se atreven aún a confiar que puedan satisfacer?”

Institución de la religión cristiana III.III.28 (p. 498).

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Un Comentario

  1. Cristino Enrique Robles Perea

    La Escritura sólo conoce un pecado tan grave que no puede ser perdonado:se trata del pecado contra el Espíritu Santo(Mt.12,31-32):el el v.31 distingue entre “pecado” y “blasfemia” en cuanto a la especie de pecado,pero no en cuanto a la cualidad ó gravedad,pero en cualquiere caso,no haciendo distinción culposa-penal entre los diferentes pecados cometidos por el hombre de los que éstos(pecado y blasfemia),genéricamente considerados son una muestra.Por otra parte,hay que advertir que tal distinción-entre pecado venial y mortal-de lo que se deriva la distinción escolástica entre la culpa y la pena(por ésta última hay que “satisfacer”),a parte de no estar directamente apoyada por la Revelación contenida en las Escrituras,se debe exclusivamente a la especulación escolástica sobre la naturaleza propia de lo que entendemos por “pecado” genéricamente considerado y revestido de un contenido moral prefigurado que no está diréctamente recogido en la Escritura,aunque ésta sí reconozca la gravedad específica de ciertos pecados ó transgresiones,más relacionados con el sentimiento de culpa personal-des-versión a Dios,que como cualidad específica de su propia índole en sí misma considerada,tal como es el pecado de David con Betsabé (2.Sam.11,1-27).Dicho ésto,y para concluir,los reformados consideramos el pecado como una manifestación de la infracción de la Alianza por parte del hombre(des-conversión),sin hacer distinción específica al modo escolástico sobre la gravedad específica del delito, pues como afirma la Escritura(nuestro autor),todo pecado merece la muerte(Rom.6,23),aunque se trate de una infracción leve,pero no obstante a ello desde el punto de vista de la Redención cristiana-soterilogía, sostenemos que Cristo ha pagado-satisfacido, tanto la culpa como la pena de la que éramos acreedores por nuestro propio pecado.

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